jueves, 27 de junio de 2013

Creo con el corazón



La vida es un ejercicio constante del creer, mientras somos niños creemos sin reservas; si hay alguien de quien recibimos cariños y cuidados nuestra confianza fluye como el agua. ¡Estamos confiados en los brazos del amor! A medida que vamos creciendo las experiencias negativas de la vida van haciendo que desarrollemos el discernimiento para escoger a las personas a las que le abrimos nuestro corazón. Sin embargo, hay infinidad de situaciones en las cuales es imposible estar absolutamente seguros del resultado final; entonces, debemos creer, creer en nosotros mismos, creer en las personas involucradas, creer en los sistemas, creer en la tecnología, creer en las instituciones, creer y creer.
Muchos, muchas veces somos ajenos a este constante ejercicio de fe en la vida de cualquier ser humano. La fe nos aporta ese pensamiento de seguridad, esa certeza en nuestro ser interior que nos permite confiar y, por ende, actuar. Cuando no tenemos fe, cuando no creemos nos paralizamos. Es un mecanismo de sobrevivencia innato, nos protege, nos resguarda; sin embargo, muchas veces nos anula, nos hace vivir días sombríos cuando el sol resplandece en el horizonte. Mientras el creer genera vida, relaciones de bien, verdad y armonía. Vivir sin confiar es estar encadenados al miedo, y el miedo solo es el camino opuesto a la confianza,.
Al considerar el ejercicio del creer debemos tomar en cuenta nuestros sentidos físicos, pues creer en la vida cotidiana depende mucho de la visión de Santo Tomás, si vemos, entonces creemos. Pero no siempre somos tan afortunados como para corroborar con nuestros sentidos la veracidad de algo o de alguien, entonces debemos decidir darle cabida a la confianza. Muchas veces nuestro acto de fe se ve recompensado gratamente, otras veces la decepción, la frustración y hasta la traición golpean nuestro corazón. A medida que la respuesta es positiva en una determinada circunstancia, o en la relación con una determinada persona, nuestra fe va en aumento, nos entregamos con confianza, y la confianza nos proporciona felicidad.
Ahora bien, somos seres creados a imagen y semejanza de Dios. En nuestra creación existen elementos más allá de lo físico y emocional. Somos también seres espirituales, y nuestra vida espiritual nace en el creer en Dios. Una de las artimañas más usada por el enemigo de nuestras almas es hacernos creer que Dios no existe, que es una falacia. Al lograr esto en nosotros apaga la luz que puede iluminar nuestras vidas; nos aleja totalmente de la vida en abundancia que Jesucristo nos prometió; nos hace perder toda esperanza y, sobretodo, la trascendencia de nuestras vidas en la esperanza de la vida eterna.
Es pues la vida del cristiano un constante ejercicio de nuestra fe. La contraparte del creer, la duda, querrá ensombrecer nuestro camino en muchas oportunidades; por esa razón,  la Biblia nos recuerda a través de Santiago que aquel que duda es semejante a la ola del mar que es llevada por el viento de un lado a otro. Cuando no creemos nos volvemos personas inconstantes que dependen de sus emociones junto con las circunstancias. Creer en Dios significa en primer lugar, reconocer su poderío y majestad. Creer en Dios es saber que por encima de todo está El, que El no depende de nuestra fe, que El existe aunque nuestra fe no alcance para creerle en ciertos momentos. Creer en Dios, es creer en su Hijo Jesucristo, es creer en su sacrificio supremo. Es entregar nuestras vidas al pie de la cruz, es confesar con nuestras bocas que Él es el Señor, creer con el corazón que Dios le levantó de los muertos, y que hoy vive en ti y en mi. (Romanos 10:9-10)
¡Creo con el corazón!
Rosalía Moros de Borregales.
rosymoros@gmail.com
@RosaliaMorosB


La influencia del padre



Dedicado a todos los padres en su día


A través de la historia la imagen del hombre en su condición de padre de familia ha sido muchas veces degradada, hasta el punto de haberlo reducido muchas veces solo a una célula necesaria para la creación de un nuevo ser. Ciertamente, infinidad de hombres han actuado de tal manera en su rol de padres que muy bien podrían merecerse esa calificación. Sin embargo, el diseño divino de un padre abarca el concepto de un rol de múltiples facetas, pleno de sabiduría y bondad que pueden influir en la vida de un hijo de maneras infinitas, marcando huellas indelebles.



Particularmente, pienso que si la influencia del padre no fuera importante en la vida, las mujeres tendrían la capacidad de crear hijos por sí mismas. Pero la familia es un todo en el cual cada miembro es necesario e importante. Lamentablemente, el papel protagónico del padre en la formación de los hijos ha sido relegado, muchas veces por su propia actitud de indiferencia o abandono y otras tantas, por el matriarcado imperante en nuestra cultura latinoamericana. Nada más alejado de la verdad que pretender minimizar la trascendencia de la relación paterna en la formación de individuos íntegros y sanos.



