jueves, 27 de junio de 2013

La génesis de la violencia



Desde los más antiguos hallazgos reportados por los arqueólogos en su búsqueda incansable por registrar la historia de la humanidad, se ha encontrado que la violencia ha sido un factor predominante en la vida sobre el planeta. Los seres humanos de todas las épocas han teñido la tierra con la sangre de sus iguales. En las primeras páginas de la Biblia, se relata el asesinato de Abel por parte de Caín, su hermano. Una historia que nos muestra cómo el resentimiento se convierte en rabia y, como la rabia conduce a la violencia. "_ El mal yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo_", le dice Dios a Caín cuando lo ve enojado. Pero Caín dejó que el mal tomara su corazón, no dominó al mal sino fue dominado por él.


Dios advierte a Caín que el mal está acechando constantemente, está a la puerta queriendo poseer su vida, dirigir acciones. Miles de años más tarde, en el Nuevo Testamento, Jesús les habla de lo que realmente contamina al hombre, les dice que sale de su propio corazón: "porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona" (Marcos 7:22-23). Cuando analizamos al ser humano a la luz de Dios todo se trata siempre del corazón, de lo que en él nace, crece y termina dominando nuestro proceder. Entonces, la violencia está tan cerca de nosotros como está nuestro propio corazón.



Porque el corazón del ser humano es como la tierra en la que crecen las semillas que en ella son plantadas. Y ¿cuáles son las semillas que abundan actualmente en nuestra sociedad? Cada día somos bombardeados por toda clase de información en la que la violencia en todas sus facetas se manifiesta haciendo mella en el corazón, ocupando un espacio vital. Cada día se promueven más los antivalores que los valores. Se van introduciendo formas de comunicarnos que lejos de exaltar alguna virtud en el otro, exaltan la ofensa. Desde los más altos niveles del liderazgo en el Gobierno, pasando por el padre de familia, hasta el maestro en el aula de clase, hacen uso de la violencia en el trato; desde palabras descalificadoras, actitudes de indiferencia e ignorancia hacia los derechos humanos de los semejantes, hasta el lenguaje escatológico son usados cada vez con más insistencia en la cotidianidad.



Todo radica en lo que dejamos guardado en nuestro corazón, por esa razón el sabio proverbio de Salomón: "por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida". No podemos pretender Vida en un ambiente en el que se pondera la maldad. Es necesario que atentamente introduzcamos cambios sustanciales en la forma de relacionarnos con nuestros semejantes, de otra manera la violencia continuará en ascenso. Tendremos cada vez más individuos que se sienten ofendidos por un ambiente hostil en la nación, en el cual las cosas más sencillas y naturales de la vida se han convertido en una espiral de esfuerzos frustrados. Frustración que conlleva a la rabia, y luego de ser anidada en el corazón es capaz de generar toda clase de violencia.



En la misma noche de su arresto, cuando soldados romanos acompañados de algunos judíos vinieron a Jesús, su discípulo Pedro desenvainó su espada para defender a Jesús de sus agresores y le cortó la oreja a uno. Inmediatamente Jesús le habló a Pedro diciéndole: "pon de nuevo tu espada en su vaina, porque todo aquel que tome la espada a espada morirá". Luego puso su mano sobre la oreja de aquel hombre y al instante fue sanado. Una vez más Jesús establece no uno, sino dos principios para la sana convivencia: Primero, el que siembra la violencia recogerá de sus frutos. Segundo, la única manera de vendar la herida al agredido es hacer restitución.



"Ojo por ojo y el mundo acabará ciego". Mahatma Gandhi

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES




@RosaliaMorosB

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