sábado, 31 de agosto de 2013

¡Sigue adelante, hermana!


Dedicado a mis  cinco hermanas y con ellas a todas mis hermanas venezolanas.

Hermana, sé que amas la vida, pero aún más que la vida amas el precioso don de dar a luz la vida. Tus hijos son tus estrellas en el firmamento. Sus vidas son los diplomas que cuelgan de tu pared. Tus fuerzas no tienen límites para luchar en el camino, tu amor vence todos los obstáculos; la ilusión de ver las caras de tus amados iluminadas con una sonrisa y con una mirada tierna son suficiente recompensa para que camines la segunda milla. Tú has entendido desde hace tanto que es más bienaventurado dar que recibir; por esa razón, tus manos siempre rebosan. Lo poco viene a ser mucho en tu regazo, en ti todo el bien se multiplica.

Hermana, eres roca firme e inconmovible, el corazón de tu esposo reposa confiadamente en ti, tú sabes darle bien y no mal todos los días de su vida; lo has amado con la pureza de tu alma, ha sido él tu deleite, bajo su sombra te ha sido grato el reposo. Por eso, cuando la extraña, la ajena que seduce con labios de ajenjo maquillados de miel, quiera usurpar lo que has cultivado con tanto amor, levanta tu cabeza y como valiente leona muéstrale que tus armas son poderosas en Dios. Si él merece tu precioso corazón sabrá discernir dónde está su nido de amor, si no entregará su honor a extraños y sus años a alguien cruel.

Hermana, todos tus miedos se desvanecen cuando al amanecer Dios trae su luz por tu ventana. Desde muy temprano en la mañana gobiernas tu casa, diriges tus asuntos, reparas, corriges, haces; del hacer están hechas tus manos, del acariciar las hidratas cada día. Cuando las provisiones escasean sabes administrar tus bienes; tu creatividad se convierte en una fuente de producción. Cuando la abundancia llena tu casa, cual hormiga previsiva sabes guardar porción para el invierno, y aún consigues traer para el disfrute, porque tú sabes celebrar la vida.

Hermana, el destino parece impenetrable, cuando piensas que con cada segundo que pasa la vida se te acorta es porque de alguna manera la tristeza ha invadido tu alma, y quizá ha permanecido en ella sin ser invitada. Porque cada segundo que pasa es inversión de vida; añade cada segundo a la suma de todas tus ganancias y no a la lista de la resta de todas tus pérdidas; pues tú sabes convertir tus pérdidas en ganancias. La clave está en desarraigar toda la amargura, pues ella comienza a tomar posesión de tu mente poco a poco y pronto todo tu cuerpo se convierte en su esclavo.

Hermana, es hermoso ver cómo hay cabida en ti para todos los afectos; para los hijos que te ven como un hada madrina; para el esposo que busca en ti el remanso de paz; para los padres que buscan en ti el sostén para sus debilitadas piernas; para los infinitos familiares que saben que en ti siempre encontrarán el corazón abierto y amable, para la amiga que necesita que la abraces con tus oídos y la escuches con el corazón... Pero al dar todos los amores, no te olvides, hermana mía, de ti. Ámate y cuídate con esmero. Invierte tanto en tu mente como en tu corazón, y recuerda que tu cuerpo va cargando con los dos.

¡Hermana, te he hablado con el corazón!, pero todas mis palabras serían como hoja seca que se lleva el viento si no te dijera lo más importante, hermana mía: ¡Dios quiere bendecirte la vida! Él quiere llenar tu casa con toda clase de bien. No busques por  senderos apartados de la luz a quien es El Camino. Tan sólo ven a Él, ábrele tu corazón, reconócelo como tu Señor, como el único Dios de tu vida. Y cree, hermana, cree en su cruz, cree en su resurrección y cree en su Amor para darte la mejor vida.

¡Con todo mi corazón para ti, hermana mía!

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

rosymoros@gmail.com

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@RosaliaMorosB

jueves, 1 de agosto de 2013

Manantiales en el desierto



Dedicado a mi hermana, Gabriela Moros de Ramírez

¡El agua! Ese líquido tan preciado por toda la humanidad, sin el cual no sería posible la subsistencia de la vida en todas sus formas, ha sido objeto de estudio desde múltiples disciplinas de la ciencia; musa de poetas y escritores; exaltada en pianos, violines y guitarras; objeto de la Filosofía y, usada con propósitos religiosos. Así, se considera que aproximadamente el 70% del planeta Tierra está cubierto por agua. Ya en el siglo V a.C. el filósofo griego, Tales de Mileto afirmaba que el agua era el Arjé del universo, la sustancia base en la conformación de todo. En el cristianismo, Jesús comienza su vida ministerial yendo al Jordán para ser sumergido en las aguas por Juan el Bautista. La sonata Tempestad de Ludwig Van Beethoven interpretada magistralmente por Daniel Barenboim nos transporta imaginariamente desde las aguas más apacibles hasta las cascadas más impetuosas. Nuestro maravilloso poeta Andrés Eloy Blanco, en su poema La Cita usa la figura del agua para expresar la frustración de la espera de la amada: "La próxima vez, esperaré a que llueva a chorros; ya te contará la nube cómo esperamos nosotros y nunca sabrás si el agua que te pasó por los labios te la lloraron las nubes o te la llovieron los ojos".

De esa misma manera, majestuosa, inspiradora de vida, que sugiere el gozo más profundo del alma, la figura del agua es usada en las Sagradas Escrituras para describir la obra de Dios en la vida del ser humano. Muy contrariamente a como lo hemos concebido, lejano, severo, y hasta indiferente, Dios se nos muestra con toda la vida que es capaz de producir el agua. En el libro del profeta Isaías encontramos frases como estas: "La tierra abrasada se convertirá en laguna, y el secadal en manantiales de aguas". (35:7). "Cuando se derrame sobre nosotros el Espíritu desde lo alto, entonces el desierto se convertirá en campo fértil y será considerado como bosque". (32:15). Una y otra vez la figura del agua brotando en el desierto es expresada como símil de la obra del amor de Dios en el alma desierta del hombre.

