martes, 14 de diciembre de 2010

¿A QUIEN IREMOS?



            Estamos viviendo momentos convulsionados en la historia del mundo y en particular de nuestro país. Momentos llenos de odio que han generado una violencia, desconocida hasta ahora, por muchos de los venezolanos quienes tuvimos la gracia de nacer en democracia. Nos sentimos tristes, desolados, frustrados, impotentes y amargados. Buscamos desesperadamente una salida, alguien que  nos dé una respuesta, que nos diga hacia dónde ir.
            El ser humano es un estratega por naturaleza. Desde los tiempos más remotos, los hombres han diseñado planes para llevar a cabo sus obras, para conquistar nuevas tierras, para establecer nuevos órdenes, etc., pero al mismo tiempo siempre hemos tenido ese sentimiento ineludible de querer adelantarnos al futuro, ese deseo angustioso de saber que nos deparará el día de mañana.
 ¿Acaso con solo tener este inmenso deseo dentro de nosotros, hemos logrado vislumbrar los hechos que acontecerán en nuestras vidas, o en nuestro país? ¿Acaso por más planes que hemos hecho, hemos logrado conquistar nuestro futuro de la manera que lo anhelamos? Creo sinceramente que nuestros esfuerzos han sido infructuosos. Creo que en nuestro afán de hacer planes, encontrar líderes y establecer estrategias, hemos perdido de alguna manera el rumbo, lo hemos perdido individualmente, y consecuentemente lo hemos perdido como nación.
            Muchos van detrás de hombres que ellos mismos endiosan, algunos se erigen a si mismos como sus propios dioses, otros ven con normalidad el creer y confiar en los astros más que en el Dios que los creó, y otros corren presurosos detrás de la maldad; maquinando sin cesar para matar, robar y destruir. Nos hemos equivocado, hemos puesto los ojos en el poder y el dinero; el conocimiento nos ha envanecido y hemos sobreestimado nuestras vidas, considerándonos más valiosos que nuestros iguales.
            Pero la historia es buena para enseñarnos que aún los imperios que llegaron a ser más grandes y ricos, también cayeron en medio de su gloria; y nos ilustra con ejemplos en los que tan alto fue el orgullo, tan profunda fue la caída. Como los griegos o el imperio romano que un día fueron esplendorosos como la belleza de una rosa que en un instante nos sorprende y mañana inexorablemente esta marchita.
            Nos ha llegado el tiempo de volver nuestros corazones a Dios. El tiempo de hacernos individualmente responsables por nuestras vidas. El  tiempo de escuchar su voz que nos llama. Sin Dios somos insuficientes para lograr la justicia que tanto anhelamos, sin Dios estamos perdidos en este mundo convulsionado.
 Cuando Jesucristo enseñaba a sus discípulos, dice la Biblia que algunos se volvieron atrás y ya no andaban con él, entonces Jesús les preguntó a los que quedaban: “¿quieren acaso ustedes irse también? Y Pedro le contestó: Señor ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tu eres el Cristo, el hijo del Dios viviente”.
Al igual que Pedro, elevo mi mirada a los Cielos y desde el fondo de mi corazón le digo hoy: Señor ¿A quién iremos? Y su voz tan fuerte como el estruendo de las muchas aguas y tan dulce como un silbido apacible, me responde: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. (Mateo 11:28).

Rosalía Moros de Borregales

jueves, 9 de diciembre de 2010

LA TRASCENDENCIA DE LAS PALABRAS



            Los seres humanos poseemos diversos dones que nos engrandecen, entre ellos la Palabra es un preciado tesoro. Ese maravilloso don a través del cual nos comunicamos y expresamos los secretos de nuestros corazones. A través de la palabra el poeta derrama su alma, el escritor expresa sus pensamientos, el abogado proclama su sentencia y el maestro imparte sus lecciones. A través de la palabra bendecimos a nuestros hijos cada mañana, levantamos el ánimo exaltando cualidades, damos esperanza; pero también condenamos y creamos destrucción.
            Es realmente impresionante como en el mundo moderno de las comunicaciones podemos ver con gran frecuencia el abuso del uso de las palabras. Palabras que son distorsionadas, palabras que usadas fuera de su contexto van perdiendo su verdadero significado. Palabras que se profieren sin percatarnos de su inmensa trascendencia en los oídos que las escuchan. Palabras que contienen un gran poder destructor, pero que son habladas ligeramente. Es así, como de repente para sorpresa nuestra escuchamos en un programa infantil un -¡maldito seas!-, o un -¡idiota!- O leemos en un artículo de prensa la amargura elevada a su máxima expresión. O escuchamos en un discurso insultos gratuitos hacia aquellos que disienten de los pensamientos del orador.
            Sin embargo, es maravilloso como las palabras pueden tener un efecto tranquilizador, como pueden darnos confianza, hacernos reír en un momento de tristeza, devolvernos la esperanza cuando creemos que todo está perdido, sanarnos una herida del alma, liberarnos del rencor cuando proclamamos el perdón, hacernos reflexionar en un momento determinado; en fin, sencillamente bendecirnos la vida. Y son estas palabras las menos habladas, las menos escuchadas, las que más escasean en nuestras vidas. Pareciera que nos pesa la lengua para decir un -¡buenos días!- o un -¡muchas gracias!- o expresar un cumplido a quien lo merece. Somos prontos para la crítica no sana, pero lo bueno se nos queda atrapado en las gargantas.
            La misma herramienta es usada para construir y para destruir, la diferencia está en la mano que la usa. Somos nosotros, individualmente, los que decidimos lo que hacemos con lo que Dios nos ha dado. Podemos bendecir, edificar, exhortar y consolar, o podemos maldecir, destruir y entristecer, porque como dice un proverbio: “La lengua apacible es árbol de vida, pero la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu”. (Proverbios 15:4). ¡Es la misma lengua! La diferencia es la fuente que la alimenta, el corazón del cual sacamos el bien o el mal. Como dijo Jesús: “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (Mateo 12:34).
            Por lo tanto esta en nosotros el poder de decisión para convertirnos en personas cuyas palabras sean transformadoras creando bien, en nuestras propias vidas y en las vidas de otros. Somos nosotros quienes decidimos la trascendencia que nuestras palabras tendrán. Somos nosotros los que decidimos dejar una huella de amor a través de nuestras palabras o crear un infierno que destruye todo cuanto va encontrando a su paso. Hagamos que nuestras palabras se conviertan en vida y bendición. ¡Las palabras tienen poder!
“La vida y la muerte están en poder de la lengua; y el que la ama, comerá de sus frutos”. (Proverbios 18:21)

