viernes, 17 de mayo de 2013

Madre mía


Dedicado a mi madre, Rosilda Martín de Moros-Ghersi y con ella
a todas las madres de mi amada Venezuela.

Madre mía, te siento tan hondo dentro de mi alma.
Tu suave rostro dibuja una tenue sonrisa,
tus ojos profundos revelan mi dolor en tu dolor,
se encuentran con los míos en el camino del adiós.
Tantas veces nos hemos despedido, es un sendero ya recorrido.
Pero mi alma y tu alma no se conforman, me vuelvo niña
y tú te vuelves preñada por el amor para llevarme contigo.

¡Madre mía! ¿De dónde tu fuente inagotable?
¿De dónde esa cascada de amor que me bendice la vida?
La amiga incondicional, el abrazo cálido que arropa a la niña,
que sostiene a la mujer que hiciste de mí.
Tu silencio profundo que habla tanta sabiduría.
Tus tiernas palabras que me consuelan el alma herida.
¡No hay mayor refugio que tu vientre, madre mía!

Madre mía, tus alas se extienden para albergarnos a todos en tu pecho.
En tu corazón cabe un hijo, caben dos, cabemos todos los hijos
a los que la Providencia amamantó de tu seno.
Tu luz ha iluminado nuestros caminos,
has sido lámpara en nuestra oscuridad.
El agua de tu manantial ha saciado nuestra sed.
¡En el desierto de la vida tú has sido el oasis del amor!

Madre mía, cuánto te amo, y cuánto me falta por amarte.
En tu amor es el único que puedo volver a ser niña,
crecer hasta la incipiente mujer que se dibuja en la adolescente.
Y de nuevo transformarme en mujer completa, cabal.
¡En tu amor me igualo a ti para convertirme en madre!
Para sentir hasta lo más profundo de mis entrañas el dolor de mis hijos.
Y regocijarme con ellos en todas sus más pequeñas y grandes alegrías.

¡Madre mía, qué bendición tenerte, qué gozo tan grande amarte!
Quisiera remontarme en los cielos y desde allí abrir mis brazos
para bañarte con lluvias de bendiciones la vida.
Quisiera extraer de lo más profundo de la tierra las riquezas de colores brillantes
para adornarte a ti, madre mía, la piedra más preciosa de mi vida.
Quisiera caminar siempre tomada de tu mano,
y cuando te vayas seguir sintiendo el calor de tu presencia.

Madre mía, recibe en este día mi humilde tributo,
Mi veneración y el amor de mi corazón.
El perdón por mis faltas, por mi omisión,
por las heridas que pude haber causado en tu ser.

Quiera Dios que como ungüento estas palabras que nacen hoy
en el rincón más profundo de mi alma,
alegren tu vida y la consuelen de todos los dolores de ser madre.

¡Madre mía, nunca dejes de bendecirme la vida!

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 


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jueves, 2 de mayo de 2013

El miedo en los brazos del amor



El apóstol Juan, en su primera epístola, nos da toda una disertación maravillosa sobre el amor. Entre todas sus palabras, son éstas las que hacen vibrar mi corazón: ” En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” (1 Juan 4:18). Cuando traigo estas palabras a mi mente, cuando las convierto en una oración, siento que mi ser entero experimenta un abrazo de Dios; siento que al venir ante Él todos mis miedos se desvanecen, y en cada lágrima que brota de mis ojos al ser bendecida con su presencia, los temores salen de mi alma como la oscuridad se desvanece cuando la aurora baña con su luz un nuevo día.
Solo el corazón conoce sus propios miedos; las angustias del alma son muchas veces solitarias. Nadie alardea de sus temores, nadie cuenta cómo  la angustia le despierta en medio de la noche; cómo le quita el sueño, le resta las fuerzas y le hace sentir la noche inmensa y el silencio más profundo, que nos hunde en un grito  mudo de desesperación. Nadie nos cuenta su soledad, la tristeza del amanecer que no nos deja levantarnos de la cama sino después de un gran esfuerzo.
El miedo es un ladrón, un usurpador que desplaza las alegrías del alma, las encarcela y con opresión las anula. El miedo va minando nuestro ser, ocupando lugares que un día tuvieron el color de una flor, la salud de un niño carcajeándose en un parque, la serenidad de un abuelo que ha vivido con dignidad y en el ocaso de su vida se siente pleno. El miedo hiere el corazón con una herida que no importa todas las curas que le des, continúa sangrando hasta que la mano de Dios la venda. Él es quien venda  a los quebrantados de corazón y el que da libertad a los cautivos.
Como hijos de Dios, estamos llamados a vivir cada día de nuestras vidas bendecidos por la plenitud de su amor que puede librarnos de todo el mal. Pasamos la vida entera aprendiendo miles de cosas, ejercitándonos en distintas disciplinas, pero no nos ejercitamos en la fe; vamos por la vida como raquíticos espirituales mientras el océano de Dios yace a nuestro lado, pleno de verdades que pueden liberar nuestras almas de la angustia; pleno del amor más sublime y excelso que enaltece nuestro ser convirtiéndonos en verdaderos hijos que pueden sentarse en su regazo, recostar la cabeza sobre su pecho , y luego de un rato, pararnos y continuar el camino con la cabeza erguida y la mirada en alto.
Un nuevo tiempo de gracia está llegando,, un nuevo amanecer trae la luz radiante del sol a nuestras ventanas. El miedo se desvanecerá cuando abras tu corazón al amor de Dios. Levántate y abraza tu fe. Con la confianza de un niño extiende tu mano y deja que tu Padre celestial te lleve por el camino del amor que echa fuera todo temor.
“Hermanos venezolanos, no temaís, tened fuerzas, Dios tiene cosas grandes para su país… de lo malo, Él hará algo bueno”. Papa Francisco.

