jueves, 6 de febrero de 2014

INTERESADOS EN EL LIBRO REFLEXIONES PARA VENEZUELA

Aunque el título del libro pareciera que está escrito solo para los venezolanos, les aclaro que decidí ponerle ese título porque todas esas reflexiones las escribí pensando en mi país. Sin embargo, las reflexiones son de carácter universal.
El libro es un libro de cabecera o mesa de noche. No necesariamente hay que leerlo de tapa a tapa como una novela, sino que puede ser leído de acuerdo a la inspiración o necesidad del día; ya que está compuesto de reflexiones cortas de 2 a lo sumo 3 páginas. Además, está bellamente ilustrado por la artista Cecilia Moros Martín, mi hermana, con la colaboración de Andrea Doval.
Dividido en 5 partes, a saber:

1.- Reflexiones sobre la familia.
2.- Reflexiones sobre experiencias de vida
3.- Reflexiones sobre las virtudes
4.- Reflexiones sobre los desaciertos humanos
5.- Reflexiones sobre Dios y su relación con nosotros

Si estás interesado (a) en adquirir mi libro "Reflexiones para Venezuela" se encuentra disponible en las siguientes librerías:

- Librería Kalathos en Los Galpones de Los Chorros
- Librería Entre Libros en Los Palos Grandes
- Librería Kichi en el Centro Comercial Santa Rosa de Lima
- Librería Kichitos en Macaracuay Express
- Librería El Buscón en Paseo Las Mercedes
- Librería Papelillo en el Centro Comercial Santa Fe Norte

Si Ud. se encuentra en el interior del país o en el exterior y desea el libro escriba un correo a:
rosymoros@gmail.com  o
@RosaliaMorosB

Con gusto le contestaré.
¡Mil gracias por su acogida!

sábado, 31 de agosto de 2013

¡Sigue adelante, hermana!


Dedicado a mis  cinco hermanas y con ellas a todas mis hermanas venezolanas.

Hermana, sé que amas la vida, pero aún más que la vida amas el precioso don de dar a luz la vida. Tus hijos son tus estrellas en el firmamento. Sus vidas son los diplomas que cuelgan de tu pared. Tus fuerzas no tienen límites para luchar en el camino, tu amor vence todos los obstáculos; la ilusión de ver las caras de tus amados iluminadas con una sonrisa y con una mirada tierna son suficiente recompensa para que camines la segunda milla. Tú has entendido desde hace tanto que es más bienaventurado dar que recibir; por esa razón, tus manos siempre rebosan. Lo poco viene a ser mucho en tu regazo, en ti todo el bien se multiplica.

Hermana, eres roca firme e inconmovible, el corazón de tu esposo reposa confiadamente en ti, tú sabes darle bien y no mal todos los días de su vida; lo has amado con la pureza de tu alma, ha sido él tu deleite, bajo su sombra te ha sido grato el reposo. Por eso, cuando la extraña, la ajena que seduce con labios de ajenjo maquillados de miel, quiera usurpar lo que has cultivado con tanto amor, levanta tu cabeza y como valiente leona muéstrale que tus armas son poderosas en Dios. Si él merece tu precioso corazón sabrá discernir dónde está su nido de amor, si no entregará su honor a extraños y sus años a alguien cruel.

Hermana, todos tus miedos se desvanecen cuando al amanecer Dios trae su luz por tu ventana. Desde muy temprano en la mañana gobiernas tu casa, diriges tus asuntos, reparas, corriges, haces; del hacer están hechas tus manos, del acariciar las hidratas cada día. Cuando las provisiones escasean sabes administrar tus bienes; tu creatividad se convierte en una fuente de producción. Cuando la abundancia llena tu casa, cual hormiga previsiva sabes guardar porción para el invierno, y aún consigues traer para el disfrute, porque tú sabes celebrar la vida.

Hermana, el destino parece impenetrable, cuando piensas que con cada segundo que pasa la vida se te acorta es porque de alguna manera la tristeza ha invadido tu alma, y quizá ha permanecido en ella sin ser invitada. Porque cada segundo que pasa es inversión de vida; añade cada segundo a la suma de todas tus ganancias y no a la lista de la resta de todas tus pérdidas; pues tú sabes convertir tus pérdidas en ganancias. La clave está en desarraigar toda la amargura, pues ella comienza a tomar posesión de tu mente poco a poco y pronto todo tu cuerpo se convierte en su esclavo.

Hermana, es hermoso ver cómo hay cabida en ti para todos los afectos; para los hijos que te ven como un hada madrina; para el esposo que busca en ti el remanso de paz; para los padres que buscan en ti el sostén para sus debilitadas piernas; para los infinitos familiares que saben que en ti siempre encontrarán el corazón abierto y amable, para la amiga que necesita que la abraces con tus oídos y la escuches con el corazón... Pero al dar todos los amores, no te olvides, hermana mía, de ti. Ámate y cuídate con esmero. Invierte tanto en tu mente como en tu corazón, y recuerda que tu cuerpo va cargando con los dos.

¡Hermana, te he hablado con el corazón!, pero todas mis palabras serían como hoja seca que se lleva el viento si no te dijera lo más importante, hermana mía: ¡Dios quiere bendecirte la vida! Él quiere llenar tu casa con toda clase de bien. No busques por  senderos apartados de la luz a quien es El Camino. Tan sólo ven a Él, ábrele tu corazón, reconócelo como tu Señor, como el único Dios de tu vida. Y cree, hermana, cree en su cruz, cree en su resurrección y cree en su Amor para darte la mejor vida.

¡Con todo mi corazón para ti, hermana mía!

El nido de la esperanza



En un mundo que se ha empeñado en caminar alejado de la luz de Dios la gran mayoría de las noticias que escuchamos a diario son realmente un veneno para el alma. Constantemente somos bombardeados con toda clase de información que oscurece la perspectiva de un futuro de bien. Sin darnos cuenta, todos vamos reaccionando ante tal tsunami, y de una u otra forma terminamos perdiendo la esperanza.