Rosalía Moros de Borregales

miércoles, 1 de diciembre de 2010

EL LLANTO SE CONVERTIRÁ EN GOZO

En algún momento de nuestras vidas todos enfrentamos el dolor y la inmensa soledad que produce la pérdida de un ser querido. También en algún otro momento sentimos el dolor de otros y nos lamentamos por ellos. Como bien dijo el poeta Andrés Eloy Blanco: “Cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos de la tierra, los millones de hijos con que las tierras lloran”.
Crecí en un país, en esta Venezuela, el país de mis padres y de mis abuelos. Un país donde todos éramos tan solo venezolanos, tanto el muchachito de la cara sucia por el raspao como el muchachito de la cara sucia por el helado. Pero ahora vivimos en un país donde abunda la maldad, donde los valores y principios cristianos sencillamente no están, ni en la mente, ni mucho menos en los corazones de la mayoría. Las palabras del poeta quedan solo para unos cuantos, unos pocos que si sienten que “cuando se tiene un hijo se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera”. Que “cuando se tiene un hijo, se tiene al mundo adentro y el corazón afuera”…       
Qué tristeza ver como la cosecha de odios ha sido tan abundante…Cuánta tristeza embarga nuestras almas cuando vemos, oímos y sentimos el odio expresado a su máxima potencia por aquellos que tienen el poder para acaparar los medios de comunicación y a través de ellos lanzarnos su veneno. Lo trascendente es saber que esas miserias humanas solo pueden emanar de un corazón lleno de toda suerte de bajezas. Recuerden: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el hombre malo, del mal tesoro saca cosas malas”. (San Mateo 12:35) Lo trascendente es levantar nuestras cabezas en alto, es no devolver el insulto insolente, es no rebajar nuestro corazón a las mismas bajezas, es no convertirnos en la misma miseria humana.
Un pasaje bíblico cuenta sobre la tristeza de Marta y María. Ellas habían perdido a su hermano y Jesús no estaba allí para el momento de la muerte. Días más tarde cuando ellas vieron a Jesús llegar le dijeron: “Maestro, si hubieras estado aquí, nuestro hermano no habría muerto”. (San Juan 11:21). Sus almas sufrían de la soledad que causa la pérdida. Mas adelante, un versículo muy corto dice que Jesús fue a la tumba de Lázaro, y allí ante la tumba: “Jesús lloró”. (San Juan 11:35). Lloró porque  entiende nuestro dolor, porque entiende nuestra tristeza.
Sin embargo, Dios no nos promete que estaremos libres de dolor. El les dijo a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”. (San Juan 16:33). Las lágrimas, inexorablemente, correrán por nuestras mejillas, pero aquellos que han creído, del fondo de sus corazones sentirán brotar una paz que sobrepasa todo entendimiento humano, la cual se convertirá en fortaleza para sus vidas.
Es en Dios donde encuentran consuelo nuestros corazones, él es quien llena todo vacío de nuestro ser interior, porque nuestras almas nunca estarán satisfechas hasta que humildemente lleguemos a su presencia, arrepentidos, reconociendo su grandeza, nuestra insuficiencia, su poder, nuestra debilidad.
La fama y el dinero pueden darnos cierta alegría, una alegría tan pasajera que se evaporará en un instante, cuando la tierra gire, y el dolor del otro me toque, ahora, a mi.
El dinero puede comprar mucho, casi todo, hasta voluntades humanas, pero nunca alcanzará para comprar la paz que solo viene del corazón de Dios para aquellos que le reconocen y le aman. Para ésos es la promesa: “…y cambiaré su llanto en gozo, y los consolaré y los alegraré de todo su dolor”. (Jeremías 31:13)


Rosalía Moros de Borregales

jueves, 25 de noviembre de 2010

EN EL FOSO DE LOS LEONES

             Dice la historia bíblica que Daniel fue encontrado por el rey Darío como un hombre de un espíritu superior, al cual el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino. (Daniel 6:3). Este pensamiento del rey se tradujo en asignar a Daniel a un puesto de autoridad en su reinado. Pero como la envidia es abundante en aquellos de alma mediocre, cuenta la historia que los sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado con el reino; pero no pudiendo hallar ninguna falta en él, entonces planearon acusarlo en relación a su fe en Dios. Se presentaron ante el rey y le aconsejaron que promulgara una ley en la cual ningún hombre podría hacer ningún tipo de petición ni a persona alguna, ni a ningún dios fuera del rey; en caso contrario sería echado al foso de los leones… El rey entonces firmó la ley y la selló. (Daniel 6:7-8)
            Cuando Daniel supo que el nuevo edicto había sido firmado, se fue a su habitación y abrió sus ventanas hacia Jerusalén, y sin temor alguno ante la ley promulgada, se arrodillaba y oraba tres veces al día. Pero aquellos que maquinaban la maldad, usaron su posición de poder para cumplir sus propios deseos; y juntándose  hallaron  a Daniel  orando y rogando en presencia de su Dios. (Daniel 6:10-11). Entonces fueron ante el rey acusando a Daniel, y dice la Palabra de Dios que al rey le pesó y trabajó hasta el amanecer tratando de librarlo (Daniel 6:14), pero en su afán de acabar con aquel que tenía la gracia de Dios y gracia ante los ojos del rey, los sátrapas lo rodearon, al rey, y lo forzaron a cumplir… ¡El rey estaba atrapado en su propia ley! Entonces trajeron a Daniel y el rey le dijo: “El Dios tuyo, a quien tu sirves, él te libre” (Daniel 6:16). Y seguidamente echaron a Daniel en el foso con los leones; y el rey se fue a su palacio, no pudo comer, ni conciliar el sueño.
A la mañana siguiente fue a ver que había pasado con Daniel, y al llamarlo, recibió respuesta: “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones para que no me hicieran daño, porque ante él fui hallado inocente; y aún delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo”. (Daniel 6:21). Sacaron pues a Daniel del foso, y para sorpresa de todos “ninguna lesión fue encontrada en él porque había confiado en su Dios” (Daniel 6:23). Luego el rey mandó que a todos  aquellos quienes acusaban a Daniel, fueran echados al foso de los leones, y aún no habían llegado al fondo, cuando ya los leones habían quebrado sus huesos (Daniel 6:24). La historia termina con una alabanza del rey al Dios de Daniel. (Daniel 6:25-27).
Más allá de lo increíble de esta historia, más allá del hecho de que Daniel fue salvado de haber sido devorado por los leones. Pensemos que en ella hay muchas enseñanzas que aprender; pensemos que cuando un ser humano es íntegro en su proceder, cuando es fiel a Dios, cuando sus principios rigen su vida, no hay nada, ni nadie que pueda contra él. Y que aún si le quitaran la vida, jamás podrían quitarle la dignidad de la cual carecen aquellos que la menosprecian. Aquellos que tienden trampas, que cambian reglamentos, que aprueban nuevas leyes que se adapten a sus pretensiones de maldad, que persiguen a seres inocentes, que usan el poder de su posición para robar, matar y destruir.
Pensemos también que en los momentos más difíciles de nuestras vidas, como individuos, como familias, como nación, son los momentos en los cuales debemos echar mano de nuestra fe, en los cuales debemos ser valientes y continuar proclamando el nombre de Dios. Momentos en los que la oración debe ser nuestra arma más preciada, porque como me dijo mi hermano en estos días: “El que se arrodilla delante de Dios puede pararse delante de cualquier hombre”.
Es tiempo de confiar en Dios…

Rosalía Moros de Borregales



lunes, 15 de noviembre de 2010

LA TRASCENDENCIA DE LAS PALABRAS


            Los seres humanos poseemos diversos dones que nos engrandecen, entre ellos la Palabra es un preciado tesoro. Ese maravilloso don a través del cual nos comunicamos y expresamos los secretos de nuestros corazones. A través de la palabra el poeta derrama su alma, el escritor expresa sus pensamientos, el abogado proclama su sentencia y el maestro imparte sus lecciones. A través de la palabra bendecimos a nuestros hijos cada mañana, levantamos el ánimo exaltando cualidades, damos esperanza; pero también condenamos y creamos destrucción.
            Es realmente impresionante como en el mundo moderno de las comunicaciones podemos ver con gran frecuencia el abuso del uso de las palabras. Palabras que son distorsionadas, palabras que usadas fuera de su contexto van perdiendo su verdadero significado. Palabras que se profieren sin percatarnos de su inmensa trascendencia en los oídos que las escuchan. Palabras que contienen un gran poder destructor, pero que son habladas ligeramente. Es así, como de repente para sorpresa nuestra escuchamos en un programa infantil un -¡maldito seas!-, o un -¡idiota!- O leemos en un artículo de prensa la amargura elevada a su máxima expresión. O escuchamos en un discurso insultos gratuitos hacia aquellos que disienten de los pensamientos del orador.
            Sin embargo, es maravilloso como las palabras pueden tener un efecto tranquilizador, como pueden darnos confianza, hacernos reír en un momento de tristeza, devolvernos la esperanza cuando creemos que todo esta perdido, sanarnos una herida del alma, liberarnos del rencor cuando proclamamos el perdón, en fin, sencillamente bendecirnos la vida. Y son estas palabras las menos habladas, las menos escuchadas, las que más escasean en nuestras vidas. Pareciera que nos pesa la lengua para decir un -¡buenos días!- o un -¡te quiero!- o expresar un cumplido a quien lo merece. Somos prontos para la crítica no sana, pero lo bueno se nos queda atrapado en las gargantas.
            La misma herramienta es usada para construir y para destruir, la diferencia esta en la mano que la usa. Somos nosotros, individualmente, los que decidimos lo que hacemos con lo que Dios nos ha dado. Podemos bendecir, edificar, exhortar y consolar, o podemos maldecir, destruir y entristecer, porque como dice un proverbio: “La lengua apacible es árbol de vida, pero la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu”. (Proverbios 15:4). ¡Es la misma lengua! La diferencia es la fuente que la alimenta, el corazón del cual sacamos el bien o el mal. Como dijo Jesús: “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (Mateo 12:34).
            Por lo tanto está en nosotros el poder de decisión para convertirnos en personas cuyas palabras sean transformadoras creando bien, en nuestras propias vidas y en las vidas de otros. Somos nosotros quienes decidimos la trascendencia que nuestras palabras tendrán. Somos nosotros los que decidimos dejar una huella de amor a través de nuestras palabras o crear un infierno que destruye todo cuanto va encontrando a su paso. Hagamos que nuestras palabras se conviertan en vida y bendición. ¡Las palabras tienen poder!
“La vida y la muerte están en poder de la lengua; y el que la ama, comerá de sus frutos”. (Proverbios 18:21)

