sábado, 23 de octubre de 2010

MOMENTOS

Hay momentos en la vida que capturan en los instantes en que transcurren, los tesoros más preciados de nuestra alma. Son esos momentos los que marcan huellas que ni el paso del tiempo, ni el correr en los afanes de cada día pueden llevarse consigo; permanecen en lo más íntimo de nuestro ser, así como una fotografía, con el color, el gesto y la emoción de ese instante.
Llevo días pensando y repensando, viviendo nuevamente, saboreando  y respirando, con inhalaciones profundas, el momento que viví con mis hijos el 31 de diciembre del año pasado… Como quisiera tener la pluma sublime del poeta para describirlo con todo el esplendor de su belleza…
            …Estábamos en la cocina aderezando los sabores de la cena del fin de año; todos llenos de reflexiones y recuerdos, de nuevos propósitos para el año venidero…
Andrés, escuchando música y cantando canciones que bien pudo haber cantado su papá a su misma edad, y hasta sus abuelos en sus días de juventud. Inspirado, mostrando la pasión propia de su alma que cuando se abre es como el que abre un tesoro extraído de la profundidad de los océanos.
            Leonardo Daniel, siempre amoroso, siempre mostrándome admiración; tomándonos  fotos, capturando momentos… Disfrutando de la personalidad de su hermano, por quien su alma se derrite como chocolate al fuego, con inmensa dulzura.
            Mientras tanto, el papá y el abuelo se están acicalando, y al escuchar la algarabía  anuncian que pronto estarán allí acompañándonos. Papá también siente, lo que siente mi corazón, lo que se respira en el aire…
La abuela, pensando, meditando en esos momentos vívidos años atrás con sus hijos; ayudando, queriendo ser útil, queriendo poner también su sello en el sabor de la comida.
Yo, cortando aquí, rayando allá, revolviendo con cucharas manjares que a fuego lento van cocinando su esencia. Pensando en lo dichosa que me siento en ese instante…
De repente, estamos los tres, hijos y madre, alrededor de la mesa; ellos inquieren, preguntan la receta, ofrecen ayuda, se involucran y mientras comparten cantan. Me sacan a bailar, damos algunas vueltas, nos abrazamos y besamos… Entonces, mis ojos se encuentran con sus miradas…Los tres estamos felices, los tres sabemos que lo que estamos viviendo no se compra con ningún dinero… y les digo que no cambiaría este momento por nada en el mundo… Las lágrimas corren por mis mejillas, me besan y me abrazan…
La abuela también llora en su recuerdo, y sus palabras nostálgicas nos dicen que ella también lo vivió y que hoy lo extraña. Los nietos le brindan el consuelo, la besan y le alegran el alma… Mientras tanto, profundamente agradecida, entiendo que he vivido un momento indescriptible, una joya que permanecerá guardada en mi alma por siempre!!! 
Rosalía Moros de Borregales.
                     

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