domingo, 17 de enero de 2016

BANDERAS DE PAZ

En abril del año 1935 una singular reunión se llevó a cabo en la Casa Blanca presidida por el presidente Roosevelt junto a 21 gobernantes de países del continente americano, incluyendo a un representante de Venezuela; acompañados por el pintor y filósofo ruso Nicholas Konstantin Roerich, quien más tarde sería postulado para el premio Nobel de la Paz. El motivo de la reunión fue la firma del que fuera luego denominado como el Acuerdo Roerich, dicho acuerdo consistió en abrazar una bandera propuesta por el artista ruso, quien venía trabajando en esta idea desde el año 1920, como la "Bandera de la paz" y junto con ella mostrarle al mundo una visión de hermandad de las naciones a través de tres grandes pilares de la cultura de la humanidad, a saber: la ciencia, el arte y la religión.

Para el año 1957 la bandera de la paz había sido ya aceptada por 77 países del mundo, incluyendo a los países del bloque socialista de la época. El diseño de la bandera propuesta por Roerich mostró un símbolo usado desde tiempos ancestrales, tres esferas en color sangre derramada (magenta), rodeadas por un circulo que descansan sobre un fondo blanco. Los tres círculos representan la religión, el arte y la ciencia como las expresiones fundamentales de la cultura de la humanidad. La primera motivación de Roerich fue la conservación de todos los monumentos históricos, del arte y de la religión en tiempos de guerra. En el acuerdo se expresa claramente que se deben considerar neutrales todos los espacios destinados a la ciencia, la educación, el arte y la espiritualidad.

Sin embargo, al escoger un símbolo usado por diferentes culturas en diferentes tiempos, Roerich destacó que dicho símbolo podría también representar las realizaciones de la humanidad en el pasado, presente y futuro dentro del círculo de la eternidad, lo que lo llevó a expresar que cualquiera de las interpretaciones concluiría en la representación de la vida humana. Debido al carácter de un símbolo universal que en definitiva guarda el significado del misterio de la vida misma, y después de todo el sufrimiento y daño que causó la II Guerra Mundial, este significado cobró mayor resonancia. En la actualidad la Bandera de la paz representa el derecho de los pueblos de la Tierra a vivir en paz y la exaltación de los valores humanos como fundamento de la vida en el planeta.

La paz se encuentra indivisiblemente relacionada con la vida misma. Sin vida el concepto de paz pierde su significado, no tiene razón de ser. Es el ser humano quien le da vida al concepto de paz. La paz es esa tranquilidad y quietud que se contrapone a la turbulencia de la guerra. Ese sosiego que le dan al alma las circunstancias apacibles de lo externo. Esa concordia que reina en ausencia de la pelea. Ese estado de equilibrio entre nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestro cuerpo. El estado de armonía en el cual todas las manifestaciones de la cultura fluyen para exaltar la creatividad del ser humano, y exaltar cada vez más la vida. La paz es esa virtud de un corazón confiado, en amistad con sus semejantes.

Pienso, creo y siento que cada vez que un venezolano muere en manos del hampa, en cualquiera de sus manifestaciones, muere la paz individual, muere la paz de nuestros hogares, muere la paz de nuestras instituciones y muere también la paz de nuestra nación. Con humildad de corazón, pero con la fuerza de una venezolana que ama a esta patria, con la pasión de una madre que daría su vida para proteger la de sus hijos, con el amor y la admiración de una esposa que desea envejecer al lado de su compañero de vida, y con la fe cristiana que es el fundamento de mi existencia, hoy les propongo que nos unamos, que nos congreguemos en diferentes pueblos y ciudades para levantar millones de banderas de paz por la vida, para exigir del estado nuestro derecho a la vida y con ella, nuestro derecho a la paz.

"No hay camino para la paz, la paz es el camino".

Mahatma Gandhi.

Rosalía Moros de Borregales

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viernes, 4 de diciembre de 2015

MI VENEZUELA QUERIDA TE LLEVO EN EL ALMA

Dedicado a Leonardo Daniel y Andrés Eduardo, dos hijos de esta patria.

