viernes, 4 de diciembre de 2015

MI VENEZUELA QUERIDA TE LLEVO EN EL ALMA

Dedicado a Leonardo Daniel y Andrés Eduardo, dos hijos de esta patria.

A veces el corazón se siente herido, a veces aunque el sol resplandezca la noche sigue arropándonos, a veces las palabras más alentadoras no nos provocan una sonrisa, a veces irremediablemente nos llora el alma.  A veces, aun al contemplar la inmensidad del cielo y el infinito del océano solo encontramos tristeza; nos pasa como la poesía de Andrés Eloy: -la ola tiene un dolor de aguas verdes... O como la de Pablo Neruda que al sentir tan agudo el dolor exclamó: -Puedo escribir los versos más tristes esta noche... Estos maravillosos poetas le escribieron a un amor con cuerpo de mujer, hoy al plasmar mi pensamiento, le escribo al amor con cuerpo de patria.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Tu pedacito de tierra lleno de inmensas riquezas, tus tesoros guardados en la profundidad de tus entrañas. Tus riquezas negras y tus riquezas doradas, como tus mujeres negras, como tus mujeres blancas; que llenan tu suelo de muchachitos traviesos, que comen arepitas con mantequilla que les chorrea la barbilla, que toman papelón con limón para apaciguar el calorón, que vuelan papagayos y en los cielos se remontan como el que anda a caballo, y que son tan tecnológicos como biológicos.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Tus inmensas sabanas cabalgadas con la cara erguida al viento, sobre el potro de los sueños de la juventud que albergas en tu seno; juventud que de ti quiere ser amamantada y en tus brazos acogida por la nobleza que otrora en ti resplandecía y que hoy el alma añora con lágrimas en los ojos en medio de los despojos.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!
Tus hombres fuertes que en tu suelo han luchado para darte un destino tan grande como tus cielos, tan profundo como tus mares, tan alto como tus picos, tan caudaloso como tus ríos, tan manso como tus esteros que dan de beber a las coloridas aves que cantan y surcan en tus cielos.

Tus hombres fuertes con dignidad en el alma, tus hombres de manos laboriosas, de pensamientos brillantes, de corazones valientes que rescatan tu vida en las manos del enemigo perdida.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Hoy tus madres lloran a sus hijos perdidos en la muerte prematura que ensañada contra ellos de tus brazos los ha robado; hoy tus niños anhelan la caimanera entre amigos que de todas las pieles se viste y que levanta un arcoiris del suelo polvoriento; hoy tus jóvenes expatriados, navegando otros mares o bregando un espacio en su propio océano claman por la justicia y se hermanan con la bondad para devolver a tu rostro entristecido la felicidad.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Hoy renace la esperanza, hoy en Dios ponemos nuestra confianza, hoy el miedo se desvanece y de él no más presas serán nuestras almas. Hoy como un manantial de aguas frescas abrevarás los lomos cansados; como primavera reverdecerán tus pastos y de coloridas flores adornarás la nueva alegría que renace en los que te aman, patria mía.

rosymoros@gmail.com

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@RosaliaMorosB

jueves, 26 de noviembre de 2015

GRACIAS

Amado Señor: En este día elevamos nuestras manos y nuestros corazones a ti, el Rey de los siglos, el Alto y Sublime, el Consejero. Nuestro príncipe de paz, nuestro Redentor y nuestro Señor. Delante de ti derramamos nuestros corazones en acción de gracias. Presentamos delante de ti nuestros cuerpos como un sacrificio vivo, santo y agradable a ti.
Gracias por el Cordero precioso de Jesús, porque él fue molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre él y por sus llagas fuimos sanados.
Gracias por la vida que nos diste, por la Luz de la Vida que iluminó nuestras sendas. Gracias por habernos trasladado del dominio de las tinieblas al reino de tu amado Hijo.
Gracias por nuestros Padres que nos dieron la vida y nos mostraron el camino a ti; gracias por los hijos amados con quienes llenaste nuestro hogar de risas y alegrías, nuestro legado al mundo; gracias por nuestro cónyuge, por el deleite del matrimonio, por habernos hecho uno en Ti.
Gracias por el fruto de nuestro trabajo, por cada alimento que provees en nuestras mesas. Gracias por capacitarnos en diferentes tareas; gracias porque en Ti están escondidos todos los tesoros del conocimiento y la sabiduría.
Gracias por los hermanos amados con quienes crecimos y hoy, a pesar de toda la distancia, siguen grabados con cincel en nuestras almas; gracias por los amigos del alma que han apreciado nuestro afecto y compañía;  gracias por los sobrinos, primos y tíos amados con quienes nos has bendecido en la fiesta de ser familia.
Gracias porque en Ti somos, en Ti nos movemos y en Ti existimos.
Gracias sobre todo por tu inmensurable AMOR.
Siempre gracias mi Señor.

