sábado, 13 de abril de 2013

La mejor de las estrategias


En todas las tareas del quehacer diario se idean, planifican y ejercen estrategias de acción. Algunas son claramente visibles a los ojos de cualquier observador, otras son secretas, calladas, desapercibidas pero igualmente presentes; detalles humildes, quizá insignificantes a los ojos del común pero tan válidos como los hechos más notarios. Desconocidas estrategias que representan la piedra angular de grandes proyectos, de ideas geniales que han enriquecido al mundo exaltando las más preciosas virtudes. Logros que un día se visualizaron como imposibles. Verdades que se mantuvieron durante siglos en la oscuridad. Estrategias para hacer el bien, estrategias para lograr el mal, todo está fundamentado en esa secuencia de pensamientos y de hechos que se suscitan uno a uno para lograr un propósito.

Una de las estrategias invencibles que nos develan las Sagradas Escrituras en la vida de los grandes hombres de Dios es la oración. Muchos pensarán que es absolutamente ridículo hablar de oración en pleno siglo XXI; sin embargo, cada día las necesidades espirituales del ser humano se hacen más palpables y la búsqueda de lo infinito se acentúa en la vida cotidiana. Una historia del antiguo testamento que nos remonta a unos 3.000 años a. C en la ciudad de Susa, una de las capitales del antiguo reino persa, sobre un varón llamado Nehemías nos muestra una pintura extraordinaria de los logros alcanzados a través de la comunión con el Creador.

Se encontraba Nehemías entre los dispersados de su pueblo Israel, lejos de su patria, trabajando para el rey Artajerjes cuando recibió la terrible noticia de las ruinas en las que se había convertido el muro de Jerusalén, de cómo las puertas de la ciudad habían sido reducidas a cenizas por el fuego. Dolido hasta lo más profundo, hermanado por el sentimiento de patria, cuenta la Biblia que Nehemías lloró y oró delante del Dios de los cielos. En primer lugar, alabó a Dios por sus atributos de grandeza, luego confesó su pecado y el pecado de todo su pueblo, reconoció la corrupción en la que habían caído, lo alejados que estaban de sus mandamientos. Entonces, le pidió a Dios que estuvieran sus oídos atentos a su oración así como a la de todos sus hermanos. Por último, le rogó que le concediera sabiduría y buen éxito para la tarea que estaba a punto de emprender.

La primera respuesta a su oración fue la gracia que Dios le otorgó delante del rey quien proveyó para él de todos los materiales necesarios para la reedificación de los muros de la ciudad, junto con todo un ejército de manos para la realización de la obra. La segunda fue la sabiduría para la reconstrucción, por lo que Nehemías fue a sus hermanos, los organizó y ellos con gran ánimo esforzaron sus manos en la obra. Pero el enemigo se disgustó mucho, oponiéndose por todos los medios, conspirando con todos los adversarios para atacar a Jerusalén, para hacerle daño. La tercera respuesta de Dios vino al revelar las estrategias de mal del enemigo a Nehemías, quien nuevamente oró y vio cómo el poder del Señor desbarató los planes de sus adversarios. Con sus manos trabajaban en la obra, en sus cinturas ceñían sus espadas; unos edificaban mientras otros eran centinelas que guardaban la ciudad.

Mientras el enemigo atemorizándolos arreciaba sus ofensas contra ellos, algunos se desanimaban en el proceso. Pero Nehemías sabía en quién había creído, sabía quién era el sustento de su vida, entonces con amor y autoridad exhortaba a su gente a continuar el trabajo. Y así, los muros de Jerusalén fueron levantados, sus puertas reconstruidas, y su pueblo volvió a vivir con dignidad, porque Dios cambió su espíritu angustiado por manto de alegría. La oración se convirtió en la primera de las estrategias de Nehemías, en la más importante; a partir de ella estableció su plan de acción. Una mano se levantó para el trabajo y la otra para alabar al Dios de los cielos.

Y así como Nehemías, hoy les invito a poner en práctica la mejor de las estrategias, hoy les invito a elevar esta oración:

"Acuérdate de nosotros, Dios mío, perdónanos según la grandeza de tu misericordia, concédenos tu gracia para vivir en paz, tu sabiduría para reconstruir nuestra patria, tu amor para caminar en humildad contigo. Que tu mano sea sobre nosotros para hacernos bien. Amén".

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES 

1 comentario:

JohnRamz dijo...

He leido varias veces tu blog y Dios me ha hablado a traves del mismo. Este escrito acerca de Nehemiah, definitivamente refleja la situacion de nuestra Venezuela desde hace mucho tiempo. Los muros espirituales y moraless de nuestra ciudad estan derribados. Pero con mucha fe, esperanza y accion lograremos una restauracion espiritual que se ramifique a todas las demas areas de bienestar basico que cualquier sociedad o pais requiere. Dios te bendiga y te siga dando sabiduria para compartir con tu familia y con todos aquellos que nos hacemos ecos de tus pensamientos.

Johnny