sábado, 13 de diciembre de 2014

La cruz de los harapos

Dedicado a mi amigo José Manuel Pardo

Me escribe nuevamente un querido amigo, asiduo del camino de Santiago de Compostella. Mas o menos cada dos días nos narra su caminar, expresa sus percepciones, emociones y nos nutre con interesantes datos históricos. El reporte de hoy me gusta de manera especial, me recuerda a mi Señor Jesús en su platica con Nicodemo, un fundamento de nuestra fe. También percibo en mi amigo una profundidad espiritual hermosa que me llena con un sentimiento de gratitud.

Nos cuenta sobre "A cruz dos farrapos", cuya traducción es el título de este artículo. Esta cruz de dos metros de altura poseía una piedra ahuecada en su base y se encontraba en la fachada norte de la catedral de Santiago, antes del pórtico de la gloria . Los peregrinos al llegar a Santiago acudían donde se encontraba la cruz despojándose de sus ruidas ropas, quemándolas en la base de la cruz. En su interpretación del significado de esta cruz, mi amigo nos dice: - "Pareciera ser parte del ritual humano de despojarse de lo malo, despojarse del pasado para nacer de nuevo". Parecido a lo que se hacía y continua haciéndose en Finisterre donde los caminantes queman la ropa y el calzado de la peregrinación frente a donde muere el sol para salir vivo de nuevo por la mañana. ¡La resurrección, el renacimiento de un hombre nuevo!

Al leer la inspiración de mi amigo pienso en el nuevo nacimiento del cual el Maestro le habló Nicodemo, un hombre religioso, principal entre los judíos, quien se acercó a Jesús de noche buscando, indagando, tratando de entender: - Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. (S.Juan 3:2 RVR1960). Pero Jesús no le habla a Nicodemo de las señales que hacía, tampoco le da una respuesta concreta, si no que le habla de nacer de nuevo: - De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.  A lo que Nicodemo le responde: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?  Entonces Jesús le explica: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. (S.Juan 3:3-6 RVR1960)

Quizá después de esta afirmación Nicodemo lograría entender que ya había nacido de la carne y que el nuevo nacimiento se trata del espíritu. Solo los que han nacido del espíritu son capaces de comprender las cosas de Dios. En el reporte de su camino mi amigo continúa la historia de la cruz de los harapos, nos dice que desde hace un tiempo la cruz esta en los tejados de la catedral, donde se seguía practicando el rito del quemado de la ropa. Hace algo más de un siglo ya no se sigue esta tradición. Si nos colocamos cerca de la puerta santa entre las plazas Quintana (la de muertos y la de vivos) y levantamos la vista al tejado un poco a nuestra izquierda podemos observar la cruz dos farrapos . Pero la manera más cómoda de visitarla es pagar una entrada para ir al museo de la catedral y subir al tejado, donde podremos observar esta cruz azul turquesa, descolorida por los tantos años de ver peregrinos, con la piedra manchada del hollín del humo producto del incinerado 

Nicodemo fue quien reclamó el cuerpo del Maestro tras su muerte de cruz, para darle la clase de sepultura de acuerdo a su honor. Lo envolvieron en ropas nuevas y lo colocaron en una tumba, a los tres días se levantó de la muerte y la luz resplandeció en él para siempre. Nicodemo vino a la cruz, él era un hombre entre los principales, pero supo entonces que debía traer al pie de la cruz los harapos con que llevaba vestida su alma. Despojarse del viejo hombre y vestirse del nuevo, el del espíritu. Nacer de nuevo no requirió volver al vientre de su madre, requirió humildad para venir ante la cruz y rendirse allí.