Rosalía Moros de Borregales

miércoles, 10 de noviembre de 2010

CREADOS CON UN PROPOSITO

           Según el existencialismo del siglo XX, vivimos en un mundo carente de algún sentido o finalidad en sí mismo, habitamos un universo sin Dios, y solo poseemos una vida fugaz, tras la que no hay ningún más allá. Heidegger el máximo representante de esta corriente filosófica en el siglo XX expresaba: “Continuamente nos vemos obligados a encarar un más que incierto futuro tomando decisiones sin saber exactamente qué consecuencias tendrán, de ahí que nuestra existencia se vea continuamente asediada por la culpa y la ansiedad, sobre todo a la hora de afrontar la muerte”. Según él, nuestras vidas no son más que un absurdo cuyo único sentido es el que queramos darle nosotros mismos.
Y esta, es la manera como muchos han vivido, y están viviendo sus vidas, sin ningún propósito, sin un norte, sin un camino que seguir. Muchos van detrás de los apetitos de su carne, y piensan que es necesario “vivir intensamente” porque “la vida es una sola y hay que vivirla”. Otros, viven encerrados en sí mismos, a pesar de estar rodeados de millones, incapaces de establecer vínculos y compromisos con otros seres humanos, por el miedo al dolor, la decepción y la culpa o por egoísmo. Más aún, hay otros que simplemente viven la vida de un día tras otro con la tristeza y la soledad inmensa del ser humano alejado de Dios.
 ¿Realmente podría este Universo el cual continuamente nos sorprende con la perfección de su creación, ser tan solo un producto del azar? ¿O acaso, es solo la Tierra una industria productora de seres humanos con un ciclo de vida, y nada más? ¿Podría el producto de un hecho azaroso mostrar tanta inteligencia? Nuestro planeta nos muestra como en él cada ser, cada cosa, tienen en sí mismos un propósito, que se conecta con el propósito más elevado de sustentar la vida.
La verdad es que a lo largo de la historia muchos han tratado de encontrar una explicación, una respuesta a las clásicas interrogantes de: ¿Por qué estamos aquí? y ¿Para dónde vamos después de la muerte? El hombre ha tratado de erigirse a sí mismo como el máximo exponente de la creación, lo cual ciertamente es, pero alejado de la concepción de Dios. Quizás porque en la complejidad del Universo, la idea de Dios le ha parecido demasiado simple para considerarla. O quizás porque se ha sentido demasiado grande e importante en la conducción del planeta, y se ha hecho a sí mismo su propio dios, creando un caos del cual él es la principal víctima.
Sin embargo, cuando nos remitimos a la Biblia, en el Génesis y leemos como fue el proceso de la creación, vemos una y otra vez que se repite la frase: “Y vio Dios que era bueno”, y más adelante, “Y que era bueno en gran manera”. Génesis 1: 31. Sí, porque todo lo que Dios creó es real y maravillosamente bueno, pero nosotros, los seres humanos, hemos transformado muchas cosas buenas en horrores superando nuestra propia capacidad de asombro ante la maldad que hemos creado.
Ciertamente, en nuestra búsqueda hemos creído que la sencillez con que se nos presenta Dios, lo reduce y lo aleja de la complejidad de su creación. Pero Dios y su propósito para con el hombre se reducen a la sencilla historia de la cruz del calvario; en la cual un hombre llamado Jesús de Nazaret dió su vida por todos y cada uno de nosotros (Juan 3:16), y en su cuerpo llevó todos nuestros pecados; pagando con su muerte nuestra liberación (Isaías 53:5). Más aún, no solo murió sino que también resucitó (Marcos 16:6) y venció la muerte para mostrarnos su deidad, para mostrarnos la trascendencia de la vida, la cual en Dios tiene un propósito que va más allá de sí misma y nos abre la puerta de la eternidad (Juan 14:1-3)
La grandeza del conocimiento del propósito de Dios a través de su Palabra, la Biblia, es precisamente que nos libera de las cadenas que nos atan a una vida sin sentido. Porque en Dios somos todos seres especiales, creados para un propósito en su reino. Y en el reino de Dios no hay accidentes. Tú y yo estuvimos en el pensamiento de Jesús en su crucifixión y estamos hoy en el pensamiento de Dios. Tu eres valioso (a) para Dios, tu vales la sangre de su hijo Jesucristo. El te ve a través de su hijo, y en su hijo El te ama y te invita a cumplir su propósito en ti a través de su gracia.
Amo ese versículo que dice: El Señor cumplirá su propósito en mi, tu misericordia Oh Dios es para siempre, no desampares la obra de tus manos”. Y cada día de mi vida me llena de inspiración su fidelidad.  El jamás abandonará la obra de sus manos. Tan solo respetará tu libre albedrío para tomar la decisión de abrirle la puerta de tu corazón, y cuando se la abras descubrirás una vida plena, aún en medio de la aflicción del mundo, y sobre todo, sabrás que: No eres un producto del azar de la naturaleza, sino que estas aquí con un propósito que cumplir.

Rosalía Moros de Borregales



domingo, 31 de octubre de 2010

TU TESORO MÁS PRECIADO


A veces siento que la vida actual nos aleja de las cosas realmente importantes. Cada día esta lleno de innumerables tareas, algunas ineludibles; muchas otras nos las hemos impuesto tratando de buscar el camino de la excelencia, tanto para nosotros como para nuestra familia. Sin embargo, hemos terminado atrapados en nuestra propia estrategia, porque tratando de hacer lo mejor, nos hemos perdido de lo más importante.
¿Es que acaso no es verdad que la prisa con la que vivimos nos ha hecho personas “superficiales”? ¿Cuántas veces en esos momentos a solas con nuestras almas nos damos cuenta de que en el afán de construir un mejor porvenir para los nuestros, hemos perdido elementos esenciales…? ¿Cuántas veces nos hemos perdido la sonrisa de nuestros hijos? ¿Cuántas mañanas nos hemos dejado atrapar por el corre-corre y no hemos dado un abrazo, o dicho un “Dios te bendiga”? ¿Cuántas veces nuestros hijos o nuestras parejas nos han hablado, y de repente, en un instante, nos damos cuenta que hemos oído sin escuchar? Quizás porque nuestras mentes estaban en otro lugar, resolviendo, trabajando… Perfectamente justificados, pero tristemente alejados de lo más valioso.
“Solo con el corazón se ve, lo esencial es invisible a los ojos”. ¿Lo recuerdan? Fue una de las primeras máximas que aprendí cuando era niña, es del libro “El Principito” de Saint Exupery. Y es que en este mundo que cada día motiva más nuestro sentido de la vista, nos hemos acostumbrado a mirar sin ver. Miramos pero la mayoría de las veces no vemos más allá de nuestros ojos, nuestras almas están ciegas, vacías…
Personalmente me he sentido de esta manera, por eso he reflexionado en ello y me he propuesto en mi corazón vivir, respirar profundamente, disfrutar de lo que es más importante.
He encontrado que después de Dios, lo que es más preciado a mi corazón es mi familia, la familia de donde vengo y la que he formado junto a mi esposo. Más aún he entendido, que si no puedo amar a los que Dios ha puesto a mi lado, que si no tengo la capacidad de disfrutar de la bendición que representa mi familia… ¿Cómo podría tan siquiera pensar que puedo hacer algo por otros que no conozco?
Hace algún tiempo tuve la bendición de visitar a mi hermana en el interior, también otros que están fuera asistieron a la cita para celebrar la boda de un sobrino. Estando allí, rodeada del cariño de mis padres, hermanas, cuñados y sobrinos, viví un momento especialmente tierno. El más pequeño de los niños, un bellísimo bebé de cuatro años, amaneció aquejado con un dolor de estomago, debido quizás al cambio de agua y alimentación. Había llorado mucho, manteniendo a su mamá ocupada por varias horas.
Cuando finalmente ella decidió dedicarse un poco de tiempo para cumplir con un compromiso que todos teníamos, el bebé comenzó a llorar de nuevo… Estábamos en el tiempo en que teníamos que salir… pero lo cargué e inmediatamente puso su cabecita sobre mi pecho, de repente hubo una lucha en mi mente… era necesario salir en ese instante si quería ser puntual… ¿Pero qué era más importante?
Afortunadamente, pude discernir y me quedé con mi sobrinito. Fui a la cama y lo acosté sobre mi pecho, pensé lo afortunada que era de poder tener a ese hermoso niño conmigo. Comencé a respirar suave y lentamente, como tratando de atrapar ese instante, de no dejarlo escurrirse con el afán… De repente, mi respiración y la de él se acompasaron y nuestros corazones comenzaron a latir al mismo ritmo… El bebé dormía profundamente y mi corazón se llenaba de un sentimiento indescriptible… de la bendición de Dios.
Entendí entonces que no hay tesoro más preciado que la familia que Dios nos ha dado. “Cuán bueno es que los hermanos estén juntos en armonía, porque allí envía el Señor bendición y vida eterna”.

