sábado, 14 de junio de 2014

El padre amante

En nuestro mundo actual no hay discusión acerca de la importancia que reviste la relación afectiva de todo ser humano con ambos progenitores en el desarrollo armónico de su personalidad. De tal manera que, aquella creencia ampliamente divulgada, en la que se exalta a la madre como un ser insustituible y se minimiza al padre sólo a la condición de una célula necesaria para la procreación del nuevo ser, cada vez tiene menos sustentación. Ciertamente, la conducta de muchos padres les ha hecho ganarse esta definición, alejándolos de su papel protagónico en la formación de sus hijos. Sin embargo, más allá de la pura genética, el rol del padre trasciende a la concepción biológica de un individuo, su desempeño es absolutamente inherente en la creación de un ser íntegro y feliz.

La mayoría en algún momento de la vida ha escuchado la historia de la parábola del hijo pródigo. Un hijo quien pide a su padre lo que le corresponde de su herencia, decide irse por el mundo llevando una vida dispendiosa y desenfrenada. Cuando el dinero llega a su fin, termina trabajando en una hacienda cuidando de una cría de cerdos. Al verse arruinado, su corazón se quebranta, en su reflexión piensa que aún el trabajador de menor rango en la casa de su padre vive dignamente. Entonces, decide regresar a su hogar. Al llegar, su padre le recibe con los brazos abiertos, sin ningún reproche. Con mucha alegría en su corazón, ordena a sus empleados preparar una fiesta de bienvenida para su hijo que "estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado". Lucas 15:24.

Cuando escuchamos esta parábola generalmente nos enfocamos en el hijo que recapacita, y regresa arrepentido para pedir perdón. Sin duda, un aspecto profundamente humano que debería ser considerado por todos en la condición de hijos. Aunque, en mi opinión, el protagonista principal de esta historia es el papá. Ese incansable trabajador que ha provisto para su familia más allá del pan de cada día, atesorando una herencia para el futuro de cada hijo. Ese hombre cuya felicidad jamás llega hasta el día en el que logra ver a sus hijos convertidos en hombres de bien, capaces de enfrentar al mundo con voluntad, verdad y honor. Ese hombre capaz de perdonar, cuyo corazón se abre para arropar al hijo en un abrazo infinito.

El padre amante es el líder de su hogar, en su corazón no hay cabida para la indiferencia; pues, un líder está pendiente desde los asuntos más importantes hasta los más pequeños detalles. El padre amante marca el destino de sus hijos, hace que los sueños que hay en ellos se cristalicen en una hermosa realidad. Aunque los hijos se desvíen en algún momento, el padre sabe que ha sembrado la semilla de Dios, y esa siempre da buen fruto en abundancia. El padre amante es compasivo, recuerda su propio transitar por la vida. Cuando uno de sus hijos está caído, le tiende junto con la mano el corazón, es su muleta mientras se recupera, lo lleva de la mano en sus nuevos primeros pasos, para luego dejar que remonte vuelo por los cielos de la vida.

El padre amante es el primer maestro en la vida de sus hijos; él sabe que su ejemplo es más contundente que las muchas palabras. Por esa razón, sus pasos son firmes, sus decisiones son pesadas en balanza, inspiradas en la sabiduría divina, tomadas a sabiendas de que sus consecuencias no son individuales sino que afectarán a toda la familia. El padre que enseña instruye a los hijos no sólo en los quehaceres de la cotidianidad. Él sabe que las herramientas más importantes de la vida son intangibles en lo material pero le permiten al individuo construirse un camino para una vida digna. El primer maestro establece límites, sus palabras tienen congruencia con sus actos. Más tarde, cuando los hijos ejerzan su libertad sabrán atenerse a las consecuencias de sus acciones.

Esta tarea que en gran medida en el mundo entero ha recaído sobre los hombros de las madres, es en primer lugar, una tarea encomendada por Dios al padre. Las mujeres la sazonamos con los deliciosos sabores de nuestra ternura; rodeamos a nuestra familia desbordando ese amor inmenso que Dios ha depositado en nuestros corazones. Sin embargo, en el diseño divino de la familia el hombre es un pilar fundamental; aunque la vida nos permita compensar carencias, la falta de este padre amante deja en el ser humano una profunda huella de dolor.

Hoy el corazón de Dios nuestro Padre está con los brazos abiertos para recibir a todo aquel que como el hijo pródigo decida regresar al hogar. Hoy el padre amante está dispuesto a perdonar; él respeta tu libertad para decidir donde quieres estar. Si decides estar en sus manos, él preparará la mesa para sentarte a su lado y compartir contigo los manjares de la sabiduría y el infinito amor de su corazón.

"Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia".
Jeremías 31:3

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

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jueves, 8 de mayo de 2014

MADRE MÍA

Dedicado a mi madre, Rosilda Martín de Moros-Ghersi y con ella
a todas las madres de mi amada Venezuela.


Madre mía, te siento tan hondo dentro de mi alma.
Tu suave rostro dibuja una tenue sonrisa,
tus ojos profundos revelan mi dolor en tu dolor,
se encuentran con los míos en el camino del adiós.
Tantas veces nos hemos despedido, es un sendero ya recorrido.
Pero mi alma y tu alma no se conforman, me vuelvo niña
y tú te vuelves preñada por el amor para llevarme contigo.

¡Madre mía! ¿De dónde tu fuente inagotable?
¿De dónde esa cascada de amor que me bendice la vida?
La amiga incondicional, el abrazo cálido que arropa a la niña,
que sostiene a la mujer que hiciste de mí.
Tu silencio profundo que habla tanta sabiduría.
Tus tiernas palabras que me consuelan el alma herida.
¡No hay mayor refugio que tu vientre, madre mía!

Madre mía, tus alas se extienden para albergarnos a todos en tu pecho.
En tu corazón cabe un hijo, caben dos, cabemos todos los hijos
a los que la Providencia amamantó de tu seno.
Tu luz ha iluminado nuestros caminos,
has sido lámpara en nuestra oscuridad.
El agua de tu manantial ha saciado nuestra sed.
¡En el desierto de la vida tú has sido el oasis del amor!

Madre mía, cuánto te amo, y cuánto me falta por amarte.
En tu amor es el único que puedo volver a ser niña,
crecer hasta la incipiente mujer que se dibuja en la adolescente.
Y de nuevo transformarme en mujer completa, cabal.
¡En tu amor me igualo a ti para convertirme en madre!
Para sentir hasta lo más profundo de mis entrañas el dolor de mis hijos.
Y regocijarme con ellos en todas sus más pequeñas y grandes alegrías.

¡Madre mía, qué bendición tenerte, qué gozo tan grande amarte!
Quisiera remontarme en los cielos y desde allí abrir mis brazos
para bañarte con lluvias de bendiciones la vida.
Quisiera extraer de lo más profundo de la tierra las riquezas de colores brillantes
para adornarte a ti, madre mía, la piedra más preciosa de mi vida.
Quisiera caminar siempre tomada de tu mano,
y cuando te vayas seguir sintiendo el calor de tu presencia.

