viernes, 12 de agosto de 2011

Presidente, no hay integridad en un cambio sin arrepentimiento




En la vida de todo ser humano suceden acontecimientos inesperados que no son controlados ni determinados por el deseo de su voluntad. Pero, la  respuesta a cada uno de estos acontecimientos si le compete a la voluntad de cada individuo. La puerta del cambio del corazón del hombre es una de esas pocas que solo tienen llave por el lado interno. Otros pueden tratar de persuadirnos de muchas maneras y a través de diferentes mensajes, pero al final la decisión de hacer un cambio en el rumbo de nuestras vidas es absolutamente individual.
Sin embargo, como no vivimos solos sino en comunidad, las decisiones que tomamos trascienden las barreras de nuestra individualidad y afectan de una u otra forma a quienes están a nuestro alrededor. Hemos observado que ante la experiencia de este acontecimiento inesperado de su enfermedad, Ud. ha decidido cambiar el lema repetido hasta la saciedad por su persona y sus seguidores: “Patria socialista o muerte”. Finalmente, fue su decisión, a pesar de que en varias oportunidades y a través de diferentes personas se hicieron análisis éticos de las consecuencias fatales de dicho lema, instándole  a modificarlo.
Personalmente, me alegro de que no se escuche más este lema en Venezuela. Ahora bien, Ud. ha proclamado un nuevo lema y otra vez, al igual que cuando decidió éste, ha tomado su decisión sin explicarle a la nación su significado. Aún a los niños más pequeños los padres deben explicarles las decisiones que toman y las consecuencias de éstas. Como Presidente de esta nación, cuyas decisiones afectan la vida nacional, es necesario que Ud. ofrezca al pueblo venezolano, no solo una explicación sobre el significado de esta nueva idea rectora, sino también perdón por haber proclamado durante tanto tiempo palabras llenas de odio, que como flechas lanzadas han volado por los cielos hiriendo a nuestra patria.
El concepto cristiano de arrepentimiento conlleva no solo el sentir pesar por los actos cometidos, por la maquinación guardada, o por la palabra hablada, sino la actitud restauradora y compensadora hacia aquellos que han sufrido las consecuencias del mal que se ha ocasionado. No basta con cambiar un lema, es necesario cambiar de actitud; y la actitud de un corazón no se puede maquillar con palabras bonitas, porque la fuerza del alma impregna con su sello todo lo que hacemos. Las palabras manifiestan el color con el que está teñida el alma.
Cuando cambiamos de actitud en el centro de nuestro propio ser interior, entonces ese cambio se manifiesta en todo lo que somos; entonces imprimimos a nuestras palabras la luz que ha iluminado nuestras almas. Rectificar es de valientes. Pedir perdón es un ejercicio del alma noble

“El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia. Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios, pero el que endurece su corazón 
caerá en el mal”. Proverbios 28:13-14.

Rosalía Moros de Borregales


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