Ese ser humano que hoy nos encontramos a cada paso, incapaz de comprometerse con la familia, ignorante del significado trascendental de la vida de los padres en los hijos. Esos hijos a quienes el dolor de la ausencia les hace llorar constantemente el alma. Ese hombre que alimenta la esperanza del pobre con la mentira de una promesa que nunca cumplirá, pues su propósito mezquino ya está determinado. El que resistiendo la voz de Dios en su corazón encuentra su oasis en el alcohol; la madre que va sola con los hijos que le va dejando el camino a cuestas. La niña que se convierte en madre en la búsqueda del padre que nunca la acarició. Esos que cercenan vidas ostentando un poder temporal como si fuera definitivo y eterno. Los que pretenden apagarle la luz del saber a los jóvenes para someterlos a doctrinas huecas, incapaces de enaltecer al ser humano. Todos, víctimas y victimarios somos como tierra árida sin el agua de Dios.

Estando en el último día de la celebración de la fiesta de los Tabernáculos, en la cual, entre otras ceremonias, se derramaba agua sobre el altar como petición de lluvia para la cosecha, Jesús en su inalterable amor por toda la humanidad y conociendo claramente su propósito en esta Tierra, se levantó y alzó su voz diciendo: "Si alguien tiene sed, venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como dice la Escritura: 'De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva' ". (Jn.7:37-38)

Como siempre, Dios continúa reiterándonos su llamado. Al venir a Él la tierra seca de nuestro corazón se vuelve fértil para el amor; nuestras mentes adquieren la sabiduría que nos lleva a la decisión que enaltece nuestra dignidad, su luz nos señala el camino a seguir, las tinieblas se disipan, y el horizonte se convierte en un reto feliz por la vida.

¡Solo Dios convierte en manantiales nuestro desierto!

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES


@RosaliaMorosB

El miedo en los brazos del amor



El apóstol Juan en su primera epístola nos da una disertación maravillosa sobre el amor. Entre todas sus palabras son estas las que hacen vibrar mi corazón: "en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor" (1 Juan 4:18). Traigo estas palabras a mi mente, las convierto en una oración, entonces siento que mi ser entero experimenta un abrazo de Dios; siento que al venir ante Él todos mis miedos se desvanecen, y en cada lágrima que brota de mis ojos al ser bendecida con su presencia siento que los miedos salen de mi alma como la oscuridad se desvanece cuando la aurora baña con su luz un nuevo día.

Solo el corazón conoce sus propios miedos; las angustias del alma son muchas veces solitarias. Nadie alardea de sus temores, nadie cuenta cómo la angustia le despierta en medio de la noche; cómo le quita el sueño, le resta las fuerzas y le hace sentir la noche inmensa y el silencio más profundo que nos hunde en un grito mudo de desesperación. Nadie nos cuenta su soledad, la tristeza del amanecer que no nos deja levantarnos de la cama sino después de un gran esfuerzo.  Eso solo lo platicamos con nosotros mismos.

El miedo es un ladrón, un usurpador que desplaza las alegrías del alma, las encarcela y con opresión las anula. El miedo va minando nuestro ser, ocupando lugares que un día tuvieron el color de una flor, la salud de un niño carcajeándose en un parque, la serenidad de un abuelo que ha vivido con dignidad. El miedo nos roba la esperanza, nos nubla el horizonte, nos hace renunciar al futuro. El miedo hiere al corazón con una herida de muerte que se rehusa a todas las curas, sangrando constantemente. Solo hasta que la mano de Dios la venda. Como dice en Isaías, Dios es quien venda a los quebrantados de corazón y el que da libertad a los cautivos.

Estamos llamados a vivir cada día de nuestras vidas bendecidos por la plenitud de su amor que puede librarnos de todo el mal. Pasamos la vida entera aprendiendo miles de cosas, ejercitándonos en distintas disciplinas pero no nos ejercitamos en la fe; vamos por la vida como raquíticos espirituales mientras el océano de Dios yace a nuestro lado pleno de verdades que pueden liberar nuestras almas de la angustia; pleno del amor más sublime y excelso que enaltece nuestro ser convirtiéndonos en verdaderos hijos que pueden sentarse en su regazo, recostar la cabeza sobre su pecho, y luego de un rato pararnos y continuar el camino con la cabeza erguida y la mirada en alto.

Un nuevo tiempo de gracia está llegando, un nuevo amanecer trae la luz radiante del sol a nuestras ventanas. Si tienes la valentía de creer en medio de un mundo que le ha dado la espalda a Dios. Si puedes creer que en la cruz de Jesús el miedo fue traspasado y vencido. Si puedes traer tus miedos ante esa cruz, el Señor que murió en ella te llevará de la mano en medio de la angustia. Levántate y cree con la confianza de un niño. Extiende tu mano y deja que tu Padre celestial te lleve por el camino del amor que echa fuera todo temor.

"Hermanos venezolanos no temáis, tened fuerzas, Dios tiene cosas grandes para su país... de lo malo Él hará algo bueno", Francisco I.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