Rosalía

jueves, 19 de noviembre de 2015

LA HORA DE DIOS



Por todos es sabida la terrible realidad que vivimos en nuestro país. La violencia que actuaba en secreto, en la oscuridad de la noche o subrepticiamente a plena luz del día, ahora nos muestra su cara de monstruo cercenando vidas que ejercen su legítimo derecho a la protesta, en un país donde se han ido agotando todas las posibilidades de  una vida digna. Las autoridades que deberían defender a los ciudadanos justifican la tortura de jóvenes que hace apenas un tiempo dejaron los pañales. Mientras una madre sufre el horror de ver la cara de su hija destrozada por perdigones y, minutos más tarde enfrenta la muerte de su amada; la máxima autoridad baila con un cinismo que nos deja perplejos.

Por otra parte, muchos de los que piensan que están en el bando de los buenos justifican acciones engendradas en el odio, y el odio no puede dar a luz a la justicia, la cual, en el fondo, es lo que la mayoría desea. Los días pasan y no pareciera que hay una luz al final del túnel para nuestro país. Estamos viviendo la cosecha de semillas del mal que fueron sembradas, regadas y cuidadas por muchos. La Biblia nos señala en el libro de Gálatas 6:7 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Hemos cosechado los frutos del odio.

¡Hemos caminado alejados de Dios! Hemos pretendido reducir al Dios omnipotente, omnipresente y omnisciente a un simple amuleto al servicio de nuestros caprichos. Nos hemos interesado más en adivinar nuestro futuro que en vivir cada día bajo su mano amorosa. Hemos pensado equivocadamente que El está de un lado o del otro; sin entender que su gracia, su luz y su amor están solo con aquellos que con corazón sincero le buscan. Hace tiempo que la palabra arrepentimiento dejó de existir en el vocabulario de muchos; pues, hinchados en su vanidad y soberbia han vivido bajo la hueca filosofía de “no arrepentirse de nada”.

De tal manera que, hemos perseverado en una actitud obstinada, endureciendo nuestros corazones hacia nuestro prójimo; calmando la angustia del vivir diario con placeres egoístas que exaltan el yo y destruyen el nosotros. ¡Pero, no perdamos la fe! Dios no está lejos, El tiene para nosotros pensamientos de bien y no de mal, para darnos el fin de justicia, bondad y verdad que esperamos. La fe en su esencia más profunda es obediencia, la obediencia a sus mandamientos. Por esa razón, es necesario que volvamos a la Palabra de Dios, que cambiemos nuestros pensamientos por los pensamientos de Dios.

Pero, ¿acaso, cambiará una nación que se vuelva a Dios los planes orquestados por un sistema político que pretende sobrevivir y expandirse a costa de nuestras riquezas? Enfáticamente si. Jesucristo no se quedó colgado en la cruz. El resucitó y su Palabra dice que ese mismo poder que lo levantó de la muerte actúa en aquellos que le creen. Dios nos está solo en los templos, El camina con cada uno que le invoca, le obedece y le honra. Así, como muchas pequeñas luces al unirse pueden desplegar una gran luz, de la misma forma, muchos ciudadanos, hombres, mujeres, jóvenes y niños, que rindan sus vidas a Dios, que clamen con fervor cada día y que actúen de acuerdo a sus mandamientos pueden hacer frustrar los planes del mal e instaurar la justicia y la verdad en nuestra nación.

