sábado, 24 de diciembre de 2016

EL PRINCIPE DE PAZ

La Navidad es, sin temor a equivocarme, el tiempo más bello y dulce de todo el año; caracterizado por dos sentimientos fundamentales: Por un lado, la alegría y por el otro, el amor expresado en el compartir de los sentimientos, las emociones, los besos, los abrazos, la deliciosa comida y los regalos? Es tiempo de ilusiones, de sueños esperados, de la risa de los niños y sobre todo, es el tiempo de estar cerca de aquellos que amamos.

La Navidad es, sin temor a equivocarme, el tiempo más bello y dulce de todo el año; caracterizado por dos sentimientos fundamentales: Por un lado, la alegría y por el otro, el amor expresado en el compartir de los sentimientos, las emociones, los besos, los abrazos, la deliciosa comida y los regalos? Es tiempo de ilusiones, de sueños esperados, de la risa de los niños y sobre todo, es el tiempo de estar cerca de aquellos que amamos.

En el mundo entero de una u otra forma, se celebra este tiempo. Todos los credos y razas del mundo, de una u otra manera se han unido a la celebración de la Navidad. Para nosotros, los cristianos, representa la celebración del nacimiento del Redentor prometido al pueblo amado y escogido de Dios, Israel, pero convertido en el Salvador del mundo: "Porque de tal manera amó Dios al mundo que envió a su hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea, no se pierda mas tenga vida eterna". Juan 3:16. Y para otros es sencillamente la Navidad, sin muchas explicaciones, pero contagiados por esa atmósfera de alegría, por el deseo de dar y recibir, por estar al unísono con el resto del mundo.

Esta época tiene especial trascendencia para todos los hombres. Han nacido grandes filósofos en el mundo, pero ninguno de ellos dividió la historia de la humanidad como pasó con Jesucristo. De ninguno de ellos recordamos su nacimiento cada año; de ninguno de ellos recibimos las palabras de amor, paz y consuelo para vivir en esta tierra; de ninguno de ellos tenemos la promesa de la vida eterna después de la muerte, como si la recibimos de Jesucristo a través de las Sagradas Escrituras, la Biblia, el libro que ha sido traducido a más idiomas y el cual ha sido publicado más que cualquier otro.

Ese gran libro anunció en Isaías 9:6-7 "Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre: Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz"? 

Y ese niño que nació también creció y fue sacrificado en una cruz, y nos dio con su muerte la vida. El está esperándonos a todos con los brazos abiertos. Si tu vienes hoy a Él, y confiesas con tu boca y crees en tu corazón que El es el SEÑOR; si haces de tu corazón ese pesebre de Belén, reconociendo con humildad la insuficiencia de tu humanidad y la magnificencia de su divinidad, entonces El puede venir y darte un nuevo nacimiento para hacerte libre.
Quisiera poder escribir hoy las palabras más bellas y con ellas tocar sus corazones. Plasmar con la tinta este deseo ardiente de mi ser por la felicidad de mi patria. Mi deseo convertido en oración porque Dios nos bendiga y que Su luz ilumine nuestras tinieblas? Pero lo que viene a mi mente es aquel pasaje cuando Pedro y Juan se encontraron con un hombre cojo (Hechos: 1-10). El hombre pedía limosna, pero Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda"? Y el hombre fue sanado?

Yo no soy ni Pedro, ni tengo el don de sanidad, pero lo que tengo, humildemente quisiera dárselos hoy: El nacimiento de Jesucristo tuvo un propósito, que sigue cumpliéndose cada día en aquellos que le buscan de corazón sincero. El no es un Dios muerto que quedó clavado en la cruz, El resucitó y con su resurrección venció la muerte. El está vivo y dispuesto a cumplir su propósito en ti y en mí. El quiere nacer en tu corazón. Ábrele hoy tu puerta y El vendrá y cenará contigo, y será en tu vida EL PRINCIPE DE PAZ.

Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com