jueves, 27 de junio de 2013

Creo con el corazón



La vida es un ejercicio constante del creer, mientras somos niños creemos sin reservas; si hay alguien de quien recibimos cariños y cuidados nuestra confianza fluye como el agua. ¡Estamos confiados en los brazos del amor! A medida que vamos creciendo las experiencias negativas de la vida van haciendo que desarrollemos el discernimiento para escoger a las personas a las que le abrimos nuestro corazón. Sin embargo, hay infinidad de situaciones en las cuales es imposible estar absolutamente seguros del resultado final; entonces, debemos creer, creer en nosotros mismos, creer en las personas involucradas, creer en los sistemas, creer en la tecnología, creer en las instituciones, creer y creer.
Muchos, muchas veces somos ajenos a este constante ejercicio de fe en la vida de cualquier ser humano. La fe nos aporta ese pensamiento de seguridad, esa certeza en nuestro ser interior que nos permite confiar y, por ende, actuar. Cuando no tenemos fe, cuando no creemos nos paralizamos. Es un mecanismo de sobrevivencia innato, nos protege, nos resguarda; sin embargo, muchas veces nos anula, nos hace vivir días sombríos cuando el sol resplandece en el horizonte. Mientras el creer genera vida, relaciones de bien, verdad y armonía. Vivir sin confiar es estar encadenados al miedo, y el miedo solo es el camino opuesto a la confianza,.
Al considerar el ejercicio del creer debemos tomar en cuenta nuestros sentidos físicos, pues creer en la vida cotidiana depende mucho de la visión de Santo Tomás, si vemos, entonces creemos. Pero no siempre somos tan afortunados como para corroborar con nuestros sentidos la veracidad de algo o de alguien, entonces debemos decidir darle cabida a la confianza. Muchas veces nuestro acto de fe se ve recompensado gratamente, otras veces la decepción, la frustración y hasta la traición golpean nuestro corazón. A medida que la respuesta es positiva en una determinada circunstancia, o en la relación con una determinada persona, nuestra fe va en aumento, nos entregamos con confianza, y la confianza nos proporciona felicidad.
Ahora bien, somos seres creados a imagen y semejanza de Dios. En nuestra creación existen elementos más allá de lo físico y emocional. Somos también seres espirituales, y nuestra vida espiritual nace en el creer en Dios. Una de las artimañas más usada por el enemigo de nuestras almas es hacernos creer que Dios no existe, que es una falacia. Al lograr esto en nosotros apaga la luz que puede iluminar nuestras vidas; nos aleja totalmente de la vida en abundancia que Jesucristo nos prometió; nos hace perder toda esperanza y, sobretodo, la trascendencia de nuestras vidas en la esperanza de la vida eterna.
Es pues la vida del cristiano un constante ejercicio de nuestra fe. La contraparte del creer, la duda, querrá ensombrecer nuestro camino en muchas oportunidades; por esa razón,  la Biblia nos recuerda a través de Santiago que aquel que duda es semejante a la ola del mar que es llevada por el viento de un lado a otro. Cuando no creemos nos volvemos personas inconstantes que dependen de sus emociones junto con las circunstancias. Creer en Dios significa en primer lugar, reconocer su poderío y majestad. Creer en Dios es saber que por encima de todo está El, que El no depende de nuestra fe, que El existe aunque nuestra fe no alcance para creerle en ciertos momentos. Creer en Dios, es creer en su Hijo Jesucristo, es creer en su sacrificio supremo. Es entregar nuestras vidas al pie de la cruz, es confesar con nuestras bocas que Él es el Señor, creer con el corazón que Dios le levantó de los muertos, y que hoy vive en ti y en mi. (Romanos 10:9-10)
¡Creo con el corazón!
Rosalía Moros de Borregales.
rosymoros@gmail.com
@RosaliaMorosB


La influencia del padre



Dedicado a todos los padres en su día


A través de la historia la imagen del hombre en su condición de padre de familia ha sido muchas veces degradada, hasta el punto de haberlo reducido muchas veces solo a una célula necesaria para la creación de un nuevo ser. Ciertamente, infinidad de hombres han actuado de tal manera en su rol de padres que muy bien podrían merecerse esa calificación. Sin embargo, el diseño divino de un padre abarca el concepto de un rol de múltiples facetas, pleno de sabiduría y bondad que pueden influir en la vida de un hijo de maneras infinitas, marcando huellas indelebles.



Particularmente, pienso que si la influencia del padre no fuera importante en la vida, las mujeres tendrían la capacidad de crear hijos por sí mismas. Pero la familia es un todo en el cual cada miembro es necesario e importante. Lamentablemente, el papel protagónico del padre en la formación de los hijos ha sido relegado, muchas veces por su propia actitud de indiferencia o abandono y otras tantas, por el matriarcado imperante en nuestra cultura latinoamericana. Nada más alejado de la verdad que pretender minimizar la trascendencia de la relación paterna en la formación de individuos íntegros y sanos.



La vida nos permite compensar muchas carencias. En sus caminos infinitos un padre puede ser sustituido por un hermano mayor, por un tío, por un abuelo, por un maestro, y hasta por otro cónyuge de la madre; pero el alma de cada niño anhelará al padre que lo concibió. Pues la creación de un ser humano va más allá de un código genético; existen vínculos espirituales que se tejen desde el momento de la concepción. Un entramado de emociones, de sentimientos que permanecen imborrables en el alma de todo ser humano. Una voz interior que llama al progenitor. De tal manera que, si eres padre no delegues esa tarea a la cual fuiste vinculado en el acto mismo de la creación.



Tu labor de creador trasciende a la concepción, se va enriqueciendo con cada minuto de la vida de tus hijos en el que estás presente personalmente o a través de tu influencia. Tú tienes en tu ser la capacidad inherente a tu condición de padre para darle a tus hijos el sentido de seguridad. ¡Haz que ellos sepan quien es el que los defiende! Que sepan quién representa el lugar seguro donde pueden refugiarse siempre que lo necesiten. Tú puedes lograr que ese pequeñito indefenso que no entiende muchas cosas de la vida, sepa con plena certeza que hay alguien para quien el o ella es absolutamente importante.



La vida no es una regla matemática, no se trata siempre de enseñarles lo que es correcto o equivocado, sino cuál es el mejor camino entre dos que son buenos. Enseñándoles a discernir con la habilidad de un cirujano que con su escalpelo logra separar dos tejidos muy finos, resaltando una diferencia imposible de ver a simple vista. Mostrándoles que más allá de hacer lo bueno, se encuentra el camino de la excelencia, en el cual no nos conformamos con hacer lo correcto sino cuando damos lo mejor de nosotros mismos.