Rosalía Moros de Borregales

miércoles, 27 de octubre de 2010

MADRES QUE ORAN

            Tengo dos muchachotes en casa, son el alma de nuestra existencia. Los amamos más allá de lo que pueden describir las palabras. Sentimos que todos los esfuerzos no son suficientes para hacer de ellos hombres de bien. Quisieramos, como muchos, poseer dones especiales para discernir sus necesidades, para penetrar sus mentes y corazones, en fin, para darles la mayor felicidad posible. Creo, sin temor a equivocarme que este es el pensamiento de todos aquellos a quienes Dios nos ha bendecido con hijos. ¡Cúanto quisieramos hacer por ellos y para ellos! ¡No tienen límites nuestros deseos de amor y de bien!

            Cuando me convertí en madre, sentí que estaba frente al reto más grande de mi vida. A diferencia de otras empresas que había acometido, ésta me pareció un Everest, pensé que quería hacerlo bien, pero cómo. Necesitaba encontrar una fuente de sabiduría de donde tomar las herramientas necesarias para esta indescriptible tarea. Si, así  me sentí, entonces recordé a mi madre, y a mi abuela, pensé que ellas lo habían logrado y busqué en sus inspiradoras vidas para saber cual había sido el secreto.

            Despues de meditar por un tiempo, de leer muchos libros y de caminar en mi memoria por las vidas de estas dos grandes mujeres, encontré que no había, que no hay, una formula mágica para levantar a los hijos. Pero con alegría descubrí que las vidas de ambas estaban marcadas por su fe en Dios. Descubrí que esa fuente de sabiduría que estaba buscando, era ese Dios que ellas me habían enseñado, y que su fortaleza provenía de la oración.

            Desde entonces comenzé a orar por mis hijos, y no he dejado de hacerlo. A través de los años me he dado cuenta que ante los ojos de Dios ser una madre perfecta no es lo que cuenta, pero ser una madre que ora si. Desde entonces he comprendido que esta tarea no es una carga pesada que me doblega, sino que es una maravillosa aventura de la cual yo no soy  su conductora, sino Dios, nuestro Señor. Comprendí que los hijos no son nuestros sino suyos, y que El es el capitan de este barco.

            Cuando vamos confiadamente ante el Señor para pedir de El todo lo que necesitamos en esta hermosa tarea de criar a nuestros hijos, El nos oye, y nos capacita día a día. Porque Dios no es el que esta colgado en la cruz, inamovible, ese que no escucha y que nos dejó al azar del mundo y de la historia. No, Dios quiere bendecirnos y sus oídos estan atentos a la oración nuestra. El nos dice: “Yo te he escogido y núnca te dejaré”  (Isaías 41:9) Más aún El nos dice: “Con amor eterno te he amado por tanto te prolongué mi misericordia”. (Jeremías 31:3).

            En su palabra hay una guía clara de cosas que nosotros debemos hacer. En el libro de Deuteronomio en los capitulos 5, 6 y 7 después de darnos los mandamientos, el Señor nos explica lo que debemos hacer en nuestras vidas “para que nos vaya bien en la tierra que fluye leche y miel” Deuteronomio 6: 3. El nos dice: “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes. Las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas”. Deuteronomio 6:6-8.

            Dios nos promete estar con nosotros todos los días hasta el fin. Cuando busquemos en su Palabra, encontraremos sus directrices y comenzaremos a ver que lo que un día sentimos como una tarea demasiado difícil, se convierte en el delicioso placer de amar y ser amadas por nuestros hijos.
¡Busquemosle en oración y veremos su obra en  nuestras vidas y en la de nuestros hijos!

Rosalía Moros de Borregales.

sábado, 23 de octubre de 2010

MOMENTOS

Hay momentos en la vida que capturan en los instantes en que transcurren, los tesoros más preciados de nuestra alma. Son esos momentos los que marcan huellas que ni el paso del tiempo, ni el correr en los afanes de cada día pueden llevarse consigo; permanecen en lo más íntimo de nuestro ser, así como una fotografía, con el color, el gesto y la emoción de ese instante.
Llevo días pensando y repensando, viviendo nuevamente, saboreando  y respirando, con inhalaciones profundas, el momento que viví con mis hijos el 31 de diciembre del año pasado… Como quisiera tener la pluma sublime del poeta para describirlo con todo el esplendor de su belleza…
            …Estábamos en la cocina aderezando los sabores de la cena del fin de año; todos llenos de reflexiones y recuerdos, de nuevos propósitos para el año venidero…
Andrés, escuchando música y cantando canciones que bien pudo haber cantado su papá a su misma edad, y hasta sus abuelos en sus días de juventud. Inspirado, mostrando la pasión propia de su alma que cuando se abre es como el que abre un tesoro extraído de la profundidad de los océanos.
            Leonardo Daniel, siempre amoroso, siempre mostrándome admiración; tomándonos  fotos, capturando momentos… Disfrutando de la personalidad de su hermano, por quien su alma se derrite como chocolate al fuego, con inmensa dulzura.
            Mientras tanto, el papá y el abuelo se están acicalando, y al escuchar la algarabía  anuncian que pronto estarán allí acompañándonos. Papá también siente, lo que siente mi corazón, lo que se respira en el aire…
La abuela, pensando, meditando en esos momentos vívidos años atrás con sus hijos; ayudando, queriendo ser útil, queriendo poner también su sello en el sabor de la comida.
Yo, cortando aquí, rayando allá, revolviendo con cucharas manjares que a fuego lento van cocinando su esencia. Pensando en lo dichosa que me siento en ese instante…
De repente, estamos los tres, hijos y madre, alrededor de la mesa; ellos inquieren, preguntan la receta, ofrecen ayuda, se involucran y mientras comparten cantan. Me sacan a bailar, damos algunas vueltas, nos abrazamos y besamos… Entonces, mis ojos se encuentran con sus miradas…Los tres estamos felices, los tres sabemos que lo que estamos viviendo no se compra con ningún dinero… y les digo que no cambiaría este momento por nada en el mundo… Las lágrimas corren por mis mejillas, me besan y me abrazan…
La abuela también llora en su recuerdo, y sus palabras nostálgicas nos dicen que ella también lo vivió y que hoy lo extraña. Los nietos le brindan el consuelo, la besan y le alegran el alma… Mientras tanto, profundamente agradecida, entiendo que he vivido un momento indescriptible, una joya que permanecerá guardada en mi alma por siempre!!! 
Rosalía Moros de Borregales.
                     

miércoles, 20 de octubre de 2010

¿QUÉ QUIERES QUE TE HAGA?



