lunes, 19 de noviembre de 2012

Un hombre conforme al pensamiento de Dios


Dedicado a mis hijos en el Día de la Madre

Siempre he sentido un profundo agradecimiento hacia mi padre por palabras claves que me ha dado en diferentes momentos de mi vida. Cuando cumplí 18 años mi papá me escribió en la tarjeta de felicitaciones unas palabras que nunca he olvidado, que quedaron grabadas en mi ser interior y me han conducido a lo largo de mi vida como una brújula que señala el camino. Esas palabras se encuentran en un libro de la Biblia y dicen así: "Ya se te ha dicho, hombre, lo que es bueno y lo que el Señor pide de ti: tan sólo que practiques la justicia, que seas amigo de la bondad y que camines humildemente con tu Dios".Miqueas 6:8. Sin lugar a dudas, una gran exigencia contenida en breves palabras. Pero las palabras son pensamientos que internalizados se convierten en acciones; y es precisamente eso que llena nuestras mentes, que abarca nuestros más profundos pensamientos, lo que determina lo que somos y, por ende, lo que hacemos.

Al pensar en el primer enunciado, recordamos que desde la antigüedad los griegos contaron a la justicia entre las virtudes que debían cultivar, y Platón en la República la cuenta entre las cuatro virtudes cardinales, expresando que a través de la justicia el hombre confiere a sus semejantes lo que les corresponde o pertenece. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la justicia representa el derecho y la equidad. Además, la define como el conjunto de todas las virtudes, pues la práctica de la justicia exige del hombre virtudes que van más allá de ella misma, o que la engloban en una unidad indivisible. ¿Entonces, a qué se refieren las palabras de Dios a través del profeta Miqueas? Notemos que se usa el verbo practicar, es decir, que se nos insta a que debe ejercerse continuamente. Nos habla más allá de la justicia ejercida por tribunales basados en leyes; se refiere a la justicia que debe ser practicada cotidianamente, desde las situaciones más sencillas hasta las más trascendentes de la vida. El proceder que deriva de considerar a cada ser humano como un igual y que exige de nosotros la regla de oro: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, pues esto es la ley y los profetas." Mt. 7:12.

El segundo enunciado nos llama a ser amigos de la bondad, es decir, a establecer una relación de afecto con el bien. A sentirnos desinteresadamente impulsados a hacer más allá de lo meramente justo, lo bueno. Nos insta a aprender a practicar el amor de manera universal; a trascender las fronteras de las leyes que nos hacen ser justos, para convertirnos en hombres bondadosos. ¡Es como añadirle a un buen ingrediente, uno mejor! Pienso que el mundo actual gime por hombres de bondad, por hombres capaces de considerarse a sí mismos como verdaderos servidores de sus semejantes, no solo para dar lo que es justo, sino además, como nos insta el evangelio, para caminar la segunda milla.

Por último, las palabras de Miqueas, nos hablan de caminar al lado de Dios con la virtud de la humildad en nuestros corazones. Esa virtud que consiste en reconocer nuestra pequeñez, nuestras propias limitaciones, nuestra insuficiencia; y al mismo tiempo nos permite entender la grandeza de Dios, para obrar de acuerdo a ese conocimiento. La humildad nos permite entregarnos en las manos de Dios, sabiendo que si caminamos a su lado Él es poderoso para guiarnos a trascender todas las barreras de la mezquindad humana y dignificarnos como seres hechos a su imagen y semejanza.

¡Justicia, bondad y humildad, las claves para ser hombres según el pensamiento de Dios! 

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES


Tu influencia es importante


Todos los seres humanos tenemos un área de influencia, es decir, un espacio geográfico con personas, sobre las cuales nuestras palabras y acciones influyen de diversas maneras. Puesto que vivimos en un mundo globalizado, interconectado a través de redes que traspasan las fronteras geográficas de las naciones, y con ellas las fronteras culturales, sociales, religiosas y de cualquier otra índole, todo lo que se hace o se dice recorre largos caminos influyendo en un número de personas mucho mayor al que jamás hayamos imaginado. Por esta razón, todas nuestras palabras y acciones cobran cada vez mayor importancia y más trascendencia.

Nunca en la historia de la humanidad, como en nuestros días, las palabras y acciones de una persona habían tenido tanta influencia; sin embargo, nunca había existido tanta irreverencia, desparpajo, irresponsabilidad, y sobre todo, indiferencia acerca del poder constructor o destructor de nuestras actitudes. Muy lamentablemente estamos ignorando el poder de influencia que individualmente tenemos sobre cientos, miles y hasta millones de personas de acuerdo a nuestro estatus y nuestro rol. Es por esta razón, que vemos a personas que podrían ser capaces de propiciar masivamente pensamientos de bien y modelar comportamientos constructivos, haciendo cosas totalmente alejadas de la vida armónica en sociedad, y usando un lenguaje ofensivo,  carente de respeto, que exalta lo más bajo del ser humano.