El ser una persona que se comunique con un lenguaje que exalte virtudes y llame a cada cosa por su nombre, sin caer en la descalificación, siempre logrará en tu hijo un sentido equilibrado de sí mismo. Sin embargo, recuerda que tus actitudes hablan tanto más alto que tus palabras. Cada palabra debe ir sustentada con una actitud acorde. Los niños no son hipócritas. Ellos harán lo que tú haces, aunque no hagan lo que tú les dices. Tú puedes ser la influencia más importante en la vida de tus hijos. Asume tu rol. Cumple tu tarea. Te aseguro que no habrá mayor felicidad en tu vida que la felicidad de ellos.



"No me cabe concebir ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona que la necesidad de sentirse protegido por un padre".




Sigmund Freud

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

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@RosaliaMorosB

Vergonzosa revolución



Existen cuatro pilares fundamentales en el desarrollo armónico y sostenido de un país; en ellos se soportan todos los planes de acción para la construcción de una sociedad capaz de alcanzar el mayor bienestar posible. No se trata de la panacea, no es algo novedoso, ni tampoco experimental. Ha sido probado desde tiempos remotos comprobando sus excelentes resultados, perfectibles, como todo lo humano. A saber, la salud, la educación, la libertad y la seguridad. Mientras estos cuatro pilares no sean la prioridad de un gobierno, sencillamente no habrá progreso en una nación y, como consecuencia, será cada vez menor la posibilidad de alcanzar una vida digna.

Lamentablemente, los venezolanos llevamos una década y media siendo gobernados por una partida de sátrapas que muy alejados de querer el bien de los venezolanos han pretendido despojarnos de todos nuestros derechos. Bajo el amparo de una revolución que prometió cambios sustanciales en las estructuras de la nación, con el fin de proveer una vida de oportunidades, estos revolucionarios de pacotilla solo han logrado enlutar a nuestra patria generando más miseria, muerte y dolor. ¡Vergonzosa revolución!

Es absolutamente inaceptable que en un país con tanta riqueza su gente tenga que sufrir verdaderos vía crucis para recibir los servicios de salud. Ellos, los revolucionarios, pretendiendo ser hombres muy importantes de negocios, solo hablan de la cantidad de petrodólares invertidos. Miden la eficiencia por el dinero; solo que ese dinero se va menguando mientras recorre un largo camino de corrupción. Al final, no hay vacunas para la influenza AH1N1, somos el segundo país en Latinoamérica con más decesos por esta enfermedad, solo superados por Brasil que cuenta con casi 200 millones de habitantes. ¡Vergonzosa revolución!

Contamos con los mismos hospitales construidos en democracia; pero ellos, los revolucionarios, se jactan de la red de CDI deteriorados por falta de mantenimiento, con sofisticados equipos tapizados por el polvo ya que el personal no fue instruido para su operación. Ni hablar de la injusticia cometida contra todos esos muchachos a quienes engañaron vilmente haciéndoles creer que los convertirían en médicos en tres años, quienes ahora andan sufriendo de cojera intelectual nada mas y nada menos que en el manejo de la salud de otros. Pero los revolucionarios traen verdaderos cambios, están muy ocupados probando las terribles consecuencias del tetero y diseñando la mejor toalla sanitaria al mejor estilo cavernícola. ¡Vergonzosa revolución!

Han tenido las arcas repletas para comprar voluntades en el continente y más allá de sus fronteras; sin embargo, el modesto presupuesto que genera la cesta petrolera a 100 dólares el barril no les ha alcanzado para construir escuelas, liceos y universidades. Lo más grave es que las que existen las han sometido al desmantelamiento por sus malandros asalariados. Con premeditación y alevosía llevan años reduciendo los presupuestos de las universidades. No tienen las luces entre sus prioridades. Tampoco, tienen la moral para dirigirse a los más valiosos profesionales de una nación, los educadores; sin los cuales no hay luz sino una profunda oscuridad que nos dirige al caos.  ¡Vergonzosa revolución!

Todos los derechos contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos son adquiridos desde el momento de ver la luz de este mundo. La palabra clave en esta declaración es libertad, puesto que el disfrute de estos derechos le ofrece al individuo libertad para ejercer una vida plena, que debe ser garantizada por el Estado. Tristemente, en nuestro país, la línea de separación entre Estado y Gobierno se encuentra completamente desdibujada. Pero, la revolución ha coloreado con su rojo sangriento las calles de nuestra nación. Solamente en el 2012 se registraron 14.000 homicidios. La revolución cercena el derecho a la vida mediante la impunidad al criminal. Mientras los ciudadanos están completamente desprotegidos, ellos, los revolucionarios viven y se trasladan en bunkers, custodiados al mejor estilo Rambo. ¡Vergonzosa revolución!

"Una sola cosa nos explica bien la historia y es en qué consisten los malos gobiernos".

Thomas Jefferson

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 



@RosaliaMorosB

La génesis de la violencia



Desde los más antiguos hallazgos reportados por los arqueólogos en su búsqueda incansable por registrar la historia de la humanidad, se ha encontrado que la violencia ha sido un factor predominante en la vida sobre el planeta. Los seres humanos de todas las épocas han teñido la tierra con la sangre de sus iguales. En las primeras páginas de la Biblia, se relata el asesinato de Abel por parte de Caín, su hermano. Una historia que nos muestra cómo el resentimiento se convierte en rabia y, como la rabia conduce a la violencia. "_ El mal yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo_", le dice Dios a Caín cuando lo ve enojado. Pero Caín dejó que el mal tomara su corazón, no dominó al mal sino fue dominado por él.


Dios advierte a Caín que el mal está acechando constantemente, está a la puerta queriendo poseer su vida, dirigir acciones. Miles de años más tarde, en el Nuevo Testamento, Jesús les habla de lo que realmente contamina al hombre, les dice que sale de su propio corazón: "porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona" (Marcos 7:22-23). Cuando analizamos al ser humano a la luz de Dios todo se trata siempre del corazón, de lo que en él nace, crece y termina dominando nuestro proceder. Entonces, la violencia está tan cerca de nosotros como está nuestro propio corazón.