La esperanza puede definirse de múltiples maneras; sin embargo, al pensar en esta palabra sentimos que está entretejida con nuestros sueños, con los anhelos más profundos de nuestro corazón. La esperanza representa en nuestro ser interior esa posibilidad de convertir en realidad lo que deseamos.  En su etimología interviene el latín sperare, pero su razón de ser va mucho más allá del acto físico de esperar, trascendiendo el movimiento de las agujas del reloj que nos marcan el tiempo. Cuando se tiene esperanza, se posee la virtud que nos capacita para tener confianza en medio de las adversidades, para vencer los obstáculos, para esperar siempre un final bendito.
Pero, ¿dónde podemos encontrar este valor? ¿En qué lugar se nos enseña a mantener la integridad de nuestro ánimo? ¿Quién moldea nuestras almas para estar siempre dispuestas a esperar el bien? Sin duda alguna que el seno de la familia es el lugar por excelencia para que los individuos sean instruidos en esta virtud. Porque las virtudes no se aprenden en un taller o en un curso, las virtudes son el resultado de vivir, de tener experiencias en las que decidimos actuar con integridad, en las que a pesar de toda la oscuridad que nos rodee decidamos confiar en Dios, reconociendo que de Él proviene todo el bien que esperamos.

¡La familia es el nido de la esperanza! De allí, que cada día la estructura moral del mundo se encuentre en franco deterioro, ya que la familia ha sido golpeada en sus flancos. Sus detractores saben que es el santuario de las virtudes, que es la escuela del corazón, la piedra angular de una sociedad sana capaz de promover el bien. De la misma manera que un nido es un lecho construido para albergar y preservar la vida; así, la familia constituye el lugar originario donde residen los fundamentos para formar seres humanos capaces de vivir de acuerdo a las virtudes.

¡Quien tiene una familia siempre tiene esperanza! Aunque la familia sea grande o pequeña, aunque esté constituida por una sola persona, aunque sea propia o adoptada, aunque la formen los amigos, la familia será siempre el nido de la esperanza. Por esa razón, no desmayemos ante el terremoto de acontecimientos que pretenden destruir nuestra esperanza. Cuando veamos que el mal se acrecienta para intimidarnos, vayamos a nuestra familia y unidos, como los dedos en la mano, busquemos a Dios en oración, pidamos a Él que su luz brille sobre toda oscuridad y que nunca jamás perdamos la esperanza.

"Si tú dispones tu corazón, y tiendes hacia Dios las manos... la vida te será más clara que el mediodía; aunque oscurezca, será como la mañana. Tendrás confianza, porque hay esperanza"... Job 11: 13-20.

El libro de los libros



No ha habido otro libro en la historia de la humanidad que haya sobrevivido a los más fieros ataques para ser destruido que la Biblia. No hay ningún otro que haya sido escrito por tal diversidad de autores entre los cuales hubo eruditos, militares, ministros, pastores de ovejas, reyes, sabios, profetas, pescadores, médicos y hasta cobradores de impuestos. Ninguno que compile manuscritos de 15 siglos de historia. Ningún otro que haya sido traducido a más lenguas en el mundo y, del cual se hayan hecho más impresiones. Así como tampoco, ningún otro que haya tenido una influencia tan profunda y trascendente en la vida de sus lectores.

Las escrituras hebreas constituyeron la Biblia de la Iglesia cristiana de los primeros tiempos. El primero en reconocer la Biblia Hebrea como las Sagradas Escrituras fue nuestro Señor Jesucristo. A lo largo de su ministerio, Jesús citó innumerables veces el contenido de las escrituras que componían el libro sagrado del pueblo de Israel, recopilado por primera vez en el siglo III a.C, lo que conocemos hoy en día como el canon judío o la norma judía; es decir, la lista de libros aceptados oficialmente constituidos por la denominada ley, los libros de los profetas y aquellos conocidos como los escritos entre los cuales se encuentra uno de los más leídos, el libro de los Salmos. La mayoría de estos libros, conocidos hoy por la Iglesia cristiana como el Antiguo Testamento, fueron escritos en hebreo y arameo.

En la actualidad, la Iglesia cristiana tanto católica como protestante no hace ninguna distinción entre las predicciones de los profetas y las declaraciones de Cristo, reconociendo de esta manera que el Mesías tan esperado y anhelado por el pueblo judío se personificó en Jesús de Nazaret, el Salvador del mundo. Después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, el día de Pentecostés marca un nuevo comienzo para las sagradas escrituras. Los discípulos, testigos de la obra de Jesús y arquitectos de la Iglesia comenzaron a escribir no solo la vida y obra de Cristo sino también la obra de las primeras iglesias fundadas, las enseñanzas de los apóstoles y las revelaciones que recibieron del Espíritu Santo.

Los materiales usados para los diferentes manuscritos que más tarde formarían la Biblia fueron materiales perecederos como piel de cordero, piel de cabra y papiro, vulnerables a la humedad, el moho y distintas clases de gusanos. Por esta razón, la preservación de las escrituras dependió siempre de la labor de los copistas, quienes se dedicaban a mantener copias fieles de los pergaminos. La colección de manuscritos más antigua que se conserva de la Biblia Hebrea, se conoce como el Códice de Leningrado y se encuentra en la biblioteca de dicha ciudad, hoy San Petersburgo. De lo que conocemos como el Nuevo Testamento existen más de 5.300 manuscritos solo en el idioma griego, más de 10.000 en latín y en total han sobrevivido más de 24.000 manuscritos que contienen el texto del Nuevo Testamento en diferentes lenguas.

La Biblia fue el primer libro impreso que salió de la imprenta del inventor Johannes Gutenberg en el año 1455. Las divisiones en capítulos se añadieron a la Biblia cristiana por el arzobispo inglés Stephen Langton alrededor del año 1200 d.C. La división de los capítulos en versículos se le atribuye a Bombers (1547).  En el año 303 d.C el emperador Diocleciano en su persecución contra la Iglesia mató a cientos de cristianos y destruyó una gran cantidad de manuscritos. Sin embargo, como mostrando su carácter eterno, 22 años más tarde en el 325 d.C Constantino le dio a la Biblia el carácter de autoridad infalible.

Hoy la Biblia continúa siendo el libro más impreso en el mundo entero, se calcula que se hacen unos 60 millones de copias cada año. Además existe un gran número de versiones en las que se puede leer, desde un lenguaje muy antiguo hasta un lenguaje contemporáneo. También se puede obtener gratuitamente en diferentes portales en Internet para ser leída en computadoras, tabletas o teléfonos inteligentes. En muchísimas cadenas de hoteles en el mundo se puede encontrar en cada mesa de noche. Existen innumerables diccionarios bíblicos, concordancias y toda clase de libros destinados al estudio de la misma.

