lunes, 23 de enero de 2012

Una oración que cambió un destino


Una oración que cambió un destino

En el mundo actual de grandes avances tecnológicos, de crisis financieras, de evolución social, del mejoramiento profesional y la superación personal en búsqueda del éxito, el hablar de la oración y su inmenso poder para cambiar nuestros destinos no es un tema que ocupe los primeros titulares de la prensa, ni por el cual entrevisten a mucha gente en los diversos programas de televisión. En nuestro mundo actual son muy pocos los que piensan que Dios puede cambiar sus destinos y ayudarles a transformar las situaciones que enfrentan. Sin embargo, son muchos los que pueden dar testimonio de cómo sus destinos han sido cambiados bajo la bendición de la mano de Dios. 

En la Biblia, enclavada en medio de una larga lista genealógica, encontramos una oración que ha inspirado a muchos, tanto judíos como cristianos, a lo largo de la historia. Esta es la oración de un hombre llamado Jabés, cuya única descripción expresada en las escrituras, es que era un hombre "ilustre", literalmente, "que era más ilustre que sus hermanos". Además, nos revelan unos pocos versículos que Jabés fue llamado con este nombre, cuyo significado es "pena o dolor", porque su madre lo dio a luz con mucho dolor. Entonces, un buen día Jabés decidió que no quería vivir bajo el significado de su nombre sino que quería estar bajo la bendición de Dios y oró de esta manera: "Oh Dios, dame tu bendición. Ensancha mi territorio. Que tu mano sea sobre mí, y me libres del mal, para que no me haga daño". I Crónicas 4:9-10. Pero, en mi opinión, lo más extraordinario en esta historia son las palabras a continuación de la oración de Jabés: "Y Dios le otorgó lo que pidió". 

¿Cuál es exactamente el poder de la oración de Jabés? ¿Cuál fue su secreto al comunicarse con Dios para que la Biblia lo resuma todo diciendo: "Y Dios le otorgó lo que pidió"? Una oración es una expresión de nuestra dependencia de Dios. Es una expresión del reconocimiento de nuestras limitaciones y, al mismo tiempo, una expresión del reconocimiento del poder infinito de Dios. Cuando Jabés oró, esa sencilla y corta oración, estaba expresando su deseo de estar bajo la mano de Dios. El anhelaba ser bendecido de acuerdo a los términos de Dios. El honró a Dios con su fe y Dios se agradó de él y lo bendijo. 

El destino de Jabés estaba predeterminado por el significado de su nombre. Su nombre le recordaría todos los días de su vida a su madre del dolor que le había causado su nacimiento. Pero Jabés no se conformó con vivir una vida de pena; él trascendió las barreras de su vida reconociendo que por encima de todo, si la bendición de Dios estaba sobre él, su destino sería diferente. El entendió que Dios es suficientemente grande para cambiar las circunstancias, Entendió que lo que manos humanas no pueden cambiar, la mano de Dios puede transformar totalmente. Y con esta corta oración llegó al corazón de Dios. 

Quizá tú estés enfrentando alguna situación difícil en tu vida. Quizá estés pasando por la ruptura de un matrimonio, por la angustia de una enfermedad, por la lucha desgastada con alguna adicción. Quizá estés en medio de un revés financiero, o la soledad sea tu compañera más cercana. Quizá no puedas comunicarte con los seres que más ama tu corazón. O quizá todo esté "bien" en tu vida, pero anheles algo más allá de tu rutina diaria. Quizá quieras poder desarrollar tu potencial como ser humano más allá de la conformidad de tus límites impuestos. Cualquiera que sea tu situación, con plena certeza y en humildad de corazón, te digo hoy que una oración de fe puede transformar tu vida y determinar un destino lleno de paz, de amor y de prosperidad para ti. 

Muchas veces entregamos nuestras vidas a algo que no significa nada mientras ignoramos lo que significa todo.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES | 

rosymoros@gmail.com  
 
@Rosalía MorosB 

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