Porque el corazón del ser humano es como la tierra en la que crecen las semillas que en ella son plantadas. Y ¿cuáles son las semillas que abundan actualmente en nuestra sociedad? Cada día somos bombardeados por toda clase de información en la que la violencia en todas sus facetas se manifiesta haciendo mella en el corazón, ocupando un espacio vital. Cada día se promueven más los antivalores que los valores. Se van introduciendo formas de comunicarnos que lejos de exaltar alguna virtud en el otro, exaltan la ofensa. Desde los más altos niveles del liderazgo en el Gobierno, pasando por el padre de familia, hasta el maestro en el aula de clase, hacen uso de la violencia en el trato; desde palabras descalificadoras, actitudes de indiferencia e ignorancia hacia los derechos humanos de los semejantes, hasta el lenguaje escatológico son usados cada vez con más insistencia en la cotidianidad.



Todo radica en lo que dejamos guardado en nuestro corazón, por esa razón el sabio proverbio de Salomón: "por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida". No podemos pretender Vida en un ambiente en el que se pondera la maldad. Es necesario que atentamente introduzcamos cambios sustanciales en la forma de relacionarnos con nuestros semejantes, de otra manera la violencia continuará en ascenso. Tendremos cada vez más individuos que se sienten ofendidos por un ambiente hostil en la nación, en el cual las cosas más sencillas y naturales de la vida se han convertido en una espiral de esfuerzos frustrados. Frustración que conlleva a la rabia, y luego de ser anidada en el corazón es capaz de generar toda clase de violencia.



En la misma noche de su arresto, cuando soldados romanos acompañados de algunos judíos vinieron a Jesús, su discípulo Pedro desenvainó su espada para defender a Jesús de sus agresores y le cortó la oreja a uno. Inmediatamente Jesús le habló a Pedro diciéndole: "pon de nuevo tu espada en su vaina, porque todo aquel que tome la espada a espada morirá". Luego puso su mano sobre la oreja de aquel hombre y al instante fue sanado. Una vez más Jesús establece no uno, sino dos principios para la sana convivencia: Primero, el que siembra la violencia recogerá de sus frutos. Segundo, la única manera de vendar la herida al agredido es hacer restitución.



"Ojo por ojo y el mundo acabará ciego". Mahatma Gandhi

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES




@RosaliaMorosB

jueves, 6 de junio de 2013

El valor de un hijo


Dedicado a mi amiga Nelly Rudas

Al pensar en los hijos, en mis hijos, recuerdo aquel hermoso poema de nuestro Andrés Eloy Blanco -Los hijos infinitos. Y es que no hay un sentimiento que tenga más carácter de infinidad que el amor que se siente por un hijo. Todas las palabras del poeta recorren nuestra alma, hablan lo que pensamos en nuestro interior, le dan vida a nuestro querer y nos transportan a un sentimiento universal: "cuando se tiene un hijo, se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera".

Definir el valor de un hijo es imposible, no alcanzarían todas las palabras de todas las lenguas de la Tierra para describir la más sublime bendición de nuestras vidas. Un hijo es lo más nuestro, lo más apegado a nuestros corazones y, al mismo tiempo, lo más ajeno. Siempre los llevamos con nosotros aunque ellos vuelen en otro cielo. Son el tesoro que cuidamos con más esmero, no esperamos otra retribución que la felicidad de ellos. Cuando nos convertimos en padres no alcanza el mundo para darles, ni todos los esfuerzos para protegerlos: "cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro y el corazón afuera".

Un hijo nos convierte en hacedores, nos da el privilegio de engranarnos en la obra  inmensurable de la creación. Aunque ignoremos cómo se lleva a cabo la formación de la vida a partir de dos pequeñísimas células, cuando participamos en este proceso estamos dando lo mejor de lo más profundo de nuestro ser, y con ello, estamos replicando no solo características definidas de nuestro físico y el de los abuelos, sino de todo lo intangible que yace en nuestra esencia, en nuestro interior. Un hijo nos llena el corazón, dos nos rebosan la copa. Así como aumenta la dicha, aumenta el dolor que traspasa el alma; no solo por los hijos propios, sino por todos los hijos que nuestras miradas encuentran en el camino, que arropamos con nuestro amor: "y cuando se tienen dos hijos, se tienen todos los hijos de la tierra, los millones de hijos con que las tierras lloran, con que las madres ríen, con que los mundos sueñan".

El que llena su casa de hijos, llena su vida de bien; porque no alcanzan todas las lágrimas que se derramen por un hijo, a la felicidad de verlos crecer. Cuando se tiene un hijo el corazón se acerca más a Dios, se vuelve menos egoísta, se rinde al amor. Sus ojitos se convierten en la inspiración para desafiar al mundo, para traer a la mesa los frutos de la tierra con las manos laboriosas llenas de sudor. Cuando se tienen hijos se llena el regazo de algarabía, de risas y carcajadas; también de dolor, lágrimas y tristeza, pero siempre con esperanza porque los hijos son el milagro de la vida: "cuando se tienen dos hijos se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo, toda la angustia y toda la esperanza, la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega, si el modo de llorar del universo o el modo de alumbrar de las estrellas".

Al sentir en mi interior el valor infinito de un hijo, pienso que no podría haber otra forma más grande de la manifestación del amor de Dios por toda la humanidad que el haber entregado a su hijo Jesucristo. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que el Hijo vino para entregar su vida por nosotros, para que todo aquel que en Él cree no se pierda sino tenga vida eterna. Dios nos dio lo más preciado de su corazón.

¡El valor de un hijo es inmensurable!

El amor de Dios por ti fue expresado en el valor inmensurable del sacrificio de su Hijo en la cruz. ¡Abraza al Hijo y abrazarás la Vida!

Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com

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@RosaliaMorosB

El poder de la influencia moral



Los seres humanos nacemos en un contexto colectivo, no despertamos a la vida en medio de una isla solitaria como únicos habitantes. Desde los tiempos más remotos para que la convivencia sea posible en medio de esa colectividad, los individuos se han visto en la obligación de ajustar su conducta a un conjunto de normas que son aceptadas y reconocidas como obligatorias. El cumplimiento de estas normas conlleva a lo que conocemos como un comportamiento moral. Sin embargo, al indagar sobre moral en nuestra maravillosa lengua, encontramos que su significado se reporta no solo en el plano de lo jurídico, sino en el del fuero interno; es decir, en la esencia del ser humano.