A pesar de ser un libro sagrado, su contenido es tan divino como humano; pues expresa tanto la voluntad de Dios como la naturaleza pecaminosa del comportamiento del hombre. La Biblia nos narra la historia del pueblo de Israel, sus luchas, sus triunfos, sus desaciertos y su relación con Dios. Nos profetiza sobre un mesías, un salvador que vendría para librar a este pueblo de sus opresores. Luego, nos muestra a ese mesías en Cristo; ya no solo el redentor que esperaba Israel, sino el Salvador para toda la humanidad. La Biblia es la guía para la vida cristiana, luz para nuestro camino, agua que sacie nuestra sed, verdad que nos confronta y corrige, paz para nuestras almas.

"El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Marcos 13:31

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES

Vivir en una oración



Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha recurrido a la oración en su afán de encontrar un camino para sobrellevar las tragedias de la vida. Pareciera que el alma del hombre se encontrara incompleta, insatisfecha e impotente ante los retos de la existencia. Pareciera que mientras más nos aferramos a la Tierra, más intuyéramos que nuestro ser trasciende a este mundo. De alguna manera, todos hemos visto nuestra rutina interrumpida por acontecimientos que nos hacen sentir las manos cortas, los pies lentos y el corazón vacío. Entonces, nos llega el momento de una oración y, aunque vayamos a tientas, en lo más profundo de nuestro ser, entendemos que solos no podemos.

Una oración es un acto de humildad, es la expresión del reconocimiento de nuestras limitaciones. Pienso, sin temor a equivocarme, que la mayoría de las personas en algún momento de sus vidas han sentido la necesidad de elevar una plegaria. Muchos han hablado con Dios en el silencio de su ser; otros han rezado una oración aprendida, quizá en la infancia, cuando la pureza del corazón se convierte en un puente que nos conduce con sencillez a Dios. Aun, hay quienes se han sorprendido a sí mismos, dirigiéndose con palabras que le brotan del alma, a ese ser tan anhelado en ese preciso momento, pero tan desconocido el resto de los días.

Cuando Jesús de Nazaret caminaba las polvorientas calles de Galilea les enseñó a sus discípulos el valor de la oración. Cuentan los evangelios que estando en medio de ellos se apartaba para orar; también muy temprano en la mañana se dedicaba a la oración. Al sentarse a la mesa elevaba una plegaria dando gracias al Padre por los alimentos. Uno de ellos le pidió humildemente que los enseñara a orar, entonces Jesús pronunció esa hermosa y profunda oración que hoy conocemos como "El padre nuestro", una guía para comunicarnos con el Padre y mantener la mejor relación con nuestro prójimo. Siempre, Jesús mostró que la oración es el medio para tener comunión con Dios, una practica esencial en la vida de todo creyente.

La mayoría de los hombres de nuestra nación se saludan pronunciando dos groserías, cuyo significado echa por tierra toda su hombría, entereza, valentía, probidad y valor. También una gran cantidad de mujeres jóvenes usan una de ellas en su saludo, declarando una sentencia que la aleja completamente de toda su identidad como mujer. Constantemente estamos escuchando maldiciones, olvidando que de acuerdo a los principios cristianos estamos llamados a bendecir, incluso a los que nos ultrajan y persiguen, porque de esta manera, si ellos persisten en la práctica del mal, nuestras bendiciones se convierten en justicia de Dios sobre ellos. ¿Y qué hombre no prefiere la justicia divina antes que la humana?

La mayoría de las veces estamos declarando las peores cosas sobre nuestro país. No pretendo obviar la tragedia que vivimos a diario los venezolanos; sin embargo, debemos admitir que hemos contaminado todo nuestro entorno exaltando los más bajos sentimientos humanos. Hasta nuestros niños han sido atacados con el virus de la procacidad y escatología. Es difícil encontrar una sonrisa que nos devuelva el saludo amable. Nuestras miradas se han convertido en ametralladoras. La cortesía prácticamente ha desaparecido de nuestra sociedad. Nos hemos dejado contaminar, estamos enfermos de odio. Nuestras bocas destilan lo que albergan nuestros corazones.

¡Necesitamos volver nuestro corazón a Dios! Necesitamos cambiar cada una de estas palabras por una proclamación de bendición. Así como ejercitamos los músculos del cuerpo en el gimnasio, deberíamos ejercitar los músculos de la cara para sonreír, los músculos del alma para hablar con Dios. No permitir que los pensamientos de oscuridad gobiernen nuestras vidas, sino llenar nuestras mentes con las miles de promesas de amor, de paz y prosperidad que se encuentran en la Biblia.

Deberíamos trabajar con ánimo, con la certeza de que Dios respalda a quienes le buscan y cumplen su parte. Deberíamos encomendar nuestra causa a Dios a cada momento, y como se ha multiplicado la maldad, aun con más fuerza multiplicar la bondad en medio de nosotros. Deberíamos como una avalancha llenar nuestras bocas de oración y con la salida del Sol cada mañana bendecir a nuestros hijos, a nuestro cónyuge, a nuestros padres, a familiares y amigos. Pedirle a Dios que su gracia sea sobre nuestro país, que su luz ilumine nuestras tinieblas, que su justicia se levante en medio de nosotros.