¡Es la hora de Dios! La hora de volvernos con todo nuestro corazón a El. Es la hora de que en cada rincón de la geografía de nuestra patria, en cada hogar, escuela, liceo, universidad; en cada iglesia, en cada lugar de trabajo unamos nuestras voces en oración, pidamos perdón elevando plegarias por nuestra nación. Es la hora de no dejarnos seducir por el mal para acabar con el mal. La hora de bendecir al que te maldice, aun cuando cada célula de tu ser grite que le odies. La hora de estrecharnos las manos entre hermanos venezolanos. Y cuando el mal vestido de humanidad se pare frente a ti para hacerte daño, primero invoques el nombre de Dios, y luego, abras tu boca con la autoridad y el amor que provienen de El. Te aseguro que Dios hará más allá de lo que te imaginas. ¡Es la hora de Dios!

"Nos hemos olvidado de Dios. Hemos olvidado la misericordiosa mano que nos guardó en paz, nos multiplicó, nos enriqueció y nos fortaleció. Y, con nuestro corazón engañoso, hemos supuesto, vanamente, que todas estas bendiciones eran producto de alguna sabiduría superior o virtud propia. 
Intoxicados por triunfos ininterrumpidos, hemos llegado a ser demasiado autosuficientes como para sentir la necesidad de redención y gracia, demasiado altivos como para orar al Dios que nos creó. 
Nos corresponde humillarnos ante el Poderoso, confesando nuestros pecados nacionales y pidiendo clemencia y perdón en oración".  Abraham Lincoln.

Rosalía Moros de Borregales.

@RosaliaMorosB


viernes, 6 de noviembre de 2015

LA PLEGARIA


La plegaria

 
ROSALÍA MOROS DE BORREGALES
Es difícil encontrar a alguien que no quede extasiado al escuchar el dueto entre Celine Dion y Andrea Bocelli en su magistral interpretación de la canción titulada "The Prayer" (La plegaria u oración), hermosamente escrita por David Foster y Carol Bayer Sager, objeto de varios premios, entre ellos un Grammy, un Golden Globe y un Academy Award. Aunque no fui bendecida con el don de la música, disfruto profundamente de ella. Lograr escribir algo que inspire a otros es maravilloso, pero lograr que esas letras se conviertan en música no tiene igual. La música es medicina para el alma, un idioma universal capaz de establecer lazos que enaltecen los sentimientos más profundos entre los seres humanos.

Mis dedos se mueven rápidamente en el teclado, las ideas se suceden una tras otra en mi mente, los sentimientos afloran en mi corazón. Estoy escuchando a Andrea Bocelli, me deleito en su música, de alguna manera misteriosa trabaja en mis conexiones neuronales como creando un puente entre lo que pienso, lo que siento y lo que anhelo.

Aunque he escuchado esta canción cientos de veces, es hoy cuando decido traducirla en su totalidad. Como un río que encuentra su cauce cada frase me lleva a mis propios sentimientos, a mi propia oración. Como la música, la letra de "La plegaria" es también universal. Sin embargo, la hago nuestra, la convierto en un clamor expresado desde las entrañas de Venezuela a nuestro Señor.

Las primeras palabras de esta oración son un ruego para que cada uno de nosotros pueda ver a través de Dios, para que Él con sus ojos nos guarde en nuestro camino. Entonces pienso: _ Si cada uno de nosotros pudiera ver a esta nación y al hermano que tiene a su lado desde la perspectiva de Dios, el odio desaparecería de en medio de nosotros. Con seguridad contaríamos con su cuidado en nuestro caminar. Luego, al reconocer que nuestra ayuda viene de Dios, la canción se convierte en un ruego para que seamos sabios en tiempos como éste; para que ésta sea nuestra oración cuando el futuro sea incierto, cuando hayamos perdido nuestro rumbo.

Mientras todos los instrumentos se convierten en un sonido único y armónico, me imagino que la música es como un hermoso caballo que galopa en la sabana llevando sobre sus lomos las voces de estos dos grandes talentos, que en esta hora toman de la mano mi pensamiento y lo elevan al cielo. Las siguientes líneas nos conducen a la petición de ser guiados a través de la gracia de Dios a un lugar donde podamos estar seguros. Entonces, recuerdo al salmista al expresar que en medio de la angustia su corazón estaba confiado solo en Dios. ¡Estar en sus manos es el lugar más seguro para cada uno de nosotros!

La siguiente estrofa se despliega ante mí como una de esas noches plena de estrellas en algún hermoso lugar de nuestra geografía nacional. Mientras los violines parecieran besarme suavemente, la canción es una petición para que podamos encontrar la luz de Dios; más allá, para que seamos capaces de mantenerla en nuestros corazones. Es un ruego para que cada noche cuando las estrellas aparezcan en el firmamento sea un recordatorio, para todos, del lugar donde está Dios. Una oración para que la luz de Dios en nuestros corazones ilumine las sombras que llenan nuestros días.