            Vivimos en un mundo lleno de situaciones que nos hacen pensar y cambiar constantemente nuestros deseos. Un día pareciera que estamos seguros de lo que queremos y al día siguiente es como si lo que anhelamos se hubiera desvanecido mientras dormimos. En otras ocasiones cuando anhelamos algo y lo logramos, por un poco de tiempo nos sentimos llenos, pero pronto nos embarga una sensación de vacío, hasta el punto que muchas veces nos sentimos como si realmente no hubiéramos logrado nada. ¡Pareciera que nuestras almas son insaciables!
            Vamos por un camino en el cual se nos ofrece una gran diversidad de experiencias atractivas, las cuales prometen hacernos mejores, tanto física como emocional y a veces intelectualmente. Es como una escalera con un número incontable de escalones. Cuando vas en uno, eres forzado al siguiente, y así sucesivamente sin que sepas donde termina. Solo, que muchas veces esta escalera no va en ascenso sino en descenso…
            Desafortunadamente, muchos nunca se hacen conscientes de esta caída lenta, sino hasta que ya están demasiado hundidos para levantarse por si mismos. Otros jamás notan que han caído, es su estado natural. Y aún, hay quienes con mejor discernimiento, van en busca de algo que los sacie, que los haga felices, pero de una felicidad duradera, para pronto encontrar que el vacío es lo único que llena sus vidas.
            ¿Realmente, sabemos qué es lo que queremos? ¿Sabemos acaso, dónde está la fuente de provisión de nuestros deseos y anhelos más profundos? ¿Sabemos dónde encontrar ese preciado tesoro que no hallamos en el mundo? ¿Sabemos cómo encontrarlo? ¿Sabemos a quien tenemos que acudir en busca de él?
            Hay un pasaje en la Biblia que nos relata la historia de un hombre ciego llamado Bartimeo (Marcos 10:46-52). Dice la Biblia que este hombre estaba sentado junto al camino mendigando. Suponemos que en sus oscuros andares había escuchado de Jesús, pues al oír que la multitud era a causa de él (Jesús), comenzó a gritar: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí! Muchos de los que estaban allí, intentaron callarlo, pero Bartimeo gritaba mucho más fuerte: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!
            Entonces Jesús al escucharlo, se detuvo y mandó a que lo trajeran a él, y alguno de los que estaban allí, lo tomó y le dijo: ¡Ten confianza! ¡Jesús te llama! Vino pues Bartimeo ante Jesús, y Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Entonces Bartimeo, absolutamente seguro de lo que quería, le respondió: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo. ¡Vete, tu fe te ha salvado! La historia termina diciendo que al instante recobró la vista y seguía a Jesús por el camino.
            Creo firmemente que tu y yo podemos ser ese Bartimeo, quizás no necesitamos recobrar nuestra vista física.  ¿Pero estamos viendo con los ojos de nuestra alma? ¿O acaso nuestra vista esta nublada? Bartimeo, sabía claramente cual era su necesidad, y cuando pidió del Señor misericordia, sabía exactamente que era lo que quería. Cuando Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Bartimeo respondió sin vacilar: Maestro, que recobre la vista. Maravillosamente él tuvo lo que quería, porque él sabía lo que quería y sabía a quien pedírselo. El sabía quien era la fuente, y cuando la encontró no dejó pasar esa oportunidad, y desde el fondo de su ser lo gritó y lo pidió.
            La Biblia nos dice que el reino de los cielos lo arrebatan los valientes. Y vaya que fue valiente este hombre llamado Bartimeo. Se imaginan todo el esfuerzo que tuvo que haber hecho para ser tomado en cuenta en un lugar donde había una multitud y él estaba mendigando. Seguramente, Bartimeo ya estaba acostumbrado a ser rechazado, pero sin embargo como sabía que se trataba de Jesús, y sabía que Jesús era la fuente, entonces no dejó pasar su oportunidad.
            Pienso que Dios es un Padre que siempre nos espera con los brazos abiertos. Pienso que vivimos tiempos difíciles, no solo en nuestra nación, sino en el mundo entero. Pero son tiempos en los cuales el llamado de Dios esta vigente. Solo aquellos quienes tengan la valentía de reconocer en Dios la fuente que saciará la sed de sus almas insatisfechas, no dejarán pasar la oportunidad. Solo aquellos quienes saben que teniendo a Dios lo tienen todo y que sin El no tienen nada, lo buscarán entre la multitud, para oir su voz que nos pregunta hoy, como le preguntó a Bartimeo: ¿Qué quieres que te haga? Ojalá que tu y yo no vacilemos en contestar: ¡Maestro, que recuperemos la vista!

Rosalía Moros de Borregales

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martes, 19 de octubre de 2010

NUESTRO REFUGIO

            Algunas personas me han preguntado por qué mis artículos están siempre basados en la Biblia y tienen un mensaje cristiano. Les respondo que aunque la Biblia nos parece un libro viejo, complicado y hasta muy difícil de entender, está más vigente que nunca. Porque en esencia la Biblia trata de la naturaleza humana, la cual ha sido y será la misma siempre, solo con algunos cambios en los escenarios históricos. Entonces escribo porque creo en la vigencia de las palabras de este libro y porque la fe cristiana es el centro de la vida de mi familia. Escribo para compartir con todos aquellos a quienes amo a través de todos los vínculos: filiales, de la fe y de la patria. Escribo para todos y con el profundo deseo de servir como un instrumento de la paz y el amor de Dios.
            Hoy quisiera compartir con ustedes una carta que recibí de mi hermano Eduardo, así pues que le doy a él la autoría de este artículo, solo haré la labor de trabajar en la composición de sus palabras. Eduardo comienza diciendo: “Qué Dios les multiplique gracia y paz en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. Hoy nuestra oración a Dios es que su gracia y su paz abunden en el corazón de cada uno de los venezolanos. Amén
             Además, Eduardo titula su mensaje: ¿Huye al monte, como las aves? Un cuestionamiento que hace el rey David a quienes dan como solución huir: “En el Señor he puesto mi refugio; ¿cómo dicen a mi alma: Huye cual pájaro, hacia el monte, porque los malos tensan su arco y ajustan sus flechas a la cuerda para herir en la oscuridad a los rectos de corazón?”.  Salmo 11:1-2. Hemos puesto a nuestro Señor como nuestro refugio, no nos digan ahora que la solución es escapar, sin consuelo y sin esperanza.
             El autor de este Salmo, el rey David, cuya vida estuvo llena de valiosas enseñanzas para todos los tiempos, especialmente para los difíciles, continua el Salmo diciendo: “Cuando los fundamentos (de la Sociedad) son destruidos, ¿qué puede hacer el justo?” Salmo 11:3. Lo más probable es que David se refirió aquí al mandato corrupto y violento del Rey Saúl, quien por envidia trató por largo tiempo de matar a David. Durante todo este tiempo David estuvo con sus hombres tratando de esquivar a Saúl, y aunque tuvo varias oportunidades de apresarlo y tomar su vida, nunca se atrevió a derramar la sangre de un rey de su pueblo, que aunque corrupto, fue puesto en ese lugar por la soberanía de Dios.
            Sin embargo, el hecho de que David reconociera en Saúl su posición de rey, no quita lo doloroso que tuvo que haber sido para él ver como Israel se desintegraba moralmente. Saúl mató a muchos de los sacerdotes (levitas) e hizo persecución a los profetas. La fibra de esta gran nación (sus fundamentos) estaba siendo destruida gradualmente por un rey vil, a quien solo le importaba mantener su poder a todo costo, antes que edificar y fortalecer a su pueblo haciendo lo justo.
            La pregunta de David es muy apropiada en estos momentos en los cuales en muchas partes del mundo hombres violentos acaparan el poder a través de cualquier medio:
“Cuando los fundamentos (de la Sociedad) son destruidos, ¿qué puede hacer el justo?” Salmo 11:3. ¿Qué pueden hacer aquellos quienes realmente anhelan la justicia, en estas situaciones tan difíciles y deprimentes? David nos da la respuesta en el mismo Salmo 11:
Primero, tomemos aliento ya que Dios sigue siendo soberano: “El Señor está en su santo templo, en los cielos tiene el Señor su trono”. Salmo 11:4ª. Segundo, a Dios no se le escapa nada: “Atentamente observa al ser humano; con sus propios ojos lo examina” Salmo 11:4b. Tercero, persevera haciendo el bien: “Dios prueba a los justos, pero a los que aman la violencia los repudia, y éstos recibirán las consecuencias de sus actos”. Salmo 11:6. Finalmente, los íntegros recibirán recompensa de Dios: “Porque el Señor es justo y ama la justicia; por eso los íntegros contemplarán su rostro”. Salmo 11:7
            Sabían que David compuso el Salmo 23, ese tan famoso que tiene esa maravillosa frase que dice: “Aunque ande en valles de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tu Señor estarás conmigo”. ¿Cómo pudo un hombre sometido a semejante persecución, escribir tal cosa? Bueno, pudo porque sus ojos no estaban puestos en los hombres, los cuales somos como la flor del campo que hoy muestra toda su belleza y a la mañana siguiente esta marchita, sino que tenía sus ojos puestos en aquel que tiene el dominio sobre todas las cosas. ¡David tenía la confianza de que Dios estaba a su lado!
            Entonces, ¿cuál es la moraleja? Como dijo el antiguo predicador: “El fin de este asunto en el cual se ha escuchado todo es: Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos porque esto es el todo del hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aún la realizada en secreto”. Eclesiastés 12:13-14.  ¿Cuál es entonces nuestro refugio? ¿Huiremos como las aves? Jesús dijo a los que habían creído en El: “Si ustedes permanecen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” Juan 8:31-32.

