jueves, 2 de mayo de 2013

El miedo en los brazos del amor



El apóstol Juan, en su primera epístola, nos da toda una disertación maravillosa sobre el amor. Entre todas sus palabras, son éstas las que hacen vibrar mi corazón: ” En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” (1 Juan 4:18). Cuando traigo estas palabras a mi mente, cuando las convierto en una oración, siento que mi ser entero experimenta un abrazo de Dios; siento que al venir ante Él todos mis miedos se desvanecen, y en cada lágrima que brota de mis ojos al ser bendecida con su presencia, los temores salen de mi alma como la oscuridad se desvanece cuando la aurora baña con su luz un nuevo día.
Solo el corazón conoce sus propios miedos; las angustias del alma son muchas veces solitarias. Nadie alardea de sus temores, nadie cuenta cómo  la angustia le despierta en medio de la noche; cómo le quita el sueño, le resta las fuerzas y le hace sentir la noche inmensa y el silencio más profundo, que nos hunde en un grito  mudo de desesperación. Nadie nos cuenta su soledad, la tristeza del amanecer que no nos deja levantarnos de la cama sino después de un gran esfuerzo.
El miedo es un ladrón, un usurpador que desplaza las alegrías del alma, las encarcela y con opresión las anula. El miedo va minando nuestro ser, ocupando lugares que un día tuvieron el color de una flor, la salud de un niño carcajeándose en un parque, la serenidad de un abuelo que ha vivido con dignidad y en el ocaso de su vida se siente pleno. El miedo hiere el corazón con una herida que no importa todas las curas que le des, continúa sangrando hasta que la mano de Dios la venda. Él es quien venda  a los quebrantados de corazón y el que da libertad a los cautivos.
Como hijos de Dios, estamos llamados a vivir cada día de nuestras vidas bendecidos por la plenitud de su amor que puede librarnos de todo el mal. Pasamos la vida entera aprendiendo miles de cosas, ejercitándonos en distintas disciplinas, pero no nos ejercitamos en la fe; vamos por la vida como raquíticos espirituales mientras el océano de Dios yace a nuestro lado, pleno de verdades que pueden liberar nuestras almas de la angustia; pleno del amor más sublime y excelso que enaltece nuestro ser convirtiéndonos en verdaderos hijos que pueden sentarse en su regazo, recostar la cabeza sobre su pecho , y luego de un rato, pararnos y continuar el camino con la cabeza erguida y la mirada en alto.
Un nuevo tiempo de gracia está llegando,, un nuevo amanecer trae la luz radiante del sol a nuestras ventanas. El miedo se desvanecerá cuando abras tu corazón al amor de Dios. Levántate y abraza tu fe. Con la confianza de un niño extiende tu mano y deja que tu Padre celestial te lleve por el camino del amor que echa fuera todo temor.
“Hermanos venezolanos, no temaís, tened fuerzas, Dios tiene cosas grandes para su país… de lo malo, Él hará algo bueno”. Papa Francisco.

Rosalía Moros de Borregales





DIOS DE PACTOS


Un pacto es un acuerdo entre dos o más personas o entidades que se comprometen a su observancia. Al indagar en el origen bíblico de la palabra encontramos que en las Sagradas Escrituras se traduce la palabra hebrea berit como pacto o alianza, y la palabra griega diazéke como pacto o testamento. El propósito intrínseco de un pacto es generar bien, o en su defecto satisfacer el interés de los aliados. La validez de un pacto se circunscribe a las estipulaciones establecidas por las partes involucradas. Todos de una manera u otra hemos sido parte de un pacto, por lo que sabemos que solo la fidelidad de sus comprometidos constituye la garantía de su cumplimiento. Si uno cumple con todas sus obligaciones, pero el otro desiste del ejercicio de su voluntad, el pacto es quebrantado y su propósito no se cumple.

A lo largo de la Biblia encontramos historias que nos revelan a un Dios que propone pactos, un Dios que al relacionarse con el ser humano promete todo su amor y su poder al cuidado de quienes le honran. El ser humano puede establecer pactos con sus iguales, mas en el orden divino es Dios quien propone el pacto, en ningún caso el hombre le propone pactos a Dios. El Señor hizo pacto con Adán, con Abraham, con Moisés y con Noé, entre otros. En general, los teólogos describen 8 grandes pactos en la Biblia. Algunos fueron personales, solo entre Dios y un hombre, otros involucraron a un hombre con su descendencia, y otros involucraron a una nación. Aunque un pacto sea personal, el bien generado a causa de éste siempre tiene repercusión mucho más allá de los involucrados.

Cuando Dios establece un pacto hay siempre un propósito de bendición. La exigencia de Dios a cambio es la obediencia a sus mandamientos, una vida de integridad y la rendición en adoración a su nombre. Al investigar sobre las vidas de estos hombres con los cuales Dios estableció pactos, podemos ver como a pesar del fracaso de muchos de ellos en mantener el compromiso, una y otra vez Dios les da oportunidades de restitución antes de quebrantar la parte que a El le corresponde. El manifiesta su misericordia dando siempre oportunidad, de tal manera que haya arrepentimiento, enmienda y frutos de justicia. Quizá uno de los pactos más emblemáticos de la Biblia es el pacto de Dios con Noé en el cual Dios juró que nunca más volvería a destruir la tierra con agua dando la señal del arcoíris  como un recordatorio de su fidelidad. Noé cumplió con su parte, por esa razón después de la lluvia podemos ver el cielo azul adornado con el arco de colores.

Es propio del ser humano quebrantar los pactos, darle la espalda a un compromiso adquirido, argumentar con toda clase de razonamientos basados en la mentira que sólo maquilla la verdad de una voluntad resoluta a no cumplir con la parte que le corresponde. Así, vemos hombres y mujeres viviendo soledad porque sus cónyuges los dejaron, escogiendo el camino más fácil y, quizá más placentero para sus egos que mantener el compromiso de estar siempre a su lado. Vemos niños abandonados por sus padres porque éstos irresponsablemente dejaron su compromiso. Vemos naciones envueltas en guerras cruentas porque pactos que un día fueron sellados por la voluntad de dos o más partes terminan siendo violados por intereses propios, egoístas que sólo benefician a unos pocos. La vida está llena de compromisos que adquirimos, es nuestra decisión cumplirlos. Sin embargo, hay un pacto que al venir a ser parte de él nos garantiza el ser guardados en una vida de paz aun en medio de los conflictos que otros pactos rotos ocasionan.

A través del nuevo pacto establecido por Dios Padre a través de su Hijo Jesucristo todos podemos ser insertados como parte de él por el ejercicio de nuestra voluntad. Aunque no es el ser humano quien propone pactos a Dios, el pacto de Jesucristo permanece vigente por siempre, de este pacto pueden ser parte todos los que quieran. El apóstol Juan nos explica en su evangelio que Jesús no vino para condenar al mundo sino para que todos alcancemos la salvación por medio de El. Por supuesto, hay obligaciones que le corresponden al que se acerca, pues siempre en un pacto existen condiciones que se deben cumplir. El evangelio nos dice que a todos lo que reciben a Jesús como su Salvador, a todos los que creen en su nombre El les confiere la potestad de ser hechos hijos de Dios y como hijos también herederos con El de sus riquezas.

Acércate hoy confiadamente al Señor, acepta su bendición por medio de su hijo Jesucristo, recíbelo en tu corazón, comienza a cumplir tu parte y no serás defraudado porque Dios siempre cumple sus pactos.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com/

@RosaliaMorosB