sábado, 16 de mayo de 2015

Protección en medio del peligro


Es muy difícil hablar sobre protección en un país marcado por la inseguridad; son múltiples los análisis hechos al respecto, hablando de su origen, sus causas y sus posibles soluciones. Sin embargo, cuando el tema se aborda desde la individualidad de cada familia, no queremos hablar más sobre lo que ya causa dolor en nuestros oídos, por no hablar de todo el dolor que ha causado en nuestras almas. Queremos soluciones, queremos que nuestras familias estén seguras, y después de tomar todas las previsiones y precauciones necesarias, después de implementar todas las medidas a nuestro alcance solo nos queda nuestra fe, nuestra confianza en Dios expresada en una oración que quiere abarcar el Cielo, pero que titila como una luz débil abatida por todo lo que cada día vemos y escuchamos.

Los tiempos que atravesamos nos retan a vivir en una dependencia cada vez más absoluta de Dios. Como lo expresa el Señor en el Sermón del Monte: _ “a cada día su propio afán”_ . No quiere decir esto que nos vamos a cruzar de manos, pues Dios nos ha capacitado con sabiduría e inteligencia. El quiere que seamos precavidos y sagaces, “mansos como palomas, pero astutos como serpientes”. Que anticipemos el mal antes de que llegue, y actuemos con prudencia; pero siempre, aunque humanamente hagamos lo mejor posible, no podemos cubrirlo todo en todo tiempo y pareciera que al igual que el latido incansable de nuestro corazón, una callada angustia latiera constantemente dentro de nosotros.

La solución humana a esta terrible angustia, a toda esta situación que la produce y  que sufrimos cada día la desconozco. Pero un pensamiento que leí hace mucho tiempo  llena mi mente: “La imposibilidad del hombre, es la posibilidad de Dios para hacer sus milagros”. Así como no tenemos la capacidad de ver el futuro, sencillamente no podemos entender como todas estas oscuras circunstancias pueden redundar para algo bueno. Los propósitos de Dios son mayores que las circunstancias inmediatas que nos rodean, El tiene la capacidad infinita de hacer el bien, de transformar nuestras adversidades en bendiciones. Entonces, nuestro reto es CONFIAR en El, nuestro trabajo es la oración.

No culpemos a Dios, o resintamos de El, como muchos actualmente lo hacen, pensando que no le importamos, que se ha olvidado de nosotros. No nos dejemos apoderar del miedo, no permitamos que nos desanime, no nos concentremos en las malas circunstancias. Seamos sabios, los tiempos que vivimos son duros. Hay lugares y momentos que debemos evitar, si caminamos por el fuego nos quemará. Pero no caigamos en la tentación de perder nuestra fe, acudamos a Dios con la certeza de su amor por nosotros, con la confianza de hijos, enfrentando cada día con la fortaleza que proviene de vivir en amistad con El.

Al caminar en comunión con El vamos discerniendo los tiempos y los lugares. Aprendemos a ser prudentes, pero al mismo tiempo entendemos que nuestra seguridad no depende de donde nos encontremos o de la ausencia de peligro. Nuestra seguridad depende de Dios. A veces Dios nos indica a través de su palabra, de las circunstancias y de personas específicas que debemos cambiar nuestro rumbo. Otras veces pareciera que nos deja en medio de la tormenta, donde lo estamos arriesgando todo. Lo importante es estar siempre con El, porque si El es por nosotros, ¿quién podrá contra nosotros?

"Porque en Mí ha puesto su amor, Yo entonces lo libraré; Lo exaltaré, porque ha conocido Mi nombre. Me invocará, y le responderé; Yo estaré con él en la angustia; Lo rescataré y lo honraré; Lo saciaré de larga vida, Y le haré ver Mi salvación." 
Salmo 91:14

Rosalía Moros de Borregales
@RosaliaMorosB



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