A veces el corazón se siente herido, a veces aunque el sol resplandezca la noche sigue arropándonos, a veces las palabras más alentadoras no nos provocan una sonrisa, a veces irremediablemente nos llora el alma.  A veces, aun al contemplar la inmensidad del cielo y el infinito del océano solo encontramos tristeza; nos pasa como la poesía de Andrés Eloy: -la ola tiene un dolor de aguas verdes... O como la de Pablo Neruda que al sentir tan agudo el dolor exclamó: -Puedo escribir los versos más tristes esta noche... Estos maravillosos poetas le escribieron a un amor con cuerpo de mujer, hoy al plasmar mi pensamiento, le escribo al amor con cuerpo de patria.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Tu pedacito de tierra lleno de inmensas riquezas, tus tesoros guardados en la profundidad de tus entrañas. Tus riquezas negras y tus riquezas doradas, como tus mujeres negras, como tus mujeres blancas; que llenan tu suelo de muchachitos traviesos, que comen arepitas con mantequilla que les chorrea la barbilla, que toman papelón con limón para apaciguar el calorón, que vuelan papagayos y en los cielos se remontan como el que anda a caballo, y que son tan tecnológicos como biológicos.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Tus inmensas sabanas cabalgadas con la cara erguida al viento, sobre el potro de los sueños de la juventud que albergas en tu seno; juventud que de ti quiere ser amamantada y en tus brazos acogida por la nobleza que otrora en ti resplandecía y que hoy el alma añora con lágrimas en los ojos en medio de los despojos.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!
Tus hombres fuertes que en tu suelo han luchado para darte un destino tan grande como tus cielos, tan profundo como tus mares, tan alto como tus picos, tan caudaloso como tus ríos, tan manso como tus esteros que dan de beber a las coloridas aves que cantan y surcan en tus cielos.

Tus hombres fuertes con dignidad en el alma, tus hombres de manos laboriosas, de pensamientos brillantes, de corazones valientes que rescatan tu vida en las manos del enemigo perdida.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Hoy tus madres lloran a sus hijos perdidos en la muerte prematura que ensañada contra ellos de tus brazos los ha robado; hoy tus niños anhelan la caimanera entre amigos que de todas las pieles se viste y que levanta un arcoiris del suelo polvoriento; hoy tus jóvenes expatriados, navegando otros mares o bregando un espacio en su propio océano claman por la justicia y se hermanan con la bondad para devolver a tu rostro entristecido la felicidad.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Hoy renace la esperanza, hoy en Dios ponemos nuestra confianza, hoy el miedo se desvanece y de él no más presas serán nuestras almas. Hoy como un manantial de aguas frescas abrevarás los lomos cansados; como primavera reverdecerán tus pastos y de coloridas flores adornarás la nueva alegría que renace en los que te aman, patria mía.

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@RosaliaMorosB

jueves, 26 de noviembre de 2015

GRACIAS

Amado Señor: En este día elevamos nuestras manos y nuestros corazones a ti, el Rey de los siglos, el Alto y Sublime, el Consejero. Nuestro príncipe de paz, nuestro Redentor y nuestro Señor. Delante de ti derramamos nuestros corazones en acción de gracias. Presentamos delante de ti nuestros cuerpos como un sacrificio vivo, santo y agradable a ti.
Gracias por el Cordero precioso de Jesús, porque él fue molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre él y por sus llagas fuimos sanados.
Gracias por la vida que nos diste, por la Luz de la Vida que iluminó nuestras sendas. Gracias por habernos trasladado del dominio de las tinieblas al reino de tu amado Hijo.
Gracias por nuestros Padres que nos dieron la vida y nos mostraron el camino a ti; gracias por los hijos amados con quienes llenaste nuestro hogar de risas y alegrías, nuestro legado al mundo; gracias por nuestro cónyuge, por el deleite del matrimonio, por habernos hecho uno en Ti.
Gracias por el fruto de nuestro trabajo, por cada alimento que provees en nuestras mesas. Gracias por capacitarnos en diferentes tareas; gracias porque en Ti están escondidos todos los tesoros del conocimiento y la sabiduría.
Gracias por los hermanos amados con quienes crecimos y hoy, a pesar de toda la distancia, siguen grabados con cincel en nuestras almas; gracias por los amigos del alma que han apreciado nuestro afecto y compañía;  gracias por los sobrinos, primos y tíos amados con quienes nos has bendecido en la fiesta de ser familia.
Gracias porque en Ti somos, en Ti nos movemos y en Ti existimos.
Gracias sobre todo por tu inmensurable AMOR.
Siempre gracias mi Señor.