Rosalía Moros de Borregales





Dios de pactos



Un pacto es un acuerdo entre dos o más personas o entidades que se comprometen a su observancia. Al indagar en el origen bíblico de la palabra encontramos que en las Sagradas Escrituras se traduce la palabra hebrea berit como pacto o alianza, y la palabra griega diazéke como pacto o testamento. El propósito intrínseco de un pacto es generar bien, o en su defecto satisfacer el interés de los aliados. La validez de un pacto se circunscribe a las estipulaciones establecidas por las partes involucradas. Todos de una manera u otra hemos sido parte de un pacto, por lo que sabemos que solo la fidelidad de sus comprometidos constituye la garantía de su cumplimiento. Si uno cumple con todas sus obligaciones, pero el otro desiste del ejercicio de su voluntad, el pacto es quebrantado y su propósito no se cumple.

A lo largo de la Biblia encontramos historias que nos revelan a un Dios que propone pactos, un Dios que al relacionarse con el ser humano promete todo su amor y su poder al cuidado de quienes le honran. El ser humano puede establecer pactos con sus iguales, mas en el orden divino es Dios quien propone el pacto, en ningún caso el hombre le propone pactos a Dios. El Señor hizo pacto con Adán, con Abraham, con Moisés y con Noé, entre otros. En general, los teólogos describen 8 grandes pactos en la Biblia. Algunos fueron personales, solo entre Dios y un hombre, otros involucraron a un hombre con su descendencia, y otros involucraron a una nación. Aunque un pacto sea personal, el bien generado a causa de éste siempre tiene repercusión mucho más allá de los involucrados.

Cuando Dios establece un pacto hay siempre un propósito de bendición. La exigencia de Dios a cambio es la obediencia a sus mandamientos, una vida de integridad y la rendición en adoración a su nombre. Al investigar sobre las vidas de estos hombres con los cuales Dios estableció pactos, podemos ver como a pesar del fracaso de muchos de ellos en mantener el compromiso, una y otra vez Dios les da oportunidades de restitución antes de quebrantar la parte que a El le corresponde. El manifiesta su misericordia dando siempre oportunidad, de tal manera que haya arrepentimiento, enmienda y frutos de justicia. Quizá uno de los pactos más emblemáticos de la Biblia es el pacto de Dios con Noé en el cual Dios juró que nunca más volvería a destruir la tierra con agua dando la señal del arcoíris  como un recordatorio de su fidelidad. Noé cumplió con su parte, por esa razón después de la lluvia podemos ver el cielo azul adornado con el arco de colores.

Es propio del ser humano quebrantar los pactos, darle la espalda a un compromiso adquirido, argumentar con toda clase de razonamientos basados en la mentira que sólo maquilla la verdad de una voluntad resoluta a no cumplir con la parte que le corresponde. Así, vemos hombres y mujeres viviendo soledad porque sus cónyuges los dejaron, escogiendo el camino más fácil y, quizá más placentero para sus egos que mantener el compromiso de estar siempre a su lado. Vemos niños abandonados por sus padres porque éstos irresponsablemente dejaron su compromiso. Vemos naciones envueltas en guerras cruentas porque pactos que un día fueron sellados por la voluntad de dos o más partes terminan siendo violados por intereses propios, egoístas que sólo benefician a unos pocos. La vida está llena de compromisos que adquirimos, es nuestra decisión cumplirlos. Sin embargo, hay un pacto que al venir a ser parte de él nos garantiza el ser guardados en una vida de paz aun en medio de los conflictos que otros pactos rotos ocasionan.