Vuelvo mis ojos y mi corazón al relato de mi amigo, él dice: - "Al no tener la cruz donde quemar lo que nos pesa, lo que molesta, lo viejo y lo derruido, podemos elaborar la imagen de ésta en nuestras mentes y así, quemarlos en el fuego del olvido para renacer hacia la luz y el nuevo camino, futuro de nuestras vidas". Entonces, siento que Dios me está hablando, me está diciendo que debo quemar a los pies de la cruz los harapos de mi alma, ese pesado fardo que me subyuga. Debo quemar en el fuego del olvido la ofensa, las que he causado, las que me han causado; Dios las echa en lo más profundo de la mar. Al venir a la cruz mis harapos son quemados por el fuego de Su Amor, sus ojos me miran tiernamente, sus brazos me envuelven, la luz de Su rostro ilumina mis tinieblas, soy vestida con ropas nuevas. ¡He nacido de nuevo!

rosymoros@gmail.com
@RosaliaMorosB
  

domingo, 7 de diciembre de 2014

La perversión del lenguaje



Por todos es bien conocido el gran valor de la palabra hablada o escrita. El ser humano es característicamente distinto al resto de la creación debido al lenguaje. A través de la palabra somos y dejamos registro de lo que hemos sido. Por medio del lenguaje le damos forma a nuestras emociones y sentimientos. A través del lenguaje se han logrado las grandes conquistas del pensamiento y la voluntad humana. Por esa razón, la manipulación del lenguaje en la distorsión de la verdad ha llegado a ser un instrumento de una utilidad indiscutible para conseguir propósitos de diversos fines, entre ellos propósitos políticos.

En la doctrina cristiana el apóstol Juan relata al principio de su evangelio la importancia de la acción de la palabra, esto es, el verbo: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Si pensamos que el verbo es esa palabra que expresa la acción del sujeto en la oración, entendemos entonces que Dios es el verbo, es decir, la acción por medio de la cual las cosas han sido hechas, como lo señala el verso 3: "Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho".  Llama poderosamente la atención que después de esta aseveración Juan expresa que Dios, el verbo, es la vida y la vida es la luz de los hombres.

Una declaración que nos lleva de la mano a la profundidad del significado del verbo, de la palabra en la conformación del lenguaje, en la cual la acción de la palabra se convierte en vida. La génesis de la vida despierta del silencio, de la ausencia de la palabra, cuando Dios la acciona por medio de su verbo. La vida es luz y la luz resplandece en las tinieblas: "En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella". He aquí una verdad liberadora: Dios es el verbo, Dios es la palabra, por la acción del verbo las cosas son hechas. En el verbo, en la palabra está la vida, la vida es luz y esa luz resplandece en las tinieblas porque las tinieblas no pueden dominarla.

Sin embargo, la humanidad ha persistido en hacer uso del don que le ha sido dado con la palabra para pervertir la verdad. La mentira ha llegado a ser parte intrínseca en la vida de las familias, de las comunidades, pueblos y naciones. A través del proceso de perversión de la verdad en el uso del lenguaje, el verbo se ha convertido en destrucción y en muerte. El proceso es contrario al descrito anteriormente: verbo-vida-luz. Se han convertido en verbo-muerte-oscuridad. Pues, inexorablemente somos enlazados con nuestro verbo, con cada una de las palabras que usamos, declaramos y proclamamos.

Decir algo contrario a lo verdadero es mentira, expresar parte de la verdad maquillándola con testimonios falsos es mentira. Aseverar o atestiguar sobre algo en el fundamento de la falsedad es mentira. La persona que presencia o adquiere un conocimiento directo sobre algo, y luego, al expresarlo, lo distorsiona a su conveniencia es un testigo falso, es un mentiroso. En mi opinión, el uso de una palabra para expresar con ella algo diferente a lo inherente a su significado es más que una distorsión del lenguaje, constituye una perversión del mismo. De igual manera, el uso de una palabra con significado antagónico a lo que realmente se pretende expresar no denota más que la perversidad de la que ha sido objeto el lenguaje en la manipulación del pensamiento.

En Venezuela los ciudadanos hemos sido víctimas directas de la perversión del lenguaje como instrumento de manipulación de masas. El régimen ha conquistado las mentes y los corazones de muchos venezolanos con el uso vergonzoso y premeditado de la mentira, la cual lamentablemente ha crecido en la tierra fértil de la ignorancia, a la cual se ha sometido a nuestro pueblo durante décadas. Se han repetido mentiras tantas veces que ellos mismos terminaron creyéndolas como verdades. Se ha tildado a todos los que disienten con calificativos que describen sus propias características, como él qué se mira en un espejo pero no se reconoce a sí mismo, sino qué ve al otro y lo llama por su propio nombre.