Rosalía

jueves, 19 de noviembre de 2015

LA HORA DE DIOS



Por todos es sabida la terrible realidad que vivimos en nuestro país. La violencia que actuaba en secreto, en la oscuridad de la noche o subrepticiamente a plena luz del día, ahora nos muestra su cara de monstruo cercenando vidas que ejercen su legítimo derecho a la protesta, en un país donde se han ido agotando todas las posibilidades de  una vida digna. Las autoridades que deberían defender a los ciudadanos justifican la tortura de jóvenes que hace apenas un tiempo dejaron los pañales. Mientras una madre sufre el horror de ver la cara de su hija destrozada por perdigones y, minutos más tarde enfrenta la muerte de su amada; la máxima autoridad baila con un cinismo que nos deja perplejos.

Por otra parte, muchos de los que piensan que están en el bando de los buenos justifican acciones engendradas en el odio, y el odio no puede dar a luz a la justicia, la cual, en el fondo, es lo que la mayoría desea. Los días pasan y no pareciera que hay una luz al final del túnel para nuestro país. Estamos viviendo la cosecha de semillas del mal que fueron sembradas, regadas y cuidadas por muchos. La Biblia nos señala en el libro de Gálatas 6:7 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Hemos cosechado los frutos del odio.

¡Hemos caminado alejados de Dios! Hemos pretendido reducir al Dios omnipotente, omnipresente y omnisciente a un simple amuleto al servicio de nuestros caprichos. Nos hemos interesado más en adivinar nuestro futuro que en vivir cada día bajo su mano amorosa. Hemos pensado equivocadamente que El está de un lado o del otro; sin entender que su gracia, su luz y su amor están solo con aquellos que con corazón sincero le buscan. Hace tiempo que la palabra arrepentimiento dejó de existir en el vocabulario de muchos; pues, hinchados en su vanidad y soberbia han vivido bajo la hueca filosofía de “no arrepentirse de nada”.

De tal manera que, hemos perseverado en una actitud obstinada, endureciendo nuestros corazones hacia nuestro prójimo; calmando la angustia del vivir diario con placeres egoístas que exaltan el yo y destruyen el nosotros. ¡Pero, no perdamos la fe! Dios no está lejos, El tiene para nosotros pensamientos de bien y no de mal, para darnos el fin de justicia, bondad y verdad que esperamos. La fe en su esencia más profunda es obediencia, la obediencia a sus mandamientos. Por esa razón, es necesario que volvamos a la Palabra de Dios, que cambiemos nuestros pensamientos por los pensamientos de Dios.

Pero, ¿acaso, cambiará una nación que se vuelva a Dios los planes orquestados por un sistema político que pretende sobrevivir y expandirse a costa de nuestras riquezas? Enfáticamente si. Jesucristo no se quedó colgado en la cruz. El resucitó y su Palabra dice que ese mismo poder que lo levantó de la muerte actúa en aquellos que le creen. Dios nos está solo en los templos, El camina con cada uno que le invoca, le obedece y le honra. Así, como muchas pequeñas luces al unirse pueden desplegar una gran luz, de la misma forma, muchos ciudadanos, hombres, mujeres, jóvenes y niños, que rindan sus vidas a Dios, que clamen con fervor cada día y que actúen de acuerdo a sus mandamientos pueden hacer frustrar los planes del mal e instaurar la justicia y la verdad en nuestra nación.

¡Es la hora de Dios! La hora de volvernos con todo nuestro corazón a El. Es la hora de que en cada rincón de la geografía de nuestra patria, en cada hogar, escuela, liceo, universidad; en cada iglesia, en cada lugar de trabajo unamos nuestras voces en oración, pidamos perdón elevando plegarias por nuestra nación. Es la hora de no dejarnos seducir por el mal para acabar con el mal. La hora de bendecir al que te maldice, aun cuando cada célula de tu ser grite que le odies. La hora de estrecharnos las manos entre hermanos venezolanos. Y cuando el mal vestido de humanidad se pare frente a ti para hacerte daño, primero invoques el nombre de Dios, y luego, abras tu boca con la autoridad y el amor que provienen de El. Te aseguro que Dios hará más allá de lo que te imaginas. ¡Es la hora de Dios!

