jueves, 28 de julio de 2016

UNA FAMILIA CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS


Hace unos años cuando comencé a construir este blog lo llamé de la misma manera que mi artículo de hoy, “Una familia conforme al corazón de Dios”. Algunas personas me han preguntado si este blog se relaciona solo con la familia o si escribo solo acerca de este asunto. Ciertamente, he escrito sobre una variedad de temas, por lo cual les he respondido que no, que pueden encontrar aquí artículos sobre temas variados de la vida. Hoy, al retomar este blog para alimentarlo con artículos semanales, me pregunto: ¿Qué es la vida sin familia? Y luego calladamente me respondo: - ¡Mi familia es mi vida! La vida se origina en la familia. Desde mi perspectiva la vida sin familia se reduce al respirar sin el suspiro, al subsistir sin la inspiración, al cerebro que piensa sin el abrazo, al corazón que late sin el beso.

 Así que, al continuar en esta aventura de escribir les ratifico que si, mi tema favorito es la familia, es la vida que se gesta en su seno, las aventuras del compartir sus lazos eternos, la alegría que está contenida en el saberse parte de ella. Pero, qué es eso de una familia conforme al corazón de Dios. ¿Acaso, podría ser tan presumida como para pensar que tengo una familia que ha sido construida de acuerdo al deseo de Dios, a lo que El en su creación pensó, o a lo que inspiró su corazón? No, la verdad es que jamás pensaría algo así; jamás me jactaría porque realmente si nos estudiaran con detenimiento, si nos metieran la lupa, podrían ver algunos perfiles deformados, encontrarían algunos parajes oscuros, algunos caminos torcidos.

Sin embargo, en el proceso de la vida primero ponemos un nombre y en el caminar ese nombre adquiere personalidad. Se posee la existencia, el aliento de vida, a continuación se nombra, luego se “es”. El nombre adquiere características propias que vinieron impresas en ese aliento; más tarde con cada segundo de la existencia el nombre se va moldeando en un ser único. Así es la familia, se concibe, se da a luz, se nombra y luego se “es” y en el proceso de “ser” se va desarrollando de una manera única e irrepetible.

En un momento de mi vida, cuando aún era una adolescente, soñé con tener una familia que pudiera prolongar los sentimientos del nido paterno. Al tratar de diseñarla en mi mente, un deseo muy fuerte surgió en mi corazón, yo anhelaba una familia que pudiera hacer sonreír a Dios, literalmente, que alegrara su corazón, entonces la llamé así, “una familia conforme al corazón de Dios”.

Algún día sabré si de alguna manera hicimos sonreír a Dios, si realmente llegamos a ser aunque sea un poquito conforme a su corazón. Mientras tanto, seguimos caminando con su Palabra como lámpara de nuestros pies; seguimos insistiendo en la testaruda idea de que con Dios nuestra familia es indestructible; seguimos tratando de conocer Su corazón para inspirar en él nuestro proceder; seguimos viniendo a los pies de la cruz, allí rendimos nuestro ser; allí somos sanados para seguir tomados de las manos, con nuestros corazones enlazados en el perdón, con un amor renovado como un nuevo día lleno de sol.

“El hombre más rico sin familia es un hombre pobre; el que tiene familia puede superar toda clase de pobreza porque ya posee la mayor riqueza que Dios le dio al hombre”. 
 

Rosalía Moros de Borregales.