La influencia que se puede ejercer es mucho más trascendente de lo que muchos hemos pensado. Algunos sociólogos sostienen que la onda expansiva de influencia de la persona menos influyente, puede llegar a abarcar hasta a un número de 3.000 personas a su alrededor directa e indirectamente. Así que todo lo que hablamos, y todo lo que llevamos a la acción, determina en otros acciones subsecuentes. De tal manera que, cualquiera sea la sociedad en la que nos encontremos, nuestra vida es el resultado de la influencia de otros en nosotros y de nosotros en ellos. Desde los más sencillos hábitos, pasando por las costumbres y hasta los conocimientos, todo es adquirido de esa interrelación social entre unos y otros; entre los grupos que conforman nuestra sociedad, y que inevitablemente nos forman y nos transforman.

Nuestro primer círculo de influencia es nuestro hogar, y en mi opinión, quizá el más desafiante para aquellos que hemos entendido el poder de nuestra influencia en esas mentes vírgenes que son nuestros hijos; sencillamente porque se trata de la vida misma, de las relaciones interpersonales, de los sueños, de la salud, del dinero, de las adicciones, de los triunfos y las decepciones. Debemos ser capaces de enseñar la disciplina que se convertirá en las alas que más tarde les permitirán elevar su propio vuelo en la vida, y al mismo tiempo debemos proveer de matices pasteles; de la buena palabra a su tiempo, del abrazo silencioso que dice te amo miles de veces, de la mirada que escucha al alma, del beso que sella el corazón. Indudablemente que al cerrar la puerta del hogar tras ellos habrá muchos que influirán en sus vidas; sin embargo, tenemos el privilegio y la maravillosa oportunidad de ser la primera y más importante influencia que determine la fibra de su humanidad.

Todos somos seres humanos imperfectos, todos cometemos errores, pero a los ojos de Dios lo más importante no es ser padres perfectos, sino hombres y mujeres de amor, con la humildad de reconocer nuestros desaciertos delante de ellos, y con la valentía para pedir perdón. Sus ojos están puestos sobre nosotros, su corazón inclinado al nuestro. Ellos ven como lidiamos con las críticas, como perseveramos hasta alcanzar las metas propuestas, como manejamos las crisis, como multiplicamos los recursos, como encontramos oportunidades en medio de las dificultades, como nos volvemos a levantar, como sacamos coraje del miedo, como tomamos decisiones y afrontamos sus consecuencias, como convertimos lágrimas en sonrisas; en fin, ellos nos ven vivir y así emprenden su propio camino.

No le des a otros la tarea que te ha sido encomendada. Tu influencia es importante, ejércela dando lo mejor de ti.
¡Bendice al mundo con un hijo que ha tenido hogar!

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

rosymoros@gmail.com
http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com/
@RosaliaMorosB

miércoles, 4 de julio de 2012

Hombres de familia


Dedicado a todos aquellos hombres que han valorado
A su familia como el bien más preciado de sus vidas.


Mañana celebramos en el mundo entero a esos hombres de familia que tienen el honor de ser llamados padres. Al pensar en nuestro padre las palabras se quedan cortas para expresar y describir el inmenso amor que llevamos en nuestro corazón por él. Desde la perspectiva de la edad madura nuestro padre ya no es más un ídolo, el hombre perfecto que era en nuestra niñez, y mucho menos podemos ver en él todos los defectos que le encontramos mientras fuimos creciendo. Al contemplar la vida de nuestro padre desde esta perspectiva, resaltan ante nuestros ojos algunas características que lo convirtieron en ese hombre de familia que ha dejado su huella indeleblemente marcada en nuestras vidas.

El padre es un líder, es aquel hombre que sabe recoger las diferentes voces de su hogar para convertirlas en una sola y fuerte voz capaz de conjugar los diferentes matices en una melodía. Cuando un padre es un líder tiene la capacidad de hacer que los pensamientos y planes de la familia se conviertan en realidad, en otras palabras, un líder hace que los sueños cobren vida. Cuando un padre es un líder toma decisiones y asume las consecuencias; hace que los senderos se conviertan en caminos, que las dificultades se conviertan en oportunidades. Cuando un padre es un líder tiende su mano para levantar al caído, le sirve de muleta mientras se recupera, camina con él y luego lo deja correr solo, guardándolo siempre con la oración de su alma.

El padre es un sacerdote, es el intermediario entre su familia y Dios. Fue a los padres de familia a quienes Dios les dio instrucciones precisas sobre el camino que debían escoger, y como debían conducir a sus hijos... "Estas palabras que yo te mando hoy, estarán en tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes"... (Deut. 6:6). Esa tarea que en nuestro mundo ha sido puesta en los hombros de la madre, es en primer lugar, una tarea encomendada a papá, amorosamente sazonada por mamá, pero indiscutiblemente una responsabilidad paterna. En pocas palabras, el padre-sacerdote despierta en sus hijos el amor y el temor a Dios.