Madre mía, recibe en este día mi humilde tributo,
Mi veneración y el amor de mi corazón.
El perdón por mis faltas, por mi omisión,
por las heridas que pude haber causado en tu ser.

Quiera Dios que como ungüento estas palabras que nacen hoy
en el rincón más profundo de mi alma,
alegren tu vida y la consuelen de todos los dolores de ser madre.

¡Madre mía, nunca dejes de bendecirme la vida!

Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com

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viernes, 2 de mayo de 2014

INTERESADOS EN EL LIBRO REFLEXIONES PARA VENEZUELA

El libro es un libro de cabecera o mesa de noche. No necesariamente hay que leerlo de tapa a tapa como una novela, sino que puede ser leído de acuerdo a la inspiración o necesidad del día; ya que está compuesto de reflexiones cortas de 2 a lo sumo 3 páginas. Además, está bellamente ilustrado por la artista Cecilia Moros Martín, mi hermana, con la colaboración de Andrea Doval.
Dividido en 5 partes, a saber:

1.- Reflexiones sobre la familia.
2.- Reflexiones sobre experiencias de vida
3.- Reflexiones sobre las virtudes
4.- Reflexiones sobre los desaciertos humanos
5.- Reflexiones sobre Dios y su relación con nosotros

Si estás interesado (a) en adquirir mi libro "Reflexiones para Venezuela" se encuentra disponible en las siguientes librerías:

- Librería Kalathos en Los Galpones de Los Chorros
- Librería Entre Libros en Los Palos Grandes
- Librería Kichi en el Centro Comercial Santa Rosa de Lima
- Librería Kichitos en Macaracuay Express
- Librería El Buscón en Paseo Las Mercedes
- Librería Papelillo en el Centro Comercial Santa Fe Norte

Si Ud. se encuentra en el interior del país o en el exterior y desea el libro escriba un correo a:
rosymoros@gmail.com  o
@RosaliaMorosB

Con gusto le contestaré.
¡Mil gracias por su acogida!

VIVIR EN UNA ORACIÓN

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha recurrido a la oración en su afán de encontrar un camino para sobrellevar las tragedias de la vida. Pareciera que el alma del hombre se encontrara incompleta, insatisfecha e impotente ante los retos de la existencia. Pareciera que mientras más nos aferramos a la Tierra, más intuyéramos que nuestro ser trasciende a este mundo. De alguna manera, todos hemos visto nuestra rutina interrumpida por acontecimientos que nos hacen sentir las manos cortas, los pies lentos y el corazón vacío. Entonces, nos llega el momento de una oración y, aunque vayamos a tientas, en lo más profundo de nuestro ser, entendemos que solos no podemos.

Una oración es un acto de humildad, es la expresión del reconocimiento de nuestras limitaciones. Pienso, sin temor a equivocarme, que la mayoría de las personas en algún momento de sus vidas han sentido la necesidad de elevar una plegaria. Muchos han hablado con Dios en el silencio de su ser; otros han rezado una oración aprendida, quizá en la infancia, cuando la pureza del corazón se convierte en un puente que nos conduce con sencillez a Dios. Aun, hay quienes se han sorprendido a sí mismos, dirigiéndose con palabras que le brotan del alma, a ese ser tan anhelado en ese preciso momento, pero tan desconocido el resto de los días.

Cuando Jesús de Nazaret caminaba las polvorientas calles de Galilea les enseñó a sus discípulos el valor de la oración. Cuentan los evangelios que estando en medio de ellos se apartaba para orar; también muy temprano en la mañana se dedicaba a la oración. Al sentarse a la mesa elevaba una plegaria dando gracias al Padre por los alimentos. Uno de ellos le pidió humildemente que los enseñara a orar, entonces Jesús pronunció esa hermosa y profunda oración que hoy conocemos como "El padre nuestro", una guía para comunicarnos con el Padre y mantener la mejor relación con nuestro prójimo. Siempre, Jesús mostró que la oración es el medio para tener comunión con Dios, una practica esencial en la vida de todo creyente.

La mayoría de los hombres de nuestra nación se saludan pronunciando dos groserías, cuyo significado echa por tierra toda su hombría, entereza, valentía, probidad y valor. También una gran cantidad de mujeres jóvenes usan una de ellas en su saludo, declarando una sentencia que la aleja completamente de toda su identidad como mujer. Constantemente estamos escuchando maldiciones, olvidando que de acuerdo a los principios cristianos estamos llamados a bendecir, incluso a los que nos ultrajan y persiguen, porque de esta manera, si ellos persisten en la práctica del mal, nuestras bendiciones se convierten en justicia de Dios sobre ellos. ¿Y qué hombre no prefiere la justicia divina antes que la humana?

La mayoría de las veces estamos declarando las peores cosas sobre nuestro país. No pretendo obviar la tragedia que vivimos a diario los venezolanos; sin embargo, debemos admitir que hemos contaminado todo nuestro entorno exaltando los más bajos sentimientos humanos. Hasta nuestros niños han sido atacados con el virus de la procacidad y escatología. Es difícil encontrar una sonrisa que nos devuelva el saludo amable. Nuestras miradas se han convertido en ametralladoras. La cortesía prácticamente ha desaparecido de nuestra sociedad. Nos hemos dejado contaminar, estamos enfermos de odio. Nuestras bocas destilan lo que albergan nuestros corazones.

¡Necesitamos volver nuestro corazón a Dios! Necesitamos cambiar cada una de estas palabras por una proclamación de bendición. Así como ejercitamos los músculos del cuerpo en el gimnasio, deberíamos ejercitar los músculos de la cara para sonreír, los músculos del alma para hablar con Dios. No permitir que los pensamientos de oscuridad gobiernen nuestras vidas, sino llenar nuestras mentes con las miles de promesas de amor, de paz y prosperidad que se encuentran en la Biblia.

Deberíamos trabajar con ánimo, con la certeza de que Dios respalda a quienes le buscan y cumplen su parte. Deberíamos encomendar nuestra causa a Dios a cada momento, y como se ha multiplicado la maldad, aun con más fuerza multiplicar la bondad en medio de nosotros. Deberíamos como una avalancha llenar nuestras bocas de oración y con la salida del Sol cada mañana bendecir a nuestros hijos, a nuestro cónyuge, a nuestros padres, a familiares y amigos. Pedirle a Dios que su gracia sea sobre nuestro país, que su luz ilumine nuestras tinieblas, que su justicia se levante en medio de nosotros.

¡Deberíamos vivir en una oración!


EL NIDO DE LA ESPERANZA

En un mundo que se ha empeñado en caminar alejado de la luz de Dios la gran mayoría de las noticias que escuchamos a diario son realmente un veneno para el alma. Constantemente somos bombardeados con toda clase de información que oscurece la perspectiva de un futuro de bien. Sin darnos cuenta, todos vamos reaccionando ante tal tsunami, y de una u otra forma terminamos perdiendo la esperanza.

