miércoles, 13 de junio de 2012

¿Dónde está tu corazón?


Constantemente estoy pensando en nuestro país y en nuestra gente; deseando profundamente escribir palabras que enciendan una luz en medio de toda la oscuridad que nos rodea. Anhelando transmitir verdades que pueden liberarnos de la violencia que nos oprime. Con el alma llena de esperanza por nuestra patria, con el corazón sediento por los afectos de hermandad en medio de los cuales crecí; con un fuego que arde dentro de mi por la tierra que me vio nacer, por el cielo azul que ilumina mis mañanas.

Quizá mis sentimientos a flor de piel y mi prosa le serán molestos a quienes en su afán no tienen tiempo para los asuntos del alma; a aquellos en cuyos corazones ha crecido una raíz de amargura tan grande que les impide ver todas las posibilidades que tenemos como individuos y al mismo tiempo como nación. Quizá me tilden de ingenua o ilusa, o quizá sin compasión, como en otras oportunidades, profieran palabras de odio contra mi fe y pretendan en su soberbia, que un análisis simplista va a acabar con valores eternos, o me va a hacer desistir del fundamento de mi vida. Pero no, persevero con amor y cada día con mayor pasión.

Pienso que todos los esfuerzos que podamos hacer deben estar encaminados hacia la transformación de nuestra gente; hacia todo aquello que podamos inculcar en el corazón. Es bien sabido en nuestros días que no hay nada más importante que el cada uno, porque es de esas individualidades que surgen las familias, y de las familias los grupos, y de los grupos los pueblos, y de los pueblos las ciudades, y de las ciudades las naciones. Todo comienza en el cada uno, todo comienza en lo que se siembra enlos corazones de cada uno. Es por esta razón que no se puede postergar el volcarnos a enseñar los valores cristianos donde quiera que estemos y a donde sea que vayamos.

La Biblia nos exhorta en el libro de Proverbios a guardar nuestros corazones: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida". Prov. 4:23. Guardamos aquello que apreciamos, a lo que le damos valor y trascendencia. Al guardar algo lo estamos cuidando, lo estamos preservando del mal; y así como en el corazón físico está la vida, porque al apagarse su latir, se apaga ella también. De la misma manera, en el corazón, en el centro de la personalidad del hombre, en ese lugar donde reside su esencia, se determina la vida que cada hombre vivirá.

Al nacer, el corazón es un lienzo en blanco, es una tierra fértil que se puede cultivar. Durante sus primeros años de vida se determinan las bases de la personalidad de los individuos del mañana, y en toda su escolaridad se puede ir moldeando para darle hermosas y dignas formas de hombres y mujeres de integridad. Es una tarea cuyo primer responsable es el hogar, luego no puede ser eludida por el colegio, y aunque suene paternalista, el Estado debe abrazar. Es mejor, sería lo ideal, que cada corazón contara con esta secuencia de responsables; sin embargo no existe edad, ni tiempo para un corazón que quiere cambiar. Siempre hay tiempo para el que se quiere enmendar. El proceso de restitución nos lleva a una nueva edificación de la vida, y la vida fluye en donde hay lugar para tratar al corazón.

Creo en el ser humano porque creo en su Creador. Creo en las posibilidades infinitas que nacen en un corazón libre de opresión. Creo que debemos dejar atrás el odio, el dolor y la frustración. Creo que debemos empeñarnos con cada esfuerzo en bendecir un corazón. Creo que ha llegado un nuevo tiempo para nuestra nación, en el que todas las voluntades deben unirse en un solo corazón.

¿Dónde está tu Corazón?

Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com

@RosaliaMorosB

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