El verdadero padre es un maestro, no pierde oportunidad para enseñar. El solo hecho de saber que los ojos de sus hijos están puestos sobre él, le impele a convertirse en un ejemplo a seguir. Ve a sus discípulos a los ojos, y les escucha con el corazón; les advierte los peligros del camino, pero les da libertad para equivocarse porque confía en la calidad de las herramientas que les ha dado. Habla, comparte, siente, escucha y negocia, pero sabe lo importante que es mantener un Si, cuando es Sí, y un No, cuando es No. Sabe que al establecer límites mientras sus hijos crecen, les está dando seguridad y les está enseñando a vivir siendo dignos de sus derechos y cumpliendo sus deberes.

Finalmente, el padre es amor. Sus brazos están siempre abiertos para recibir en su seno a todos los hijos, los suyos y los de la vida, porque sabe que... "Cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo"... El sabe que la provisión más importante para una vida feliz va más allá de todo lo que el dinero puede comprar. El sabe que no es perfecto, que a lo largo del camino se cometen muchos errores, pero confía en el Amor Supremo, tiene la convicción de que ese amor cubrirá multitud de faltas, y al final del camino no habrá mayor recompensa que escuchar a sus hijos decir:  Te amo papá.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  EL UNIVERSAL

El temor contra el miedo


En un país en el que cada día nuestra libertad se encuentra más amenazada, en el cual los hombres perversos están libres y ejercen un poder nunca antes visto en nuestra sociedad; en un país en el que los ciudadanos vivimos tras las rejas y los malhechores actúan prácticamente sin ningún freno; en un país en el que los delincuentes poseen más armas que los cuerpos policiales, y desde las esferas más altas del Gobierno pareciera existir toda una estrategia para mantenernos viviendo con miedo es necesario que nosotros, los ciudadanos comunes, entendamos que no podemos, que no debemos permitir que nuestras vidas sean truncadas no solo por la mano del hombre malo, sino por los efectos perniciosos que el miedo logra en nuestras vidas.

Cuando vivimos con miedo nuestro ser interior experimenta una angustia que perturba nuestros pensamientos y acciones. Nos encontramos librando una batalla constante que muchas veces nos hace sentir exhaustos, experimentando un cansancio que va dejando de superarse con el sueño y el descanso, que va pasando de ser una condición temporal para convertirse en un estado permanente de nuestro ser que  afecta nuestra salud física y emocional. Todos los mecanismos de defensa de nuestro organismo, diseñados por la sabiduría divina para protegernos y defendernos bajo amenaza se van volviendo permanentes y poco a poco van menguando nuestra salud y nuestra felicidad.

¿Qué podemos hacer entonces, para que el miedo no sea un  habitante de nuestro ser?

Al contrario del miedo que nos enferma y paraliza, el temor nos ayuda a prevenir el mal. Según el diccionario de la Real Academia Española, el temor es definido como: "Una pasión del ánimo que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso". Sentimos miedo cuando nos encontramos bajo amenaza, cuando el peligro nos acecha, cuando el enemigo de nuestras vidas tiene sus manos puestas sobre nuestras cabezas. En cambio, sentimos temor cuando el discernimiento con el que hemos sido dotados nos hace advertir lo malo y lo deshonesto, y nos da la capacidad para rehusarlo y elegir otro camino.

¡No es una tarea fácil! Como todas las cosas trascendentes e importantes de la vida, requiere nuestra férrea voluntad y un trabajo constante. Pero más allá de cultivar ese temor, ese ser prevenidos, ese anticiparnos a los eventos y circunstancias, debemos cultivar el "temor a Dios".  Es algo así como encontrarnos cubiertos por una inmensa oscuridad y decidir caminar hacia Dios, para sorprendernos iluminados por su luz plena y bendecidos por su amor. Cuando tenemos temor de Dios, tenemos temor a caminar lejos de su presencia y protección; tenemos temor de vivir equivocados porque reconocemos de El la rectitud e integridad. Cuando tenemos temor de Dios nuestro corazón se inclina hacia la bondad y aborrece el mal, la soberbia y la arrogancia.

Son innumerables las citas en las Sagradas Escrituras que hablan acerca de ese "temor" maravilloso a Dios, el cual en mi humilde opinión, no es más que una manifestación de ese amor profundo por El, que nos hace anhelarle y querer vivir según sus preceptos. El libro de Proverbios en el (1:7) dice "El principio de la sabiduría es el temor de Dios". En el (16:6) "... Con el temor de Dios los hombres se apartan del mal". En el (2:1-5) "Hijo mío, si recibieres mis palabras... entonces entenderás el temor de Dios, y hallarás su conocimiento". En el Salmo (25:14)  "La comunión íntima del Señor es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto". Todas son palabras de Dios, pero la que más ama mi alma y es un reto a mi fe es esta:

"El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen y los defiende". Salmo 34:7

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  EL UNIVERSAL

Padre nuestro



En estos tiempos en los que el hombre a través de sus grandes logros se siente cada vez más autosuficiente, no es nada común hablar sobre la oración, hablar sobre el inmenso poder y amor que puede desatarse en una conversación con Dios. Pero, es igual de cierto que a todos en el camino de la vida se nos presenta un momento en el cual toda nuestras fuerzas, nuestra sabiduría, y nuestra autosuficiencia quedan reducidas a su más mínima expresión. A todos nos llega el momento del callejón sin salida, donde la única salvación se encuentra elevando nuestros ojos al cielo.