La esperanza puede definirse de múltiples maneras; sin embargo, al pensar en esta palabra sentimos que está entretejida con nuestros sueños, con los anhelos más profundos de nuestro corazón. La esperanza representa en nuestro ser interior esa posibilidad de convertir en realidad lo que deseamos.  En su etimología interviene el latín sperare, pero su razón de ser va mucho más allá del acto físico de esperar, trascendiendo el movimiento de las agujas del reloj que nos marcan el tiempo. Cuando se tiene esperanza, se posee la virtud que nos capacita para tener confianza en medio de las adversidades, para vencer los obstáculos, para esperar siempre un final bendito.
Pero, ¿dónde podemos encontrar este valor? ¿En qué lugar se nos enseña a mantener la integridad de nuestro ánimo? ¿Quién moldea nuestras almas para estar siempre dispuestas a esperar el bien? Sin duda alguna que el seno de la familia es el lugar por excelencia para que los individuos sean instruidos en esta virtud. Porque las virtudes no se aprenden en un taller o en un curso, las virtudes son el resultado de vivir, de tener experiencias en las que decidimos actuar con integridad, en las que a pesar de toda la oscuridad que nos rodee decidamos confiar en Dios, reconociendo que de Él proviene todo el bien que esperamos.

¡La familia es el nido de la esperanza! De allí, que cada día la estructura moral del mundo se encuentre en franco deterioro, ya que la familia ha sido golpeada en sus flancos. Sus detractores saben que es el santuario de las virtudes, que es la escuela del corazón, la piedra angular de una sociedad sana capaz de promover el bien. De la misma manera que un nido es un lecho construido para albergar y preservar la vida; así, la familia constituye el lugar originario donde residen los fundamentos para formar seres humanos capaces de vivir de acuerdo a las virtudes.

¡Quien tiene una familia siempre tiene esperanza! Aunque la familia sea grande o pequeña, aunque esté constituida por una sola persona, aunque sea propia o adoptada, aunque la formen los amigos, la familia será siempre el nido de la esperanza. Por esa razón, no desmayemos ante el terremoto de acontecimientos que pretenden destruir nuestra esperanza. Cuando veamos que el mal se acrecienta para intimidarnos, vayamos a nuestra familia y unidos, como los dedos en la mano, busquemos a Dios en oración, pidamos a Él que su luz brille sobre toda oscuridad y que nunca jamás perdamos la esperanza.

"Si tú dispones tu corazón, y tiendes hacia Dios las manos... la vida te será más clara que el mediodía; aunque oscurezca, será como la mañana. Tendrás confianza, porque hay esperanza"... Job 11: 13-20.

LEVANTA TU CABEZA CON DIGNIDAD

Ante tal avalancha de maldad maquillada con mentiras rebuscadas que en la nariz de Pinocho llegarían ya al otro extremo de la Tierra, muchos nos sentimos como sorprendidos por un Tsunami del cual creíamos conocer más que suficiente con los 14 años anteriores. Demasiado ingenuos para quienes se sientan a maquinar el mal y no poseen ni la ética, ni la moral para contener sus ansias de poder. Tampoco profesan ninguna religión más que la idolatría a dos perversos cachuchas verdes cuya revolución convirtió a una isla una vez próspera en un contenedor de pobreza, de mentes subyugadas y vencidas por el miedo.

Sin embargo, los venezolanos no bajaremos nuestras cabezas ante la ignominia. Si el mal se ha sentado a la mesa para planificar sus estrategias, nosotros con la verdad venceremos a la mentira, con la luz de Dios iluminaremos las tinieblas que nos rodean, con la bondad conquistaremos a aquellos que han sido atrapados por las garras de una revolución de pies de barro, sostenida solo por el oro negro que pare las entrañas de nuestra tierra, apetecido por todos los vecinos, vividores hipócritas, oportunistas de oficio que como parásitos han entrado subrepticiamente en nuestra nación pretendiendo dejarla en el hueso.

La dignidad del ser humano tiene su fundamento en los "derechos inalienables"; es decir, aquellos derechos que no pueden ser enajenados, que no se negocian, que son absolutamente de nuestro dominio y, nada ni nadie puede arrebatárnoslos. Estos derechos son los que le dan un valor inestimable a la vida, sin ningún tipo de distinción. Como el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a la libertad, el derecho a la seguridad, el derecho a la propiedad privada, y el derecho a la igualdad de oportunidades, entre otros de igual importancia. Estos derechos actúan como limitaciones al ejercicio del poder del Estado, o en su defecto, al poder ejercido por gobiernos ilegítimos que usurpan su magnanimidad.

Aunque es tarea del Estado garantizar los derechos inalienables del ser humano, es el deber de todos hacerlos cumplir ante aquellos que pretenden socavarlos. Pues la dignidad no solo se trata de nuestros derechos como seres humanos sino de nuestras responsabilidades como ciudadanos para preservar tales derechos. Como lo describió brillantemente Mahatma Ghandi: "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena". Por tal razón, debemos elevar nuestras voces para ser escuchados hasta el último rincón de la Tierra, y aún más allá, debemos unirnos en un mismo pensamiento elevando nuestras oraciones para ser escuchados por el Dios de los cielos.

La dignidad se trata pues del valor inherente a cada ser humano, se trata de ser respetados en todos nuestros derechos. Significa ser suficientemente humildes para reconocer nuestras limitaciones y, al mismo tiempo, valorarnos a nosotros mismos de tal manera de no bajar nuestras cabezas ante nadie. La piedra angular de la dignidad reposa sobre el fundamento cristiano de que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios con un propósito de vida para cada uno. El ideal de la creación y el sacrificio de Jesús en la cruz ofreciéndonos una vida libre de opresión deben impulsarnos en la búsqueda y preservación de la dignidad de todos los que son víctimas de la violencia por parte de individuos, grupos, instituciones y gobiernos.

"Mas Tú, oh Señor, eres escudo alrededor de mí, mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé al Señor, y Él me respondió desde Su santo monte".Salmo 3:3

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

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EL LIBRO DE LOS LIBROS

No ha habido otro libro en la historia de la humanidad que haya sobrevivido a los más fieros ataques para ser destruido que la Biblia. No hay ningún otro que haya sido escrito por tal diversidad de autores entre los cuales hubo eruditos, militares, ministros, pastores de ovejas, reyes, sabios, profetas, pescadores, médicos y hasta cobradores de impuestos. Ninguno que compile manuscritos de 15 siglos de historia. Ningún otro que haya sido traducido a más lenguas en el mundo y, del cual se hayan hecho más impresiones. Así como tampoco, ningún otro que haya tenido una influencia tan profunda y trascendente en la vida de sus lectores.

