jueves, 8 de mayo de 2014

MADRE MÍA

Dedicado a mi madre, Rosilda Martín de Moros-Ghersi y con ella
a todas las madres de mi amada Venezuela.


Madre mía, te siento tan hondo dentro de mi alma.
Tu suave rostro dibuja una tenue sonrisa,
tus ojos profundos revelan mi dolor en tu dolor,
se encuentran con los míos en el camino del adiós.
Tantas veces nos hemos despedido, es un sendero ya recorrido.
Pero mi alma y tu alma no se conforman, me vuelvo niña
y tú te vuelves preñada por el amor para llevarme contigo.

¡Madre mía! ¿De dónde tu fuente inagotable?
¿De dónde esa cascada de amor que me bendice la vida?
La amiga incondicional, el abrazo cálido que arropa a la niña,
que sostiene a la mujer que hiciste de mí.
Tu silencio profundo que habla tanta sabiduría.
Tus tiernas palabras que me consuelan el alma herida.
¡No hay mayor refugio que tu vientre, madre mía!

Madre mía, tus alas se extienden para albergarnos a todos en tu pecho.
En tu corazón cabe un hijo, caben dos, cabemos todos los hijos
a los que la Providencia amamantó de tu seno.
Tu luz ha iluminado nuestros caminos,
has sido lámpara en nuestra oscuridad.
El agua de tu manantial ha saciado nuestra sed.
¡En el desierto de la vida tú has sido el oasis del amor!

Madre mía, cuánto te amo, y cuánto me falta por amarte.
En tu amor es el único que puedo volver a ser niña,
crecer hasta la incipiente mujer que se dibuja en la adolescente.
Y de nuevo transformarme en mujer completa, cabal.
¡En tu amor me igualo a ti para convertirme en madre!
Para sentir hasta lo más profundo de mis entrañas el dolor de mis hijos.
Y regocijarme con ellos en todas sus más pequeñas y grandes alegrías.

¡Madre mía, qué bendición tenerte, qué gozo tan grande amarte!
Quisiera remontarme en los cielos y desde allí abrir mis brazos
para bañarte con lluvias de bendiciones la vida.
Quisiera extraer de lo más profundo de la tierra las riquezas de colores brillantes
para adornarte a ti, madre mía, la piedra más preciosa de mi vida.
Quisiera caminar siempre tomada de tu mano,
y cuando te vayas seguir sintiendo el calor de tu presencia.

Madre mía, recibe en este día mi humilde tributo,
Mi veneración y el amor de mi corazón.
El perdón por mis faltas, por mi omisión,
por las heridas que pude haber causado en tu ser.

Quiera Dios que como ungüento estas palabras que nacen hoy
en el rincón más profundo de mi alma,
alegren tu vida y la consuelen de todos los dolores de ser madre.

¡Madre mía, nunca dejes de bendecirme la vida!

Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

@RosaliaMorosB

viernes, 2 de mayo de 2014

INTERESADOS EN EL LIBRO REFLEXIONES PARA VENEZUELA

El libro es un libro de cabecera o mesa de noche. No necesariamente hay que leerlo de tapa a tapa como una novela, sino que puede ser leído de acuerdo a la inspiración o necesidad del día; ya que está compuesto de reflexiones cortas de 2 a lo sumo 3 páginas. Además, está bellamente ilustrado por la artista Cecilia Moros Martín, mi hermana, con la colaboración de Andrea Doval.
Dividido en 5 partes, a saber:

1.- Reflexiones sobre la familia.
2.- Reflexiones sobre experiencias de vida
3.- Reflexiones sobre las virtudes
4.- Reflexiones sobre los desaciertos humanos
5.- Reflexiones sobre Dios y su relación con nosotros

Si estás interesado (a) en adquirir mi libro "Reflexiones para Venezuela" se encuentra disponible en las siguientes librerías:

- Librería Kalathos en Los Galpones de Los Chorros
- Librería Entre Libros en Los Palos Grandes
- Librería Kichi en el Centro Comercial Santa Rosa de Lima
- Librería Kichitos en Macaracuay Express
- Librería El Buscón en Paseo Las Mercedes
- Librería Papelillo en el Centro Comercial Santa Fe Norte

Si Ud. se encuentra en el interior del país o en el exterior y desea el libro escriba un correo a:
rosymoros@gmail.com  o
@RosaliaMorosB

Con gusto le contestaré.
¡Mil gracias por su acogida!

