viernes, 2 de mayo de 2014

LEVANTA TU CABEZA CON DIGNIDAD

Ante tal avalancha de maldad maquillada con mentiras rebuscadas que en la nariz de Pinocho llegarían ya al otro extremo de la Tierra, muchos nos sentimos como sorprendidos por un Tsunami del cual creíamos conocer más que suficiente con los 14 años anteriores. Demasiado ingenuos para quienes se sientan a maquinar el mal y no poseen ni la ética, ni la moral para contener sus ansias de poder. Tampoco profesan ninguna religión más que la idolatría a dos perversos cachuchas verdes cuya revolución convirtió a una isla una vez próspera en un contenedor de pobreza, de mentes subyugadas y vencidas por el miedo.

Sin embargo, los venezolanos no bajaremos nuestras cabezas ante la ignominia. Si el mal se ha sentado a la mesa para planificar sus estrategias, nosotros con la verdad venceremos a la mentira, con la luz de Dios iluminaremos las tinieblas que nos rodean, con la bondad conquistaremos a aquellos que han sido atrapados por las garras de una revolución de pies de barro, sostenida solo por el oro negro que pare las entrañas de nuestra tierra, apetecido por todos los vecinos, vividores hipócritas, oportunistas de oficio que como parásitos han entrado subrepticiamente en nuestra nación pretendiendo dejarla en el hueso.

La dignidad del ser humano tiene su fundamento en los "derechos inalienables"; es decir, aquellos derechos que no pueden ser enajenados, que no se negocian, que son absolutamente de nuestro dominio y, nada ni nadie puede arrebatárnoslos. Estos derechos son los que le dan un valor inestimable a la vida, sin ningún tipo de distinción. Como el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a la libertad, el derecho a la seguridad, el derecho a la propiedad privada, y el derecho a la igualdad de oportunidades, entre otros de igual importancia. Estos derechos actúan como limitaciones al ejercicio del poder del Estado, o en su defecto, al poder ejercido por gobiernos ilegítimos que usurpan su magnanimidad.

Aunque es tarea del Estado garantizar los derechos inalienables del ser humano, es el deber de todos hacerlos cumplir ante aquellos que pretenden socavarlos. Pues la dignidad no solo se trata de nuestros derechos como seres humanos sino de nuestras responsabilidades como ciudadanos para preservar tales derechos. Como lo describió brillantemente Mahatma Ghandi: "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena". Por tal razón, debemos elevar nuestras voces para ser escuchados hasta el último rincón de la Tierra, y aún más allá, debemos unirnos en un mismo pensamiento elevando nuestras oraciones para ser escuchados por el Dios de los cielos.

La dignidad se trata pues del valor inherente a cada ser humano, se trata de ser respetados en todos nuestros derechos. Significa ser suficientemente humildes para reconocer nuestras limitaciones y, al mismo tiempo, valorarnos a nosotros mismos de tal manera de no bajar nuestras cabezas ante nadie. La piedra angular de la dignidad reposa sobre el fundamento cristiano de que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios con un propósito de vida para cada uno. El ideal de la creación y el sacrificio de Jesús en la cruz ofreciéndonos una vida libre de opresión deben impulsarnos en la búsqueda y preservación de la dignidad de todos los que son víctimas de la violencia por parte de individuos, grupos, instituciones y gobiernos.

"Mas Tú, oh Señor, eres escudo alrededor de mí, mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé al Señor, y Él me respondió desde Su santo monte".Salmo 3:3

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

@RosaliaMorosB

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