Estamos envueltos en la mentira, se habla de paz y lo que se ejecuta es la guerra entre hermanos. Mientras unos lloran la muerte de sus hijos, otros bailan, cantan y despliegan en todos los medios de los que se han adueñado, la felicidad de un pueblo que celebra los carnavales disfrazado de hambre en las interminables colas que debe hacer para conseguir la harina de su sustento. Una joven es golpeada brutalmente por una agente de la GNB y las sanciones de las autoridades son para la agredida. Un país amigo trata de abogar por nuestros derechos humanos ante un organismo internacional y le tiramos la puerta en la cara.

¡Qué irónico es que precisamente por medio del lenguaje un hombre pueda degradarse por debajo de lo que no tiene lenguaje!  Sören Kierkegaard.

rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

La perversión del lenguaje

Por todos es bien conocido el gran valor de la palabra hablada o escrita. El ser humano es característicamente distinto al resto de la creación debido al lenguaje. A través de la palabra somos y dejamos registro de lo que hemos sido. Por medio del lenguaje le damos forma a nuestras emociones y sentimientos. A través del lenguaje se han logrado las grandes conquistas del pensamiento y la voluntad humana. Por esa razón, la manipulación del lenguaje en la distorsión de la verdad ha llegado a ser un instrumento de una utilidad indiscutible para conseguir propósitos de diversos fines, entre ellos propósitos políticos.

En la doctrina cristiana el apóstol Juan relata al principio de su evangelio la importancia de la acción de la palabra, esto es, el verbo: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Si pensamos que el verbo es esa palabra que expresa la acción del sujeto en la oración, entendemos entonces que Dios es el verbo, es decir, la acción por medio de la cual las cosas han sido hechas, como lo señala el verso 3: "Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho".  Llama poderosamente la atención que después de esta aseveración Juan expresa que Dios, el verbo, es la vida y la vida es la luz de los hombres.

Una declaración que nos lleva de la mano a la profundidad del significado del verbo, de la palabra en la conformación del lenguaje, en la cual la acción de la palabra se convierte en vida. La génesis de la vida despierta del silencio, de la ausencia de la palabra, cuando Dios la acciona por medio de su verbo. La vida es luz y la luz resplandece en las tinieblas: "En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella". He aquí una verdad liberadora: Dios es el verbo, Dios es la palabra, por la acción del verbo las cosas son hechas. En el verbo, en la palabra está la vida, la vida es luz y esa luz resplandece en las tinieblas porque las tinieblas no pueden dominarla.

Sin embargo, la humanidad ha persistido en hacer uso del don que le ha sido dado con la palabra para pervertir la verdad. La mentira ha llegado a ser parte intrínseca en la vida de las familias, de las comunidades, pueblos y naciones. A través del proceso de perversión de la verdad en el uso del lenguaje, el verbo se ha convertido en destrucción y en muerte. El proceso es contrario al descrito anteriormente: verbo-vida-luz. Se han convertido en verbo-muerte-oscuridad. Pues, inexorablemente somos enlazados con nuestro verbo, con cada una de las palabras que usamos, declaramos y proclamamos.

Decir algo contrario a lo verdadero es mentira, expresar parte de la verdad maquillándola con testimonios falsos es mentira. Aseverar o atestiguar sobre algo en el fundamento de la falsedad es mentira. La persona que presencia o adquiere un conocimiento directo sobre algo, y luego, al expresarlo, lo distorsiona a su conveniencia es un testigo falso, es un mentiroso. En mi opinión, el uso de una palabra para expresar con ella algo diferente a lo inherente a su significado es más que una distorsión del lenguaje, constituye una perversión del mismo. De igual manera, el uso de una palabra con significado antagónico a lo que realmente se pretende expresar no denota más que la perversidad de la que ha sido objeto el lenguaje en la manipulación del pensamiento.

En Venezuela los ciudadanos hemos sido víctimas directas de la perversión del lenguaje como instrumento de manipulación de masas. El régimen ha conquistado las mentes y los corazones de muchos venezolanos con el uso vergonzoso y premeditado de la mentira, la cual lamentablemente ha crecido en la tierra fértil de la ignorancia, a la cual se ha sometido a nuestro pueblo durante décadas. Se han repetido mentiras tantas veces que ellos mismos terminaron creyéndolas como verdades. Se ha tildado a todos los que disienten con calificativos que describen sus propias características, como él qué se mira en un espejo pero no se reconoce a sí mismo, sino qué ve al otro y lo llama por su propio nombre.