VIVIR EN UNA ORACIÓN

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha recurrido a la oración en su afán de encontrar un camino para sobrellevar las tragedias de la vida. Pareciera que el alma del hombre se encontrara incompleta, insatisfecha e impotente ante los retos de la existencia. Pareciera que mientras más nos aferramos a la Tierra, más intuyéramos que nuestro ser trasciende a este mundo. De alguna manera, todos hemos visto nuestra rutina interrumpida por acontecimientos que nos hacen sentir las manos cortas, los pies lentos y el corazón vacío. Entonces, nos llega el momento de una oración y, aunque vayamos a tientas, en lo más profundo de nuestro ser, entendemos que solos no podemos.

Una oración es un acto de humildad, es la expresión del reconocimiento de nuestras limitaciones. Pienso, sin temor a equivocarme, que la mayoría de las personas en algún momento de sus vidas han sentido la necesidad de elevar una plegaria. Muchos han hablado con Dios en el silencio de su ser; otros han rezado una oración aprendida, quizá en la infancia, cuando la pureza del corazón se convierte en un puente que nos conduce con sencillez a Dios. Aun, hay quienes se han sorprendido a sí mismos, dirigiéndose con palabras que le brotan del alma, a ese ser tan anhelado en ese preciso momento, pero tan desconocido el resto de los días.

Cuando Jesús de Nazaret caminaba las polvorientas calles de Galilea les enseñó a sus discípulos el valor de la oración. Cuentan los evangelios que estando en medio de ellos se apartaba para orar; también muy temprano en la mañana se dedicaba a la oración. Al sentarse a la mesa elevaba una plegaria dando gracias al Padre por los alimentos. Uno de ellos le pidió humildemente que los enseñara a orar, entonces Jesús pronunció esa hermosa y profunda oración que hoy conocemos como "El padre nuestro", una guía para comunicarnos con el Padre y mantener la mejor relación con nuestro prójimo. Siempre, Jesús mostró que la oración es el medio para tener comunión con Dios, una practica esencial en la vida de todo creyente.

La mayoría de los hombres de nuestra nación se saludan pronunciando dos groserías, cuyo significado echa por tierra toda su hombría, entereza, valentía, probidad y valor. También una gran cantidad de mujeres jóvenes usan una de ellas en su saludo, declarando una sentencia que la aleja completamente de toda su identidad como mujer. Constantemente estamos escuchando maldiciones, olvidando que de acuerdo a los principios cristianos estamos llamados a bendecir, incluso a los que nos ultrajan y persiguen, porque de esta manera, si ellos persisten en la práctica del mal, nuestras bendiciones se convierten en justicia de Dios sobre ellos. ¿Y qué hombre no prefiere la justicia divina antes que la humana?

La mayoría de las veces estamos declarando las peores cosas sobre nuestro país. No pretendo obviar la tragedia que vivimos a diario los venezolanos; sin embargo, debemos admitir que hemos contaminado todo nuestro entorno exaltando los más bajos sentimientos humanos. Hasta nuestros niños han sido atacados con el virus de la procacidad y escatología. Es difícil encontrar una sonrisa que nos devuelva el saludo amable. Nuestras miradas se han convertido en ametralladoras. La cortesía prácticamente ha desaparecido de nuestra sociedad. Nos hemos dejado contaminar, estamos enfermos de odio. Nuestras bocas destilan lo que albergan nuestros corazones.

¡Necesitamos volver nuestro corazón a Dios! Necesitamos cambiar cada una de estas palabras por una proclamación de bendición. Así como ejercitamos los músculos del cuerpo en el gimnasio, deberíamos ejercitar los músculos de la cara para sonreír, los músculos del alma para hablar con Dios. No permitir que los pensamientos de oscuridad gobiernen nuestras vidas, sino llenar nuestras mentes con las miles de promesas de amor, de paz y prosperidad que se encuentran en la Biblia.