Rosalía Moros de Borregales (Basada en la carta de Eduardo Moros)

           

lunes, 11 de octubre de 2010

ENAMORADOS POR SIEMPRE

A veces me he encontrado pensando en que maravilloso sería si siempre pudiéramos sentirnos como cuando éramos unos adolescentes y nos enamoramos; sentir esas mariposas en el estomago en la cercanía de la persona amada, levantarse cada mañana y sonreír con nosotros mismos mientras nuestros pensamientos vuelan imaginando el momento del encuentro de ese día, o recordando alguno ya vivido... De hecho, muchas veces me he encontrado diciéndole a mi esposo que extraño al adolescente que me cortejó, nuestras largas conversaciones, sus cartas, sus besos, sus abrazos.... Más egoísta o malcriadamente, le he dicho que extraño cuando yo era su universo...Y si, muchas veces anhelo ser su universo, no lo niego, es parte del amor de pareja, del matrimonio.
Todas las relaciones familiares que tenemos vienen integradas en el paquete de nuestras vidas; no las escogemos, no las decidimos. Cuando nacemos ya tenemos padres, hermanos, tíos, abuelos, primos, etc. y éstos son vínculos indisolubles. Inclusive, pueden subsistir con el amor fluyendo en una sola vía; sin embargo, con el matrimonio no sucede de esta manera.
En el matrimonio, en la mayoría de las culturas, la relación se da por una decisión propia. Somos nosotros quienes escogemos a la persona que será objeto de nuestro amor. En esta relación es indispensable que el amor fluya en ambas direcciones, pero no como he escuchado muchas veces, con el 50% de parte de cada uno. Cada día me convenzo más de que es necesario el 100%  de ambas partes para que la relación florezca, se establezca y trascienda.
Conozco a unas cuantas personas que se casaron "para toda la vida", personas que han luchado incansablemente por tener matrimonios sanos, y a pesar de sus esfuerzos han terminado en el divorcio debido a la decisión irrevocable de la pareja de cesar la relación. Si, porque de todas las relaciones humanas de familia, el matrimonio no puede permanecer en edificación si uno, solo uno de los dos, desea derribarlo. Esta relación es irrefutablemente un vínculo que se establece por la decisión de dos, y solo puede cumplir su propósito cuando los dos que lo iniciaron, deciden, cada día, mantener en edificación la relación.
Pero cómo lograr que el amor siga fluyendo de ambos lados de la autopista cuando esta relación se inició por emociones y sentimientos tan maravillosos como efímeros. Por esa explosión inusitada que funde nuestro cuerpo con nuestro corazón, a la que llamamos 'estar enamorados'. Cómo lograr que el amor que va madurando siga vistiéndose de emociones de bellos colores y de sensaciones que hagan vibrar las fibras de nuestras almas.
Pues bien, a lo largo de la vida, he ido aprendiendo que el matrimonio es lo contrario del 'enamoramiento' que vivimos cuando conocimos a nuestra pareja. En ese entonces, nos atrajimos primero, nos enamoramos después y cuando creímos que nos amábamos decidimos casarnos. En el hoy, en mi matrimonio y en tu matrimonio, decidimos cada día seguir adelante, nos comprometemos con nuestra pareja en la edificación del matrimonio, y más tarde de la familia; y luego, como por un milagro divino en el cual Dios respalda la institución más poderosa que El creó, ese compromiso se traduce en un sentimiento poderoso de amor que despliega su fuerza en toda clase de colores de emociones y sensaciones.
Testimonio de esto lo dan millones de personas en el mundo que han permanecido casados por años y años. Recuerdo en este momento una anécdota de mi padre, hablando acerca de mis abuelos: Un día, en la celebración de un aniversario de boda, mis abuelos se besaron tiernamente en la boca, y mi papá, antipático en sus bromas, les dijo que ya estaban muy viejos para la gracia, a lo que mi abuelo plácidamente le contestó: - hijo, cuando pasan los años es cada vez más sabroso -. 
¡Cuánto sabía mi abuelo de ese compromiso que se convierte en ese "eterno enamoramiento"!

Rosalía Moros de Borregales


sábado, 9 de octubre de 2010

Drop Box

EL PERDÓN HACE EL CAMINO

            Una de las cosas más difíciles de la vida es el perdón. ¿Y quién de nosotros no ha estado alguna vez en una situación donde ha tenido que perdonar, o ha dependido del perdón de otros? Indudablemente, que éste es siempre un tema difícil de abordar porque conlleva mucha tristeza y dolor. Muchas veces cuando no logramos perdonar, esa falta de perdón se convierte en una sombra de culpa que nos agobia en el camino de la vida. Otras veces, muy pocas pero verdaderas, nuestras vidas se llenan de gozo con la liberación que proporciona tanto el perdonar como el ser perdonados.
            Hace un tiempo estuve en una boda muy especial. Era la boda de dos personas que habían estado divorciadas por ocho años y quizás separadas por más tiempo. Ellos se amaron desde que eran jóvenes y formaron un hogar, el cual Dios bendijo con tres hermosas niñas. Al pasar de los años sus vidas se desviaron del propósito de Dios para con ellos y su hogar. El se alejó de Dios y en consecuencia de todo lo bueno y recto. Ella como valiente leona cuidó de su hogar y luchó hasta lo último por mantenerlo, sin embargo, un día tuvo que alejarse…
            En medio de la tristeza de la soledad él sintió desesperación. Cuando todos los caminos se cerraron y llegó a un callejón donde su única salida fue elevar su mirada al cielo, entonces gritó desde lo más profundo de su corazón a Dios y El lo escuchó. Cuando vino ante los pies del Señor arrepentido, un nuevo camino se abrió ante sus ojos. El perdón de Dios lo liberó. Pero aún tenía que transitar el camino del perdón con su familia. Ahora comenzaba el proceso de reconstrucción. Mucha agua corrió debajo del puente; días y noches de esfuerzo. ¡Levantarse de las ruinas, entregarse a Dios y confiar en El!
            Poco a poco la familia comenzó a abrirle de nuevo su corazón. Primero cada hija, luego su ex-esposa. Cada momento fue sublime. El perdón comenzó a sanar las heridas de sus almas, la relación comenzó a profundizarse y Dios les dio a todos las fuerzas para dejar el pasado atrás. Llenos de esperanzas decidieron emprender de nuevo una vida juntos. Todos los que por años habían llorado su dolor, todos los que constantemente hicieron oraciones por ellos estaban allí; aún los que la distancia separaba físicamente, estuvieron presente en sus cartas y mensajes cibernéticos. Todos fuimos testimonio de un milagro de Dios, del más hermoso de sus milagros… ¡De la transformación del alma!
            El Señor es bueno, El nos ama más allá de lo que podemos entender. Cuando venimos humildemente delante de su presencia, El como padre amante siempre tiene los brazos abiertos para recibirnos. ¡Cuánta alegría hay en los Cielos cuando una vida es restituida! ¡Cuanta más alegría hay cuando una familia es restituida! Porque el Señor Jesús vino para que tengamos vida y para que la tengamos en abundancia. Aquel que viene a Jesús, El no lo echa fuera. Más aún, cuando uno de los suyos se aleja, El deja a los que están seguros bajo su abrigo y va en busca del que está perdido. ¡Él es fiel!
            Muchos están viviendo una vida llena de dolor, una vida de amargura y desesperación. Tan solo el pensar en el perdón desgarra nuestras almas. Todo nuestro ser se opone en una batalla agotadora que nos deja exhaustos. Humanamente no somos capaces de conceder el perdón, pero con cuánta ansiedad lo anhelamos cuando estamos del otro lado. El perdón es una fuerza liberadora que actúa sanando el alma y trae bendición a los que valientemente le conceden un lugar en sus vidas.