No hay en el mundo conocimiento de alguna otra oración que contenga frases tan directas y profundas. En el Padrenuestro cada frase nos revela la clase de relación que Jesús tenía con Dios Padre, y su invitación a dirigirnos a El de esa misma manera, entablando esa misma amistad. En el evangelio de Lucas, en el capítulo 11 se nos relata como esta oración surgió de la petición de uno de los discípulos del Señor para que Jesús les enseñase a orar. Probablemente este discípulo se sintió motivado, anheló poder expresarse con Dios de la manera que veía que Jesús lo hacía.

Y Jesús inmediatamente le respondió pronunciando esa hermosa oración que ha trascendido todas las fronteras a lo largo de la historia. Se podrían escribir libros enteros basados en esta enseñanza de Jesús; sin embargo, trataremos de destacar en estas breves líneas los aspectos más significativos que se nos muestran en esta oración: -Padre nuestro que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre-. De esta manera, Jesús nos revela su condición de hijo. Rompe con ese concepto de Dios como un ser inalcanzable; nos muestra la comunión y los sentimientos que como hijo alberga en su corazón por su Padre. Es una invitación a que cada uno de nosotros se acerque a Dios convirtiéndose en su hijo.

Luego, Jesús expresa su inmenso deseo de vivir en un mundo en el que no se haga la voluntad egoísta de nuestros corazones sino que se lleven a cabo los deseos del Padre Celestial: -Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo-. Sin lugar a dudas, una expresión de un alma que conociendo el corazón humano y el corazón de su Padre, sabe que en la voluntad de Dios yace la felicidad del ser humano. A continuación, Jesús proclama: -Danos hoy nuestro pan de cada día-. Una expresión intrínseca de nuestra humanidad, una necesidad esencial del hombre. Un reconocimiento de Dios como nuestro Padre proveedor, y por qué no, el proveedor también del pan que alimenta nuestras almas.

Seguidamente, luego de pedir porque nuestras necesidades esenciales sean cubiertas, Jesús toca uno de los temas más difíciles en la vida de cada ser humano. Esta vez, Jesús apunta al perdón: -Perdona nuestras ofensas, así como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden-. Como una muestra de que el perdón es un camino que todos debemos transitar, Jesús nos insta a pedir perdón a nuestro Padre Dios, recordándonos el poder liberador del perdón en ambas vías, cuando somos perdonados y cuando decidimos perdonar. Porque el Señor nos conoce y sabe, como me dijo una querida amiga en estos días, "nada es más mío que mis rencores".

Finalmente, Jesús deja descubierta la insuficiencia del hombre para librarse del pecado y del mal: -No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal-. Y con un clamor que proviene de lo más profundo del alma, pide que seamos librados de nosotros mismos, de nuestra tendencia a rendirnos a la tentación, y del mal que otros puedan ocasionarnos. El Señor nos revela que sin la fortaleza de Dios, sin su gracia, que se hace más fuerte y poderosa en nuestra debilidad, no podremos resistir la tentación y seremos presa del mal.

Con un profundo amor fraternal, te invito hoy a la práctica de la oración a través de esta lección de lecciones que nuestro amado Señor impartió a sus discípulos. ¡Es tiempo de buscar a Dios! ¡Es tiempo de aprender a orar!

"Pues bien, Yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla, y al que llame a la puerta se le abrirá". Lc. 11:9-10

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  EL UNIVERSAL



miércoles, 13 de junio de 2012

Integridad para la reconstrucción


Es una verdad imposible de ocultar que el gobierno de nuestro país está cimentado en la mentira y la corrupción; fundamentos estos que aunque muchas veces parecieran convertirse en sólidos bloques de concreto, imposibles de derribar, están cayendo frente a nuestros ojos, desmoronándose como una torre de papel. Definitivamente, mostrándonos que una sociedad entrelazada a través de los antivalores marca su destino hacia el caos, como una estructura física que colapsa ante la fuerza indetenible de un gran terremoto.

Los ingenieros y arquitectos usan la palabra "integridad" para describir aquellas "estructuras íntegras" que han sido no solo bien diseñadas sino también apropiadamente construidas, cuyos materiales se integran en un todo para crear estabilidad y fortaleza. Para levantar una sociedad que pueda permanecer indemne en el tiempo y que sirva de refugio e impulse el desarrollo de las nuevas generaciones es absolutamente necesario formar en integridad, con integridad y para la integridad.

La palabra integridad tiene su origen etimológico en el vocablo "integritas" el cual sugiere la idea de entero o completo, sin división, sin carencia de una o más de sus partes. La integridad constituye el arco iris de valores morales que se cohesionan en cada individuo para expresarse en una personalidad sólida, transparente, consistente conectada y comprometida con otros individuos en el bien común.