Deberíamos trabajar con ánimo, con la certeza de que Dios respalda a quienes le buscan y cumplen su parte. Deberíamos encomendar nuestra causa a Dios a cada momento, y como se ha multiplicado la maldad, aun con más fuerza multiplicar la bondad en medio de nosotros. Deberíamos como una avalancha llenar nuestras bocas de oración y con la salida del Sol cada mañana bendecir a nuestros hijos, a nuestro cónyuge, a nuestros padres, a familiares y amigos. Pedirle a Dios que su gracia sea sobre nuestro país, que su luz ilumine nuestras tinieblas, que su justicia se levante en medio de nosotros.

¡Deberíamos vivir en una oración!


EL NIDO DE LA ESPERANZA

En un mundo que se ha empeñado en caminar alejado de la luz de Dios la gran mayoría de las noticias que escuchamos a diario son realmente un veneno para el alma. Constantemente somos bombardeados con toda clase de información que oscurece la perspectiva de un futuro de bien. Sin darnos cuenta, todos vamos reaccionando ante tal tsunami, y de una u otra forma terminamos perdiendo la esperanza.

La esperanza puede definirse de múltiples maneras; sin embargo, al pensar en esta palabra sentimos que está entretejida con nuestros sueños, con los anhelos más profundos de nuestro corazón. La esperanza representa en nuestro ser interior esa posibilidad de convertir en realidad lo que deseamos.  En su etimología interviene el latín sperare, pero su razón de ser va mucho más allá del acto físico de esperar, trascendiendo el movimiento de las agujas del reloj que nos marcan el tiempo. Cuando se tiene esperanza, se posee la virtud que nos capacita para tener confianza en medio de las adversidades, para vencer los obstáculos, para esperar siempre un final bendito.

Pero, ¿dónde podemos encontrar este valor? ¿En qué lugar se nos enseña a mantener la integridad de nuestro ánimo? ¿Quién moldea nuestras almas para estar siempre dispuestas a esperar el bien? Sin duda alguna que el seno de la familia es el lugar por excelencia para que los individuos sean instruidos en esta virtud. Porque las virtudes no se aprenden en un taller o en un curso, las virtudes son el resultado de vivir, de tener experiencias en las que decidimos actuar con integridad, en las que a pesar de toda la oscuridad que nos rodee decidamos confiar en Dios, reconociendo que de Él proviene todo el bien que esperamos.

¡La familia es el nido de la esperanza! De allí, que cada día la estructura moral del mundo se encuentre en franco deterioro, ya que la familia ha sido golpeada en sus flancos. Sus detractores saben que es el santuario de las virtudes, que es la escuela del corazón, la piedra angular de una sociedad sana capaz de promover el bien. De la misma manera que un nido es un lecho construido para albergar y preservar la vida; así, la familia constituye el lugar originario donde residen los fundamentos para formar seres humanos capaces de vivir de acuerdo a las virtudes.

¡Quien tiene una familia siempre tiene esperanza! Aunque la familia sea grande o pequeña, aunque esté constituida por una sola persona, aunque sea propia o adoptada, aunque la formen los amigos, la familia será siempre el nido de la esperanza. Por esa razón, no desmayemos ante el terremoto de acontecimientos que pretenden destruir nuestra esperanza. Cuando veamos que el mal se acrecienta para intimidarnos, vayamos a nuestra familia y unidos, como los dedos en la mano, busquemos a Dios en oración, pidamos a Él que su luz brille sobre toda oscuridad y que nunca jamás perdamos la esperanza.

"Si tú dispones tu corazón, y tiendes hacia Dios las manos... la vida te será más clara que el mediodía; aunque oscurezca, será como la mañana. Tendrás confianza, porque hay esperanza"... Job 11: 13-20.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES

rosymoros@gmail.com

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@RosaliaMorosB

LEVANTA TU CABEZA CON DIGNIDAD

Ante tal avalancha de maldad maquillada con mentiras rebuscadas que en la nariz de Pinocho llegarían ya al otro extremo de la Tierra, muchos nos sentimos como sorprendidos por un Tsunami del cual creíamos conocer más que suficiente con los 14 años anteriores. Demasiado ingenuos para quienes se sientan a maquinar el mal y no poseen ni la ética, ni la moral para contener sus ansias de poder. Tampoco profesan ninguna religión más que la idolatría a dos perversos cachuchas verdes cuya revolución convirtió a una isla una vez próspera en un contenedor de pobreza, de mentes subyugadas y vencidas por el miedo.