El ser humano nace con la capacidad de discernir entre el bien y el mal. A pesar de que la conducta es inducida por el tipo de influencia recibida en la familia, la escuela y la sociedad en general, todos los individuos en la esencia de su ser, en ese fuero interno tienen la capacidad de discernir cuando su conducta es enaltecedora de las virtudes humanas en contraposición con las conductas que rompen el equilibrio y la armonía que genera la práctica del bien. La moral es pues, esa fuerza positiva que yace en la esencia intrínseca de la fundación del ser humano y lo diferencia del resto de la creación.

Como todas las cosas que pertenecen a la vida, la moral debe ser cultivada y alimentada a fin de hacerla sólida, de convertirla en un sustento cada vez más inconmovible de nuestra sociedad. Una tarea que corresponde en primer lugar a los padres en cada hogar y, en segundo lugar, con carácter irrevocable, una tarea del Estado. Ahora bien, ¿qué podemos hacer cuando el Estado es presidido por un gobierno cuya conducta consiste en prácticas alejadas de la moral en las que se enaltecen los antivalores con la consecuente deshumanización de nuestra sociedad?

Es un deber de todos en nuestro círculo de influencia desatar el poder de la moral. No debemos permanecer pasivos, no debemos mantener esa perniciosa actitud de indiferencia ya que más temprano que tarde todos somos afectados por la conducta imperante en nuestra sociedad. ¡Todos tenemos un círculo de influencia! El problema con nosotros es que subestimamos nuestra capacidad de influir positivamente en aquellos que nos rodean. Me atrevo a aseverar que tu influencia positiva sumada a la de tu vecino, tu amigo y tu hermano puede llegar a lograr cambios sustanciales. Siempre estamos esperando que los cambios permeen de arriba hacia abajo, es decir, desde el liderazgo hacia la sociedad.

Por supuesto, que ese es el deber ser; sin embargo, cuando en una sociedad el liderazgo está corrupto es el deber de los ciudadanos levantar sus luces en todos los aspectos de la vida de la nación. Porque, cómo podrá resistir un liderazgo corrupto ante la oposición moral declarada y exhibida públicamente de todas las sociedades científicas, de Historia, de Artes, de Ingeniería, de Economía, etc. Ante todas las sociedades de padres y representantes de las diferentes instituciones educativas. Ante todas las universidades, los colegios federados, los diferentes sindicatos de trabajadores y obreros. Ante las diversas empresas que se desenvuelven en la economía del país. Ante todas las ONGs, los líderes religiosos, la familia y todos los grupos de individuos reunidos con un fin moral. Ante la avalancha del bien el mal tiene que quitarse del camino. ¡La luz en las tinieblas resplandece! Debemos desatar el poder contenido en la influencia moral en todos los ámbitos de nuestra nación.
¡Esta es la tarea irrenunciable de todos!

¡Cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas!  
Simón Bolívar.


ROSALÍA MOROS DE BORREGALES | 



@RosaliaMorosB

viernes, 17 de mayo de 2013

Madre mía


Dedicado a mi madre, Rosilda Martín de Moros-Ghersi y con ella
a todas las madres de mi amada Venezuela.

Madre mía, te siento tan hondo dentro de mi alma.
Tu suave rostro dibuja una tenue sonrisa,
tus ojos profundos revelan mi dolor en tu dolor,
se encuentran con los míos en el camino del adiós.
Tantas veces nos hemos despedido, es un sendero ya recorrido.
Pero mi alma y tu alma no se conforman, me vuelvo niña
y tú te vuelves preñada por el amor para llevarme contigo.

¡Madre mía! ¿De dónde tu fuente inagotable?
¿De dónde esa cascada de amor que me bendice la vida?
La amiga incondicional, el abrazo cálido que arropa a la niña,
que sostiene a la mujer que hiciste de mí.
Tu silencio profundo que habla tanta sabiduría.
Tus tiernas palabras que me consuelan el alma herida.
¡No hay mayor refugio que tu vientre, madre mía!

Madre mía, tus alas se extienden para albergarnos a todos en tu pecho.
En tu corazón cabe un hijo, caben dos, cabemos todos los hijos
a los que la Providencia amamantó de tu seno.
Tu luz ha iluminado nuestros caminos,
has sido lámpara en nuestra oscuridad.
El agua de tu manantial ha saciado nuestra sed.
¡En el desierto de la vida tú has sido el oasis del amor!

Madre mía, cuánto te amo, y cuánto me falta por amarte.
En tu amor es el único que puedo volver a ser niña,
crecer hasta la incipiente mujer que se dibuja en la adolescente.
Y de nuevo transformarme en mujer completa, cabal.
¡En tu amor me igualo a ti para convertirme en madre!
Para sentir hasta lo más profundo de mis entrañas el dolor de mis hijos.
Y regocijarme con ellos en todas sus más pequeñas y grandes alegrías.

¡Madre mía, qué bendición tenerte, qué gozo tan grande amarte!
Quisiera remontarme en los cielos y desde allí abrir mis brazos
para bañarte con lluvias de bendiciones la vida.
Quisiera extraer de lo más profundo de la tierra las riquezas de colores brillantes
para adornarte a ti, madre mía, la piedra más preciosa de mi vida.
Quisiera caminar siempre tomada de tu mano,
y cuando te vayas seguir sintiendo el calor de tu presencia.

Madre mía, recibe en este día mi humilde tributo,
Mi veneración y el amor de mi corazón.
El perdón por mis faltas, por mi omisión,
por las heridas que pude haber causado en tu ser.

Quiera Dios que como ungüento estas palabras que nacen hoy
en el rincón más profundo de mi alma,
alegren tu vida y la consuelen de todos los dolores de ser madre.