Rosalía Moros de Borregales.

MI VIAJE A LA TIERRA



            Dos maravillosas células se han unido. Ya no son más dos unidades separadas y diferentes. Desde este momento y para siempre son una unidad indivisible. Aunque no lo crean ese (a) soy yo. Quizás ni siquiera mi Mami ha notado todavía mi presencia. Pero el hecho es que estoy aquí. Si, así como cuando ves los campos marrones, sin saber que la semilla esta plantada. Pero ella, la semilla, esta allí adaptándose a la tierra y en su tiempo crecerá. Después verás los campos verdes, y más tarde verás los frutos.  Por ahora nadie me ve, pero la realidad es que estoy aquí, tan presente como tu mismo. Tu no negarías de tu existencia. Aunque, en el peor de los casos no fueras reconocido por los que te rodean, tu sabes que estas aquí, sientes tu respiración, y si guardas silencio puedes escuchar el latido de tu corazón. Mi vida tiene escasos días, no te creas, no es tan fácil llegar a ser esta ‘unidad indivisible’. Hay que luchar para llegar al lugar indicado. No te imaginas todo lo que hay que correr para alcanzar la meta. Pero una vez que lo has logrado, te posicionas de lo que por mérito te corresponde, Y yo me gané estar aquí, acomodadito (a) en el vientre de mi Mami.
            Han pasado algunos días más. ¿Sabes? Ha sido un proceso rápido e increíblemente complejo. ¡Aunque no lo creas, maravilloso! Bueno, me han dicho que los hombres son muy incrédulos allá afuera, perdóname si no es tu caso. Pero si, me creas o no, te digo que ha sido maravilloso. Por ahora soy todavía un embrión, pero imagínate Dios me ha visitado, nuestro Señor ha posado su mirada sobre mi: “Mi embrión vieron tus ojos” (Salmo 139: 16a) Imagínate hasta me dijo que en su libro estaban escritas todas aquellas cosas que serían luego formadas (Salmo 139: 16b). ¡Estoy maravillado(a) porque grandes y maravillosas son sus obras! (Salmo 139:14)
            Cuan delicioso es este lugar. Es como un lugar secreto donde extraños no pueden alcanzarme. Hoy mi Mami ha notado mi presencia, su corazón esta lleno de alegría. Me parece que se siente la mujer más dichosa de la Tierra, y no te imaginas lo feliz que me siento yo. Ahora se que mi Mami también me ama. De aquí en adelante seremos muy unidos. Ella esta preparando una sorpresa para mi Papi, pero es tanto su gozo que no se si podrá esperar el resultado de los exámenes… Este día ha sido largo para mi Mami, pero finalmente tiene la confirmación científica de que estoy aquí, acomodadito (a) en su vientre.
            Mi Papi llega y mi Mami le da un besito. Comienza a hablarle como un bebé, hace pucheros…El le pregunta qué le pasa. Ella le dice que quiere un tetero. Imagínate. ¡Mi Papi está confundido!  A veces, los hombres no entienden tan fácilmente el lenguaje del corazón, y hoy mi Mami es puro corazón… Finalmente ella se arrodilla en el piso y comienza a gatear. Es entonces cuando él capta el mensaje, y pregunta en un grito de júbilo: ¿Estamos embarazados? Bueno, es mi Mami la que esta embarazada. ¡Pero que hermoso es oír esa afirmación! El también se considera embarazado. Si, porque aunque él no me lleva en su vientre, de su vientre vengo. Y ahora desde este día me lleva en su corazón. ¡Desde hoy seremos amigos inseparables! Bueno, que te cuento; mi Mami le muestra el examen y los dos se abrazan fuertemente. Puedo sentir el calor de su amor al estrecharse. ¡Ahora somos tres!
           
            Tu formaste mis entrañas; mi hiciste en el vientre de mi madre” (Salmo 139: 13) Es mi Mami que esta leyendo la Biblia. Creo que es su libro favorito. O más que eso, me parece que es su guía. Ella me acaricia suavemente. Bueno se acaricia su vientre, pero tu sabes que es a mi a quien esta acariciando. Creo que mi Mami es linda, todavía no he visto su rostro pero me encanta su voz y su ternura. Ahora llevo unos cuantos meses aquí adentro. Es curioso que mi casita vaya creciendo a medida que crezco yo. ¡Mi corazón ya está latiendo!  ¡Qué órgano tan perfecto! Mi Mami le dice al Doctor que parece un caballito galopando. Es toda una aventura cada mes cuando vamos al Doctor; allí todas las Mamis tienen la panza grande, y cada una con su historia forman una algarabía. Creo que en esas otras panzas están mis amigos (as). Voy a tener muchos amigos(as). ¡Estoy seguro (a) que si!
            A estas alturas mi presencia es notada por todo el mundo, no me ven a mi personalmente, pero si ven a mi Mami, mi presencia es más que obvia. De todas maneras, desde el día que lo supieron mis abuelitas se enteró media humanidad. Ellas, mis abuelitas, junto con mis abuelitos están muy ilusionados. Están pensando que me van a consentir más que a sus propios hijos. Imagínate que hasta piensan que como ahora no serán responsables directos de mi comportamiento, harán conmigo todo lo que no hicieron con mis Papis. Ah! Ah! Creo que en este asunto habrá problemas. ¡No puedo esperar conocerlos! Creo que seré un bebé feliz con esos abuelitos que Papá-Dios me ha dado.
            Todas las cosas escritas en el libro de Dios se han ido formando. Ahora soy igual que mis Papis pero en una versión diminuta. Aunque quiero conocer a todos personalmente, te confieso que voy a extrañar este lugar tan calientito. Aquí estoy a mis anchas, como cuando quiero y duermo cuando quiero. A veces le doy pataditas a mi Mami, no es que me este portando mal, sino que mi Papi ha pasado todos estos meses hablándome durante las noches y si yo no le respondo con una patadita entonces se siente triste. ¡Yo no quiero que mi Papi este triste! Yo estoy aquí para llenarlo de felicidad. El otro día fue él quien me leyó lo que dice la Biblia sobre los hijos: “Herencia del Señor son los hijos, recompensa el fruto del vientre. Como saetas en manos del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. ¡Bienaventurado el hombre que llenó su casa de ellos!” (Salmo 127:3) Creo que estas palabras describen exactamente como se siente mi Papi.
            Bueno, ahora si es verdad que estoy grande. Por más que mi casita ha crecido junto conmigo, creo que ya ha llegado el tiempo de salir de aquí, donde estoy calientito y acomodadito (a), para mi hogar, la casita de todos. Ellos me están esperando, sobre todo mi Mami, que no te imaginas lo paciente que ha sido en estos últimos días que estoy tan grande y ella ya no puede con los dos.
            Ahora estamos en el lugar donde naceré, quisiera salir lo más pronto posible. Se que mi Mami esta sufriendo a causa de los dolores que le ocasiona mi salida. El lugar es estrecho y tengo que esforzarme. También mi Papi esta muy angustiado. El confía en que todo va a salir bien, eso es lo que le dice a mi Mami, pero se que está asustado. El otro día cuando el Doctor le dijo que yo pronto llegaría, por primera vez me dijo que quería tener una conversación seria conmigo. Me dijo que me portara bien, que hiciera mi trabajo y que ayudara a mi Mami. Eso es lo que estoy haciendo, te aseguro.
            ¡He nacido! Después de que el Doctor me cargó, me entregó en brazos de mi Papi. Yo estaba llorando, imagínate después de estar allá adentro calientito y acomodadito (a) llegar a este lugar tan frío. Mi Papi me carga en sus brazos, me besa y me siento más tranquilo, su calor me es familiar, reconozco su voz y eso me da seguridad.  Luego él me lleva a los brazos de mi Mami. Tenía razón en mis suposiciones. ¡Ella es hermosa y la más dulce de todas! En su pecho me siento como en casita, calientito y acomodadito (a). Los abuelitos lloran, me supongo que es de alegría porque al mismo tiempo se están riendo. Nunca me imaginé que yo fuera tan importante. Sabía que me amaban, pero ahora se que siempre me amarán. ¡Eso es lo que me revela esta maravillosa bienvenida!
            Tengo una misión que cumplir. He sido creado con un propósito. En el corazón de Dios todos somos importantes. ¡El es el dador de la Vida! El me tiene en su mente desde antes de mi existencia: “Antes que te formara en el vientre, te conocí, y antes que nacieras, te santifiqué” (Jeremías 1:5)