La vida nos permite compensar muchas carencias. En sus caminos infinitos un padre puede ser sustituido por un hermano mayor, por un tío, por un abuelo, por un maestro, y hasta por otro cónyuge de la madre; pero el alma de cada niño anhelará al padre que lo concibió. Pues la creación de un ser humano va más allá de un código genético; existen vínculos espirituales que se tejen desde el momento de la concepción. Un entramado de emociones, de sentimientos que permanecen imborrables en el alma de todo ser humano. Una voz interior que llama al progenitor. De tal manera que, si eres padre no delegues esa tarea a la cual fuiste vinculado en el acto mismo de la creación.



Tu labor de creador trasciende a la concepción, se va enriqueciendo con cada minuto de la vida de tus hijos en el que estás presente personalmente o a través de tu influencia. Tú tienes en tu ser la capacidad inherente a tu condición de padre para darle a tus hijos el sentido de seguridad. ¡Haz que ellos sepan quien es el que los defiende! Que sepan quién representa el lugar seguro donde pueden refugiarse siempre que lo necesiten. Tú puedes lograr que ese pequeñito indefenso que no entiende muchas cosas de la vida, sepa con plena certeza que hay alguien para quien el o ella es absolutamente importante.



La vida no es una regla matemática, no se trata siempre de enseñarles lo que es correcto o equivocado, sino cuál es el mejor camino entre dos que son buenos. Enseñándoles a discernir con la habilidad de un cirujano que con su escalpelo logra separar dos tejidos muy finos, resaltando una diferencia imposible de ver a simple vista. Mostrándoles que más allá de hacer lo bueno, se encuentra el camino de la excelencia, en el cual no nos conformamos con hacer lo correcto sino cuando damos lo mejor de nosotros mismos.



El ser una persona que se comunique con un lenguaje que exalte virtudes y llame a cada cosa por su nombre, sin caer en la descalificación, siempre logrará en tu hijo un sentido equilibrado de sí mismo. Sin embargo, recuerda que tus actitudes hablan tanto más alto que tus palabras. Cada palabra debe ir sustentada con una actitud acorde. Los niños no son hipócritas. Ellos harán lo que tú haces, aunque no hagan lo que tú les dices. Tú puedes ser la influencia más importante en la vida de tus hijos. Asume tu rol. Cumple tu tarea. Te aseguro que no habrá mayor felicidad en tu vida que la felicidad de ellos.



"No me cabe concebir ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona que la necesidad de sentirse protegido por un padre".




Sigmund Freud

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

@RosaliaMorosB

Vergonzosa revolución



Existen cuatro pilares fundamentales en el desarrollo armónico y sostenido de un país; en ellos se soportan todos los planes de acción para la construcción de una sociedad capaz de alcanzar el mayor bienestar posible. No se trata de la panacea, no es algo novedoso, ni tampoco experimental. Ha sido probado desde tiempos remotos comprobando sus excelentes resultados, perfectibles, como todo lo humano. A saber, la salud, la educación, la libertad y la seguridad. Mientras estos cuatro pilares no sean la prioridad de un gobierno, sencillamente no habrá progreso en una nación y, como consecuencia, será cada vez menor la posibilidad de alcanzar una vida digna.

Lamentablemente, los venezolanos llevamos una década y media siendo gobernados por una partida de sátrapas que muy alejados de querer el bien de los venezolanos han pretendido despojarnos de todos nuestros derechos. Bajo el amparo de una revolución que prometió cambios sustanciales en las estructuras de la nación, con el fin de proveer una vida de oportunidades, estos revolucionarios de pacotilla solo han logrado enlutar a nuestra patria generando más miseria, muerte y dolor. ¡Vergonzosa revolución!

Es absolutamente inaceptable que en un país con tanta riqueza su gente tenga que sufrir verdaderos vía crucis para recibir los servicios de salud. Ellos, los revolucionarios, pretendiendo ser hombres muy importantes de negocios, solo hablan de la cantidad de petrodólares invertidos. Miden la eficiencia por el dinero; solo que ese dinero se va menguando mientras recorre un largo camino de corrupción. Al final, no hay vacunas para la influenza AH1N1, somos el segundo país en Latinoamérica con más decesos por esta enfermedad, solo superados por Brasil que cuenta con casi 200 millones de habitantes. ¡Vergonzosa revolución!

Contamos con los mismos hospitales construidos en democracia; pero ellos, los revolucionarios, se jactan de la red de CDI deteriorados por falta de mantenimiento, con sofisticados equipos tapizados por el polvo ya que el personal no fue instruido para su operación. Ni hablar de la injusticia cometida contra todos esos muchachos a quienes engañaron vilmente haciéndoles creer que los convertirían en médicos en tres años, quienes ahora andan sufriendo de cojera intelectual nada mas y nada menos que en el manejo de la salud de otros. Pero los revolucionarios traen verdaderos cambios, están muy ocupados probando las terribles consecuencias del tetero y diseñando la mejor toalla sanitaria al mejor estilo cavernícola. ¡Vergonzosa revolución!