¡Madre mía, nunca dejes de bendecirme la vida!

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 


rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

@RosaliaMorosB

jueves, 2 de mayo de 2013

El miedo en los brazos del amor



El apóstol Juan, en su primera epístola, nos da toda una disertación maravillosa sobre el amor. Entre todas sus palabras, son éstas las que hacen vibrar mi corazón: ” En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” (1 Juan 4:18). Cuando traigo estas palabras a mi mente, cuando las convierto en una oración, siento que mi ser entero experimenta un abrazo de Dios; siento que al venir ante Él todos mis miedos se desvanecen, y en cada lágrima que brota de mis ojos al ser bendecida con su presencia, los temores salen de mi alma como la oscuridad se desvanece cuando la aurora baña con su luz un nuevo día.
Solo el corazón conoce sus propios miedos; las angustias del alma son muchas veces solitarias. Nadie alardea de sus temores, nadie cuenta cómo  la angustia le despierta en medio de la noche; cómo le quita el sueño, le resta las fuerzas y le hace sentir la noche inmensa y el silencio más profundo, que nos hunde en un grito  mudo de desesperación. Nadie nos cuenta su soledad, la tristeza del amanecer que no nos deja levantarnos de la cama sino después de un gran esfuerzo.
El miedo es un ladrón, un usurpador que desplaza las alegrías del alma, las encarcela y con opresión las anula. El miedo va minando nuestro ser, ocupando lugares que un día tuvieron el color de una flor, la salud de un niño carcajeándose en un parque, la serenidad de un abuelo que ha vivido con dignidad y en el ocaso de su vida se siente pleno. El miedo hiere el corazón con una herida que no importa todas las curas que le des, continúa sangrando hasta que la mano de Dios la venda. Él es quien venda  a los quebrantados de corazón y el que da libertad a los cautivos.
Como hijos de Dios, estamos llamados a vivir cada día de nuestras vidas bendecidos por la plenitud de su amor que puede librarnos de todo el mal. Pasamos la vida entera aprendiendo miles de cosas, ejercitándonos en distintas disciplinas, pero no nos ejercitamos en la fe; vamos por la vida como raquíticos espirituales mientras el océano de Dios yace a nuestro lado, pleno de verdades que pueden liberar nuestras almas de la angustia; pleno del amor más sublime y excelso que enaltece nuestro ser convirtiéndonos en verdaderos hijos que pueden sentarse en su regazo, recostar la cabeza sobre su pecho , y luego de un rato, pararnos y continuar el camino con la cabeza erguida y la mirada en alto.
Un nuevo tiempo de gracia está llegando,, un nuevo amanecer trae la luz radiante del sol a nuestras ventanas. El miedo se desvanecerá cuando abras tu corazón al amor de Dios. Levántate y abraza tu fe. Con la confianza de un niño extiende tu mano y deja que tu Padre celestial te lleve por el camino del amor que echa fuera todo temor.
“Hermanos venezolanos, no temaís, tened fuerzas, Dios tiene cosas grandes para su país… de lo malo, Él hará algo bueno”. Papa Francisco.

Rosalía Moros de Borregales





DIOS DE PACTOS


Un pacto es un acuerdo entre dos o más personas o entidades que se comprometen a su observancia. Al indagar en el origen bíblico de la palabra encontramos que en las Sagradas Escrituras se traduce la palabra hebrea berit como pacto o alianza, y la palabra griega diazéke como pacto o testamento. El propósito intrínseco de un pacto es generar bien, o en su defecto satisfacer el interés de los aliados. La validez de un pacto se circunscribe a las estipulaciones establecidas por las partes involucradas. Todos de una manera u otra hemos sido parte de un pacto, por lo que sabemos que solo la fidelidad de sus comprometidos constituye la garantía de su cumplimiento. Si uno cumple con todas sus obligaciones, pero el otro desiste del ejercicio de su voluntad, el pacto es quebrantado y su propósito no se cumple.

A lo largo de la Biblia encontramos historias que nos revelan a un Dios que propone pactos, un Dios que al relacionarse con el ser humano promete todo su amor y su poder al cuidado de quienes le honran. El ser humano puede establecer pactos con sus iguales, mas en el orden divino es Dios quien propone el pacto, en ningún caso el hombre le propone pactos a Dios. El Señor hizo pacto con Adán, con Abraham, con Moisés y con Noé, entre otros. En general, los teólogos describen 8 grandes pactos en la Biblia. Algunos fueron personales, solo entre Dios y un hombre, otros involucraron a un hombre con su descendencia, y otros involucraron a una nación. Aunque un pacto sea personal, el bien generado a causa de éste siempre tiene repercusión mucho más allá de los involucrados.

Cuando Dios establece un pacto hay siempre un propósito de bendición. La exigencia de Dios a cambio es la obediencia a sus mandamientos, una vida de integridad y la rendición en adoración a su nombre. Al investigar sobre las vidas de estos hombres con los cuales Dios estableció pactos, podemos ver como a pesar del fracaso de muchos de ellos en mantener el compromiso, una y otra vez Dios les da oportunidades de restitución antes de quebrantar la parte que a El le corresponde. El manifiesta su misericordia dando siempre oportunidad, de tal manera que haya arrepentimiento, enmienda y frutos de justicia. Quizá uno de los pactos más emblemáticos de la Biblia es el pacto de Dios con Noé en el cual Dios juró que nunca más volvería a destruir la tierra con agua dando la señal del arcoíris  como un recordatorio de su fidelidad. Noé cumplió con su parte, por esa razón después de la lluvia podemos ver el cielo azul adornado con el arco de colores.