De nuevo, la petición es por la guía de Dios a través de su gracia. Esta vez, añade la fe como el ingrediente faltante para poder vivir seguros. Pienso, la fe consiste en la certeza de creer que Él existe, de creer que es capaz de bendecir a los que le buscan. A continuación, el clímax de La plegaria se expresa en estas dos voces que se unen como en un coro en la belleza de dos lenguas, para pedir por un mundo de justicia y esperanza, para rogar que cada corazón herido pueda ser sanado, para que todos podamos tocar a Dios, para que podamos alcanzar el cielo.

La última estrofa expresa el deseo por una vida buena para todos, por el cuidado de Dios para cada uno. Agrega la esperanza de que cada alma pueda encontrar otra alma a la cual amar. Que esta sea nuestra oración, que como niños que necesitan encontrar su lugar en el mundo, todos podamos ser guiados a través de Su gracia y de nuestra fe  para estar a salvo, para estar seguros. Me conmuevo dentro de mí, mientras la flauta y el piano me acarician el alma. ¡Este es el anhelo de millares en Venezuela! Que este anhelo se convierta en oración. Que cada uno eleve su petición sin olvidar mantener Su luz en el corazón, sin olvidar que somos instrumentos de Su amor.

"Otra vez os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". 
Mateo 18:19-20

Nota: Para escuchar la canción ir a: http://www.youtube.com/watch?v=cjNfkbQr5zc 

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sábado, 31 de octubre de 2015

LA HORA OSCURA DEL ALMA

Su corazón estaba muy inquieto, aunque se encontraba rodeado de sus seres más queridos  anhelaba estar a solas, sobre sus rodillas, en la presencia de su Padre. Jesús sabía muy dentro de él que la hora había llegado. Con todas sus fuerzas deseaba hacer la voluntad de su Padre; pues, amarle siempre había supuesto para él obedecerle. Pero esta vez el precio de la obediencia le traspasaría con una espada. Una serie de eventos se anticipaban, revelaciones que se presentaban como destellos de luces en su mente, tan reales, tan verdaderas que aun sin haberlas vivido ya desgarraban de dolor su alma.

Renunciar a los que amaba, vivir la traición de aquel a quien contaba entre los suyos, saber que todo su amor no podría salvarlo, ser entregado con un beso; ser cobardemente negado por uno de sus mejores amigos, sentir el dolor de su madre al perderlo. Convertirse en el objeto de burla de seres humanos indignos de cualquier afecto; ser acusado por aquellos que creían ser más cercanos que él a su padre. Ser llevado para ser juzgado por reyes inmorales que nunca entendieron el fundamento de su reino. Morir con la muerte del peor de los delincuentes, ser clavado en una cruz y escarnecido.

Su corazón palpitaba aceleradamente, buscaba fuerzas dentro de él, la noche más oscura se desplegaba ante sus ojos; no había la luz de una estrella para iluminarle el camino. Sabía que su padre estaba con él; era fe, convicción, esperanza contra esperanza. Pero, él no le sentía cerca, la exigencia era muy profunda… _“Si es posible, pasa de mi esta copa”. Es el clamor del corazón, es la verdad que se sabe pero quisiéramos nunca haberla conocido. Es el camino que debemos transitar pero quisiéramos escaparnos de él, huir a otro horizonte; más el corazón sabe que es mejor estar un día en su casa que miles lejos de su presencia.

Luego de estos momentos de oración que se convierten en un debate del alma, en una guerra de pensamientos, en un forcejeo entre el sentimiento y la razón; finalmente, viene la decisión, nace de ese corazón amante que ha sido entrenado en la obediencia, que ha hallado su fuerza al doblegar junto con sus rodillas la más férrea voluntad. Con la decisión, viene la paz, la entrega incondicional del alma que se rinde ante quien es soberano. “Mejor es estar en las manos de Dios que en la de los hombres”. Es el grito silencioso de quien exclama: “Aunque El me matare, en El esperaré”. 