Las escrituras hebreas constituyeron la Biblia de la Iglesia cristiana de los primeros tiempos. El primero en reconocer la Biblia Hebrea como las Sagradas Escrituras fue nuestro Señor Jesucristo. A lo largo de su ministerio, Jesús citó innumerables veces el contenido de las escrituras que componían el libro sagrado del pueblo de Israel, recopilado por primera vez en el siglo III a.C, lo que conocemos hoy en día como el canon judío o la norma judía; es decir, la lista de libros aceptados oficialmente constituidos por la denominada ley, los libros de los profetas y aquellos conocidos como los escritos entre los cuales se encuentra uno de los más leídos, el libro de los Salmos. La mayoría de estos libros, conocidos hoy por la Iglesia cristiana como el Antiguo Testamento, fueron escritos en hebreo y arameo.

En la actualidad, la Iglesia cristiana tanto católica como protestante no hace ninguna distinción entre las predicciones de los profetas y las declaraciones de Cristo, reconociendo de esta manera que el Mesías tan esperado y anhelado por el pueblo judío se personificó en Jesús de Nazaret, el Salvador del mundo. Después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, el día de Pentecostés marca un nuevo comienzo para las sagradas escrituras. Los discípulos, testigos de la obra de Jesús y arquitectos de la Iglesia comenzaron a escribir no solo la vida y obra de Cristo sino también la obra de las primeras iglesias fundadas, las enseñanzas de los apóstoles y las revelaciones que recibieron del Espíritu Santo.

Los materiales usados para los diferentes manuscritos que más tarde formarían la Biblia fueron materiales perecederos como piel de cordero, piel de cabra y papiro, vulnerables a la humedad, el moho y distintas clases de gusanos. Por esta razón, la preservación de las escrituras dependió siempre de la labor de los copistas, quienes se dedicaban a mantener copias fieles de los pergaminos. La colección de manuscritos más antigua que se conserva de la Biblia Hebrea, se conoce como el Códice de Leningrado y se encuentra en la biblioteca de dicha ciudad, hoy San Petersburgo. De lo que conocemos como el Nuevo Testamento existen más de 5.300 manuscritos solo en el idioma griego, más de 10.000 en latín y en total han sobrevivido más de 24.000 manuscritos que contienen el texto del Nuevo Testamento en diferentes lenguas.

La Biblia fue el primer libro impreso que salió de la imprenta del inventor Johannes Gutenberg en el año 1455. Las divisiones en capítulos se añadieron a la Biblia cristiana por el arzobispo inglés Stephen Langton alrededor del año 1200 d.C. La división de los capítulos en versículos se le atribuye a Bombers (1547).  En el año 303 d.C el emperador Diocleciano en su persecución contra la Iglesia mató a cientos de cristianos y destruyó una gran cantidad de manuscritos. Sin embargo, como mostrando su carácter eterno, 22 años más tarde en el 325 d.C Constantino le dio a la Biblia el carácter de autoridad infalible.

Hoy la Biblia continúa siendo el libro más impreso en el mundo entero, se calcula que se hacen unos 60 millones de copias cada año. Además existe un gran número de versiones en las que se puede leer, desde un lenguaje muy antiguo hasta un lenguaje contemporáneo. También se puede obtener gratuitamente en diferentes portales en Internet para ser leída en computadoras, tabletas o teléfonos inteligentes. En muchísimas cadenas de hoteles en el mundo se puede encontrar en cada mesa de noche. Existen innumerables diccionarios bíblicos, concordancias y toda clase de libros destinados al estudio de la misma.

A pesar de ser un libro sagrado, su contenido es tan divino como humano; pues expresa tanto la voluntad de Dios como la naturaleza pecaminosa del comportamiento del hombre. La Biblia nos narra la historia del pueblo de Israel, sus luchas, sus triunfos, sus desaciertos y su relación con Dios. Nos profetiza sobre un mesías, un salvador que vendría para librar a este pueblo de sus opresores. Luego, nos muestra a ese mesías en Cristo; ya no solo el redentor que esperaba Israel, sino el Salvador para toda la humanidad. La Biblia es la guía para la vida cristiana, luz para nuestro camino, agua que sacie nuestra sed, verdad que nos confronta y corrige, paz para nuestras almas.

"El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Marcos 13:31

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

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@RosaliaMorosB

EL TOQUE DE DIOS

¿Alguna vez te has sentido triste, decaído, sin fuerzas para seguir luchando y de repente alguien pone su mano sobre tu hombro mientras pronuncia algunas palabras que parecieran infundirte aliento? ¿Alguna vez te has encontrado con los ojos de alguien, cuya mirada te estremece hablándole a tu corazón en un lenguaje que no puedes precisar pero que es capaz de tocar la fibra más profunda de tu alma? ¿Alguna vez contemplaste el inmenso cielo azul y en una inhalación profunda sentiste que el corazón se te llenó de puro amor?

¿Alguna vez el sonido de la carcajada de un niño, junto con su sonrisa de pequeñitas piedras incipientes se convirtió en una melodía que te llenó de ternura el corazón? ¿Alguna vez viste un cuerpo doblegado por los años, con una cabeza cubierta como de blanca espuma, caminando con pasos dificultosos y al mirar su rostro te encontraste con la bondad? ¿Alguna vez miraste a un ser desconocido y tu corazón fue movido para abrir tus manos con alguna dádiva? ¿Alguna vez sufriste con el dolor de alguien ajeno a tu vida, y tus lágrimas se convirtieron en un lazo de hermandad? ¿Alguna vez al mirar el océano infinito sentiste que toda la grandeza de la naturaleza llenó tu pequeñez?

Dios puede presentarse en el camino de tu vida en cualquier momento. Él puede estar por allí, en el lugar que menos esperaste encontrarlo; en una persona conocida, en alguien de tus afectos. Él puede llegar vestido de un desconocido, una persona fortuita, que aparece para bendecirte aunque quizá no vuelvas a encontrarla. Aunque Dios es luz, su visita puede llegarte en medio de la más grande oscuridad; si lo invitas a quedarse no te dejará jamás. Si tu corazón lo anhela, si desde lo más profundo de tu alma invocas su nombre, allí en medio de la angustia, en medio del odio que te rodea su amor puede surgir para vencer la oscuridad, para estrecharte en el abrazo del hermano distante.

¡Dios está muy cerca! Nosotros hemos estado muy lejos; nos hemos perdido a plena luz del día. Somos como errantes mientras el camino ha sido trazado para nosotros desde hace mucho tiempo. La bondad se ha desdibujado de nuestros rostros, hemos cerrado el corazón al amor para darle cabida al odio. Hemos cerrado las manos limpias, abiertas, creativas; las manos que alivian, que sanan, que construyen en un puño que golpea, hiere y mata al hermano. Sin embargo, Dios sigue estando muy cerca, a la distancia de una oración de un corazón arrepentido. De un corazón capaz de mirarse a sí mismo para reconocer ante su imposibilidad el poder infinito de Dios; ante la dureza de su soberbia, el grandioso amor magnificado en la cruz.

Porque es allí, en la cruz, donde todo su amor se despliega ante nosotros. Es en la cruz donde entendemos que su amor por el mundo fue tan inmenso que se convirtió en el cordero de Dios, entregando su vida por ti y por mí, prometiéndonos que si creemos en Él no estaremos perdidos sino que tendremos vida. Cuando venimos a Cristo, cuando nuestro corazón se rinde ante Él, entendemos entonces que su amor es invencible, la fuerza más poderosa del universo para vencer al mal.

