martes, 23 de diciembre de 2014

Un pesebre en tu corazón


Es tiempo de alegría y de júbilo, desde los pueblitos más pequeños y remotos del planeta, hasta las más grandes y sofisticadas urbes modernas, todos, sin excepción, se visten de colores y se llenan de luces porque ha llegado la Navidad. En todo el mundo reina un ambiente de celebración; un sentimiento de regocijo interior se manifiesta en el compartir, en el dar y recibir; en el reunir a la familia y a los amigos. De alguna manera, todos sienten que este es un tiempo especial, y a pesar de que esta fiesta es el fundamento de la fe cristiana, todas las religiones en el mundo entero se unen a esta celebración. 

Algunos celebran la Navidad por tradición, otros la celebran por convicción; la mayoría ha sido atrapada por el comercio generado en esta fecha. Un movimiento que mueve la economía del mundo de una manera tan poderosa que se ha convertido en un tiempo que nadie puede eludir. Todos participan, productores y consumidores, en un frenesí, que en la mayoría de los casos nos ha llevado a olvidar el verdadero significado de esta época del año. Sin embargo, para testimonio al mundo, no importa cuál sea la razón por la que unos y otros celebran la Navidad, lo importante es que de alguna manera recordamos el nacimiento de Jesucristo. 

Pero más allá de este recordatorio que unos y otros hacemos de múltiples formas, hay un significado que trasciende las luces, los colores, los adornos, las comidas y los regalos para llegar al alma de la humanidad. Es el mensaje de la cruz, que comenzó en un pesebre de Belén hace más de 2.000 años y se perpetúa en el alma del hombre para hacerla trascender. 

Las Sagradas Escrituras declaran el amor de Dios por el mundo. Expresan que Dios quiere que todos los hombres sean salvos y venga al conocimiento de la verdad. Jesucristo dijo que Él era la verdad y a pesar de sus seguidores y de sus detractores, su mensaje está más vigente que nunca. Y es precisamente en esta fecha de Navidad en la que cobra más sentido el significado de ese mensaje.

En la Navidad recordamos cómo el Salvador, prometido al pueblo de Israel, llegó al mundo en un pesebre. Quizá con ese nombre y calificativo debería haber nacido en un palacio lleno del mismo esplendor con que las luces de la modernidad iluminan las ciudades como distintivo de la Navidad; pero no, el tan esperado Salvador, que no fue aceptado por el pueblo judío, llegó al mundo en un pesebre; así como también quiere llegar a tu vida a través del pesebre de tu corazón. 

Si con un corazón humilde, que reconoce la pequeñez de su propia humanidad te acercas a Dios, Él vendrá a ti, así como vino a aquel pesebre de Belén. En tu humildad delante de Él, encontrarás el camino y así como María proclamarás que ha llegado tu Salvador. 

Entonces María dijo: 

"Engrandece mi alma al Señor; 

Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. 

Porque ha mirado la bajeza de su sierva; 

Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 

Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; 

Santo es su nombre, Y su misericordia es de generación en generación 

A los que le temen. Hizo proezas con su brazo; 

Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. 

Quitó de los tronos a los poderosos, 

Y exaltó a los humildes". 

Lucas 1:46-55. 


rosymoros@gmail.com 

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

@RosaliaMorosB