¡Deberíamos vivir en una oración!

jueves, 1 de agosto de 2013

INTERESADOS EN EL LIBRO "REFLEXIONES PARA VENEZUELA"


Aunque el título del libro pareciera que está escrito solo para los venezolanos, les aclaro que decidí ponerle ese título porque todas esas reflexiones las escribí pensando en mi país. Sin embargo, las reflexiones son de carácter universal.
El libro es un libro de cabecera o mesa de noche. No necesariamente hay que leerlo de tapa a tapa como una novela, sino que puede ser leído de acuerdo a la inspiración o necesidad del día; ya que está compuesto de reflexiones cortas de 2 a lo sumo 3 páginas. Además, está bellamente ilustrado por la artista Cecilia Moros Martín, mi hermana, con la colaboración de Andrea Doval.
Dividido en 5 partes, a saber:

1.- Reflexiones sobre la familia.
2.- Reflexiones sobre experiencias de vida
3.- Reflexiones sobre las virtudes
4.- Reflexiones sobre los desaciertos humanos
5.- Reflexiones sobre Dios y su relación con nosotros

Si estás interesado (a) en adquirir mi libro "Reflexiones para Venezuela" se encuentra disponible en las siguientes librerías:

- Librería Kalathos en Los Galpones de Los Chorros
- Librería Entre Libros en Los Palos Grandes
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- Librería Kichitos en Macaracuay Express
- Librería El Buscón en Paseo Las Mercedes
- Librería Papelillo en el Centro Comercial Santa Fe Norte

Si Ud. se encuentra en el interior del país o en el exterior y desea el libro escriba un correo a:
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¡Mil gracias por su acogida!

Manantiales en el desierto



Dedicado a mi hermana, Gabriela Moros de Ramírez

¡El agua! Ese líquido tan preciado por toda la humanidad, sin el cual no sería posible la subsistencia de la vida en todas sus formas, ha sido objeto de estudio desde múltiples disciplinas de la ciencia; musa de poetas y escritores; exaltada en pianos, violines y guitarras; objeto de la Filosofía y, usada con propósitos religiosos. Así, se considera que aproximadamente el 70% del planeta Tierra está cubierto por agua. Ya en el siglo V a.C. el filósofo griego, Tales de Mileto afirmaba que el agua era el Arjé del universo, la sustancia base en la conformación de todo. En el cristianismo, Jesús comienza su vida ministerial yendo al Jordán para ser sumergido en las aguas por Juan el Bautista. La sonata Tempestad de Ludwig Van Beethoven interpretada magistralmente por Daniel Barenboim nos transporta imaginariamente desde las aguas más apacibles hasta las cascadas más impetuosas. Nuestro maravilloso poeta Andrés Eloy Blanco, en su poema La Cita usa la figura del agua para expresar la frustración de la espera de la amada: "La próxima vez, esperaré a que llueva a chorros; ya te contará la nube cómo esperamos nosotros y nunca sabrás si el agua que te pasó por los labios te la lloraron las nubes o te la llovieron los ojos".

De esa misma manera, majestuosa, inspiradora de vida, que sugiere el gozo más profundo del alma, la figura del agua es usada en las Sagradas Escrituras para describir la obra de Dios en la vida del ser humano. Muy contrariamente a como lo hemos concebido, lejano, severo, y hasta indiferente, Dios se nos muestra con toda la vida que es capaz de producir el agua. En el libro del profeta Isaías encontramos frases como estas: "La tierra abrasada se convertirá en laguna, y el secadal en manantiales de aguas". (35:7). "Cuando se derrame sobre nosotros el Espíritu desde lo alto, entonces el desierto se convertirá en campo fértil y será considerado como bosque". (32:15). Una y otra vez la figura del agua brotando en el desierto es expresada como símil de la obra del amor de Dios en el alma desierta del hombre.

Ese ser humano que hoy nos encontramos a cada paso, incapaz de comprometerse con la familia, ignorante del significado trascendental de la vida de los padres en los hijos. Esos hijos a quienes el dolor de la ausencia les hace llorar constantemente el alma. Ese hombre que alimenta la esperanza del pobre con la mentira de una promesa que nunca cumplirá, pues su propósito mezquino ya está determinado. El que resistiendo la voz de Dios en su corazón encuentra su oasis en el alcohol; la madre que va sola con los hijos que le va dejando el camino a cuestas. La niña que se convierte en madre en la búsqueda del padre que nunca la acarició. Esos que cercenan vidas ostentando un poder temporal como si fuera definitivo y eterno. Los que pretenden apagarle la luz del saber a los jóvenes para someterlos a doctrinas huecas, incapaces de enaltecer al ser humano. Todos, víctimas y victimarios somos como tierra árida sin el agua de Dios.

Estando en el último día de la celebración de la fiesta de los Tabernáculos, en la cual, entre otras ceremonias, se derramaba agua sobre el altar como petición de lluvia para la cosecha, Jesús en su inalterable amor por toda la humanidad y conociendo claramente su propósito en esta Tierra, se levantó y alzó su voz diciendo: "Si alguien tiene sed, venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como dice la Escritura: 'De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva' ". (Jn.7:37-38)

Como siempre, Dios continúa reiterándonos su llamado. Al venir a Él la tierra seca de nuestro corazón se vuelve fértil para el amor; nuestras mentes adquieren la sabiduría que nos lleva a la decisión que enaltece nuestra dignidad, su luz nos señala el camino a seguir, las tinieblas se disipan, y el horizonte se convierte en un reto feliz por la vida.

¡Solo Dios convierte en manantiales nuestro desierto!

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES


@RosaliaMorosB

El miedo en los brazos del amor



El apóstol Juan en su primera epístola nos da una disertación maravillosa sobre el amor. Entre todas sus palabras son estas las que hacen vibrar mi corazón: "en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor" (1 Juan 4:18). Traigo estas palabras a mi mente, las convierto en una oración, entonces siento que mi ser entero experimenta un abrazo de Dios; siento que al venir ante Él todos mis miedos se desvanecen, y en cada lágrima que brota de mis ojos al ser bendecida con su presencia siento que los miedos salen de mi alma como la oscuridad se desvanece cuando la aurora baña con su luz un nuevo día.

Solo el corazón conoce sus propios miedos; las angustias del alma son muchas veces solitarias. Nadie alardea de sus temores, nadie cuenta cómo la angustia le despierta en medio de la noche; cómo le quita el sueño, le resta las fuerzas y le hace sentir la noche inmensa y el silencio más profundo que nos hunde en un grito mudo de desesperación. Nadie nos cuenta su soledad, la tristeza del amanecer que no nos deja levantarnos de la cama sino después de un gran esfuerzo.  Eso solo lo platicamos con nosotros mismos.