Estamos envueltos en la mentira, se habla de paz y lo que se ejecuta es la guerra entre hermanos. Mientras unos lloran la muerte de sus hijos, otros bailan, cantan y despliegan en todos los medios de los que se han adueñado, la felicidad de un pueblo que celebra los carnavales disfrazado de hambre en las interminables colas que debe hacer para conseguir la harina de su sustento. Una joven es golpeada brutalmente por una agente de la GNB y las sanciones de las autoridades son para la agredida. Un país amigo trata de abogar por nuestros derechos humanos ante un organismo internacional y le tiramos la puerta en la cara.

¡Qué irónico es que precisamente por medio del lenguaje un hombre pueda degradarse por debajo de lo que no tiene lenguaje!  Sören Kierkegaard.

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@RosaliaMorosB 

viernes, 28 de noviembre de 2014

INTRODUCCIÓN A LA IDOLATRIA


Esta palabra de poco uso en la actualidad constituye un pilar fundamental en la relación de Dios con los seres humanos. Idolatrar significa rendir culto, admiración y exaltación más allá del amor humano que reconoce limitaciones e imperfecciones. Cuando se idolatra se reconoce en la deidad o persona objeto de la idolatría la perfección que solo corresponde a Dios. En otras palabras, se le atribuye al ídolo características intrínsecas a la Divinidad, a la supremacía del Todopoderoso. La idolatría no ocurre solo en el plano religioso, también ocurre en el plano humano; pues hay personas que se convierten en objeto de nuestra adoración. También, son innumerables los objetos de orden religioso y aun de orden tecnológico que se han convertido en ídolos en el mundo de hoy.

En la idolatría se desplaza a Dios de su lugar de preeminencia, se le concede carácter absoluto a lo relativo, se entrega la confianza con una ceguera espiritual que no permite ver defectos. La idolatría constituye una entrega completa, la sumisión de nuestras almas ante el ídolo. Así, pues, podemos hacer de cualquier cosa, o persona, el depositario de nuestras fuerzas, nuestro amor y nuestra voluntad. La idolatría es una consecuencia directa de la ignorancia acerca de Dios, de su voluntad para con el ser humano. Es una de las estrategias del mal para mantener al ser humano alejado de una vida de relación de amistad con Dios. Por naturaleza, el ser humano necesita tener una vida de comunión con Dios. Fuimos hechos a su imagen y semejanza, en Él está la satisfacción de nuestras almas. Aun sin saberlo, todo nuestro ser anhela el saberse protegido y amado por alguien o algo que trascienda nuestro conocimiento.

Nunca antes la humanidad se había encontrado presa de tanta idolatría como en el siglo XXI. Aunque el mundo es cada vez menos religioso; aunque las edificaciones de iglesias que un día fueron el producto de la inspiración del hombre dándole a Dios un lugar en la sociedad; aunque en muchos lugares del mundo han quedado reducidas solo a museos, el hombre de hoy ha levantado más ídolos en su vida que nunca antes. Por una parte, se ha enaltecido a sí mismo como el ídolo más importante. Vivimos en una sociedad que exalta el egocentrismo, que se ha hecho cada vez más permisiva de los apetitos desenfrenados del yo; una sociedad que exalta el culto a la personalidad y erige como ídolos a artistas, cantantes, deportistas y políticos, entre otros.

Por otra parte, no se trata solo de la idolatría religiosa, no se trata solo de otorgarle el lugar que le corresponde a Dios a otra deidad. O del culto a la personalidad, en el que elevamos a la condición divina a otro ser humano como nosotros. Se trata de aquello en lo que ponemos todo nuestro esfuerzo, aquello que perseguimos con vehemencia irracional. Algunos van detrás del dinero, el ídolo más emblemático de nuestra sociedad. Piensan que las riquezas lo puede todo. El dinero se constituye en el instrumento de medición para determinar quiénes se escogen como amigos. Se desprecia al que carece de él, mientras se exalta al que lo posee. Se entrega la vida, los principios y valores para adquirirlo. Lamentablemente, a todos los que idolatran al dinero les llega el doloroso momento de entender que no todo en la vida tiene un precio que el dinero pueda pagar, que hay cosas que ni con todo el dinero del mundo podríamos comprar.