Sin embargo, los venezolanos no bajaremos nuestras cabezas ante la ignominia. Si el mal se ha sentado a la mesa para planificar sus estrategias, nosotros con la verdad venceremos a la mentira, con la luz de Dios iluminaremos las tinieblas que nos rodean, con la bondad conquistaremos a aquellos que han sido atrapados por las garras de una revolución de pies de barro, sostenida solo por el oro negro que pare las entrañas de nuestra tierra, apetecido por todos los vecinos, vividores hipócritas, oportunistas de oficio que como parásitos han entrado subrepticiamente en nuestra nación pretendiendo dejarla en el hueso.

La dignidad del ser humano tiene su fundamento en los "derechos inalienables"; es decir, aquellos derechos que no pueden ser enajenados, que no se negocian, que son absolutamente de nuestro dominio y, nada ni nadie puede arrebatárnoslos. Estos derechos son los que le dan un valor inestimable a la vida, sin ningún tipo de distinción. Como el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a la libertad, el derecho a la seguridad, el derecho a la propiedad privada, y el derecho a la igualdad de oportunidades, entre otros de igual importancia. Estos derechos actúan como limitaciones al ejercicio del poder del Estado, o en su defecto, al poder ejercido por gobiernos ilegítimos que usurpan su magnanimidad.

Aunque es tarea del Estado garantizar los derechos inalienables del ser humano, es el deber de todos hacerlos cumplir ante aquellos que pretenden socavarlos. Pues la dignidad no solo se trata de nuestros derechos como seres humanos sino de nuestras responsabilidades como ciudadanos para preservar tales derechos. Como lo describió brillantemente Mahatma Ghandi: "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena". Por tal razón, debemos elevar nuestras voces para ser escuchados hasta el último rincón de la Tierra, y aún más allá, debemos unirnos en un mismo pensamiento elevando nuestras oraciones para ser escuchados por el Dios de los cielos.

La dignidad se trata pues del valor inherente a cada ser humano, se trata de ser respetados en todos nuestros derechos. Significa ser suficientemente humildes para reconocer nuestras limitaciones y, al mismo tiempo, valorarnos a nosotros mismos de tal manera de no bajar nuestras cabezas ante nadie. La piedra angular de la dignidad reposa sobre el fundamento cristiano de que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios con un propósito de vida para cada uno. El ideal de la creación y el sacrificio de Jesús en la cruz ofreciéndonos una vida libre de opresión deben impulsarnos en la búsqueda y preservación de la dignidad de todos los que son víctimas de la violencia por parte de individuos, grupos, instituciones y gobiernos.

"Mas Tú, oh Señor, eres escudo alrededor de mí, mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé al Señor, y Él me respondió desde Su santo monte".Salmo 3:3

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

rosymoros@gmail.com

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@RosaliaMorosB

EL LIBRO DE LOS LIBROS

No ha habido otro libro en la historia de la humanidad que haya sobrevivido a los más fieros ataques para ser destruido que la Biblia. No hay ningún otro que haya sido escrito por tal diversidad de autores entre los cuales hubo eruditos, militares, ministros, pastores de ovejas, reyes, sabios, profetas, pescadores, médicos y hasta cobradores de impuestos. Ninguno que compile manuscritos de 15 siglos de historia. Ningún otro que haya sido traducido a más lenguas en el mundo y, del cual se hayan hecho más impresiones. Así como tampoco, ningún otro que haya tenido una influencia tan profunda y trascendente en la vida de sus lectores.