"Nos hemos olvidado de Dios. Hemos olvidado la misericordiosa mano que nos guardó en paz, nos multiplicó, nos enriqueció y nos fortaleció. Y, con nuestro corazón engañoso, hemos supuesto, vanamente, que todas estas bendiciones eran producto de alguna sabiduría superior o virtud propia. 
Intoxicados por triunfos ininterrumpidos, hemos llegado a ser demasiado autosuficientes como para sentir la necesidad de redención y gracia, demasiado altivos como para orar al Dios que nos creó. 
Nos corresponde humillarnos ante el Poderoso, confesando nuestros pecados nacionales y pidiendo clemencia y perdón en oración".  Abraham Lincoln.

Rosalía Moros de Borregales.

@RosaliaMorosB


viernes, 6 de noviembre de 2015

LA PLEGARIA


La plegaria

 
ROSALÍA MOROS DE BORREGALES
Es difícil encontrar a alguien que no quede extasiado al escuchar el dueto entre Celine Dion y Andrea Bocelli en su magistral interpretación de la canción titulada "The Prayer" (La plegaria u oración), hermosamente escrita por David Foster y Carol Bayer Sager, objeto de varios premios, entre ellos un Grammy, un Golden Globe y un Academy Award. Aunque no fui bendecida con el don de la música, disfruto profundamente de ella. Lograr escribir algo que inspire a otros es maravilloso, pero lograr que esas letras se conviertan en música no tiene igual. La música es medicina para el alma, un idioma universal capaz de establecer lazos que enaltecen los sentimientos más profundos entre los seres humanos.

Mis dedos se mueven rápidamente en el teclado, las ideas se suceden una tras otra en mi mente, los sentimientos afloran en mi corazón. Estoy escuchando a Andrea Bocelli, me deleito en su música, de alguna manera misteriosa trabaja en mis conexiones neuronales como creando un puente entre lo que pienso, lo que siento y lo que anhelo.

Aunque he escuchado esta canción cientos de veces, es hoy cuando decido traducirla en su totalidad. Como un río que encuentra su cauce cada frase me lleva a mis propios sentimientos, a mi propia oración. Como la música, la letra de "La plegaria" es también universal. Sin embargo, la hago nuestra, la convierto en un clamor expresado desde las entrañas de Venezuela a nuestro Señor.

Las primeras palabras de esta oración son un ruego para que cada uno de nosotros pueda ver a través de Dios, para que Él con sus ojos nos guarde en nuestro camino. Entonces pienso: _ Si cada uno de nosotros pudiera ver a esta nación y al hermano que tiene a su lado desde la perspectiva de Dios, el odio desaparecería de en medio de nosotros. Con seguridad contaríamos con su cuidado en nuestro caminar. Luego, al reconocer que nuestra ayuda viene de Dios, la canción se convierte en un ruego para que seamos sabios en tiempos como éste; para que ésta sea nuestra oración cuando el futuro sea incierto, cuando hayamos perdido nuestro rumbo.

Mientras todos los instrumentos se convierten en un sonido único y armónico, me imagino que la música es como un hermoso caballo que galopa en la sabana llevando sobre sus lomos las voces de estos dos grandes talentos, que en esta hora toman de la mano mi pensamiento y lo elevan al cielo. Las siguientes líneas nos conducen a la petición de ser guiados a través de la gracia de Dios a un lugar donde podamos estar seguros. Entonces, recuerdo al salmista al expresar que en medio de la angustia su corazón estaba confiado solo en Dios. ¡Estar en sus manos es el lugar más seguro para cada uno de nosotros!

La siguiente estrofa se despliega ante mí como una de esas noches plena de estrellas en algún hermoso lugar de nuestra geografía nacional. Mientras los violines parecieran besarme suavemente, la canción es una petición para que podamos encontrar la luz de Dios; más allá, para que seamos capaces de mantenerla en nuestros corazones. Es un ruego para que cada noche cuando las estrellas aparezcan en el firmamento sea un recordatorio, para todos, del lugar donde está Dios. Una oración para que la luz de Dios en nuestros corazones ilumine las sombras que llenan nuestros días.

De nuevo, la petición es por la guía de Dios a través de su gracia. Esta vez, añade la fe como el ingrediente faltante para poder vivir seguros. Pienso, la fe consiste en la certeza de creer que Él existe, de creer que es capaz de bendecir a los que le buscan. A continuación, el clímax de La plegaria se expresa en estas dos voces que se unen como en un coro en la belleza de dos lenguas, para pedir por un mundo de justicia y esperanza, para rogar que cada corazón herido pueda ser sanado, para que todos podamos tocar a Dios, para que podamos alcanzar el cielo.