A través del nuevo pacto establecido por Dios Padre a través de su Hijo Jesucristo todos podemos ser insertados como parte de él por el ejercicio de nuestra voluntad. Aunque no es el ser humano quien propone pactos a Dios, el pacto de Jesucristo permanece vigente por siempre, de este pacto pueden ser parte todos los que quieran. El apóstol Juan nos explica en su evangelio que Jesús no vino para condenar al mundo sino para que todos alcancemos la salvación por medio de El. Por supuesto, hay obligaciones que le corresponden al que se acerca, pues siempre en un pacto existen condiciones que se deben cumplir. El evangelio nos dice que a todos lo que reciben a Jesús como su Salvador, a todos los que creen en su nombre El les confiere la potestad de ser hechos hijos de Dios y como hijos también herederos con El de sus riquezas.

Acércate hoy confiadamente al Señor, acepta su bendición por medio de su hijo Jesucristo, recíbelo en tu corazón, comienza a cumplir tu parte y no serás defraudado porque Dios siempre cumple sus pactos.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  EL UNIVERSAL
sábado 27 de abril de 2013  12:00 AM

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sábado, 13 de abril de 2013

La mejor de las estrategias


En todas las tareas del quehacer diario se idean, planifican y ejercen estrategias de acción. Algunas son claramente visibles a los ojos de cualquier observador, otras son secretas, calladas, desapercibidas pero igualmente presentes; detalles humildes, quizá insignificantes a los ojos del común pero tan válidos como los hechos más notarios. Desconocidas estrategias que representan la piedra angular de grandes proyectos, de ideas geniales que han enriquecido al mundo exaltando las más preciosas virtudes. Logros que un día se visualizaron como imposibles. Verdades que se mantuvieron durante siglos en la oscuridad. Estrategias para hacer el bien, estrategias para lograr el mal, todo está fundamentado en esa secuencia de pensamientos y de hechos que se suscitan uno a uno para lograr un propósito.

Una de las estrategias invencibles que nos develan las Sagradas Escrituras en la vida de los grandes hombres de Dios es la oración. Muchos pensarán que es absolutamente ridículo hablar de oración en pleno siglo XXI; sin embargo, cada día las necesidades espirituales del ser humano se hacen más palpables y la búsqueda de lo infinito se acentúa en la vida cotidiana. Una historia del antiguo testamento que nos remonta a unos 3.000 años a. C en la ciudad de Susa, una de las capitales del antiguo reino persa, sobre un varón llamado Nehemías nos muestra una pintura extraordinaria de los logros alcanzados a través de la comunión con el Creador.

Se encontraba Nehemías entre los dispersados de su pueblo Israel, lejos de su patria, trabajando para el rey Artajerjes cuando recibió la terrible noticia de las ruinas en las que se había convertido el muro de Jerusalén, de cómo las puertas de la ciudad habían sido reducidas a cenizas por el fuego. Dolido hasta lo más profundo, hermanado por el sentimiento de patria, cuenta la Biblia que Nehemías lloró y oró delante del Dios de los cielos. En primer lugar, alabó a Dios por sus atributos de grandeza, luego confesó su pecado y el pecado de todo su pueblo, reconoció la corrupción en la que habían caído, lo alejados que estaban de sus mandamientos. Entonces, le pidió a Dios que estuvieran sus oídos atentos a su oración así como a la de todos sus hermanos. Por último, le rogó que le concediera sabiduría y buen éxito para la tarea que estaba a punto de emprender.

La primera respuesta a su oración fue la gracia que Dios le otorgó delante del rey quien proveyó para él de todos los materiales necesarios para la reedificación de los muros de la ciudad, junto con todo un ejército de manos para la realización de la obra. La segunda fue la sabiduría para la reconstrucción, por lo que Nehemías fue a sus hermanos, los organizó y ellos con gran ánimo esforzaron sus manos en la obra. Pero el enemigo se disgustó mucho, oponiéndose por todos los medios, conspirando con todos los adversarios para atacar a Jerusalén, para hacerle daño. La tercera respuesta de Dios vino al revelar las estrategias de mal del enemigo a Nehemías, quien nuevamente oró y vio cómo el poder del Señor desbarató los planes de sus adversarios. Con sus manos trabajaban en la obra, en sus cinturas ceñían sus espadas; unos edificaban mientras otros eran centinelas que guardaban la ciudad.

Mientras el enemigo atemorizándolos arreciaba sus ofensas contra ellos, algunos se desanimaban en el proceso. Pero Nehemías sabía en quién había creído, sabía quién era el sustento de su vida, entonces con amor y autoridad exhortaba a su gente a continuar el trabajo. Y así, los muros de Jerusalén fueron levantados, sus puertas reconstruidas, y su pueblo volvió a vivir con dignidad, porque Dios cambió su espíritu angustiado por manto de alegría. La oración se convirtió en la primera de las estrategias de Nehemías, en la más importante; a partir de ella estableció su plan de acción. Una mano se levantó para el trabajo y la otra para alabar al Dios de los cielos.