¡Dios está cerca! Quizá tu corazón ha estado lejos. Mira atrás, el camino por el cual has andado; quizá tocó tu hombro en muchas oportunidades, quizá te miró a través de algunos ojos, te sonrió en aquellos dientecitos, te envolvió en el abrazo de alguien, te llenó las manos vacías con la bondad de un amigo. Quizá antes no lo reconociste cuando caminó a tu lado. Pero observa ahora, con un corazón humilde; ahora sí podrás reconocerlo, sentir su toque divino y decidir caminar con Él para siempre.

No lo olvides, Dios no está lejos, es tu corazón que no ha estado cerca. Te ha tocado infinidad de veces. La próxima vez que pose su mano sobre tu hombro no lo dejes pasar.


BENDÍCEME LA VIDA

Si hay que algo siempre he admirado de la generación de nuestros abuelos y padres es esa hermosa costumbre que tuvieron de bendecir. Recuerdo vívidamente como mi abuelita se sentaba en su mecedor cada mañana a hacer oraciones por toda la familia, bendiciendo a cada uno de sus hijos y nietos. Cuando los niños comenzaban a hablar una de las primeras cosas que les enseñaban era el saludar a los mayores diciendo:
-Bendición. Saludo que era respondido con un: -Dios te bendiga. Quizá muchos piensen que era tan solo una costumbre intrascendente; sin embargo, a la luz de las Sagradas Escrituras podemos estudiar el maravilloso significado de bendecir y la inmensa trascendencia que tiene sobre la vida de cada ser humano, sobre la tierra, sobre el hogar y en una dimensión mayor, sobre la vida de una nación.

Lamentablemente, pareciera que esas buenas costumbres heredadas de nuestros antepasados van desdibujándose en las nuevas generaciones. Hoy en día son pocos los que piden la bendición, y son muchos los que se saludan entre sí pronunciando palabras procaces, haciendo uso de un lenguaje escatológico que golpea los oídos y empaña el alma. Aunque, como muchos me han dicho, es solo una costumbre y realmente no existe la intención de identificar a la persona en el verdadero concepto de la palabra. Pero, las palabras que salen de nuestras bocas tienen poder, actúan dejando huella en el cerebro de quien las escucha, produciendo pensamientos, reacciones y acciones.

Según los psicólogos y neurocientíficos Mark Waldman y Andrew Newberg autores de interesantes libros como Las palabras pueden cambiar tu cerebro, las palabras son interpretadas por el cerebro de acuerdo a la categoría de su significado, produciendo la liberación de diferentes químicos que activan mecanismos de defensa del cerebro y nos permiten experimentar, como en el caso de la dopamina, una sensación de bienestar que se traduce en una actitud positiva hacia nuestro interlocutor. O, por el contrario, en el caso del cortisol, experimentamos stress lo cual se traduce en una actitud prejuiciosa en la comunicación.

Ahora bien,  ¿qué es realmente bendecir? Por la composición de la palabra, en el más estricto significado se refiere al bien decir, al hablar de buena manera, haciendo uso de palabras que exalten características positivas. Pero, más allá, en el carácter divino de la palabra, bendecir se refiere, en primer lugar, a la declaración de bien de parte de Dios sobre sus hijos. En segundo lugar, a la invocación del favor de Dios o bendición divina de parte de una persona sobre otra. En tercer lugar, se refiere a la bendición por parte de los hombres hacia Dios, lo cual se traduce en alabanza, exaltación y gratitud por las cualidades del Altísimo. Y por último, el acto de bendecir se refiere a Dios produciendo bien sobre las posesiones del ser humano, tales como su casa, su tierra, su trabajo, y su nación. De igual manera, se refiere también al hombre invocando el favor de Dios sobre todas estas cosas.

Así pues, al bendecir a alguien invocamos mediante súplica vehemente, como lo expresa el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la ayuda o el favor de Dios; lo cual lleva implícito toda clase de bien puesto que Dios es el bien. Al bendecir a alguien inducimos a su corazón a comunicarse con Dios; disponemos su cerebro hacia una actitud de dar y recibir bien. Cuando bendecimos a nuestros hijos estamos pidiéndole a Dios que su mano sea sobre ellos; que la luz de Dios disipe las tinieblas a su alrededor; que su amor los abrace, que su paz los inunde; que el mal no pueda hacerles daño; que sean prosperados en toda obra de sus manos; que tengan salud y toda clase de bien en sus vidas.

Entonces, cuando te comuniques conmigo no me llames con toda esa clase de adjetivos que exaltan el mal. Cuando te comuniques conmigo, ¡bendíceme la vida!

"El Señor te bendiga, y te guarde; / El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; / El Señor alce sobre ti su rostro, y te dé paz". Número 6:24-26.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES

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@RosaliaMorosB

LA HORA DE DIOS

Por todos es sabida la terrible realidad que vivimos en nuestro país. La violencia que actuaba en secreto, en la oscuridad de la noche o subrepticiamente a plena luz del día, ahora nos muestra su cara de monstruo cercenando vidas que ejercen su legítimo derecho a la protesta, en un país donde se han ido agotando todas las posibilidades de  una vida digna. Las autoridades que deberían defender a los ciudadanos justifican la tortura de jóvenes que hace apenas un tiempo dejaron los pañales. Mientras una madre sufre el horror de ver la cara de su hija destrozada por perdigones y, minutos más tarde enfrenta la muerte de su amada; la máxima autoridad baila con un cinismo que nos deja perplejos.

Por otra parte, muchos de los que piensan que están en el bando de los buenos justifican acciones engendradas en el odio, y el odio no puede dar a luz a la justicia, la cual, en el fondo, es lo que la mayoría desea. Los días pasan y no pareciera que hay una luz al final del túnel para nuestro país. Estamos viviendo la cosecha de semillas del mal que fueron sembradas, regadas y cuidadas por muchos. La Biblia nos señala en el libro de Gálatas 6:7 "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará". Hemos cosechado los frutos del odio.

¡Hemos caminado alejados de Dios! Hemos pretendido reducir al Dios omnipotente, omnipresente y omnisciente a un simple amuleto al servicio de nuestros caprichos. Nos hemos interesado más en adivinar nuestro futuro que en vivir cada día bajo su mano amorosa. Hemos pensado equivocadamente que Él está de un lado o del otro; sin entender que su gracia, su luz y su amor están solo con aquellos que con corazón sincero le buscan. Hace tiempo que la palabra arrepentimiento dejó de existir en el vocabulario de muchos; pues, hinchados en su vanidad y soberbia han vivido bajo la hueca filosofía de "no arrepentirse de nada".