Las escrituras hebreas constituyeron la Biblia de la Iglesia cristiana de los primeros tiempos. El primero en reconocer la Biblia Hebrea como las Sagradas Escrituras fue nuestro Señor Jesucristo. A lo largo de su ministerio, Jesús citó innumerables veces el contenido de las escrituras que componían el libro sagrado del pueblo de Israel, recopilado por primera vez en el siglo III a.C, lo que conocemos hoy en día como el canon judío o la norma judía; es decir, la lista de libros aceptados oficialmente constituidos por la denominada ley, los libros de los profetas y aquellos conocidos como los escritos entre los cuales se encuentra uno de los más leídos, el libro de los Salmos. La mayoría de estos libros, conocidos hoy por la Iglesia cristiana como el Antiguo Testamento, fueron escritos en hebreo y arameo.

En la actualidad, la Iglesia cristiana tanto católica como protestante no hace ninguna distinción entre las predicciones de los profetas y las declaraciones de Cristo, reconociendo de esta manera que el Mesías tan esperado y anhelado por el pueblo judío se personificó en Jesús de Nazaret, el Salvador del mundo. Después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, el día de Pentecostés marca un nuevo comienzo para las sagradas escrituras. Los discípulos, testigos de la obra de Jesús y arquitectos de la Iglesia comenzaron a escribir no solo la vida y obra de Cristo sino también la obra de las primeras iglesias fundadas, las enseñanzas de los apóstoles y las revelaciones que recibieron del Espíritu Santo.

Los materiales usados para los diferentes manuscritos que más tarde formarían la Biblia fueron materiales perecederos como piel de cordero, piel de cabra y papiro, vulnerables a la humedad, el moho y distintas clases de gusanos. Por esta razón, la preservación de las escrituras dependió siempre de la labor de los copistas, quienes se dedicaban a mantener copias fieles de los pergaminos. La colección de manuscritos más antigua que se conserva de la Biblia Hebrea, se conoce como el Códice de Leningrado y se encuentra en la biblioteca de dicha ciudad, hoy San Petersburgo. De lo que conocemos como el Nuevo Testamento existen más de 5.300 manuscritos solo en el idioma griego, más de 10.000 en latín y en total han sobrevivido más de 24.000 manuscritos que contienen el texto del Nuevo Testamento en diferentes lenguas.

La Biblia fue el primer libro impreso que salió de la imprenta del inventor Johannes Gutenberg en el año 1455. Las divisiones en capítulos se añadieron a la Biblia cristiana por el arzobispo inglés Stephen Langton alrededor del año 1200 d.C. La división de los capítulos en versículos se le atribuye a Bombers (1547).  En el año 303 d.C el emperador Diocleciano en su persecución contra la Iglesia mató a cientos de cristianos y destruyó una gran cantidad de manuscritos. Sin embargo, como mostrando su carácter eterno, 22 años más tarde en el 325 d.C Constantino le dio a la Biblia el carácter de autoridad infalible.

Hoy la Biblia continúa siendo el libro más impreso en el mundo entero, se calcula que se hacen unos 60 millones de copias cada año. Además existe un gran número de versiones en las que se puede leer, desde un lenguaje muy antiguo hasta un lenguaje contemporáneo. También se puede obtener gratuitamente en diferentes portales en Internet para ser leída en computadoras, tabletas o teléfonos inteligentes. En muchísimas cadenas de hoteles en el mundo se puede encontrar en cada mesa de noche. Existen innumerables diccionarios bíblicos, concordancias y toda clase de libros destinados al estudio de la misma.

A pesar de ser un libro sagrado, su contenido es tan divino como humano; pues expresa tanto la voluntad de Dios como la naturaleza pecaminosa del comportamiento del hombre. La Biblia nos narra la historia del pueblo de Israel, sus luchas, sus triunfos, sus desaciertos y su relación con Dios. Nos profetiza sobre un mesías, un salvador que vendría para librar a este pueblo de sus opresores. Luego, nos muestra a ese mesías en Cristo; ya no solo el redentor que esperaba Israel, sino el Salvador para toda la humanidad. La Biblia es la guía para la vida cristiana, luz para nuestro camino, agua que sacie nuestra sed, verdad que nos confronta y corrige, paz para nuestras almas.