El miedo es un ladrón, un usurpador que desplaza las alegrías del alma, las encarcela y con opresión las anula. El miedo va minando nuestro ser, ocupando lugares que un día tuvieron el color de una flor, la salud de un niño carcajeándose en un parque, la serenidad de un abuelo que ha vivido con dignidad. El miedo nos roba la esperanza, nos nubla el horizonte, nos hace renunciar al futuro. El miedo hiere al corazón con una herida de muerte que se rehusa a todas las curas, sangrando constantemente. Solo hasta que la mano de Dios la venda. Como dice en Isaías, Dios es quien venda a los quebrantados de corazón y el que da libertad a los cautivos.

Estamos llamados a vivir cada día de nuestras vidas bendecidos por la plenitud de su amor que puede librarnos de todo el mal. Pasamos la vida entera aprendiendo miles de cosas, ejercitándonos en distintas disciplinas pero no nos ejercitamos en la fe; vamos por la vida como raquíticos espirituales mientras el océano de Dios yace a nuestro lado pleno de verdades que pueden liberar nuestras almas de la angustia; pleno del amor más sublime y excelso que enaltece nuestro ser convirtiéndonos en verdaderos hijos que pueden sentarse en su regazo, recostar la cabeza sobre su pecho, y luego de un rato pararnos y continuar el camino con la cabeza erguida y la mirada en alto.

Un nuevo tiempo de gracia está llegando, un nuevo amanecer trae la luz radiante del sol a nuestras ventanas. Si tienes la valentía de creer en medio de un mundo que le ha dado la espalda a Dios. Si puedes creer que en la cruz de Jesús el miedo fue traspasado y vencido. Si puedes traer tus miedos ante esa cruz, el Señor que murió en ella te llevará de la mano en medio de la angustia. Levántate y cree con la confianza de un niño. Extiende tu mano y deja que tu Padre celestial te lleve por el camino del amor que echa fuera todo temor.

"Hermanos venezolanos no temáis, tened fuerzas, Dios tiene cosas grandes para su país... de lo malo Él hará algo bueno", Francisco I.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

jueves, 27 de junio de 2013

Una familia conforme al corazón de Dios: Creo con el corazón

Una familia conforme al corazón de Dios: Creo con el corazón: La vida es un ejercicio constante del creer, mientras somos niños creemos sin reservas; si hay alguien de quien recibimos cariños y cu...

Creo con el corazón



La vida es un ejercicio constante del creer, mientras somos niños creemos sin reservas; si hay alguien de quien recibimos cariños y cuidados nuestra confianza fluye como el agua. ¡Estamos confiados en los brazos del amor! A medida que vamos creciendo las experiencias negativas de la vida van haciendo que desarrollemos el discernimiento para escoger a las personas a las que le abrimos nuestro corazón. Sin embargo, hay infinidad de situaciones en las cuales es imposible estar absolutamente seguros del resultado final; entonces, debemos creer, creer en nosotros mismos, creer en las personas involucradas, creer en los sistemas, creer en la tecnología, creer en las instituciones, creer y creer.
Muchos, muchas veces somos ajenos a este constante ejercicio de fe en la vida de cualquier ser humano. La fe nos aporta ese pensamiento de seguridad, esa certeza en nuestro ser interior que nos permite confiar y, por ende, actuar. Cuando no tenemos fe, cuando no creemos nos paralizamos. Es un mecanismo de sobrevivencia innato, nos protege, nos resguarda; sin embargo, muchas veces nos anula, nos hace vivir días sombríos cuando el sol resplandece en el horizonte. Mientras el creer genera vida, relaciones de bien, verdad y armonía. Vivir sin confiar es estar encadenados al miedo, y el miedo solo es el camino opuesto a la confianza,.
Al considerar el ejercicio del creer debemos tomar en cuenta nuestros sentidos físicos, pues creer en la vida cotidiana depende mucho de la visión de Santo Tomás, si vemos, entonces creemos. Pero no siempre somos tan afortunados como para corroborar con nuestros sentidos la veracidad de algo o de alguien, entonces debemos decidir darle cabida a la confianza. Muchas veces nuestro acto de fe se ve recompensado gratamente, otras veces la decepción, la frustración y hasta la traición golpean nuestro corazón. A medida que la respuesta es positiva en una determinada circunstancia, o en la relación con una determinada persona, nuestra fe va en aumento, nos entregamos con confianza, y la confianza nos proporciona felicidad.
Ahora bien, somos seres creados a imagen y semejanza de Dios. En nuestra creación existen elementos más allá de lo físico y emocional. Somos también seres espirituales, y nuestra vida espiritual nace en el creer en Dios. Una de las artimañas más usada por el enemigo de nuestras almas es hacernos creer que Dios no existe, que es una falacia. Al lograr esto en nosotros apaga la luz que puede iluminar nuestras vidas; nos aleja totalmente de la vida en abundancia que Jesucristo nos prometió; nos hace perder toda esperanza y, sobretodo, la trascendencia de nuestras vidas en la esperanza de la vida eterna.
Es pues la vida del cristiano un constante ejercicio de nuestra fe. La contraparte del creer, la duda, querrá ensombrecer nuestro camino en muchas oportunidades; por esa razón,  la Biblia nos recuerda a través de Santiago que aquel que duda es semejante a la ola del mar que es llevada por el viento de un lado a otro. Cuando no creemos nos volvemos personas inconstantes que dependen de sus emociones junto con las circunstancias. Creer en Dios significa en primer lugar, reconocer su poderío y majestad. Creer en Dios es saber que por encima de todo está El, que El no depende de nuestra fe, que El existe aunque nuestra fe no alcance para creerle en ciertos momentos. Creer en Dios, es creer en su Hijo Jesucristo, es creer en su sacrificio supremo. Es entregar nuestras vidas al pie de la cruz, es confesar con nuestras bocas que Él es el Señor, creer con el corazón que Dios le levantó de los muertos, y que hoy vive en ti y en mi. (Romanos 10:9-10)
¡Creo con el corazón!
Rosalía Moros de Borregales.
rosymoros@gmail.com
@RosaliaMorosB


Una familia conforme al corazón de Dios: La influencia del padre

Una familia conforme al corazón de Dios: La influencia del padre: Dedicado a todos los padres en su día A través de la historia la imagen del hombre en su condición de padre de familia ha si...