Para construir una sociedad íntegra es necesario construir organizaciones e instituciones sobre los fundamentos de la integridad; pero las instituciones y organizaciones están formadas por personas, y es allí, en el centro del espíritu humano, en donde se siembra la semilla de los valores o sus antagónicos, en donde se enraízan para crecer y moldear a un individuo. La grandeza de una nación no está determinada por las riquezas naturales o materiales que posea. La grandeza de una nación está determinada por la construcción de una sociedad en la cual la interacción entre las personas está basada en la integridad, y la consecuencia más palpable y visible es la convivencia saludable y armónica.

A pesar de la terrible crisis por la que atraviesa nuestra nación, pienso que nos encontramos en un momento propicio para impulsar un cambio desde adentro, desde lo más profundo del corazón de nuestra sociedad. De la misma manera que un terremoto fractura y desmorona muchas estructuras físicas y naturales, los tiempos de crisis fracturan nuestros corazones y los exponen a reflexiones que los conducen a nuevas verdades y valores. Muchas veces, las mejores estructuras se levantan después de que han sido derribadas y se ha aprendido de los errores. Muchas relaciones se fortalecen con lazos indestructibles después de haber vivido grandes crisis. Cuando casi hemos perdido a alguien y vuelve a nuestras vidas, lo llegamos a valorar con mayor intensidad.

Es aquí, en este momento crítico en el cual los líderes tienen la labor irrenunciable de convertirse en modelos a ser seguidos. De deslastrarse de todo aquello que les impide vivir sin hipocresía en la consecución del bienestar común y del desarrollo sostenido de nuestra nación. Es necesario que hagan una introspección y entiendan sus motivaciones; pues las personas que logran bendecir a otros en la vida, son aquellas que en primer lugar, tienen una profunda convicción de humildad, y luego, entienden que la verdadera gratificación del servicio se alimenta de la profunda satisfacción de saber que las cosas se han hecho correctamente.

"... Preséntate en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza muestra integridad y seriedad. Habla la palabra sana e irreprochable, de tal manera que los que se oponen se avergüencen al no tener nada malo que decir de ti". Tito 2:6-8.

"Sólo el hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas y de reconocer sus errores". Bejamin Franklin. 

Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com

@RosaliaMorosB 

La fundación de nuestros valores


Establecidos o no, escritos o no, toda sociedad tiene un sistema de valores los cuales determinan el éxito de una sociedad cohesionada que vive y trabaja en función del bien común. Además, un sistema de antivalores sobre los cuales yace la razón de sus conflictos. En este sistema estructurado en cada sociedad, seamos conscientes de ello o no, los valores que tenemos nos permiten juzgar lo que es importante, lo que es esencial y lo que no es negociable. De la misma manera, sus oponentes o contrincantes, los antivalores, mueven al individuo en un camino totalmente opuesto, cuyo fin es conflicto y destrucción.

Cualquiera sea el sistema de valores de un individuo, éstos preceden sus acciones, reflejan lo que es apreciado por su voluntad, fundamentan sus decisiones y orientan sus pasos. Los valores determinan el compromiso de vida de cada individuo, porque inexorablemente estamos siempre comprometidos, conscientes o no, con aquello que valoramos como importante, aunque sean los objetivos más egoístas, oscuros y viles. El sistema de valores determina entonces nuestras tácticas, es decir, lo que hacemos; también determina la razón, el por qué detrás de lo que hacemos, esto es, nuestra estrategias; y finalmente, determina las causas y razones por las que nuestra voluntad se involucra, es decir, nuestro compromiso.

Sin valores, sin virtud en el corazón del ser humano, una sociedad es gobernada por el miedo, una verdad que conocen muy bien los dictadores, los tiranos bien instruidos por Maquiavelo; y para perpetrar el miedo surgen la mentira, el engaño, la hipocresía, y la traición, entre otros, como instrumentos de ejecución del poder. Sin virtud, una sociedad se encuentra peor que un barco a la deriva, se encuentra presa del caos, de la anarquía y de la destrucción. En la medida en que la virtud, ese sistema de valores éticos, va desapareciendo en la sociedad, la libertad se va restringiendo cada vez más. ¡La libertad se encuentra bajo amenaza de muerte!

¿Cómo podemos entonces alcanzar la virtud necesaria para lograr individuos sanos y libres, capaces de construir una sociedad entrelazada por el bien común? La verdad es que una sociedad virtuosa solo puede ser construida por gente virtuosa, cuyas consciencias instruidas por el bien determinen su proceder y los preserven de la degradación moral del mundo individualista. Y las personas virtuosas se forman no mediante la coerción, aunque ésta tenga un papel importante en la ejecución de las leyes, pues la coerción puede mantener a los individuos alejados de la infracción, pero a la larga la coerción fallará por dos razones: Una, porque no es posible tener una fuerza policial que vigile a cada individuo; y dos, porque el individuo corrupto tiene la capacidad de corromper el sistema y siempre encuentra caminos para librarse de la coerción.