De tal manera que, hemos perseverado en una actitud obstinada, endureciendo nuestros corazones hacia nuestro prójimo; calmando la angustia del vivir diario con placeres egoístas que exaltan el yo y destruyen el nosotros. ¡Pero, no perdamos la fe! Dios no está lejos, El tiene para nosotros pensamientos de bien y no de mal, para darnos el fin de justicia, bondad y verdad que esperamos. La fe en su esencia más profunda es obediencia, la obediencia a sus mandamientos. Por esa razón, es necesario que volvamos a la Palabra de Dios, que cambiemos nuestros pensamientos por los pensamientos de Dios.

Pero, ¿acaso, cambiará una nación que se vuelva a Dios los planes orquestados por un sistema político que pretende sobrevivir y expandirse a costa de nuestras riquezas? Enfáticamente sí. Jesucristo no se quedó colgado en la cruz. Él resucitó y su Palabra dice que ese mismo poder que lo levantó de la muerte actúa en aquellos que le creen. Dios no está solo en los templos, Él camina con cada uno que le invoca, le obedece y le honra. Así, como muchas pequeñas luces al unirse pueden desplegar una gran luz, de la misma forma, muchos ciudadanos, hombres, mujeres, jóvenes y niños, que rindan sus vidas a Dios, que clamen con fervor cada día y que actúen de acuerdo a sus mandamientos pueden hacer frustrar los planes del mal e instaurar la justicia y la verdad en nuestra nación.

¡Es la hora de Dios! La hora de volvernos con todo nuestro corazón a Él. Es la hora de que en cada rincón de la geografía de nuestra patria, en cada hogar, escuela, liceo, universidad; en cada iglesia, en cada lugar de trabajo unamos nuestras voces en oración, pidamos perdón elevando plegarias por nuestra nación. Es la hora de no dejarnos seducir por el mal para acabar con el mal. La hora de bendecir al que te maldice, aun cuando cada célula de tu ser grite que le odies. La hora de estrecharnos las manos entre hermanos venezolanos. Y cuando el mal vestido de humanidad se pare frente a ti para hacerte daño, primero invoques el nombre de Dios, y luego, abras tu boca con la autoridad y el amor que provienen de Él. Te aseguro que Dios hará más allá de lo que te imaginas. ¡Es la hora de Dios!

"Nos hemos olvidado de Dios. Hemos olvidado la misericordiosa mano que nos guardó en paz, nos multiplicó, nos enriqueció y nos fortaleció. Y, con nuestro corazón engañoso, hemos supuesto, vanamente, que todas estas bendiciones eran producto de alguna sabiduría superior o virtud propia. Intoxicados por triunfos ininterrumpidos, hemos llegado a ser demasiado autosuficientes como para sentir la necesidad de redención y gracia, demasiado altivos como para orar al Dios que nos creó. Nos corresponde humillarnos ante el Poderoso, confesando nuestros pecados nacionales y pidiendo clemencia y perdón en oración".  Abraham Lincoln.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES

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sábado, 31 de agosto de 2013

¡Sigue adelante, hermana!


Dedicado a mis  cinco hermanas y con ellas a todas mis hermanas venezolanas.

Hermana, sé que amas la vida, pero aún más que la vida amas el precioso don de dar a luz la vida. Tus hijos son tus estrellas en el firmamento. Sus vidas son los diplomas que cuelgan de tu pared. Tus fuerzas no tienen límites para luchar en el camino, tu amor vence todos los obstáculos; la ilusión de ver las caras de tus amados iluminadas con una sonrisa y con una mirada tierna son suficiente recompensa para que camines la segunda milla. Tú has entendido desde hace tanto que es más bienaventurado dar que recibir; por esa razón, tus manos siempre rebosan. Lo poco viene a ser mucho en tu regazo, en ti todo el bien se multiplica.

Hermana, eres roca firme e inconmovible, el corazón de tu esposo reposa confiadamente en ti, tú sabes darle bien y no mal todos los días de su vida; lo has amado con la pureza de tu alma, ha sido él tu deleite, bajo su sombra te ha sido grato el reposo. Por eso, cuando la extraña, la ajena que seduce con labios de ajenjo maquillados de miel, quiera usurpar lo que has cultivado con tanto amor, levanta tu cabeza y como valiente leona muéstrale que tus armas son poderosas en Dios. Si él merece tu precioso corazón sabrá discernir dónde está su nido de amor, si no entregará su honor a extraños y sus años a alguien cruel.

Hermana, todos tus miedos se desvanecen cuando al amanecer Dios trae su luz por tu ventana. Desde muy temprano en la mañana gobiernas tu casa, diriges tus asuntos, reparas, corriges, haces; del hacer están hechas tus manos, del acariciar las hidratas cada día. Cuando las provisiones escasean sabes administrar tus bienes; tu creatividad se convierte en una fuente de producción. Cuando la abundancia llena tu casa, cual hormiga previsiva sabes guardar porción para el invierno, y aún consigues traer para el disfrute, porque tú sabes celebrar la vida.

Hermana, el destino parece impenetrable, cuando piensas que con cada segundo que pasa la vida se te acorta es porque de alguna manera la tristeza ha invadido tu alma, y quizá ha permanecido en ella sin ser invitada. Porque cada segundo que pasa es inversión de vida; añade cada segundo a la suma de todas tus ganancias y no a la lista de la resta de todas tus pérdidas; pues tú sabes convertir tus pérdidas en ganancias. La clave está en desarraigar toda la amargura, pues ella comienza a tomar posesión de tu mente poco a poco y pronto todo tu cuerpo se convierte en su esclavo.

Hermana, es hermoso ver cómo hay cabida en ti para todos los afectos; para los hijos que te ven como un hada madrina; para el esposo que busca en ti el remanso de paz; para los padres que buscan en ti el sostén para sus debilitadas piernas; para los infinitos familiares que saben que en ti siempre encontrarán el corazón abierto y amable, para la amiga que necesita que la abraces con tus oídos y la escuches con el corazón... Pero al dar todos los amores, no te olvides, hermana mía, de ti. Ámate y cuídate con esmero. Invierte tanto en tu mente como en tu corazón, y recuerda que tu cuerpo va cargando con los dos.

¡Hermana, te he hablado con el corazón!, pero todas mis palabras serían como hoja seca que se lleva el viento si no te dijera lo más importante, hermana mía: ¡Dios quiere bendecirte la vida! Él quiere llenar tu casa con toda clase de bien. No busques por  senderos apartados de la luz a quien es El Camino. Tan sólo ven a Él, ábrele tu corazón, reconócelo como tu Señor, como el único Dios de tu vida. Y cree, hermana, cree en su cruz, cree en su resurrección y cree en su Amor para darte la mejor vida.

¡Con todo mi corazón para ti, hermana mía!