Y así como Nehemías, hoy les invito a poner en práctica la mejor de las estrategias, hoy les invito a elevar esta oración:

"Acuérdate de nosotros, Dios mío, perdónanos según la grandeza de tu misericordia, concédenos tu gracia para vivir en paz, tu sabiduría para reconstruir nuestra patria, tu amor para caminar en humildad contigo. Que tu mano sea sobre nosotros para hacernos bien. Amén".

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

lunes, 25 de marzo de 2013

Reflexión en el ocaso



Mi mirada fija en el horizonte, con mi corazón contemplando al poniente; aunque nadie deja correr sus manos sobre las teclas del piano, pareciera que una de sus hermosas melodías danzara con las anaranjadas pinceladas en el lienzo del cielo. Mi alma se siente plena, en una inhalación profunda trato de contener la pureza del ambiente, la grandeza de estos breves instantes, la eternidad de estos segundos...

La vida es el don más preciado del hombre, sin ella nada de lo que conoce le pertenece, fuera de ella todo es un misterio al que solo caminan confiados aquellos que han tenido la revelación del Amado. El miedo nos abraza en los momentos cercanos a la muerte, solo el estar en paz con Dios nos da alas para volar sin temor al encuentro de lo desconocido...

Durante este último año, en la medianía de mi vida, me encontré cara a cara con la muerte. Entonces, descubrí dentro de mi propio ser la grandeza de mi fe cristiana, mis más profundas pasiones, los verdaderos amores de mi vida. No sentí que ella estuviera inconclusa, solo me sentí muy pequeña. Con humildad deseé que pudiera ser recibida más allá del cielo, solo por el puro amor con que me amó; que pudiera ser reconocida entre los míos, solo por el amor con que los amé...

Cada vida debe ser apreciada. Cuando el ser humano respete la vida de sus semejantes como un derecho fundamental e inalienable; cuando entienda que su comienzo y su fin deben ser potestad divina y no humana, solo entonces entenderá que todas las vidas un día fueron valoradas...

Hay unos que viven largas vidas, y hay otros a quienes la prisa del tiempo los alcanza. Lloré desconsoladamente la muerte de la abuela quien contaba con 94 años el día de su partida; también lloré con un dolor muy profundo la despedida de mi sobrina a sus cinco meses. Hay unos que en toda una vida no marcan huellas de bendición, hay otros que en la brevedad de su paso nos dejan el alma impregnada de aromas eternos...

Hay quienes luchan horas incansables contra la enfermedad, quienes vencen y vuelven a vencer en el umbral, y hay aquellos cuyas vidas se rompen como una frágil copa de cristal; pero todas las vidas deben ser valoradas por igual. El sol calienta al que ama tanto como al que odia; y la lluvia que cae riega la tierra de todos por igual. No le concierne al hombre acabar la vida sino darle la mejor existencia posible...

En el camino de la vida se van sembrando semillas, y en el recorrido se van saboreando los frutos. Las leyes del universo son inalterables. Solo Dios sabe y recompensa las intenciones de cada corazón. Pero el hombre de alma mezquina siempre envidia la obra del hombre espléndido y, aunque los dos fueron hechos del polvo y al polvo volverán, la vida de uno trascenderá en la luz y la del otro en las tinieblas...

El perdón debería encontrarnos a todos en algún momento del camino. Todos necesitamos ser perdonados; todos tenemos a alguien, a algunos o a muchos a quien perdonar. Pero la soberbia en el corazón del ser humano se resiste a quitar las piedras que impiden el fluir del amor. No el amor del sentimiento, no el amor de la emoción, sino el amor vestido de compasión, armado con la decisión; el amor que conoce la fragilidad del ser humano, el amor que hace saber al poderoso y al débil la igualdad de condiciones en el ocaso de la vida...