Tampoco, podemos formar en valores basados en el relativismo moderno de una sociedad netamente individualista, ya que los humanos tenemos una capacidad increíble de autojustificación cuando se trata de nuestros propios errores y desaciertos. El relativismo moderno no es capaz de proporcionar una verdadera fundación para una sociedad sana, armónica y sobre todo, no es capaz de preservar nuestras libertades como individuos, puesto que la libertad no puede depender de argumentos propios e individuales que correspondan a la visión tubular de un ser egoísta que determine caprichosamente que es correcto o incorrecto.

¿Cuál es entonces, el camino para la creación de una sociedad virtuosa? Podemos pensar y argumentar profundamente nuestra respuesta, pero creo que se resume en aquella pregunta planteada hace mucho tiempo por el gran novelista ruso Fedor Dostoievski:

"¿Puede el hombre ser bueno sin Dios?". 

Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com

@RosaliaMorosB

Grandes ideas, férreas voluntades


Desde los tiempos más remotos conocidos en la historia de la humanidad hasta nuestros modernos y convulsionados días, todos nos hemos beneficiado de geniales inventos que comenzaron siendo pensamientos en las mentes de algunos hombres que dieron forma a ideas concretas que luego se materializaron. El estudio profundo y constante del ser humano y del medio ambiente que lo rodea le ha permitido al hombre concebir ideas para proporcionarle una mejor vida desde todos los ámbitos de la complejidad de la existencia. El hombre en su afán por entenderse a sí mismo, por descubrir qué y cómo se determina su comportamiento ha planteado una gran diversidad de ideas que se han convertido en teorías, las cuales llevadas a cabo nos han permitido evolucionar social y políticamente. Todos los logros de la humanidad y aun sus grandes desgracias han sido concebidos en primer lugar, en la mente de algún ser humano, como un simple pensamiento que estructurado y trabajado ha dado a luz a una idea, y esta idea ha sido llevada a la realidad para nuestro bien o nuestra destrucción.

Una idea es el más obvio acto del entendimiento, nos permite percibir el conocimiento de algo en nuestro entorno; es una estructuración de pensamientos que toman forma en algo concreto que se puede llevar a la realidad física o intelectual del ser humano. A través de las ideas fluyen las prioridades, decisiones y acciones de cada persona en este planeta. Lo que pensamos determina lo que hacemos e inevitablemente fluye para influir en la gente a nuestro alrededor, razón por la cual, las ideas sustentadas en los principios universales de bien y de progreso nos impulsan a un camino de bienestar y de convivencia armónica con nuestros semejantes; mientras que las ideas concebidas en mentes mezquinas, sustentadas por sentimientos adversos, inexorablemente causan un gran daño al materializarse.

Siempre he pensado que Venezuela es un país cuyo mayor y más valioso recurso es el humano. Si, aunque también hemos sido bendecidos con maravillosos recursos naturales, creo que el valor de nuestra gente, demostrado en su inmensa capacidad creadora supera todo lo demás. Sin embargo, hay un elemento que debemos cultivar y no podemos posponer por más tiempo, se trata de la voluntad; de ese ejecútese de las ideas, de lograr materializar los pensamientos; de realizar las acciones concretas y específicas pertinentes para el alcance de lo concebido por nuestras mentes. Necesitamos voluntades férreas, pero férreas, no por duras e insensibles a los sentimientos, sino por inquebrantables en medio de la adversidad, por dispuestas y resolutas, por audaces y diligentes.

Los diccionarios definen la palabra voluntad como la facultad que tienen los seres humanos para gobernar sus actos y decidir con libertad; como la capacidad de esforzarse para hacer algo; como la potencia del hombre, que le mueve a hacer o no hacer una cosa; como la determinación libre e intrínseca del ser humano para escoger su camino, y aun, es definida como amor, cariño, afición, benevolencia y afecto. La voluntad es deliberada, se sustenta en la intención del pensamiento y su ejercicio produce algo concreto, proporciona una imagen real del pensamiento abstracto. Por esta razón, es imperativo que tomemos la firme decisión de ir más allá de nuestros pensamientos, que nos impongamos la tarea de llevar a cabo cada idea; que podamos trascender a las palabras con las acciones concretas.

Cualquiera sea el lugar donde te encuentres en esta gran nación, tu trabajo, tus ideas y tu corazón son importantes para construir el país que todos anhelamos. Decide hoy no dejarte amilanar por las circunstancias; no permitir que la multitud de palabras desesperanzadoras echen raíces dentro de ti; no valorar lo momentáneo como si fuera lo definitivo.

Decide hoy buscar en Dios la fuerza para tener esa férrea voluntad para hacer el bien, y así como San Francisco convertirte en su instrumento:

"Señor, hazme un instrumento de tu paz: que donde haya odio, ponga yo amor, que donde haya ofensa, ponga yo perdón, que donde haya discordia, ponga yo armonía, que donde haya error, ponga yo verdad, que donde haya duda, ponga yo la fe, que donde haya desesperación, ponga yo esperanza, que donde haya tinieblas, ponga yo la luz, que donde haya tristeza, ponga yo alegría. Oh, Señor, que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar, en ser comprendido, como en comprender, en ser amado, como en amar. Porque dando se recibe, olvidando se encuentra, perdonando se es perdonado,  y muriendo se resucita a la vida".

Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com

@RosaliaMorosB

¿Dónde está tu corazón?


Constantemente estoy pensando en nuestro país y en nuestra gente; deseando profundamente escribir palabras que enciendan una luz en medio de toda la oscuridad que nos rodea. Anhelando transmitir verdades que pueden liberarnos de la violencia que nos oprime. Con el alma llena de esperanza por nuestra patria, con el corazón sediento por los afectos de hermandad en medio de los cuales crecí; con un fuego que arde dentro de mi por la tierra que me vio nacer, por el cielo azul que ilumina mis mañanas.

Quizá mis sentimientos a flor de piel y mi prosa le serán molestos a quienes en su afán no tienen tiempo para los asuntos del alma; a aquellos en cuyos corazones ha crecido una raíz de amargura tan grande que les impide ver todas las posibilidades que tenemos como individuos y al mismo tiempo como nación. Quizá me tilden de ingenua o ilusa, o quizá sin compasión, como en otras oportunidades, profieran palabras de odio contra mi fe y pretendan en su soberbia, que un análisis simplista va a acabar con valores eternos, o me va a hacer desistir del fundamento de mi vida. Pero no, persevero con amor y cada día con mayor pasión.

Pienso que todos los esfuerzos que podamos hacer deben estar encaminados hacia la transformación de nuestra gente; hacia todo aquello que podamos inculcar en el corazón. Es bien sabido en nuestros días que no hay nada más importante que el cada uno, porque es de esas individualidades que surgen las familias, y de las familias los grupos, y de los grupos los pueblos, y de los pueblos las ciudades, y de las ciudades las naciones. Todo comienza en el cada uno, todo comienza en lo que se siembra enlos corazones de cada uno. Es por esta razón que no se puede postergar el volcarnos a enseñar los valores cristianos donde quiera que estemos y a donde sea que vayamos.

La Biblia nos exhorta en el libro de Proverbios a guardar nuestros corazones: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida". Prov. 4:23. Guardamos aquello que apreciamos, a lo que le damos valor y trascendencia. Al guardar algo lo estamos cuidando, lo estamos preservando del mal; y así como en el corazón físico está la vida, porque al apagarse su latir, se apaga ella también. De la misma manera, en el corazón, en el centro de la personalidad del hombre, en ese lugar donde reside su esencia, se determina la vida que cada hombre vivirá.

Al nacer, el corazón es un lienzo en blanco, es una tierra fértil que se puede cultivar. Durante sus primeros años de vida se determinan las bases de la personalidad de los individuos del mañana, y en toda su escolaridad se puede ir moldeando para darle hermosas y dignas formas de hombres y mujeres de integridad. Es una tarea cuyo primer responsable es el hogar, luego no puede ser eludida por el colegio, y aunque suene paternalista, el Estado debe abrazar. Es mejor, sería lo ideal, que cada corazón contara con esta secuencia de responsables; sin embargo no existe edad, ni tiempo para un corazón que quiere cambiar. Siempre hay tiempo para el que se quiere enmendar. El proceso de restitución nos lleva a una nueva edificación de la vida, y la vida fluye en donde hay lugar para tratar al corazón.

Creo en el ser humano porque creo en su Creador. Creo en las posibilidades infinitas que nacen en un corazón libre de opresión. Creo que debemos dejar atrás el odio, el dolor y la frustración. Creo que debemos empeñarnos con cada esfuerzo en bendecir un corazón. Creo que ha llegado un nuevo tiempo para nuestra nación, en el que todas las voluntades deben unirse en un solo corazón.

¿Dónde está tu Corazón?

Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com

@RosaliaMorosB

El corazón de un padre



Es bien sabido en el mundo actual la gran importancia de la relación afectiva con ambos progenitores como una condición que impulsa el desarrollo de una personalidad estable. Sin duda, que cada vez se conoce y se entiende más sobre la necesidad de la presencia, el apoyo y el afecto tanto del padre como de la madre para la evolución armónica de los niños. Ambos roles son complementarios en el sano desarrollo desde la infancia hasta la adultez. Respeto profundamente a los profesionales de la psicología, por eso no pretendo hacer en este artículo un análisis desde su punto de vista, ya que no soy una experta en esta área; sin embargo, quisiera expresar un pensamiento que persiste en mi mente al pensar en el papel protagónico del padre en la vida de los hijos.

Crecimos escuchando el dicho que reza: "Madre hay una sola, padre se consigue en cualquier esquina". Y muy dolorosamente hemos vivido las consecuencias de una sociedad sin padres, o peor aún, de padres irresponsables, ignorantes de la trascendencia de su rol en la vida de los hijos. Aunque muchas madres han hecho un gran esfuerzo para desempeñar ambos roles, y de una manera heroica han logrado sacar adelante a sus hijos, no es éste el ideal, no es éste el deber ser de una familia.