La idolatría aleja al ser humano del verdadero Dios a quien le debe toda su adoración. Cuando adoramos a Dios podemos comprender en una perspectiva verdaderamente humana el lugar que a cada uno le corresponde. Podemos discernir entre la bondad y el mal; entre lo verdadero y el engaño; entre lo que trasciende y lo transitorio. Cuando adoramos a Dios aprendemos a amar al ser humano en su justa medida, lo convertimos en nuestro amigo; lo reconocemos como un igual. Aprendemos a disfrutar de todas las cosas de la vida como un regalo de Dios y, entendemos que solo a Él debemos entregar nuestro corazón.

"Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento". Mateo 22:37.
 
Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com 

sábado, 15 de noviembre de 2014

LA DEUDA CANCELADA



Había una vez un Rey que decidió hacer cuentas con sus siervos a quienes bondadosamente había prestado. Entonces, fue traído a él aquel cuya deuda era mayor. El siervo avergonzado le rogaba que le perdonase la deuda pero el Rey insistía en que fueran vendidas todas las posesiones del siervo a fin de saldar la deuda; pero el siervo se humilló, suplicándole al Rey que tuviera misericordia de él.

El Rey, conmovido por las súplicas de su siervo decidió perdonarle la deuda a su siervo. Entonces el siervo se fue agradecido, aliviado de aquel momento tan terrible que había vivido. Cuando aún iba en camino se encontró con un consiervo, quien le debía mucho dinero, aunque no tanto como lo que el Reyle acababa de perdonar a él.

Entonces, al ver a su deudor se asió de él, queriendo ahogarle le demandaba que le pagase lo que le debía. Su consiervo lloraba y gritaba rogándole que lo perdonase pidiéndole paciencia y prometiendo pagarle toda la deuda. Pero, este hombre a quien el Rey había perdonado endureció su corazón contra su compañero y lo entregó a las autoridades y éstas lo echaron a la cárcel.

Al ver esto los amigos y consiervos de aquel hombre fueron y le contaron al Rey lo sucedido. El Rey impresionado ante tal acto de injusticia mandó a que le trajesen a aquel hombre, le reprendió diciéndole:- te perdoné aquella deuda tan grande y tu no tuviste compasión de quien te adeudaba una ínfima parte de lo que te perdoné. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces, enojado, le entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Vamos por la vida siendo perdonados, primero por todos quienes nos aman y, segundo por muchos otros que misericordiosos y tolerantes nos perdonan o pasan por alto nuestras ofensas. Sin embargo, cuando de perdonar  se trata, nosotros endurecemos nuestro corazón y archivamos la ofensa hasta que cobramos el último centavo. Pretendemos el regalo del perdón, pero nuestra soberbia se ha elevado a tal punto que no estamos dispuestos a tener misericordia de nadie; muy por el contrario, tomamos la venganza en nuestras manos para castigar a nuestros ofensores.

La clave para decidir por el perdón se haya en el hecho de que todos somos pecadores y no somos dignos de Dios. Sin embargo, Dios en su infinita fidelidad para con el ser humano mostró su misericordia a través de su hijo Jesucristo. Cuando Jesús sufrió la muerte de cruz derramó su sangre para saldar la deuda del pecado de toda la humanidad. El se convirtió en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Cuando venimos a Dios con un corazón arrepentido, cuando creemos en El como nuestro Salvador, todos nuestros pecados son perdonados. La deuda que todos tenemos con Dios fue saldada por Cristo en la cruz. Entonces, al sabernos pecadores, sabemos que no somos merecedores de esa misericordia y, comenzamos a entender que de la misma manera en que fuimos perdonados somos llamados a perdonar a otros.

Termina la historia que Jesús refirió a sus discípulos diciendo: Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. MT. 18:23-35.

La misericordia de Dios hacia cada uno está, en muchos casos, condicionada a la misericordia que mostremos hacia nuestro prójimo.