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

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Las tres O del cristiano

http://www.reportecatolicolaico.com/2013/03/las-tres-o-del-cristiano/
Hace pocos días tuve la visita muy placentera de un amigo a quien le debo mucho. Él ha sido una de las personas más influyentes en mi vida, después de papá fue la persona que despertó en mí ese gran amor por las Sagradas Escrituras.  Estar un rato a su lado es conocer cada vez un poco más de lo que Dios quiere para nosotros. Es sentir como ese libro pesado, extraño, a veces inentendible que conocemos como la Biblia se convierte en luz y sabiduría para nuestras vidas. La lección que esta vez me dio este amigo del alma se resume en el título de este artículo que hoy deseo compartir con ustedes.
Se refiere a tres acciones que debe tomar el cristiano para crecer en el conocimiento de Dios. Son tres verbos que a lo largo de la Palabra tuvieron especial importancia en la vida de aquellos que llegaron a tener una verdadera relación de amistad con el Creador. Se trata de las tres O del cristiano: O de Orar, O de Oír y O de Obedecer. Sin duda, una regla mnemotécnica que bien pudiera convertirse en los pasos a seguir en cada circunstancia en la que esperamos actuar bajo la guía de la mano de Dios.
En primer lugar, la O de orar nos señala que no hay comunión con Dios si no transitamos el camino de la oración. Todos los grandes personajes cuyas vidas han sido descritas en la Biblia fueron hombres y mujeres de oración. La expresión de sus corazones al Señor se convirtió en algunos casos en cánticos de alabanza y en otros en un clamor del alma, pero en todos los casos, fue una expresión de la dependencia del ser humano de su Hacedor.
Acercamos a Dios a través de la oración es una demostración de nuestra humildad, es el reconocimiento de nuestra insuficiencia, al mismo tiempo que de Su suficiencia. El solo hecho de dirigirnos a Él con una oración aprendida, o con la expresión espontánea de nuestro corazón es invitarlo a involucrarse en nuestras vidas, es aceptar su plan para nosotros. La oración debe convertirse en una disciplina espiritual diaria en la vida de cada creyente. Lamentablemente muchos de los que nos llamamos cristianos solo oramos cuando nos encontramos en circunstancias adversas. En algunas ocasiones he dicho que si los cristianos oráramos con la constancia y el fervor de los musulmanes el mundo sería diferente.
En segundo lugar, tenemos la O de Oír, lo que nos lleva a la sencilla regla que nos enseñaron desde niños sobre la norma del buen oyente. Una vez que hemos hablado con Dios debemos esperar su respuesta, debemos poner nuestro oído atento a su voz; la respuesta de Dios puede venir a nosotros de las más variadas maneras. ¡Él es el Creador del Universo! Él siempre encuentra una manera particular de contestarnos, solo que muchas veces actuamos con Dios como lo hacemos con nuestros semejantes a quienes les hablamos y hablamos, pero no escuchamos. Por esa razón, debemos afinar el oído de nuestro corazón; me refiero a la manera como podemos percibirlo. Algunas veces su voz es fuerte, como lo describe el salmista David, como el estruendo de las muchas aguas; en otras ocasiones su voz es suave y apacible como el silbido a través del cual le habló al profeta Elías.
Y por último, pero no menos importante, la tercera O nos indica la Obediencia. Extraviamos nuestro camino sencillamente porque nuestra naturaleza es ser testarudos, porque tendemos constantemente a hacer las cosas como queremos y no como debemos. Somos indulgentes con nosotros mismos en muchas formas y de maneras en las que no lo aceptaríamos de otros. En el obedecer se encuentra el secreto de una vida plena en el camino de Dios. Muchas veces, aun sabiendo exactamente lo que Dios demanda de nosotros decidimos hacer nuestra voluntad y, de esta manera, nos alejamos de las bendiciones que Él tiene diseñadas para cada uno.
Orar, oír y obedecer, sin duda, fundamentos de una vida de comunión con Dios.

Rosalía Moros de Borregales

El verdadero Cristo de los pobres



La muerte sigue siendo un misterio para el ser humano, todos sabemos que cierra el ciclo de nuestra vida terrenal, sabemos que algún día aquellos que amamos morirán y que nosotros también; sin embargo, la muerte no deja de ocasionar conmoción cuando se aparece en nuestro camino. Más allá, cuando nos enteramos de la muerte de otros que no nos fueron cercanos, de alguna manera desconocida se produce en nosotros un sentimiento de compasión. Habría que tener el corazón lleno de un odio muy grande y sin temor de Dios para alegrarse por la muerte de otro. Aquel que ha entendido la transitoriedad de la vida, sus misterios, su igualdad de condiciones para todos y, la justicia divina no se contentará con la desgracia de otros.

Uno de los misterios que encierra la muerte es que de alguna manera pareciera borrar los errores y desaciertos, pareciera que el dolor por la pérdida enalteciera de tal manera al que se ha ido, que los que se quedan olvidan fácilmente lo malo e injusto. Es lo que ha pasado con la muerte del presidente Hugo Chávez, sus seguidores se han concentrado en sus bondades enalteciéndolo de tal manera que ha llegado a ser ofensivo para aquellos que profesamos la fe cristiana, ya que en su afán por darle un lugar de relevancia en la nación, no han dejado que sea la historia la que cumpla su labor sino que de una manera absolutamente exagerada han tratado de elevar la imagen del presidente hasta llegar a llamarlo "el Cristo de los pobres".