"El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Marcos 13:31

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

rosymoros@gmail.com

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@RosaliaMorosB

BENDÍCEME LA VIDA

Si hay que algo siempre he admirado de la generación de nuestros abuelos y padres es esa hermosa costumbre que tuvieron de bendecir. Recuerdo vívidamente como mi abuelita se sentaba en su mecedor cada mañana a hacer oraciones por toda la familia, bendiciendo a cada uno de sus hijos y nietos. Cuando los niños comenzaban a hablar una de las primeras cosas que les enseñaban era el saludar a los mayores diciendo:
-Bendición. Saludo que era respondido con un: -Dios te bendiga. Quizá muchos piensen que era tan solo una costumbre intrascendente; sin embargo, a la luz de las Sagradas Escrituras podemos estudiar el maravilloso significado de bendecir y la inmensa trascendencia que tiene sobre la vida de cada ser humano, sobre la tierra, sobre el hogar y en una dimensión mayor, sobre la vida de una nación.

Lamentablemente, pareciera que esas buenas costumbres heredadas de nuestros antepasados van desdibujándose en las nuevas generaciones. Hoy en día son pocos los que piden la bendición, y son muchos los que se saludan entre sí pronunciando palabras procaces, haciendo uso de un lenguaje escatológico que golpea los oídos y empaña el alma. Aunque, como muchos me han dicho, es solo una costumbre y realmente no existe la intención de identificar a la persona en el verdadero concepto de la palabra. Pero, las palabras que salen de nuestras bocas tienen poder, actúan dejando huella en el cerebro de quien las escucha, produciendo pensamientos, reacciones y acciones.

Según los psicólogos y neurocientíficos Mark Waldman y Andrew Newberg autores de interesantes libros como Las palabras pueden cambiar tu cerebro, las palabras son interpretadas por el cerebro de acuerdo a la categoría de su significado, produciendo la liberación de diferentes químicos que activan mecanismos de defensa del cerebro y nos permiten experimentar, como en el caso de la dopamina, una sensación de bienestar que se traduce en una actitud positiva hacia nuestro interlocutor. O, por el contrario, en el caso del cortisol, experimentamos stress lo cual se traduce en una actitud prejuiciosa en la comunicación.

Ahora bien,  ¿qué es realmente bendecir? Por la composición de la palabra, en el más estricto significado se refiere al bien decir, al hablar de buena manera, haciendo uso de palabras que exalten características positivas. Pero, más allá, en el carácter divino de la palabra, bendecir se refiere, en primer lugar, a la declaración de bien de parte de Dios sobre sus hijos. En segundo lugar, a la invocación del favor de Dios o bendición divina de parte de una persona sobre otra. En tercer lugar, se refiere a la bendición por parte de los hombres hacia Dios, lo cual se traduce en alabanza, exaltación y gratitud por las cualidades del Altísimo. Y por último, el acto de bendecir se refiere a Dios produciendo bien sobre las posesiones del ser humano, tales como su casa, su tierra, su trabajo, y su nación. De igual manera, se refiere también al hombre invocando el favor de Dios sobre todas estas cosas.

Así pues, al bendecir a alguien invocamos mediante súplica vehemente, como lo expresa el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la ayuda o el favor de Dios; lo cual lleva implícito toda clase de bien puesto que Dios es el bien. Al bendecir a alguien inducimos a su corazón a comunicarse con Dios; disponemos su cerebro hacia una actitud de dar y recibir bien. Cuando bendecimos a nuestros hijos estamos pidiéndole a Dios que su mano sea sobre ellos; que la luz de Dios disipe las tinieblas a su alrededor; que su amor los abrace, que su paz los inunde; que el mal no pueda hacerles daño; que sean prosperados en toda obra de sus manos; que tengan salud y toda clase de bien en sus vidas.

Entonces, cuando te comuniques conmigo no me llames con toda esa clase de adjetivos que exaltan el mal. Cuando te comuniques conmigo, ¡bendíceme la vida!

"El Señor te bendiga, y te guarde; / El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; / El Señor alce sobre ti su rostro, y te dé paz". Número 6:24-26.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES

rosymoros@gmail.com

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@RosaliaMorosB