Han tenido las arcas repletas para comprar voluntades en el continente y más allá de sus fronteras; sin embargo, el modesto presupuesto que genera la cesta petrolera a 100 dólares el barril no les ha alcanzado para construir escuelas, liceos y universidades. Lo más grave es que las que existen las han sometido al desmantelamiento por sus malandros asalariados. Con premeditación y alevosía llevan años reduciendo los presupuestos de las universidades. No tienen las luces entre sus prioridades. Tampoco, tienen la moral para dirigirse a los más valiosos profesionales de una nación, los educadores; sin los cuales no hay luz sino una profunda oscuridad que nos dirige al caos.  ¡Vergonzosa revolución!

Todos los derechos contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos son adquiridos desde el momento de ver la luz de este mundo. La palabra clave en esta declaración es libertad, puesto que el disfrute de estos derechos le ofrece al individuo libertad para ejercer una vida plena, que debe ser garantizada por el Estado. Tristemente, en nuestro país, la línea de separación entre Estado y Gobierno se encuentra completamente desdibujada. Pero, la revolución ha coloreado con su rojo sangriento las calles de nuestra nación. Solamente en el 2012 se registraron 14.000 homicidios. La revolución cercena el derecho a la vida mediante la impunidad al criminal. Mientras los ciudadanos están completamente desprotegidos, ellos, los revolucionarios viven y se trasladan en bunkers, custodiados al mejor estilo Rambo. ¡Vergonzosa revolución!

"Una sola cosa nos explica bien la historia y es en qué consisten los malos gobiernos".

Thomas Jefferson

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 



@RosaliaMorosB

La génesis de la violencia



Desde los más antiguos hallazgos reportados por los arqueólogos en su búsqueda incansable por registrar la historia de la humanidad, se ha encontrado que la violencia ha sido un factor predominante en la vida sobre el planeta. Los seres humanos de todas las épocas han teñido la tierra con la sangre de sus iguales. En las primeras páginas de la Biblia, se relata el asesinato de Abel por parte de Caín, su hermano. Una historia que nos muestra cómo el resentimiento se convierte en rabia y, como la rabia conduce a la violencia. "_ El mal yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo_", le dice Dios a Caín cuando lo ve enojado. Pero Caín dejó que el mal tomara su corazón, no dominó al mal sino fue dominado por él.


Dios advierte a Caín que el mal está acechando constantemente, está a la puerta queriendo poseer su vida, dirigir acciones. Miles de años más tarde, en el Nuevo Testamento, Jesús les habla de lo que realmente contamina al hombre, les dice que sale de su propio corazón: "porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona" (Marcos 7:22-23). Cuando analizamos al ser humano a la luz de Dios todo se trata siempre del corazón, de lo que en él nace, crece y termina dominando nuestro proceder. Entonces, la violencia está tan cerca de nosotros como está nuestro propio corazón.



Porque el corazón del ser humano es como la tierra en la que crecen las semillas que en ella son plantadas. Y ¿cuáles son las semillas que abundan actualmente en nuestra sociedad? Cada día somos bombardeados por toda clase de información en la que la violencia en todas sus facetas se manifiesta haciendo mella en el corazón, ocupando un espacio vital. Cada día se promueven más los antivalores que los valores. Se van introduciendo formas de comunicarnos que lejos de exaltar alguna virtud en el otro, exaltan la ofensa. Desde los más altos niveles del liderazgo en el Gobierno, pasando por el padre de familia, hasta el maestro en el aula de clase, hacen uso de la violencia en el trato; desde palabras descalificadoras, actitudes de indiferencia e ignorancia hacia los derechos humanos de los semejantes, hasta el lenguaje escatológico son usados cada vez con más insistencia en la cotidianidad.



Todo radica en lo que dejamos guardado en nuestro corazón, por esa razón el sabio proverbio de Salomón: "por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida". No podemos pretender Vida en un ambiente en el que se pondera la maldad. Es necesario que atentamente introduzcamos cambios sustanciales en la forma de relacionarnos con nuestros semejantes, de otra manera la violencia continuará en ascenso. Tendremos cada vez más individuos que se sienten ofendidos por un ambiente hostil en la nación, en el cual las cosas más sencillas y naturales de la vida se han convertido en una espiral de esfuerzos frustrados. Frustración que conlleva a la rabia, y luego de ser anidada en el corazón es capaz de generar toda clase de violencia.



En la misma noche de su arresto, cuando soldados romanos acompañados de algunos judíos vinieron a Jesús, su discípulo Pedro desenvainó su espada para defender a Jesús de sus agresores y le cortó la oreja a uno. Inmediatamente Jesús le habló a Pedro diciéndole: "pon de nuevo tu espada en su vaina, porque todo aquel que tome la espada a espada morirá". Luego puso su mano sobre la oreja de aquel hombre y al instante fue sanado. Una vez más Jesús establece no uno, sino dos principios para la sana convivencia: Primero, el que siembra la violencia recogerá de sus frutos. Segundo, la única manera de vendar la herida al agredido es hacer restitución.



"Ojo por ojo y el mundo acabará ciego". Mahatma Gandhi

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES




@RosaliaMorosB