Jesús de Nazaret, el verdadero Cristo, el que murió en la cruz del Calvario hace más de dos mil años dividió la historia, no se propuso o impuso que la historia se narrara en los acontecimientos ocurridos antes y después de Él, la historia misma lo estableció así. Jesús de Nazaret, el verdadero Cristo, es la piedra angular de la cristiandad extendida por toda la faz de la Tierra, su legado ha trascendido siglos de historia y hoy está más vivo que nunca. A diferencia de cualquier otro ser humano al que se le pretenda llamar Cristo, Jesús de Nazaret resucitó de la muerte demostrando que era verdaderamente Dios. No vino al mundo para condenar al hombre, no hizo acepción de personas. Su mensaje fue dirigido a su pueblo judío primeramente, luego a todos, pobres y ricos, cobradores de impuestos, pescadores, enfermos y pecadores de toda clase, oficiales romanos, sacerdotes, hombres, mujeres y niños de todas las clases sociales,  de todas las nacionalidades, de todos los oficios y profesiones.

Jesús de Nazaret, el verdadero Cristo, vino para ser la luz del mundo, para darnos vida que trasciende la vida humana. No solo vino a bendecir en el plano terrenal para proveer el sustento a los pobres. También vino para bendecir el corazón, como lo demuestra ese pasaje del evangelio según San Juan en el que Jesús sana a un joven ciego de nacimiento, y luego se le presenta como el Cristo, el Salvador. El encuentro de este muchacho ciego con Cristo se transformó en sanidad para su cuerpo así como en la salvación eterna de su alma. Él le abrió los ojos del cuerpo así como los ojos del corazón. Porque con Cristo todo se trata siempre del corazón, lo primero y más importante en la vida del ser humano. Las bendiciones materiales son una consecuencia del encuentro con el verdadero Cristo, como lo expresó al final del Sermón del Monte instándoles a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia para que todas las demás cosas, esas de las que previamente les había hablado, el alimento, el vestido, el techo vengan por añadidura, es decir, como consecuencia directa.

Lamentablemente Jesús dijo que a los pobres siempre los tendremos entre nosotros, porque El sabe que vivimos en un mundo injusto que genera pobreza; sin embargo, fue a los pobres en espíritu a los que Él proclamó como bienaventurados porque de ellos es el reino de Dios. Esos pobres son aquellos hombres y mujeres capaces de reconocer sus limitaciones; son todos aquellos que han entendido que separados de Dios nada pueden hacer; aquellos que saben con humildad que solo Dios es suficiente porque con Él todo es posible y sin Él nada tiene sentido. Esos pobres en espíritu son los que han reconocido en Cristo al que sana todas sus dolencias, al que perdona todos sus pecados, al que rescata del hoyo sus vidas y el único que los corona de favores y misericordias.

¡Ese es Jesús de Nazaret, el Cristo de los pobres! ¡Esos son los pobres de Cristo!

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miércoles, 27 de febrero de 2013

El camino de la dignidad |


Al intentar hacer un análisis sobre la dignidad humana podríamos considerar que estamos caminando dentro del ámbito filosófico, y quizá, para algunos, ser considerados como imprácticos. El problema que surge al dejar de lado estos análisis es que mientras más se ignora un tema, más propensos somos a cometer errores inherentes a él, pues en la ignorancia subyace la raíz de muchos males de la humanidad. De tal manera, que hacemos el intento considerando este tema de fundamental importancia en la vida de nuestra sociedad.

Al hablar de dignidad son muchas las palabras que surgen en la búsqueda de un concepto que abarque con excelencia toda la extensión que en la práctica esta palabra significa. El diccionario de la Real Academia de la lengua española nos habla de la cualidad de digno, es decir, de ser merecedor. Ahora bien, cuando vamos a la palabra latina "dignitas", de la raíz "dignus", encontramos que significa grandeza y excelencia de carácter. En la antigua Roma se denominaba como dignitas la reputación, el honor, el buen nombre de una persona determinado por su comportamiento moral y ético. La dignitas era todo el haber con el que se contaba para ejercer un cargo político o de relevancia en la sociedad; origen éste de la palabra dignatario.

Así, al definir la dignidad resaltan las palabras merecedor, excelencia, reputación, estima y grandeza. No obstante, en el concepto más ampliado usado actualmente al referirnos a la dignidad humana, ésta se entiende no solo como el fruto de las cualidades particulares de la persona, sino en un sentido más estricto y profundo, como un derecho de la naturaleza racional y espiritual del hombre. Ni el color de la piel, ni la clase social, ni la condición de enfermedad, ni la inmadurez física o emocional, ni el desarrollo de las propias capacidades, ni las creencias religiosas, ni tampoco la afiliación política pueden cambiar la dignidad esencial de todo ser humano y de losderechos que son consecuencia de esta dignidad.