Rosalía Moros de Borregales

domingo, 3 de octubre de 2010

PROVERBIOS


         Uno de los libros que más me gusta de la Biblia es el libro de Proverbios, de la llamada literatura sapiencial, de la época del rey Salomón. Este libro recoge en forma de máximas, refranes y poemas la antigua herencia de la sabiduría de Israel; además de las colecciones atribuidas a la sabiduría popular mesopotámica, egipcia y de otros pueblos del antiguo Oriente Medio.
         Solo basta con dar un vistazo a lo largo de sus 31 capítulos, para darnos cuenta del inmenso tesoro que representa en asuntos de la moralidad, de las buenas costumbres, de los hechos de la vida cotidiana del hombre y su familia, de la instrucción y de los negocios.
         Hoy quisiera referirme al capítulo 6 versículos 16-19. “Hay seis cosas que detesta el Señor, y hasta siete que le causan horror:”
-         La mirada despreciativa”: En otras versiones dice, los ojos altivos. Aquellos que enfermos de poder se sienten demasiado grandes, que se tienen a sí mismos en un más alto concepto del que deberían tener. Aquellos que ven a los demás como inferiores, subestimando sus capacidades.
-         La lengua mentirosa”: Los que hablan con engaño, pretendiendo justificar sus malas obras. Aquellos que ocultan su verdad detrás de palabras adornadas. Aquellos que con el verbo pretenden llenar el inmenso vacío de la falta de sus promesas.
-         Las manos que derraman sangre inocente”: Hombres que usan vidas que no les pertenecen, que derraman sangre en justificación de causas propias. Aquellos que envían al inocente al frente como escudo y defensa de ellos mismos.
-         El corazón que maquina pensamientos inicuos”: Hombres que se sientan a planificar la maldad, que tienen estrategias inspiradas por el propio infierno que hay en sus corazones, infladas por sus deseos de ambición, de poder, de destrucción.
-         Los pies que corren presurosos a hacer el mal”: Aquellos que van por el mundo dejando una huella de dolor y miseria a cada paso. Aquellos que no actúan a la luz del día  sino  que en las horas de la oscuridad ejecutan su maldad.
-         El testigo falso, que dice mentiras”: El amigo que encubre la falsedad del otro. Los que dan su palabra en defensa de hechos punibles. Los que testifican en bien de aquellos que han hecho el mal. Los que tejen cuentos de horror disfrazados de piedad.
-         El que siembra la discordia entre hermanos”: El hombre que provoca a un hermano contra otro. El hombre que le dice al necesitado- tu no tienes porque tu hermano te ha quitado lo que te pertenece-. Aquel que toma ventaja de las diferencias entre hermanos, amigos y compatriotas para hacerles creer que la fuerza del uno se basa en la debilidad del otro. Aquel que divide una casa contra si misma…

Creo que estos proverbios son un excelente instrumento para medir a nuestros líderes, a los que por ahora están en el poder, y a aquellos que pretenden estar en un futuro.
Es necesario que como país agudicemos nuestras conciencias bajo la luz de la Sabiduría. Es de capital importancia, que comencemos a discernir las intenciones y los deseos de los corazones de aquellos que elegimos para que guíen el rumbo de nuestra patria.
Tenemos el poder de decidir, debemos ejercer nuestro derecho, somos libres para hacerlo, pero hagámoslo con sabiduría.


Rosalía Moros de Borregales

viernes, 24 de septiembre de 2010

Tus hijos: Tu obra maestra.


Exhausta después de 12 horas de interminables contracciones, con la mano de mi esposo sosteniendo la mía, nuestras miradas se encuentran como aquel primer día cuando nos conocimos y nuestras almas quedaron enlazadas... Estamos en el quirófano, el médico obstetra nos anuncia que la cabecita del bebé se está asomando, que solo falta un último y gran esfuerzo. Mi esposo me habla con dulzura, me dice que pronto tendremos a nuestro bebé entre los brazos; él sabe que estoy cansada y no es capaz de pedirme directamente que es necesario que haga otro gran esfuerzo, que es necesario que soporte un poco más. Pero yo lo conozco y lo entiendo, la expresión en su rostro me habla más que sus palabras.
El médico y mis cuñados, también obstetras, me hablan con determinación; sin embargo, en su tono hay  también alegría y expectación. Entonces, respiro profundamente y hago un gran esfuerzo para que mi hijo salga de mis entrañas... Las lágrimas no me dejan ver la escena delante de mi, pero oigo su llanto fuerte y contundente, y a continuación escucho la voz de mi esposo que le dice:- ¡Hola bebé! Es papá. - Entonces el bebé instantáneamente deja de llorar y sus ojos se dirigen al rostro de su padre. El, el bebé, está familiarizado con esa voz, la conoce muy bien, practicamente la ha escuchado a diario. Mi esposo con su "pinar" ( un viejo instrumento en forma de cono, usado para escuchar los latidos del corazón hace muchos años, el cual, en este caso, es el único instrumento que posee en su pasantía rural para oir a los bebes de las embarazadas)  le ha hablado casi cada noche, comenzando su conversación con esa frase.
No sé quien está más maravillado, si el bebé al escuchar esa voz tan familiar que lo está recibiendo, o si mi esposo y yo al ver como el bebé se ha calmado al escuchar la voz de papá. Un momento sublime que jamás se borrará de nuestras memorias, un momento en el que nace todo el Amor en nuestros corazones por ese pequeño que ya ha cambiado nuestras vidas para siempre.
Ahora somos sencillamente otros seres humanos, como también se convirtieron en otros seres humanos nuestros padres con nuestro nacimiento. Nuestras prioridades cambian y esa pequeña criaturita se convierte en el centro de nuestro universo.
Cuando medito en estos momentos vívidos pienso en que no podría haber otra forma de manifestación más grande del amor de Dios, que el haber dado a su unigénito hijo por cada uno de nosotros. Un hijo, es la mayor creación que un ser humano puede realizar; viene de sus propias entrañas, de lo más íntimo de su ser, está cargado de millones de células que han replicado no solo mucho de nuestras características físicas, sino aún más complejo, mucho de lo que intrínsecamente somos allí en nuestra alma, en el centro de nuestro propio ser.
Un hijo es la obra que trasciende a cualquier otra que podamos lograr en esta Tierra. Y como si fuera poco, tenemos la capacidad de lograrla más de una vez. Esta creación no está culminada cuando llega a nuestras manos, pasaremos años construyendo en ella y nos iremos de este mundo sin haber podido verla totalmente acabada. Sin embargo, podremos disfrutar casi todas las etapas de su perfeccionamiento.
En la visión que Dios me ha dado del valor de los hijos ésta es la manera más fidedigna en la que puedo expresar lo que es en el corazón de Dios un hijo, tu hijo. Dios, en su amor por ti, te ha invitado a participar con El en la creación. El, en su infinito amor te ha dado este libro con páginas en blanco, para que tu mano de poeta escritor lo impregne con la tinta de la vida. El, en su gran bondad te ha dado este lienzo en blanco para que con tu pincel de artista creador lo ilumines con los colores del arco iris de los cielos.
Mis hijos, nuestros hijos, nuestras obras maestras. Tu hijo, tus hijos, sus hijos, sus obras maestras!!!

Rosalía Moros de Borregales