El camino es largo, el sufrimiento inexplicable, todas las revelaciones recibidas no fueron suficientes para mostrar la agonía que se intensifica a cada paso. No tiene fuerzas, se entrega, su Padre es el guardián de su alma; aunque por momentos pareciera haberle abandonado. Si, realmente le ha abandonado en las manos del pecado; sus clavos, su corona de espina, la espada en el costado, todas son muestras de ese abandono… Es su hora más oscura, sin sentirlo, sin saberlo cerca, pero sabiéndose suyo, le encomienda lo que queda de él, su espíritu.

La tierra se estremece, relámpagos iluminan el cielo, la noche cae como una cortina sobre el Gólgota. A sus pies, su madre permanece fiel, el discípulo amado junto a aquella que lo amó mucho, porque mucho le fue perdonado. El velo del templo se rasga, y en un último esfuerzo toma aliento, luego expira. La muerte le ha alcanzado, pero solo por un poco de tiempo. ¿Dónde estás, oh muerte? ¿Dónde tu aguijón? Fuiste visitada hasta las profundidades de la Tierra, vencida en tus propias entrañas. De tu propia oscuridad surgió la luz, las cuerdas se cayeron, las vendas aromatizadas dejaron expuesto el cuerpo glorificado, la semilla que fue sembrada dio su fruto. El espíritu de resurrección lo trajo de vuelta desde las profundidades de la tierra. La piedra fue removida, anduvo en medio de aquellos que amaba, todo el dolor que le causaron se desvaneció, su amor cubrió multitud de faltas. ¡Ha resucitado! ¡El padre lo elevó a su diestra para siempre!

En la hora oscura de tu alma, clava tus ojos en Jesús, camina tomado de su mano. Entrega tu voluntad, ríndete a los pies de la cruz; y allí, ante su presencia, espera confiadamente. ¡De la hora más oscura nacerá tu aurora!

“Los que a El miraron fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados”. Salmo 34:5.

Rosalía Moros de Borregales

domingo, 23 de agosto de 2015

Acepción de personas

Cuando era niña la Venezuela que me rodeaba era un país de gente amable, cariñosa y bien hablada. No importaba el color de la piel, ni la fe que se profesara, ni mucho menos el color político. A la hora de la reunión y el compartir todos éramos venezolanos. Recuerdo que a los más blancos o catires les decían "musiú"; podíamos llamar "negrito(a)" a aquellos de pieles más tostadas, e incluso en una familia de blancos, al menos catire lo llamaban el negrito de la casa. En la calle existía una atmósfera de respeto en donde todos éramos simplemente "venezolanos". 


En la Venezuela actual nos encontramos con un escenario completamente opuesto, en el cual el color político ha determinado una actitud de favoritismo hacia unos y de irrespeto e intolerancia hacia otros. El lenguaje escatológico se ha convertido en parte intrínseca del lenguaje de aquellos que practican la acepción de personas; de aquellos que excluyen a unos y sin atender al mérito o a la razón favorecen a otros. El insultar y desmerecer a sus coterráneos se ha convertido en una tarea que se exalta y aúpa desde las más altas esferas del Gobierno; al parecer el injuriar a otros profiriendo toda clase de improperios es una manera de halagar a los egos insaciables de los que se creen dueños de Venezuela; y al mismo tiempo pareciera haberse convertido en toda una manera de hacer lucro. Este fenómeno está mucho más radicalizado del lado rojo; sin embargo, también he escuchado las
 más bajas expresiones del lado opuesto. 


Muy lamentablemente nos hemos convertido en una nación de enfermos de odio, legándole a las nuevas generaciones una herencia de amargura, de intolerancia y de dolor; porque eso es lo que genera el odio, primero amargura y después dolor. Con la soberbia con la que se han envanecido muchos en nuestra nación, han quedado totalmente ciegos para ver al país desde otra perspectiva y considerar como iguales a aquellos que se oponen a su pensamiento. La única fuerza que los mueve es el odio arraigado en sus entrañas que les carcome tanto sus cuerpos como sus almas. Es imposible aspirar a "establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural" si en primer lugar, la ideología política nos hace ser excluidos de un régimen que solo vela por aquellos que le hacen la venia.