Al pensar en este tema, recuerdo la llamada parábola del hijo pródigo, que al referirnos hoy a los padres, prefiero llamar la historia del padre amante: un hombre trabajador, un hombre que ha labrado un futuro para su familia. Dos hijos que han recibido de él todo lo que en sus manos y en su corazón ha tenido para darles. El hijo menor decide pedir todo lo que le corresponde de su herencia e independizarse. Se va lejos y vive una vida dispendiosa; luego de haber gastado todo lo que recibió de su padre, se encuentra en el peor estado que jamás imaginó y se da cuenta que aun el trabajador de menor rango en la casa de su padre vive dignamente. Quebrantado por la necesidad, decide regresar y pedir perdón a su padre... Todos conocemos el hermoso final, un padre que ama con todo su corazón, un padre que sabe que en el amor siempre hay lugar para el perdón; un padre que hace fiesta, que se regocija por el regreso del hijo perdido, un padre cuyos brazos se abren para arropar en un abrazo infinito.

Esta es, a mi parecer, una de las historias más impactantes de las Sagradas Escrituras, pues en ella se nos revela el infinito amor de Dios como nuestro Padre. Ese Padre que nos brinda la libertad; ese Padre que ha escrito su ley en nuestros corazones y nos ha señalado el camino de la bendición; ese Padre que siempre está dispuesto a recibir a un corazón que ha transitado el camino de la soberbia a la humildad.

Pronto se celebrará en todo el mundo el Día del Padre, quizá este es el mejor momento para que hagamos las paces con Dios, y especialmente para ti, como padre, para que  busques en El la sabiduría, el amor y la fuerza para convertirte en el mejor padre que tus hijos puedan tener.

"No concibo ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona como la necesidad de sentirse protegido por un padre".
Sigmund Freud (1856-1939) médico, neurólogo y creador del psicoanálisis.
Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com

@RosaliaMorosB

viernes, 18 de mayo de 2012


La significación de los valores

Creo, sin temor a equivocarme, que la inmensa mayoría de los venezolanos anhelamos una nación en la cual el comportamiento de cada uno de los ciudadanos sea de tal integridad que la convivencia de todos sea cada vez más armónica y por ende, nos aporte mayor felicidad. Para lograr esta clase de convivencia son absolutamente necesarios los valores, esos principios o sentencias que rigen nuestro comportamiento moral y, no dependen del estamento jurídico, sino que conciernen al fuero interno, a la apreciación del alma del ser humano; a esa ley que está escrita en los corazones de los hombres y les da la capacidad de discernir, de distinguir entre lo virtuoso y lo incorrecto. 

El comportamiento del ser humano es dirigido, inspirado u orientado de acuerdo a los valores que posee. Todos nos inclinaremos hacia una actitud o comportamiento en base a nuestras preferencias, que a su vez están determinadas por el aprecio que le tenemos a esos conceptos o ideas denominadas valores. Y más allá de su significación para el ser humano, las actitudes estarán determinadas por el ánimo de espíritu, por la determinación del alma de actuar conforme a lo que apreciamos como positivo, verdadero y según la bondad. 

Los valores, son principios que responden a las necesidades del ser humano, y primordialmente a la necesidad de convivencia; de subsistir en los espacios compartidos; a esa armónica interdependencia humana que permite el bienestar colectivo. El conocimiento de los valores morales inspira en el hombre sueños e ideales; y mientras las circunstancias son más adversas y el comportamiento colectivo se aleja más de estos, si conocemos los valores, el alma anhela con mayor fuerza la determinación del comportamiento a través de estas pautas o principios; es decir, anhelamos la justicia porque carecemos de ella; la honestidad porque es escasa; la verdad porque la mentira se ha institucionalizado; la bondad porque el odio se siente en el ambiente. 

Sin embargo, para lograr una sociedad cuyo comportamiento esté determinado de acuerdo a los valores, es necesaria una labor de enseñanza a través de la cual seamos capaces de infundir en el ánimo de cada venezolano el aprecio por estos valores. Es llevar cada concepto a una idea práctica; es contraponer el efecto que causa el comportamiento determinado por un valor y su antítesis. Pero, no podemos esperar que esta labor sea llevada a cabo por el Estado, que se está desmoronando, sino que todos y cada uno en el lugar donde nos encontramos debemos convertirnos en modeladores y multiplicadores de los valores. La sociedad civil en sus diferentes expresiones, las instituciones públicas y privadas, los medios de comunicación, los diferentes grupos religiosos, los padres y educadores, los amigos; en fin, todos tenemos la irrenunciable tarea de convertirnos en maestros de valores. 

"Si pretendemos avanzar, debemos volver atrás y descubrir de nuevo los preciosos valores, porque toda realidad gira en torno a fundamentos morales y porque toda realidad tiene un control espiritual". Martin Luther King. 

"Todo lo que se puede contar no siempre cuenta; todo lo que cuenta no siempre se puede contar". Albert Einstein 

Rosalía Moros de Borregales.