Entonces, al profundizar en la dignidad humana surge de manera inmediata el tema de los derechos humanos inalienables. El primer derecho fundamental del ser humano es el derecho a la vida, de allí que cualquiera que posee vida, debería ser tratado dignamente. La dignidad no se trata solo de aquellas personas que al ser victimas parecieran haberla perdido. La dignidad es el diseño de una vida mucho más elevada que viene dado por la verdad irrefutable, para nosotros los cristianos, de que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Es esa naturaleza espiritual que lo diferencia del resto de la creación lo que le confiere el ser digno de una vida plena de bien. Por esa razón, no se puede pretender dignificar a unos mientras se humilla ladignidad de otros.

La dignidad es el corazón de la estabilidad en cualquier nación. De allí, que aquellas naciones en las que la dignidad del ser humano es violada, transgredida e irrespetada son sociedades inestables, donde reina la violencia, la anarquía y el caos. Sin embargo, aunque el gobierno de una nación, sus instituciones o cualquier grupo de poder pueda humillar a los ciudadanos, maltratarlos, vejarlos, insultarlos, y hasta torturarlos, jamás podrán destruir su dignidad; pues es un valor inherente a la vida y mientras halla aliento de vida cada ser humano tendrá el pleno derecho de exigir ser tratado con bien.

La dignidad le permite al ser humano caminar con la cabeza erguida, exigiendo sus derechos por más oposición que exista. No podemos dejar de luchar, no podemos permitirnos ser arropados por el miedo o, peor aún, por la pasividad. No podemos conformarnos a perder nuestra dignidad. El camino para preservarla, engrandecerla y promoverla requiere valentía. Como dijo Juan Pablo II: "lo que se necesita es la audacia de decir la verdad claramente, sencillamente y con valentía, pero nunca con odio o falta de respeto hacia las personas. Debemos estar firmemente convencidos de que la verdad libera a la gente. Lo que constituye la primera fuente de libertad y justicia no es nuestra persuasiva argumentación o la elocuencia personal, por útiles que puedan ser, sino la verdad misma".

"...Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres..." Juan 8:32

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES

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miércoles, 20 de febrero de 2013

La Perseverancia



Sentada plácidamente cerca de la ventana observo la majestuosa montaña que se erige frente a mí. No puedo dejar de admirarla, la he amado desde que era una niña, siempre la busco desde cualquier lugar de la ciudad donde me encuentre, mis ojos siempre la miran y no puedo dejar de maravillarme ante su grandeza.
Pero hoy, al contemplarla, mis pensamientos van más allá de su belleza. Pienso que siempre está allí, y me parece que siempre estará, que por lo menos no se desvanecerá tan fácilmente como muchas cosas en nuestro mundo actual. 

Entonces, mis pensamientos se agolpan en mi mente y vuelan más rápido de lo que mi mano puede escribir; tratando de capturarlos como el que persigue a un ave, hago mi mayor esfuerzo para expresar lo que siente mi alma en este momento. Sin embargo, mi esfuerzo no es suficiente, no tengo alas y mis pensamientos vuelan incansablemente. Solo me queda la esencia de ellos que me dicen que así como la montaña, así deben ser nuestras vidas: constantes, sólidas, firmes, inconmovibles.
Al rato, mi hijo mayor se acerca para compartir conmigo su nuevo logro en la guitarra. Primero me explica y luego deja mover sus manos suavemente sobre las cuerdas. Escucho una bella melodía, y pienso nuevamente. ¿Cómo no ha de escucharse bella si él la ha practicado día tras día? ¡Me lleno de regocijo! En mi corazón estoy segura de que él ya sabe uno de los secretos de una vida plena. Él, mi hijo, sabe que algo que se anhela no llega por solo desearlo, sino que necesita trabajarlo. Y cuando lo ha alcanzado, después de haberlo intentado muchas veces, entonces en su cara brota esa expresión de alegría profunda, que es serena, que llena, pero que no hace bulla sino que habla en silencio. 

Converso con él, compartimos una galleta de canela que a los dos nos encanta. Disfruto el momento, lo respiro, lo vivo intensamente, casi quisiera prolongarlo, no dejarlo extinguirse…
Entonces, pienso nuevamente en la montaña, que siempre está allí, que siempre mis ojos la ven. También, esta vez, pienso en todas las cosas que no puedo ver, que no puedo palpar con mis sentidos, pero que indescriptiblemente también están siempre allí o aquí, y que son más reales que la majestuosa montaña que mis ojos físicos pueden ver. 