Aún más, es imposible aspirar a la "consolidación de los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, la convivencia y el imperio de la ley", bajo la visión tubular de un único pensamiento político y social. ¿Cómo piensan qué podría ser posible asegurar "el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna"? ¿Cómo podría todo este sueño hacerse realidad bajo la voluntad de quien es luz para la calle y oscuridad para su casa? Bajo la mano rectora cuya ideología tiene como fundamento el odio y su único fin es llevar a cabo su mezquina voluntad y solo su voluntad. El artículo 57 de nuestra Constitución establece que : "Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa".

Hoy hago valer este derecho como mi derecho, soy una persona responsable, no me escondo bajo el anonimato. Estoy en contra de los mensajes discriminatorios y de los intolerantes hacia quienes profesamos una fe y hacemos uso de nuestra libertad para expresarla. Declaro que mi única motivación al escribir es el bien de mi patria. Soy tan venezolana como cualquiera de ustedes; en este país nací, crecí, he estudiado, y trabajado. Aquí quiero seguir viviendo y ver a mis hijos y los hijos de mis hijos florecer en la misma tierra a la cual amo profundamente. ¡Es mi Venezuela! ¡Es tu Venezuela! ¡Es la Venezuela de todos los que ha parido esta patria!

Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com
 @RosalíaMorosB

sábado, 15 de agosto de 2015

Los ojos, la lampara del alma

Los ojos, la lámpara del alma.

Los ojos, esas dos luminosas esferas perfectamente situadas en nuestro rostro han sido objeto de alabanzas a través de toda la historia de la humanidad. En todos los ámbitos de la ciencia y del arte los ojos han cautivado la atención de innumerables personajes que han dedicado horas incansables de estudio para comprender su inconcebible función logrando obras de su creación para ensalzar esta maravilla con la que hemos sido bendecidos. En un sentido anatómico y fisiológico estricto, los ojos constituyen el sentido que nos permite entender y evaluar el mundo con más precisión que cualquier otro. En tan solo micro-segundos los ojos ven, siguen, enfocan y procesan imágenes que se mueven a cientos de kms por hora.

Literalmente, los ojos están siempre hambrientos de luz, su diseño de lentes acuosas y proteicas controladas por músculos la atrapan y la canalizan. En su recorrido, la luz se encuentra en primer lugar con la córnea, una lente aseada y lubricada alrededor de 10 veces por minutos con cada parpadeo. La córnea admite y dirige los rayos de luz hacia una segunda lente, el cristalino, a través de la pupila, ese pequeño agujero en el centro del colorido iris que en una fracción de segundo puede pasar de una posición expandida a la contracción. De allí, la luz vuela por una especie de humor gelatinoso hasta llegar a la puerta trasera del ojo conocida como la retina, esa diminuta e inteligente estructura de 0.254 milímetros de ancho que posee más de 120 millones de células llamadas foto-receptores las cuales convierten la luz en impulsos eléctricos que el cerebro es capaz de descifrar.

En un sentido poético los ojos han sido llamados las ventanas del alma. Cuando podemos ver a través de esas ventanas los secretos de la integridad del ser humano son revelados. Nuestro ser interior queda desnudo mostrando su verdad, y cuando esa verdad es el amor los ojos son consuelo del espíritu. Fernando Paz Castillo escribió:
“Pero los ojos,
 los misteriosos ojos extasiados
 son risueño consuelo del espíritu:
 suave ternura de contemplar la vida
 y contemplar la nada,
 de sentir la caricia de la luz
 y la llamada audaz de la distancia”. Cuando el alma se expresa a través de los ojos, éstos se tornan en bellezas piadosas o en tormentos rabiosos, como hermosamente lo expresara Gutierrez de Cetina: “Ojos claros, serenos, 
si de un dulce mirar sois alabados. 
¿Por qué, si me miráis, miráis airados? 
¿No sabéis que cuanto más piadosos sois, 
más bellos parecéis a aquel que os mira? 
No me miréis con ira, 
porque no parezcáis menos hermosos. 
¡Ay tormentos rabiosos! 
Ojos claros, serenos, 
ya que así me miráis, miradme al menos”.