La última estrofa expresa el deseo por una vida buena para todos, por el cuidado de Dios para cada uno. Agrega la esperanza de que cada alma pueda encontrar otra alma a la cual amar. Que esta sea nuestra oración, que como niños que necesitan encontrar su lugar en el mundo, todos podamos ser guiados a través de Su gracia y de nuestra fe  para estar a salvo, para estar seguros. Me conmuevo dentro de mí, mientras la flauta y el piano me acarician el alma. ¡Este es el anhelo de millares en Venezuela! Que este anhelo se convierta en oración. Que cada uno eleve su petición sin olvidar mantener Su luz en el corazón, sin olvidar que somos instrumentos de Su amor.

"Otra vez os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". 
Mateo 18:19-20

Nota: Para escuchar la canción ir a: http://www.youtube.com/watch?v=cjNfkbQr5zc 

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sábado, 31 de octubre de 2015

LA HORA OSCURA DEL ALMA

Su corazón estaba muy inquieto, aunque se encontraba rodeado de sus seres más queridos  anhelaba estar a solas, sobre sus rodillas, en la presencia de su Padre. Jesús sabía muy dentro de él que la hora había llegado. Con todas sus fuerzas deseaba hacer la voluntad de su Padre; pues, amarle siempre había supuesto para él obedecerle. Pero esta vez el precio de la obediencia le traspasaría con una espada. Una serie de eventos se anticipaban, revelaciones que se presentaban como destellos de luces en su mente, tan reales, tan verdaderas que aun sin haberlas vivido ya desgarraban de dolor su alma.

Renunciar a los que amaba, vivir la traición de aquel a quien contaba entre los suyos, saber que todo su amor no podría salvarlo, ser entregado con un beso; ser cobardemente negado por uno de sus mejores amigos, sentir el dolor de su madre al perderlo. Convertirse en el objeto de burla de seres humanos indignos de cualquier afecto; ser acusado por aquellos que creían ser más cercanos que él a su padre. Ser llevado para ser juzgado por reyes inmorales que nunca entendieron el fundamento de su reino. Morir con la muerte del peor de los delincuentes, ser clavado en una cruz y escarnecido.

Su corazón palpitaba aceleradamente, buscaba fuerzas dentro de él, la noche más oscura se desplegaba ante sus ojos; no había la luz de una estrella para iluminarle el camino. Sabía que su padre estaba con él; era fe, convicción, esperanza contra esperanza. Pero, él no le sentía cerca, la exigencia era muy profunda… _“Si es posible, pasa de mi esta copa”. Es el clamor del corazón, es la verdad que se sabe pero quisiéramos nunca haberla conocido. Es el camino que debemos transitar pero quisiéramos escaparnos de él, huir a otro horizonte; más el corazón sabe que es mejor estar un día en su casa que miles lejos de su presencia.

Luego de estos momentos de oración que se convierten en un debate del alma, en una guerra de pensamientos, en un forcejeo entre el sentimiento y la razón; finalmente, viene la decisión, nace de ese corazón amante que ha sido entrenado en la obediencia, que ha hallado su fuerza al doblegar junto con sus rodillas la más férrea voluntad. Con la decisión, viene la paz, la entrega incondicional del alma que se rinde ante quien es soberano. “Mejor es estar en las manos de Dios que en la de los hombres”. Es el grito silencioso de quien exclama: “Aunque El me matare, en El esperaré”. 

El camino es largo, el sufrimiento inexplicable, todas las revelaciones recibidas no fueron suficientes para mostrar la agonía que se intensifica a cada paso. No tiene fuerzas, se entrega, su Padre es el guardián de su alma; aunque por momentos pareciera haberle abandonado. Si, realmente le ha abandonado en las manos del pecado; sus clavos, su corona de espina, la espada en el costado, todas son muestras de ese abandono… Es su hora más oscura, sin sentirlo, sin saberlo cerca, pero sabiéndose suyo, le encomienda lo que queda de él, su espíritu.

