domingo, 7 de septiembre de 2014

Tu oración puede determinar tu destino



Desde tiempos ancestrales los seres humanos han tenido el inmenso deseo de descifrar su destino. Es una fuerza intrínseca del hombre el querer preceder a los hechos de su propia historia. Realmente, muchos quisiéramos contar con la bola de cristal en la que pudiéramos ver nuestro futuro. Y con este deseo, también existe el anhelo conjunto de poder cambiar los hechos que no nos agradan, el ser capaces de tomar las decisiones acertadas ante la exposición adelantada de sus consecuencias; en fin, quisiéramos poder ver nuestras vidas proyectadas en una película y saber cuál es el camino que debemos tomar en los diferentes tiempos de nuestras vidas.

Por esta razón, una inmensa mayoría de los cristianos ha acudido a toda clase de fuentes que de una u otra manera le calman un poco esta terrible ansiedad por el futuro. Muchos se guían por los astros, y más allá del horóscopo se confían de una carta personal dictada por éstos a ciertos aventajados en el arte de la pronosticación. Otros acuden a la numerología, también a la adivinación en todas sus formas a través de cartas, café, tabaco, etc.  De igual manera, hay quienes depositan su confianza en fenómenos obscuros como la brujería, y la hechicería; y en estas practicas entregan sus vidas a personas que declaran tener contacto con seres que ya se han ido de esta tierra y supuestamente les confieren poderes especiales.  

Sin embargo, en nuestra fe contamos con un recurso que muchas veces ha sido subvalorado; una herramienta que ha sido poco apreciada pero que es capaz de desatar en nuestras vidas las bendiciones más maravillosas e inimaginables. Una herramienta a través de la cual podemos tener comunión con nuestro Hacedor, y determinar en nuestras vidas el destino que El de antemano preparó para cada uno de nosotros. Hablamos de la oración, hablamos de hablar con Dios, de dejar de vivir una vida de desaciertos propios, de eventos fatídicos creados por las fuerzas que nos rodean y pedir de su corazón todo lo bueno, todo lo noble y todo lo puro que El ha planeado para nosotros.

En la Biblia encontramos numerosos pasajes que nos muestran como la oración fue usada por hombres y mujeres de fe, y como a través de ella el poder de Dios obró cambios en las circunstancias y en personas opuestas para bendecir a sus hijos. Un ejemplo sobre la oración que me gusta mucho lo encontramos en el libro de I Crónicas en el capítulo 4, en los versos 9 y 10. Allí en un libro dedicado a las genealogías israelitas, en el cual leemos nombre tras nombre sin muchas explicaciones, de repente nos hablan de un hombre llamado Jabes, el cual según las escrituras era un nombre cuyo significado era literalmente dolor, pues su madre al darlo a luz con inmensa pena le nombró de esta manera. A parte de su nombre, la Biblia dice que Jabes fue más ilustre que todos sus hermanos, y añade que Jabes invocó a Dios a través de esta manera: "¡Oh Dios, dame tu bendición. Ensancha mi territorio. Que tu mano sea sobre mi, y me libres del mal para que no me haga daño.”  Y lo más impactante son las palabras a continuación: “ Y Dios le concedió lo que pidió”.

Una oración es una expresión de nuestra dependencia de Dios. Al invocar el nombre de Dios en cualquier situación estamos, en primer lugar, teniendo un acto de humildad en el cual reconocemos nuestras limitaciones, y en segundo lugar, un acto de reconocimiento del poder de Dios. Cuando Jabes oró de esta sencilla pero concisa manera estaba poniendo su confianza en Dios, a quien él reconocía como el único capaz de cambiar el destino que había determinado su madre a través del nombre que le había dado. En pocas palabras él no quería que su vida estuviera designada por el dolor sino por todo lo que Dios tenía para él.

Cuando nos entregamos a Dios a través de esta clase de oración, estamos expresando nuestra confianza de que al ser guiados por El, no habrá circunstancias, ni eventos, ni personas, ni aun nosotros mismos, podremos cambiar el destino que Dios ha preparado para nosotros.

“Hasta ahora nada han pedido en Mi nombre; pidan y recibirán, para que su gozo sea completo.” Juan 16:24

Rosalía Moros de Borregales
@RosaliaMorosB