Más allá de la anatomía, traspasando las fronteras de la poesía, los ojos se convierten en la lámpara del alma; es decir, de nuestras emociones y pensamientos, por ende, de nuestras actitudes y acciones.  Cada imagen que llega a nuestro cerebro a través de los ojos es capaz de formar conexiones de nuestras neuronas e incitar en nosotros un comportamiento. Para describir una imagen necesitamos el uso de unas cuántas palabras; mientras las palabras seleccionadas sean capaces de evocar en quien las escucha un mayor número de imágenes en su mente, más clara y nítida será la imagen final evocada por la descripción. De allí, la veracidad del dicho que una imagen vale más que mil palabras; pues, ciertamente la imagen se explica por sí misma. De tal manera, que lo que nuestros ojos ven es de vital importancia ya que finalmente determina acciones de nuestra parte.

Jesús enseñó a sus discípulos que las malas acciones no son solo las que son consumadas en un hecho, sino aquellas que entrando como imágenes por nuestros ojos son concebidas en nuestras mentes. En Mateo 5:27 al hablar sobre el adulterio expresó que al mirar para codiciar ya el hecho ha sido consumado en el corazón. Por lo tanto, insta a que si el ojo nos es un instrumento de tentación, sería mejor sacarlo y no que todo nuestro ser se convierta en oscuridad. En un mundo pleno de imágenes como nuestro mundo actual debemos poner especial atención a lo que nuestros ojos ven. Debemos cuidar de no exponer a nuestros pequeños a imágenes que irremediablemente serán convertidas por sus retinas en impulsos eléctricos que su cerebro entenderá, y quedarán grabadas en su alma, literalmente por sinapsis o conexiones neuronales.

 “Tu ojo es una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es malo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad. Y si la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa será esa oscuridad!”
Mateo 6:22

Rosalía Moros de Borregales
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@RosaliaMorosB
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domingo, 9 de agosto de 2015

FE PARA MI NACIÓN


Hay vínculos en la vida de los seres humanos que son profundamente indisolubles. No podríamos negar a una madre aún cuando existieran motivos para tal acción; no podríamos negar a un hijo porque nuestras entrañas gritarían por su presencia; nunca olvidaríamos al hermano, al primo o al amigo con el que compartimos nuestra infancia. Pienso y siento que tampoco podríamos olvidar a nuestra patria; no importa cuántos kilómetros nos separaran de ella, siempre nuestro corazón la anhelaría.

Estamos entretejidos con la tierra que nos recibió al nacer, nos enorgullecen sus logros porque los consideramos nuestros. Nos emocionamos con nuestros deportistas y su destacada participación en diferentes competencias; se nos hincha el corazón cada vez que escuchamos una de nuestras múltiples orquestas. Nos llenamos de admiración al saber de tantos profesores que enseñan a nuestros hijos con ética y que impregnan con una pasión maravillosa su labor. Confíamos nuestras vidas a nuestros hombres de blanco porque tenemos suficientes testimonios que nos dan la convicción de su eficiencia. Nos deleitamos en las arepitas, en el queso de mano; se nos hace agua la boca con un mango y con las conservas de coco que nuestras negritas bellas llevan en grandes bandejas sobre sus cabezas erguidas.

Son innumerables las cosas que nos hacen suspirar al pensar en nuestra tierra; y de la misma manera hay otras tantas que nos hacen llorar de tristeza, porque el dolor de nuestra patria también es nuestro. Sentimos una gran carga por los desaciertos cometidos, por los desamores sobrevenidos. Nos sentimos frustrados ante la indiferencia, la decadencia y la insolencia. Pensamos en el futuro y quisiéramos imaginarlo pleno de la construcción de buenos sueños de tantos venezolanos convertidos en realidades. Sin embargo, por más que nos esforzamos pareciera que necesitamos algo más allá de nuestras propias fuerzas para salir adelante.

La historia ha demostrado que todas las riquezas que una nación pueda tener son inútiles cuando sus ciudadanos se entregan a sentimientos mezquinos, a la lujuria, a la ambición de riquezas sin el aval del trabajo y a la opresión de sus conterráneos. Para comprobar esto solo es necesario hacer una revisión breve de los libros de Historia universal. No hay nadie que pueda salvarnos de esta situación sino solo Dios. No hay estrategias que puedan lograr un cambio en positivo si primero no hay un cambio en el corazón de los hombres de nuestra nación, en el corazón de cada uno de nosotros. 