La influencia del padre



Dedicado a todos los padres en su día


A través de la historia la imagen del hombre en su condición de padre de familia ha sido muchas veces degradada, hasta el punto de haberlo reducido muchas veces solo a una célula necesaria para la creación de un nuevo ser. Ciertamente, infinidad de hombres han actuado de tal manera en su rol de padres que muy bien podrían merecerse esa calificación. Sin embargo, el diseño divino de un padre abarca el concepto de un rol de múltiples facetas, pleno de sabiduría y bondad que pueden influir en la vida de un hijo de maneras infinitas, marcando huellas indelebles.



Particularmente, pienso que si la influencia del padre no fuera importante en la vida, las mujeres tendrían la capacidad de crear hijos por sí mismas. Pero la familia es un todo en el cual cada miembro es necesario e importante. Lamentablemente, el papel protagónico del padre en la formación de los hijos ha sido relegado, muchas veces por su propia actitud de indiferencia o abandono y otras tantas, por el matriarcado imperante en nuestra cultura latinoamericana. Nada más alejado de la verdad que pretender minimizar la trascendencia de la relación paterna en la formación de individuos íntegros y sanos.



La vida nos permite compensar muchas carencias. En sus caminos infinitos un padre puede ser sustituido por un hermano mayor, por un tío, por un abuelo, por un maestro, y hasta por otro cónyuge de la madre; pero el alma de cada niño anhelará al padre que lo concibió. Pues la creación de un ser humano va más allá de un código genético; existen vínculos espirituales que se tejen desde el momento de la concepción. Un entramado de emociones, de sentimientos que permanecen imborrables en el alma de todo ser humano. Una voz interior que llama al progenitor. De tal manera que, si eres padre no delegues esa tarea a la cual fuiste vinculado en el acto mismo de la creación.



Tu labor de creador trasciende a la concepción, se va enriqueciendo con cada minuto de la vida de tus hijos en el que estás presente personalmente o a través de tu influencia. Tú tienes en tu ser la capacidad inherente a tu condición de padre para darle a tus hijos el sentido de seguridad. ¡Haz que ellos sepan quien es el que los defiende! Que sepan quién representa el lugar seguro donde pueden refugiarse siempre que lo necesiten. Tú puedes lograr que ese pequeñito indefenso que no entiende muchas cosas de la vida, sepa con plena certeza que hay alguien para quien el o ella es absolutamente importante.



La vida no es una regla matemática, no se trata siempre de enseñarles lo que es correcto o equivocado, sino cuál es el mejor camino entre dos que son buenos. Enseñándoles a discernir con la habilidad de un cirujano que con su escalpelo logra separar dos tejidos muy finos, resaltando una diferencia imposible de ver a simple vista. Mostrándoles que más allá de hacer lo bueno, se encuentra el camino de la excelencia, en el cual no nos conformamos con hacer lo correcto sino cuando damos lo mejor de nosotros mismos.



El ser una persona que se comunique con un lenguaje que exalte virtudes y llame a cada cosa por su nombre, sin caer en la descalificación, siempre logrará en tu hijo un sentido equilibrado de sí mismo. Sin embargo, recuerda que tus actitudes hablan tanto más alto que tus palabras. Cada palabra debe ir sustentada con una actitud acorde. Los niños no son hipócritas. Ellos harán lo que tú haces, aunque no hagan lo que tú les dices. Tú puedes ser la influencia más importante en la vida de tus hijos. Asume tu rol. Cumple tu tarea. Te aseguro que no habrá mayor felicidad en tu vida que la felicidad de ellos.



"No me cabe concebir ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona que la necesidad de sentirse protegido por un padre".




Sigmund Freud

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

@RosaliaMorosB

Una familia conforme al corazón de Dios: La génesis de la violencia

Una familia conforme al corazón de Dios: La génesis de la violencia: Desde los más antiguos hallazgos reportados por los arqueólogos en su búsqueda incansable por registrar la historia de la humanida...

Una familia conforme al corazón de Dios: Vergonzosa revolución

Una familia conforme al corazón de Dios: Vergonzosa revolución: Existen cuatro pilares fundamentales en el desarrollo armónico y sostenido de un país; en ellos se soportan todos los planes de ...

Vergonzosa revolución



Existen cuatro pilares fundamentales en el desarrollo armónico y sostenido de un país; en ellos se soportan todos los planes de acción para la construcción de una sociedad capaz de alcanzar el mayor bienestar posible. No se trata de la panacea, no es algo novedoso, ni tampoco experimental. Ha sido probado desde tiempos remotos comprobando sus excelentes resultados, perfectibles, como todo lo humano. A saber, la salud, la educación, la libertad y la seguridad. Mientras estos cuatro pilares no sean la prioridad de un gobierno, sencillamente no habrá progreso en una nación y, como consecuencia, será cada vez menor la posibilidad de alcanzar una vida digna.

Lamentablemente, los venezolanos llevamos una década y media siendo gobernados por una partida de sátrapas que muy alejados de querer el bien de los venezolanos han pretendido despojarnos de todos nuestros derechos. Bajo el amparo de una revolución que prometió cambios sustanciales en las estructuras de la nación, con el fin de proveer una vida de oportunidades, estos revolucionarios de pacotilla solo han logrado enlutar a nuestra patria generando más miseria, muerte y dolor. ¡Vergonzosa revolución!

Es absolutamente inaceptable que en un país con tanta riqueza su gente tenga que sufrir verdaderos vía crucis para recibir los servicios de salud. Ellos, los revolucionarios, pretendiendo ser hombres muy importantes de negocios, solo hablan de la cantidad de petrodólares invertidos. Miden la eficiencia por el dinero; solo que ese dinero se va menguando mientras recorre un largo camino de corrupción. Al final, no hay vacunas para la influenza AH1N1, somos el segundo país en Latinoamérica con más decesos por esta enfermedad, solo superados por Brasil que cuenta con casi 200 millones de habitantes. ¡Vergonzosa revolución!

Contamos con los mismos hospitales construidos en democracia; pero ellos, los revolucionarios, se jactan de la red de CDI deteriorados por falta de mantenimiento, con sofisticados equipos tapizados por el polvo ya que el personal no fue instruido para su operación. Ni hablar de la injusticia cometida contra todos esos muchachos a quienes engañaron vilmente haciéndoles creer que los convertirían en médicos en tres años, quienes ahora andan sufriendo de cojera intelectual nada mas y nada menos que en el manejo de la salud de otros. Pero los revolucionarios traen verdaderos cambios, están muy ocupados probando las terribles consecuencias del tetero y diseñando la mejor toalla sanitaria al mejor estilo cavernícola. ¡Vergonzosa revolución!