Rosalía Moros de Borregales
@RosaliaMorosB








domingo, 9 de noviembre de 2014

DEPENDIENDO DE DIOS


Todos los seres humanos anhelamos la felicidad, todos legítimamente tenemos derecho a una vida de paz. Sin embargo, esa búsqueda constante por alcanzar el bienestar nos hace pensar que todo depende de circunstancias exteriores; depende del entorno, depende del lugar en el que vivimos, depende del clima, depende de la economía, depende de la familia. Depende siempre de todo lo que está allá afuera, y a consecuencia de este pensamiento y de la actitud que lo acompaña, nuestras vidas son como una montaña rusa en la que dependiendo de las circunstancias, un día estamos en la cúspide experimentando las emociones más fascinantes y al siguiente estamos en el subsuelo deprimidos y amargados.

Crecemos como personas en muchos aspectos pero espiritualmente seguimos siendo tan inmaduros como niños. Somos arrastrados por toda clase de factores externos; desde una publicidad, un comentario, un chisme, una noticia, un chiste, hasta la expresión en el rostro de otra persona, en fin, todo puede inducir en nosotros emociones que tomen el control de nuestros pensamientos y por ende de nuestro proceder. ¡Por supuesto! ¡Somos humanos, hechos de carne y hueso, con fibras nerviosas, con un alma que siente! ¿Pero, es esto a lo que hemos sido llamados? Dios, nos ama más que nadie en este mundo y nos comprende. El nos hizo y conoce nuestra naturaleza; pero El nos ha capacitado para vivir en una vida de equilibrio en la cual deberíamos depender de El y no de las circunstancias.

Lo que sucede es que esto no es algo que adquirimos en algún lugar, tampoco hay una receta específica para lograrlo, pues la vida es como una biblioteca llena de libros y cada libro narra una historia diferente. El único ingrediente en común para la receta de cada uno es Dios. Si cada uno está en amistad con El, cada uno cuenta con el ingrediente fundamental. Jesús les dijo a sus discípulos en el evangelio según San Juan  en el capítulo 16 verso 33: “Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tendrán tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo."

Si en cada circunstancia buscamos la Palabra de Dios, encontraremos en ella la paz … Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz… Si dejamos de ver a nuestro alrededor y ponemos los ojos en Jesús, confiando nuestras vidas a El, entonces venceremos la tribulación, porque El nos ha prometido que El ha vencido al mundo.  Y vencer no significa que la tribulación dejará de ser, sino que caminaremos en medio de ella de la mano de nuestro Señor, que no usaremos nuestras propias herramientas sino las que El nos ha ofrecido y está dispuesto a proveer para nosotros cada día a través de la oración y la comunión con El.

Todo lo que acontece constantemente en nuestro país aunado a las vicisitudes de nuestras propias nos afecta enormemente. Unos hemos sentimos como una bofetada en nuestro rostro, otros como una puñalada por la espalda; sentimos que ya no hay futuro para nuestros hijos, que todo se ha perdido. Algunos nos hemos llenado de amargura y la frustración se siente como un enorme peso que doblega nuestras espaldas. La desesperanza, el desasosiego y la tristeza van convirtiéndose en depresión. Las alegrías se nos han ido convirtiendo en desolación. Todas estas reacciones son perfectamente comprensibles; sin embargo, como cristianos, como hijos de Dios, nuestras vidas no dependen de un hombre, ni de un sistema, aunque seamos afectados por él, Dios está por encima de todo y de todos.

Si confiamos a El nuestras vidas entendiendo que El tiene un lugar para nosotros, que nuestro futuro depende solo de El, nada ni nadie podrá doblegarnos. Porque Aquel en quien hemos creído ha vencido al mundo, y nosotros somos vencedores con El.

Rosalía Moros de Borregales

@RosalíaMorosB



viernes, 31 de octubre de 2014

LA HORA OSCURA DEL ALMA



Su corazón estaba muy inquieto, aunque se encontraba rodeado de sus seres más queridos  anhelaba estar a solas, sobre sus rodillas, en la presencia de su Padre. Jesús sabía muy dentro de él que la hora había llegado. Con todas sus fuerzas deseaba hacer la voluntad de su Padre; pues, amarle siempre había supuesto para él obedecerle. Pero esta vez el precio de la obediencia le traspasaría con una espada. Una serie de eventos se anticipaban, revelaciones que se presentaban como destellos de luces en su mente, tan reales, tan verdaderas que aun sin haberlas vivido ya desgarraban de dolor su alma.