Dios puso en nuestro pedacito de tierra una inmensurable riqueza, y nos facultó con la capacidad para administrarla con equidad y justicia. El desea que cada venezolano incline su corazón a El y que seamos capaces de lograr esta tarea. Pero estamos secos y desolados; nuestra tierra tiene sed de la bendición de Dios. Necesitamos de una renovación espiritual que como una lluvia caiga sobre nuestra nación y nos bendiga la vida. ¿Ilusa? ¿Insensata? No, convencida de la verdad que ha cambiado la vida de muchos y puede cambiarnos a cada uno en particular y a todos como nación.

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. II Crónicas 7:14.

Rosalía Moros de Borregales

@RosaliaMorosB



sábado, 1 de agosto de 2015

Arrepentimiento



Arrepentimiento, una palabra casi en desuso en el siglo actual. Totalmente incómoda ante la idea de nuestra modernidad de vivir la vida sin nada de que lamentarnos. Descrita por el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española sencillamente como el pesar de haber hecho algo. Originaria del latín “poenitere”, lo cual significa ser penitente. Del griego “metanoien” que se traduce como un cambio de mente. Según la lingüística del griego su significado literal denota un cambio de dirección, o un retorno. Más tarde sustituida por la palabra “metanoia”, la cual fue usada por los primeros cristianos para expresar la profunda transformación experimentada por aquellos que se convertían al cristianismo.

Nada más alejado de nuestra humanidad, la cual lleva implícita en sí misma la evolución hacia lo bueno y noble, que el pensamiento del no arrepentimiento. El no  arrepentirse de nada en la vida es simplemente un acto de soberbia. Las personas profundamente humanas, aquellas que responden al llamado intrínseco de su ser interior por el Creador, aquellos que anhelan exaltar en su personalidad las virtudes del bien constantemente experimentan pesar por ciertas acciones, palabras y hasta pensamientos. Pues, el arrepentimiento no es solamente un lamento por algo que hemos hecho que ha ofendido a otro; sino en primer lugar, por lo que nos hacemos a nosotros mismos. Entendiendo que en este principio yace el fundamento de la regla de oro.

Pero arrepentirse va más allá de sentir pesar o lamentarse. Desde el punto de vista bíblico el estar verdaderamente arrepentido conlleva “frutos dignos de arrepentimiento”, lo cual se traduce como un cambio de actitud, una transformación de la intención del corazón en su expresión por medio del lenguaje y el hecho. En otras palabras, el arrepentimiento implica un cambio de rumbo. Primero, ante el reconocimiento de que el camino transitado no es el correcto o el más idóneo. Segundo, ante el pesar que debería producir en nosotros el haber sido el causante del dolor de otros. Tercero, ante la necesidad de restituir al agraviado. De tal manera que, el arrepentimiento constituye un proceso que produce bien por todas partes; beneficia a quien lo experimenta y a quienes son objeto de la restitución.

Los seres humanos nos equivocamos; por ende, las familias se equivocan, las instituciones, y en mayor escala, también las naciones se desvían del camino que deberían seguir para lograr ese tan preciado objetivo del cual hablara nuestro Simón Bolívar, de ofrecer la mayor felicidad posible a sus ciudadanos. Si equivocarnos es algo seguro, ¿por qué no incluir el ejercicio del arrepentimiento como una constante en nuestras vidas? ¿Por qué perseverar en la actitud obstinada de la soberbia? ¿Por qué ir por la vida haciendo daño, causando dolor, destruyendo obras de amor sin sentir en el más mínimo pesar y mucho menos restaurando lo que hemos destruido?

Sencillamente, porque quien no se arrepiente termina con un corazón de piedra que no siente compasión ni por sí mismo. Personas con una actitud autodestructiva, que refugian sus consciencias en los vicios y adicciones; que consienten su carne, pero sus espíritus languidecen. Llaman a lo bueno malo, y a lo malo bueno. Maquillan sus obras perversas con la zalamería de sus palabras; invitan a la mesa a compartir el pan pero  sirven veneno. Son hipócritas por naturaleza, sus bocas están llenas de mentira; su entendimiento está entenebrecido. Nada les hará cambiar de rumbo, solo el quebrantamiento que proviene del Altísimo.

“Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma”. Miguel de Cervantes.

“Cuando un hombre descubre sus faltas, Dios las cubre. Cuando un hombre las esconde, Dios las descubre; cuando las reconoce, Dios las olvida”. San Agustín

“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”. Romanos 2:5.

Rosalía Moros de Borregales

@RosaliaMorosB