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

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@RosaliaMorosB

jueves, 1 de agosto de 2013

Manantiales en el desierto



Dedicado a mi hermana, Gabriela Moros de Ramírez

¡El agua! Ese líquido tan preciado por toda la humanidad, sin el cual no sería posible la subsistencia de la vida en todas sus formas, ha sido objeto de estudio desde múltiples disciplinas de la ciencia; musa de poetas y escritores; exaltada en pianos, violines y guitarras; objeto de la Filosofía y, usada con propósitos religiosos. Así, se considera que aproximadamente el 70% del planeta Tierra está cubierto por agua. Ya en el siglo V a.C. el filósofo griego, Tales de Mileto afirmaba que el agua era el Arjé del universo, la sustancia base en la conformación de todo. En el cristianismo, Jesús comienza su vida ministerial yendo al Jordán para ser sumergido en las aguas por Juan el Bautista. La sonata Tempestad de Ludwig Van Beethoven interpretada magistralmente por Daniel Barenboim nos transporta imaginariamente desde las aguas más apacibles hasta las cascadas más impetuosas. Nuestro maravilloso poeta Andrés Eloy Blanco, en su poema La Cita usa la figura del agua para expresar la frustración de la espera de la amada: "La próxima vez, esperaré a que llueva a chorros; ya te contará la nube cómo esperamos nosotros y nunca sabrás si el agua que te pasó por los labios te la lloraron las nubes o te la llovieron los ojos".

De esa misma manera, majestuosa, inspiradora de vida, que sugiere el gozo más profundo del alma, la figura del agua es usada en las Sagradas Escrituras para describir la obra de Dios en la vida del ser humano. Muy contrariamente a como lo hemos concebido, lejano, severo, y hasta indiferente, Dios se nos muestra con toda la vida que es capaz de producir el agua. En el libro del profeta Isaías encontramos frases como estas: "La tierra abrasada se convertirá en laguna, y el secadal en manantiales de aguas". (35:7). "Cuando se derrame sobre nosotros el Espíritu desde lo alto, entonces el desierto se convertirá en campo fértil y será considerado como bosque". (32:15). Una y otra vez la figura del agua brotando en el desierto es expresada como símil de la obra del amor de Dios en el alma desierta del hombre.

Ese ser humano que hoy nos encontramos a cada paso, incapaz de comprometerse con la familia, ignorante del significado trascendental de la vida de los padres en los hijos. Esos hijos a quienes el dolor de la ausencia les hace llorar constantemente el alma. Ese hombre que alimenta la esperanza del pobre con la mentira de una promesa que nunca cumplirá, pues su propósito mezquino ya está determinado. El que resistiendo la voz de Dios en su corazón encuentra su oasis en el alcohol; la madre que va sola con los hijos que le va dejando el camino a cuestas. La niña que se convierte en madre en la búsqueda del padre que nunca la acarició. Esos que cercenan vidas ostentando un poder temporal como si fuera definitivo y eterno. Los que pretenden apagarle la luz del saber a los jóvenes para someterlos a doctrinas huecas, incapaces de enaltecer al ser humano. Todos, víctimas y victimarios somos como tierra árida sin el agua de Dios.

Estando en el último día de la celebración de la fiesta de los Tabernáculos, en la cual, entre otras ceremonias, se derramaba agua sobre el altar como petición de lluvia para la cosecha, Jesús en su inalterable amor por toda la humanidad y conociendo claramente su propósito en esta Tierra, se levantó y alzó su voz diciendo: "Si alguien tiene sed, venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como dice la Escritura: 'De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva' ". (Jn.7:37-38)

Como siempre, Dios continúa reiterándonos su llamado. Al venir a Él la tierra seca de nuestro corazón se vuelve fértil para el amor; nuestras mentes adquieren la sabiduría que nos lleva a la decisión que enaltece nuestra dignidad, su luz nos señala el camino a seguir, las tinieblas se disipan, y el horizonte se convierte en un reto feliz por la vida.

¡Solo Dios convierte en manantiales nuestro desierto!

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES


@RosaliaMorosB

El miedo en los brazos del amor



El apóstol Juan en su primera epístola nos da una disertación maravillosa sobre el amor. Entre todas sus palabras son estas las que hacen vibrar mi corazón: "en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor" (1 Juan 4:18). Traigo estas palabras a mi mente, las convierto en una oración, entonces siento que mi ser entero experimenta un abrazo de Dios; siento que al venir ante Él todos mis miedos se desvanecen, y en cada lágrima que brota de mis ojos al ser bendecida con su presencia siento que los miedos salen de mi alma como la oscuridad se desvanece cuando la aurora baña con su luz un nuevo día.

Solo el corazón conoce sus propios miedos; las angustias del alma son muchas veces solitarias. Nadie alardea de sus temores, nadie cuenta cómo la angustia le despierta en medio de la noche; cómo le quita el sueño, le resta las fuerzas y le hace sentir la noche inmensa y el silencio más profundo que nos hunde en un grito mudo de desesperación. Nadie nos cuenta su soledad, la tristeza del amanecer que no nos deja levantarnos de la cama sino después de un gran esfuerzo.  Eso solo lo platicamos con nosotros mismos.

El miedo es un ladrón, un usurpador que desplaza las alegrías del alma, las encarcela y con opresión las anula. El miedo va minando nuestro ser, ocupando lugares que un día tuvieron el color de una flor, la salud de un niño carcajeándose en un parque, la serenidad de un abuelo que ha vivido con dignidad. El miedo nos roba la esperanza, nos nubla el horizonte, nos hace renunciar al futuro. El miedo hiere al corazón con una herida de muerte que se rehusa a todas las curas, sangrando constantemente. Solo hasta que la mano de Dios la venda. Como dice en Isaías, Dios es quien venda a los quebrantados de corazón y el que da libertad a los cautivos.

Estamos llamados a vivir cada día de nuestras vidas bendecidos por la plenitud de su amor que puede librarnos de todo el mal. Pasamos la vida entera aprendiendo miles de cosas, ejercitándonos en distintas disciplinas pero no nos ejercitamos en la fe; vamos por la vida como raquíticos espirituales mientras el océano de Dios yace a nuestro lado pleno de verdades que pueden liberar nuestras almas de la angustia; pleno del amor más sublime y excelso que enaltece nuestro ser convirtiéndonos en verdaderos hijos que pueden sentarse en su regazo, recostar la cabeza sobre su pecho, y luego de un rato pararnos y continuar el camino con la cabeza erguida y la mirada en alto.

Un nuevo tiempo de gracia está llegando, un nuevo amanecer trae la luz radiante del sol a nuestras ventanas. Si tienes la valentía de creer en medio de un mundo que le ha dado la espalda a Dios. Si puedes creer que en la cruz de Jesús el miedo fue traspasado y vencido. Si puedes traer tus miedos ante esa cruz, el Señor que murió en ella te llevará de la mano en medio de la angustia. Levántate y cree con la confianza de un niño. Extiende tu mano y deja que tu Padre celestial te lleve por el camino del amor que echa fuera todo temor.