Renunciar a los que amaba, vivir la traición de aquel a quien contaba entre los suyos, saber que todo su amor no podría salvarlo, ser entregado con un beso; ser cobardemente negado por uno de sus mejores amigos, sentir el dolor de su madre al perderlo. Convertirse en el objeto de burla de seres humanos indignos de cualquier afecto; ser acusado por aquellos que creían ser más cercanos que él a su padre. Ser llevado para ser juzgado por reyes inmorales que nunca entendieron el fundamento de su reino. Morir con la muerte del peor de los delincuentes, ser clavado en una cruz y escarnecido.

Su corazón palpitaba aceleradamente, buscaba fuerzas dentro de él, la noche más oscura se desplegaba ante sus ojos; no había la luz de una estrella para iluminarle el camino. Sabía que su padre estaba con él; era fe, convicción, esperanza contra esperanza. Pero, él no le sentía cerca, la exigencia era muy profunda… _“Si es posible, pasa de mi esta copa”. Es el clamor del corazón, es la verdad que se sabe pero quisiéramos nunca haberla conocido. Es el camino que debemos transitar pero quisiéramos escaparnos de él, huir a otro horizonte; más el corazón sabe que es mejor estar un día en su casa que miles lejos de su presencia.

Luego de estos momentos de oración que se convierten en un debate del alma, en una guerra de pensamientos, en un forcejeo entre el sentimiento y la razón; finalmente, viene la decisión, nace de ese corazón amante que ha sido entrenado en la obediencia, que ha hallado su fuerza al doblegar junto con sus rodillas la más férrea voluntad. Con la decisión, viene la paz, la entrega incondicional del alma que se rinde ante quien es soberano. “Mejor es estar en las manos de Dios que en la de los hombres”. Es el grito silencioso de quien exclama: “Aunque El me matare, en El esperaré”.

El camino es largo, el sufrimiento inexplicable, todas las revelaciones recibidas no fueron suficientes para mostrar la agonía que se intensifica a cada paso. No tiene fuerzas, se entrega, su Padre es el guardián de su alma; aunque por momentos pareciera haberle abandonado. Si, realmente le ha abandonado en las manos del pecado; sus clavos, su corona de espina, la espada en el costado, todas son muestras de ese abandono… Es su hora más oscura, sin sentirlo, sin saberlo cerca, pero sabiéndose suyo, le encomienda lo que queda de él, su espíritu.

La tierra se estremece, relámpagos iluminan el cielo, la noche cae como una cortina sobre el Gólgota. A sus pies, su madre permanece fiel, el discípulo amado junto a aquella que lo amó mucho, porque mucho le fue perdonado. El velo del templo se rasga, y en un último esfuerzo toma aliento, luego expira. La muerte le ha alcanzado, pero solo por un poco de tiempo. ¿Dónde estás, oh muerte? ¿Dónde tu aguijón? Fuiste visitada hasta las profundidades de la Tierra, vencida en tus propias entrañas. De tu propia oscuridad surgió la luz, las cuerdas se cayeron, las vendas aromatizadas dejaron expuesto el cuerpo glorificado, la semilla que fue sembrada dio su fruto. El espíritu de resurrección lo trajo de vuelta desde las profundidades de la tierra. La piedra fue removida, anduvo en medio de aquellos que amaba, todo el dolor que le causaron se desvaneció, su amor cubrió multitud de faltas. ¡Ha resucitado! ¡El padre lo elevó a su diestra para siempre!

En la hora oscura de tu alma, clava tus ojos en Jesús, camina tomado de su mano. Entrega tu voluntad, ríndete a los pies de la cruz; y allí, ante su presencia, espera confiadamente. ¡De la hora más oscura nacerá tu aurora!

“Los que a El miraron fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados”. Salmo 34:5.

Rosalía Moros de Borregales
@RosaliaMorosB