La tierra se estremece, relámpagos iluminan el cielo, la noche cae como una cortina sobre el Gólgota. A sus pies, su madre permanece fiel, el discípulo amado junto a aquella que lo amó mucho, porque mucho le fue perdonado. El velo del templo se rasga, y en un último esfuerzo toma aliento, luego expira. La muerte le ha alcanzado, pero solo por un poco de tiempo. ¿Dónde estás, oh muerte? ¿Dónde tu aguijón? Fuiste visitada hasta las profundidades de la Tierra, vencida en tus propias entrañas. De tu propia oscuridad surgió la luz, las cuerdas se cayeron, las vendas aromatizadas dejaron expuesto el cuerpo glorificado, la semilla que fue sembrada dio su fruto. El espíritu de resurrección lo trajo de vuelta desde las profundidades de la tierra. La piedra fue removida, anduvo en medio de aquellos que amaba, todo el dolor que le causaron se desvaneció, su amor cubrió multitud de faltas. ¡Ha resucitado! ¡El padre lo elevó a su diestra para siempre!

En la hora oscura de tu alma, clava tus ojos en Jesús, camina tomado de su mano. Entrega tu voluntad, ríndete a los pies de la cruz; y allí, ante su presencia, espera confiadamente. ¡De la hora más oscura nacerá tu aurora!

“Los que a El miraron fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados”. Salmo 34:5.

Rosalía Moros de Borregales

domingo, 23 de agosto de 2015

Acepción de personas

Cuando era niña la Venezuela que me rodeaba era un país de gente amable, cariñosa y bien hablada. No importaba el color de la piel, ni la fe que se profesara, ni mucho menos el color político. A la hora de la reunión y el compartir todos éramos venezolanos. Recuerdo que a los más blancos o catires les decían "musiú"; podíamos llamar "negrito(a)" a aquellos de pieles más tostadas, e incluso en una familia de blancos, al menos catire lo llamaban el negrito de la casa. En la calle existía una atmósfera de respeto en donde todos éramos simplemente "venezolanos". 


En la Venezuela actual nos encontramos con un escenario completamente opuesto, en el cual el color político ha determinado una actitud de favoritismo hacia unos y de irrespeto e intolerancia hacia otros. El lenguaje escatológico se ha convertido en parte intrínseca del lenguaje de aquellos que practican la acepción de personas; de aquellos que excluyen a unos y sin atender al mérito o a la razón favorecen a otros. El insultar y desmerecer a sus coterráneos se ha convertido en una tarea que se exalta y aúpa desde las más altas esferas del Gobierno; al parecer el injuriar a otros profiriendo toda clase de improperios es una manera de halagar a los egos insaciables de los que se creen dueños de Venezuela; y al mismo tiempo pareciera haberse convertido en toda una manera de hacer lucro. Este fenómeno está mucho más radicalizado del lado rojo; sin embargo, también he escuchado las
 más bajas expresiones del lado opuesto. 


Muy lamentablemente nos hemos convertido en una nación de enfermos de odio, legándole a las nuevas generaciones una herencia de amargura, de intolerancia y de dolor; porque eso es lo que genera el odio, primero amargura y después dolor. Con la soberbia con la que se han envanecido muchos en nuestra nación, han quedado totalmente ciegos para ver al país desde otra perspectiva y considerar como iguales a aquellos que se oponen a su pensamiento. La única fuerza que los mueve es el odio arraigado en sus entrañas que les carcome tanto sus cuerpos como sus almas. Es imposible aspirar a "establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural" si en primer lugar, la ideología política nos hace ser excluidos de un régimen que solo vela por aquellos que le hacen la venia.

Aún más, es imposible aspirar a la "consolidación de los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, la convivencia y el imperio de la ley", bajo la visión tubular de un único pensamiento político y social. ¿Cómo piensan qué podría ser posible asegurar "el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna"? ¿Cómo podría todo este sueño hacerse realidad bajo la voluntad de quien es luz para la calle y oscuridad para su casa? Bajo la mano rectora cuya ideología tiene como fundamento el odio y su único fin es llevar a cabo su mezquina voluntad y solo su voluntad. El artículo 57 de nuestra Constitución establece que : "Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa".

Hoy hago valer este derecho como mi derecho, soy una persona responsable, no me escondo bajo el anonimato. Estoy en contra de los mensajes discriminatorios y de los intolerantes hacia quienes profesamos una fe y hacemos uso de nuestra libertad para expresarla. Declaro que mi única motivación al escribir es el bien de mi patria. Soy tan venezolana como cualquiera de ustedes; en este país nací, crecí, he estudiado, y trabajado. Aquí quiero seguir viviendo y ver a mis hijos y los hijos de mis hijos florecer en la misma tierra a la cual amo profundamente. ¡Es mi Venezuela! ¡Es tu Venezuela! ¡Es la Venezuela de todos los que ha parido esta patria!

Rosalía Moros de Borregales
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