Han tenido las arcas repletas para comprar voluntades en el continente y más allá de sus fronteras; sin embargo, el modesto presupuesto que genera la cesta petrolera a 100 dólares el barril no les ha alcanzado para construir escuelas, liceos y universidades. Lo más grave es que las que existen las han sometido al desmantelamiento por sus malandros asalariados. Con premeditación y alevosía llevan años reduciendo los presupuestos de las universidades. No tienen las luces entre sus prioridades. Tampoco, tienen la moral para dirigirse a los más valiosos profesionales de una nación, los educadores; sin los cuales no hay luz sino una profunda oscuridad que nos dirige al caos.  ¡Vergonzosa revolución!

Todos los derechos contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos son adquiridos desde el momento de ver la luz de este mundo. La palabra clave en esta declaración es libertad, puesto que el disfrute de estos derechos le ofrece al individuo libertad para ejercer una vida plena, que debe ser garantizada por el Estado. Tristemente, en nuestro país, la línea de separación entre Estado y Gobierno se encuentra completamente desdibujada. Pero, la revolución ha coloreado con su rojo sangriento las calles de nuestra nación. Solamente en el 2012 se registraron 14.000 homicidios. La revolución cercena el derecho a la vida mediante la impunidad al criminal. Mientras los ciudadanos están completamente desprotegidos, ellos, los revolucionarios viven y se trasladan en bunkers, custodiados al mejor estilo Rambo. ¡Vergonzosa revolución!

"Una sola cosa nos explica bien la historia y es en qué consisten los malos gobiernos".

Thomas Jefferson

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 



@RosaliaMorosB

La génesis de la violencia



Desde los más antiguos hallazgos reportados por los arqueólogos en su búsqueda incansable por registrar la historia de la humanidad, se ha encontrado que la violencia ha sido un factor predominante en la vida sobre el planeta. Los seres humanos de todas las épocas han teñido la tierra con la sangre de sus iguales. En las primeras páginas de la Biblia, se relata el asesinato de Abel por parte de Caín, su hermano. Una historia que nos muestra cómo el resentimiento se convierte en rabia y, como la rabia conduce a la violencia. "_ El mal yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo_", le dice Dios a Caín cuando lo ve enojado. Pero Caín dejó que el mal tomara su corazón, no dominó al mal sino fue dominado por él.


Dios advierte a Caín que el mal está acechando constantemente, está a la puerta queriendo poseer su vida, dirigir acciones. Miles de años más tarde, en el Nuevo Testamento, Jesús les habla de lo que realmente contamina al hombre, les dice que sale de su propio corazón: "porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona" (Marcos 7:22-23). Cuando analizamos al ser humano a la luz de Dios todo se trata siempre del corazón, de lo que en él nace, crece y termina dominando nuestro proceder. Entonces, la violencia está tan cerca de nosotros como está nuestro propio corazón.



Porque el corazón del ser humano es como la tierra en la que crecen las semillas que en ella son plantadas. Y ¿cuáles son las semillas que abundan actualmente en nuestra sociedad? Cada día somos bombardeados por toda clase de información en la que la violencia en todas sus facetas se manifiesta haciendo mella en el corazón, ocupando un espacio vital. Cada día se promueven más los antivalores que los valores. Se van introduciendo formas de comunicarnos que lejos de exaltar alguna virtud en el otro, exaltan la ofensa. Desde los más altos niveles del liderazgo en el Gobierno, pasando por el padre de familia, hasta el maestro en el aula de clase, hacen uso de la violencia en el trato; desde palabras descalificadoras, actitudes de indiferencia e ignorancia hacia los derechos humanos de los semejantes, hasta el lenguaje escatológico son usados cada vez con más insistencia en la cotidianidad.



Todo radica en lo que dejamos guardado en nuestro corazón, por esa razón el sabio proverbio de Salomón: "por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida". No podemos pretender Vida en un ambiente en el que se pondera la maldad. Es necesario que atentamente introduzcamos cambios sustanciales en la forma de relacionarnos con nuestros semejantes, de otra manera la violencia continuará en ascenso. Tendremos cada vez más individuos que se sienten ofendidos por un ambiente hostil en la nación, en el cual las cosas más sencillas y naturales de la vida se han convertido en una espiral de esfuerzos frustrados. Frustración que conlleva a la rabia, y luego de ser anidada en el corazón es capaz de generar toda clase de violencia.



En la misma noche de su arresto, cuando soldados romanos acompañados de algunos judíos vinieron a Jesús, su discípulo Pedro desenvainó su espada para defender a Jesús de sus agresores y le cortó la oreja a uno. Inmediatamente Jesús le habló a Pedro diciéndole: "pon de nuevo tu espada en su vaina, porque todo aquel que tome la espada a espada morirá". Luego puso su mano sobre la oreja de aquel hombre y al instante fue sanado. Una vez más Jesús establece no uno, sino dos principios para la sana convivencia: Primero, el que siembra la violencia recogerá de sus frutos. Segundo, la única manera de vendar la herida al agredido es hacer restitución.



"Ojo por ojo y el mundo acabará ciego". Mahatma Gandhi

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES




@RosaliaMorosB

jueves, 6 de junio de 2013

El valor de un hijo


Dedicado a mi amiga Nelly Rudas

Al pensar en los hijos, en mis hijos, recuerdo aquel hermoso poema de nuestro Andrés Eloy Blanco -Los hijos infinitos. Y es que no hay un sentimiento que tenga más carácter de infinidad que el amor que se siente por un hijo. Todas las palabras del poeta recorren nuestra alma, hablan lo que pensamos en nuestro interior, le dan vida a nuestro querer y nos transportan a un sentimiento universal: "cuando se tiene un hijo, se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera".