"Hermanos venezolanos no temáis, tened fuerzas, Dios tiene cosas grandes para su país... de lo malo Él hará algo bueno", Francisco I.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

jueves, 27 de junio de 2013

Creo con el corazón



La vida es un ejercicio constante del creer, mientras somos niños creemos sin reservas; si hay alguien de quien recibimos cariños y cuidados nuestra confianza fluye como el agua. ¡Estamos confiados en los brazos del amor! A medida que vamos creciendo las experiencias negativas de la vida van haciendo que desarrollemos el discernimiento para escoger a las personas a las que le abrimos nuestro corazón. Sin embargo, hay infinidad de situaciones en las cuales es imposible estar absolutamente seguros del resultado final; entonces, debemos creer, creer en nosotros mismos, creer en las personas involucradas, creer en los sistemas, creer en la tecnología, creer en las instituciones, creer y creer.
Muchos, muchas veces somos ajenos a este constante ejercicio de fe en la vida de cualquier ser humano. La fe nos aporta ese pensamiento de seguridad, esa certeza en nuestro ser interior que nos permite confiar y, por ende, actuar. Cuando no tenemos fe, cuando no creemos nos paralizamos. Es un mecanismo de sobrevivencia innato, nos protege, nos resguarda; sin embargo, muchas veces nos anula, nos hace vivir días sombríos cuando el sol resplandece en el horizonte. Mientras el creer genera vida, relaciones de bien, verdad y armonía. Vivir sin confiar es estar encadenados al miedo, y el miedo solo es el camino opuesto a la confianza,.
Al considerar el ejercicio del creer debemos tomar en cuenta nuestros sentidos físicos, pues creer en la vida cotidiana depende mucho de la visión de Santo Tomás, si vemos, entonces creemos. Pero no siempre somos tan afortunados como para corroborar con nuestros sentidos la veracidad de algo o de alguien, entonces debemos decidir darle cabida a la confianza. Muchas veces nuestro acto de fe se ve recompensado gratamente, otras veces la decepción, la frustración y hasta la traición golpean nuestro corazón. A medida que la respuesta es positiva en una determinada circunstancia, o en la relación con una determinada persona, nuestra fe va en aumento, nos entregamos con confianza, y la confianza nos proporciona felicidad.
Ahora bien, somos seres creados a imagen y semejanza de Dios. En nuestra creación existen elementos más allá de lo físico y emocional. Somos también seres espirituales, y nuestra vida espiritual nace en el creer en Dios. Una de las artimañas más usada por el enemigo de nuestras almas es hacernos creer que Dios no existe, que es una falacia. Al lograr esto en nosotros apaga la luz que puede iluminar nuestras vidas; nos aleja totalmente de la vida en abundancia que Jesucristo nos prometió; nos hace perder toda esperanza y, sobretodo, la trascendencia de nuestras vidas en la esperanza de la vida eterna.
Es pues la vida del cristiano un constante ejercicio de nuestra fe. La contraparte del creer, la duda, querrá ensombrecer nuestro camino en muchas oportunidades; por esa razón,  la Biblia nos recuerda a través de Santiago que aquel que duda es semejante a la ola del mar que es llevada por el viento de un lado a otro. Cuando no creemos nos volvemos personas inconstantes que dependen de sus emociones junto con las circunstancias. Creer en Dios significa en primer lugar, reconocer su poderío y majestad. Creer en Dios es saber que por encima de todo está El, que El no depende de nuestra fe, que El existe aunque nuestra fe no alcance para creerle en ciertos momentos. Creer en Dios, es creer en su Hijo Jesucristo, es creer en su sacrificio supremo. Es entregar nuestras vidas al pie de la cruz, es confesar con nuestras bocas que Él es el Señor, creer con el corazón que Dios le levantó de los muertos, y que hoy vive en ti y en mi. (Romanos 10:9-10)
¡Creo con el corazón!
Rosalía Moros de Borregales.
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La influencia del padre



Dedicado a todos los padres en su día


A través de la historia la imagen del hombre en su condición de padre de familia ha sido muchas veces degradada, hasta el punto de haberlo reducido muchas veces solo a una célula necesaria para la creación de un nuevo ser. Ciertamente, infinidad de hombres han actuado de tal manera en su rol de padres que muy bien podrían merecerse esa calificación. Sin embargo, el diseño divino de un padre abarca el concepto de un rol de múltiples facetas, pleno de sabiduría y bondad que pueden influir en la vida de un hijo de maneras infinitas, marcando huellas indelebles.



Particularmente, pienso que si la influencia del padre no fuera importante en la vida, las mujeres tendrían la capacidad de crear hijos por sí mismas. Pero la familia es un todo en el cual cada miembro es necesario e importante. Lamentablemente, el papel protagónico del padre en la formación de los hijos ha sido relegado, muchas veces por su propia actitud de indiferencia o abandono y otras tantas, por el matriarcado imperante en nuestra cultura latinoamericana. Nada más alejado de la verdad que pretender minimizar la trascendencia de la relación paterna en la formación de individuos íntegros y sanos.



La vida nos permite compensar muchas carencias. En sus caminos infinitos un padre puede ser sustituido por un hermano mayor, por un tío, por un abuelo, por un maestro, y hasta por otro cónyuge de la madre; pero el alma de cada niño anhelará al padre que lo concibió. Pues la creación de un ser humano va más allá de un código genético; existen vínculos espirituales que se tejen desde el momento de la concepción. Un entramado de emociones, de sentimientos que permanecen imborrables en el alma de todo ser humano. Una voz interior que llama al progenitor. De tal manera que, si eres padre no delegues esa tarea a la cual fuiste vinculado en el acto mismo de la creación.



Tu labor de creador trasciende a la concepción, se va enriqueciendo con cada minuto de la vida de tus hijos en el que estás presente personalmente o a través de tu influencia. Tú tienes en tu ser la capacidad inherente a tu condición de padre para darle a tus hijos el sentido de seguridad. ¡Haz que ellos sepan quien es el que los defiende! Que sepan quién representa el lugar seguro donde pueden refugiarse siempre que lo necesiten. Tú puedes lograr que ese pequeñito indefenso que no entiende muchas cosas de la vida, sepa con plena certeza que hay alguien para quien el o ella es absolutamente importante.



La vida no es una regla matemática, no se trata siempre de enseñarles lo que es correcto o equivocado, sino cuál es el mejor camino entre dos que son buenos. Enseñándoles a discernir con la habilidad de un cirujano que con su escalpelo logra separar dos tejidos muy finos, resaltando una diferencia imposible de ver a simple vista. Mostrándoles que más allá de hacer lo bueno, se encuentra el camino de la excelencia, en el cual no nos conformamos con hacer lo correcto sino cuando damos lo mejor de nosotros mismos.



El ser una persona que se comunique con un lenguaje que exalte virtudes y llame a cada cosa por su nombre, sin caer en la descalificación, siempre logrará en tu hijo un sentido equilibrado de sí mismo. Sin embargo, recuerda que tus actitudes hablan tanto más alto que tus palabras. Cada palabra debe ir sustentada con una actitud acorde. Los niños no son hipócritas. Ellos harán lo que tú haces, aunque no hagan lo que tú les dices. Tú puedes ser la influencia más importante en la vida de tus hijos. Asume tu rol. Cumple tu tarea. Te aseguro que no habrá mayor felicidad en tu vida que la felicidad de ellos.



"No me cabe concebir ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona que la necesidad de sentirse protegido por un padre".




Sigmund Freud

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

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