Respiro profundamente, como para sentir más intensamente este hermoso momento. Entonces le pregunto: ¿Qué es para ti la perseverancia? Sus manos dejan de tocar las cuerdas por un momento, su mirada es profunda y su voz pausada: -No desistir de algo.
Su respuesta me impresiona, es segura y concisa. Sus manos vuelven instantáneamente a las cuerdas. Por unos segundos guardo silencio digiriendo sus palabras: -No desistir… Como para probarlo, mi mirada lo busca, nuestros ojos se encuentran y seguidamente le pregunto: ¿Qué es para ti, “no desistir de algo”? Su respuesta no se hace esperar, viene rápidamente, sin vacilar: -Ser fiel. Terminamos la galleta, y con la premura de la adolescencia toma la guitarra, se levanta y me dice: Chao Mami, gracias. 

He vivido un gran momento con mi hijo, por ese momento vale la pena todo el día, toda la vida.
Al instante, mi corazón piensa en lo que quiero compartir con ustedes, en lo que he estado pensando, en la montaña, en la vida, en Aquél que siempre está allí, en las cosas que se ven, y en las que no se ven, pero se sienten y son tan tangibles como lo material. Entonces, me pregunto a mi misma: ¿Cuál era mi tema de hoy? Sí, era la perseverancia, pero ya todos mis argumentos han sido resumidos en las respuestas de este joven. ¿Recuerdan sus respuestas?
NO DESISTIR, SER FIEL.
Rosalia Moros De Borregales.
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martes, 19 de febrero de 2013

Estar a tu lado



Pienso que hay una fuerza poderosa en las relaciones humanas, es una fuerza capaz de sanar, liberar, renovar y engrandecer. Es todo un potencial que puede ser la mejor medicina para el alma; por supuesto, como todo en la vida, esta fuerza puede llegar a ser también negativa. Depende de la fuente que escojamos como provisión para llenar nuestros corazones; depende de las decisiones que tomemos en el camino; de la visión que tengamos del futuro; depende del justo valor que tengamos de nosotros mismos y de aquellas personas y razones a las que le damos importancia cada día.

No hay mayor consuelo en momentos de angustia que el abrazo cálido de un ser amado. No hay nada que nos enternezca más que la sonrisa dulce de tres dientecitos incipientes. Es esperanzador encontrarse con un par de viejitos tomados de la mano. Es un bálsamo para el corazón cansado sentarse en un parque, contemplar a los niños jugando, escuchar sus risas y al instante sentir que también nosotros nos estamos carcajeando. Amanecer tristes, buscando fuerzas para seguir adelante y encontrarlas al ser sorprendidos por el mensaje alentador de un amigo no tiene precio. Llegar cansados a la casa después de un largo día de trabajo para ser recibidos por la algarabía de nuestro cónyuge y de nuestros hijos puede convertirse en la sinfonía más sublime para nuestros oídos.

Vivimos rodeados de palabras, llenos de dichos, pero las palabras de nuestra madre cuando atravesamos la primera gran prueba de nuestra vida jamás se nos olvidarán: "Tu dolor es mi dolor, tu alegría es mi alegría". Me llena de inspiración cada vez que escucho a mis hijos decir: -Bendición mami-,  los bendigo con las palabras de siempre, pero calladamente, dentro de mi ser, surgen infinitas bendiciones como un manantial que brota a borbotones para llenarles la vida de bien. Mirar al pasado buscando momentos para vernos claramente haciendo tareas, con papá sentado a nuestro lado, explicándonos la materia, es un recuerdo de su compañía activa, del estar allí.

Todo se trata de alguien que nos bendice con su presencia en nuestras vidas. Alguien que nos regala un gesto, una sonrisa, un abrazo, un beso, un regaño, una palabra de admiración. Se trata de estar al lado de quienes amamos, de quienes nos necesitan, de quienes son nuestra responsabilidad. Se trata de nuestra presencia activa en la vida de otros, de la presencia de ellos en nuestras vidas. Se trata de estar al lado, de hacer el camino juntos, de saber que estás allí. De sentir que mi silencio puede hablarte tanto como la más profunda de nuestras conversaciones. De saber que mi mirada puede ser el abrigo de tu alma; que tu alma puede ser el refugio de la mía.

De eso se trata la amistad, el ser cónyuges, de eso se trata el ser padres e hijos, el ser familia, el tener a alguien a quien amar. Y lo más hermoso que he encontrado en la vida es que también de eso se trata la relación que Dios desea entablar con cada ser humano. Una y otra vez podemos encontrar en las Sagradas Escrituras que Dios nos manifiesta que su presencia estará siempre a nuestro lado; que Él no nos abandonará en tiempos de crisis; que su mano será sobre nosotros. De la manera que Cristo, al despedirse de sus discípulos les consuela prometiéndoles la presencia del Espíritu Santo para estar allí al lado de ellos guiándoles a toda verdad en sus vidas. Y de la misma forma, en la que Él se entristece al ver que ellos no pudieron acompañarle, no estuvieron a su lado en la hora de su angustia antes de ser llevado a la cruz.

De eso se trata siempre el amor, de estar allí, de estar a tu lado...

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  

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