Definir el valor de un hijo es imposible, no alcanzarían todas las palabras de todas las lenguas de la Tierra para describir la más sublime bendición de nuestras vidas. Un hijo es lo más nuestro, lo más apegado a nuestros corazones y, al mismo tiempo, lo más ajeno. Siempre los llevamos con nosotros aunque ellos vuelen en otro cielo. Son el tesoro que cuidamos con más esmero, no esperamos otra retribución que la felicidad de ellos. Cuando nos convertimos en padres no alcanza el mundo para darles, ni todos los esfuerzos para protegerlos: "cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro y el corazón afuera".

Un hijo nos convierte en hacedores, nos da el privilegio de engranarnos en la obra  inmensurable de la creación. Aunque ignoremos cómo se lleva a cabo la formación de la vida a partir de dos pequeñísimas células, cuando participamos en este proceso estamos dando lo mejor de lo más profundo de nuestro ser, y con ello, estamos replicando no solo características definidas de nuestro físico y el de los abuelos, sino de todo lo intangible que yace en nuestra esencia, en nuestro interior. Un hijo nos llena el corazón, dos nos rebosan la copa. Así como aumenta la dicha, aumenta el dolor que traspasa el alma; no solo por los hijos propios, sino por todos los hijos que nuestras miradas encuentran en el camino, que arropamos con nuestro amor: "y cuando se tienen dos hijos, se tienen todos los hijos de la tierra, los millones de hijos con que las tierras lloran, con que las madres ríen, con que los mundos sueñan".

El que llena su casa de hijos, llena su vida de bien; porque no alcanzan todas las lágrimas que se derramen por un hijo, a la felicidad de verlos crecer. Cuando se tiene un hijo el corazón se acerca más a Dios, se vuelve menos egoísta, se rinde al amor. Sus ojitos se convierten en la inspiración para desafiar al mundo, para traer a la mesa los frutos de la tierra con las manos laboriosas llenas de sudor. Cuando se tienen hijos se llena el regazo de algarabía, de risas y carcajadas; también de dolor, lágrimas y tristeza, pero siempre con esperanza porque los hijos son el milagro de la vida: "cuando se tienen dos hijos se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo, toda la angustia y toda la esperanza, la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega, si el modo de llorar del universo o el modo de alumbrar de las estrellas".

Al sentir en mi interior el valor infinito de un hijo, pienso que no podría haber otra forma más grande de la manifestación del amor de Dios por toda la humanidad que el haber entregado a su hijo Jesucristo. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que el Hijo vino para entregar su vida por nosotros, para que todo aquel que en Él cree no se pierda sino tenga vida eterna. Dios nos dio lo más preciado de su corazón.

¡El valor de un hijo es inmensurable!

El amor de Dios por ti fue expresado en el valor inmensurable del sacrificio de su Hijo en la cruz. ¡Abraza al Hijo y abrazarás la Vida!

Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

@RosaliaMorosB

El poder de la influencia moral



Los seres humanos nacemos en un contexto colectivo, no despertamos a la vida en medio de una isla solitaria como únicos habitantes. Desde los tiempos más remotos para que la convivencia sea posible en medio de esa colectividad, los individuos se han visto en la obligación de ajustar su conducta a un conjunto de normas que son aceptadas y reconocidas como obligatorias. El cumplimiento de estas normas conlleva a lo que conocemos como un comportamiento moral. Sin embargo, al indagar sobre moral en nuestra maravillosa lengua, encontramos que su significado se reporta no solo en el plano de lo jurídico, sino en el del fuero interno; es decir, en la esencia del ser humano.

El ser humano nace con la capacidad de discernir entre el bien y el mal. A pesar de que la conducta es inducida por el tipo de influencia recibida en la familia, la escuela y la sociedad en general, todos los individuos en la esencia de su ser, en ese fuero interno tienen la capacidad de discernir cuando su conducta es enaltecedora de las virtudes humanas en contraposición con las conductas que rompen el equilibrio y la armonía que genera la práctica del bien. La moral es pues, esa fuerza positiva que yace en la esencia intrínseca de la fundación del ser humano y lo diferencia del resto de la creación.

Como todas las cosas que pertenecen a la vida, la moral debe ser cultivada y alimentada a fin de hacerla sólida, de convertirla en un sustento cada vez más inconmovible de nuestra sociedad. Una tarea que corresponde en primer lugar a los padres en cada hogar y, en segundo lugar, con carácter irrevocable, una tarea del Estado. Ahora bien, ¿qué podemos hacer cuando el Estado es presidido por un gobierno cuya conducta consiste en prácticas alejadas de la moral en las que se enaltecen los antivalores con la consecuente deshumanización de nuestra sociedad?

Es un deber de todos en nuestro círculo de influencia desatar el poder de la moral. No debemos permanecer pasivos, no debemos mantener esa perniciosa actitud de indiferencia ya que más temprano que tarde todos somos afectados por la conducta imperante en nuestra sociedad. ¡Todos tenemos un círculo de influencia! El problema con nosotros es que subestimamos nuestra capacidad de influir positivamente en aquellos que nos rodean. Me atrevo a aseverar que tu influencia positiva sumada a la de tu vecino, tu amigo y tu hermano puede llegar a lograr cambios sustanciales. Siempre estamos esperando que los cambios permeen de arriba hacia abajo, es decir, desde el liderazgo hacia la sociedad.

Por supuesto, que ese es el deber ser; sin embargo, cuando en una sociedad el liderazgo está corrupto es el deber de los ciudadanos levantar sus luces en todos los aspectos de la vida de la nación. Porque, cómo podrá resistir un liderazgo corrupto ante la oposición moral declarada y exhibida públicamente de todas las sociedades científicas, de Historia, de Artes, de Ingeniería, de Economía, etc. Ante todas las sociedades de padres y representantes de las diferentes instituciones educativas. Ante todas las universidades, los colegios federados, los diferentes sindicatos de trabajadores y obreros. Ante las diversas empresas que se desenvuelven en la economía del país. Ante todas las ONGs, los líderes religiosos, la familia y todos los grupos de individuos reunidos con un fin moral. Ante la avalancha del bien el mal tiene que quitarse del camino. ¡La luz en las tinieblas resplandece! Debemos desatar el poder contenido en la influencia moral en todos los ámbitos de nuestra nación.
¡Esta es la tarea irrenunciable de todos!

¡Cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas!  
Simón Bolívar.


ROSALÍA MOROS DE BORREGALES | 



@RosaliaMorosB