Es propio del ser humano quebrantar los pactos, darle la espalda a un compromiso adquirido, argumentar con toda clase de razonamientos basados en la mentira que sólo maquilla la verdad de una voluntad resoluta a no cumplir con la parte que le corresponde. Así, vemos hombres y mujeres viviendo soledad porque sus cónyuges los dejaron, escogiendo el camino más fácil y, quizá más placentero para sus egos que mantener el compromiso de estar siempre a su lado. Vemos niños abandonados por sus padres porque éstos irresponsablemente dejaron su compromiso. Vemos naciones envueltas en guerras cruentas porque pactos que un día fueron sellados por la voluntad de dos o más partes terminan siendo violados por intereses propios, egoístas que sólo benefician a unos pocos. La vida está llena de compromisos que adquirimos, es nuestra decisión cumplirlos. Sin embargo, hay un pacto que al venir a ser parte de él nos garantiza el ser guardados en una vida de paz aun en medio de los conflictos que otros pactos rotos ocasionan.

A través del nuevo pacto establecido por Dios Padre a través de su Hijo Jesucristo todos podemos ser insertados como parte de él por el ejercicio de nuestra voluntad. Aunque no es el ser humano quien propone pactos a Dios, el pacto de Jesucristo permanece vigente por siempre, de este pacto pueden ser parte todos los que quieran. El apóstol Juan nos explica en su evangelio que Jesús no vino para condenar al mundo sino para que todos alcancemos la salvación por medio de El. Por supuesto, hay obligaciones que le corresponden al que se acerca, pues siempre en un pacto existen condiciones que se deben cumplir. El evangelio nos dice que a todos lo que reciben a Jesús como su Salvador, a todos los que creen en su nombre El les confiere la potestad de ser hechos hijos de Dios y como hijos también herederos con El de sus riquezas.

Acércate hoy confiadamente al Señor, acepta su bendición por medio de su hijo Jesucristo, recíbelo en tu corazón, comienza a cumplir tu parte y no serás defraudado porque Dios siempre cumple sus pactos.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com/

@RosaliaMorosB

sábado, 13 de abril de 2013

La mejor de las estrategias


En todas las tareas del quehacer diario se idean, planifican y ejercen estrategias de acción. Algunas son claramente visibles a los ojos de cualquier observador, otras son secretas, calladas, desapercibidas pero igualmente presentes; detalles humildes, quizá insignificantes a los ojos del común pero tan válidos como los hechos más notarios. Desconocidas estrategias que representan la piedra angular de grandes proyectos, de ideas geniales que han enriquecido al mundo exaltando las más preciosas virtudes. Logros que un día se visualizaron como imposibles. Verdades que se mantuvieron durante siglos en la oscuridad. Estrategias para hacer el bien, estrategias para lograr el mal, todo está fundamentado en esa secuencia de pensamientos y de hechos que se suscitan uno a uno para lograr un propósito.

Una de las estrategias invencibles que nos develan las Sagradas Escrituras en la vida de los grandes hombres de Dios es la oración. Muchos pensarán que es absolutamente ridículo hablar de oración en pleno siglo XXI; sin embargo, cada día las necesidades espirituales del ser humano se hacen más palpables y la búsqueda de lo infinito se acentúa en la vida cotidiana. Una historia del antiguo testamento que nos remonta a unos 3.000 años a. C en la ciudad de Susa, una de las capitales del antiguo reino persa, sobre un varón llamado Nehemías nos muestra una pintura extraordinaria de los logros alcanzados a través de la comunión con el Creador.

Se encontraba Nehemías entre los dispersados de su pueblo Israel, lejos de su patria, trabajando para el rey Artajerjes cuando recibió la terrible noticia de las ruinas en las que se había convertido el muro de Jerusalén, de cómo las puertas de la ciudad habían sido reducidas a cenizas por el fuego. Dolido hasta lo más profundo, hermanado por el sentimiento de patria, cuenta la Biblia que Nehemías lloró y oró delante del Dios de los cielos. En primer lugar, alabó a Dios por sus atributos de grandeza, luego confesó su pecado y el pecado de todo su pueblo, reconoció la corrupción en la que habían caído, lo alejados que estaban de sus mandamientos. Entonces, le pidió a Dios que estuvieran sus oídos atentos a su oración así como a la de todos sus hermanos. Por último, le rogó que le concediera sabiduría y buen éxito para la tarea que estaba a punto de emprender.

La primera respuesta a su oración fue la gracia que Dios le otorgó delante del rey quien proveyó para él de todos los materiales necesarios para la reedificación de los muros de la ciudad, junto con todo un ejército de manos para la realización de la obra. La segunda fue la sabiduría para la reconstrucción, por lo que Nehemías fue a sus hermanos, los organizó y ellos con gran ánimo esforzaron sus manos en la obra. Pero el enemigo se disgustó mucho, oponiéndose por todos los medios, conspirando con todos los adversarios para atacar a Jerusalén, para hacerle daño. La tercera respuesta de Dios vino al revelar las estrategias de mal del enemigo a Nehemías, quien nuevamente oró y vio cómo el poder del Señor desbarató los planes de sus adversarios. Con sus manos trabajaban en la obra, en sus cinturas ceñían sus espadas; unos edificaban mientras otros eran centinelas que guardaban la ciudad.

Mientras el enemigo atemorizándolos arreciaba sus ofensas contra ellos, algunos se desanimaban en el proceso. Pero Nehemías sabía en quién había creído, sabía quién era el sustento de su vida, entonces con amor y autoridad exhortaba a su gente a continuar el trabajo. Y así, los muros de Jerusalén fueron levantados, sus puertas reconstruidas, y su pueblo volvió a vivir con dignidad, porque Dios cambió su espíritu angustiado por manto de alegría. La oración se convirtió en la primera de las estrategias de Nehemías, en la más importante; a partir de ella estableció su plan de acción. Una mano se levantó para el trabajo y la otra para alabar al Dios de los cielos.

Y así como Nehemías, hoy les invito a poner en práctica la mejor de las estrategias, hoy les invito a elevar esta oración:

"Acuérdate de nosotros, Dios mío, perdónanos según la grandeza de tu misericordia, concédenos tu gracia para vivir en paz, tu sabiduría para reconstruir nuestra patria, tu amor para caminar en humildad contigo. Que tu mano sea sobre nosotros para hacernos bien. Amén".

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES