miércoles, 27 de febrero de 2013

El camino de la dignidad |


Al intentar hacer un análisis sobre la dignidad humana podríamos considerar que estamos caminando dentro del ámbito filosófico, y quizá, para algunos, ser considerados como imprácticos. El problema que surge al dejar de lado estos análisis es que mientras más se ignora un tema, más propensos somos a cometer errores inherentes a él, pues en la ignorancia subyace la raíz de muchos males de la humanidad. De tal manera, que hacemos el intento considerando este tema de fundamental importancia en la vida de nuestra sociedad.

Al hablar de dignidad son muchas las palabras que surgen en la búsqueda de un concepto que abarque con excelencia toda la extensión que en la práctica esta palabra significa. El diccionario de la Real Academia de la lengua española nos habla de la cualidad de digno, es decir, de ser merecedor. Ahora bien, cuando vamos a la palabra latina "dignitas", de la raíz "dignus", encontramos que significa grandeza y excelencia de carácter. En la antigua Roma se denominaba como dignitas la reputación, el honor, el buen nombre de una persona determinado por su comportamiento moral y ético. La dignitas era todo el haber con el que se contaba para ejercer un cargo político o de relevancia en la sociedad; origen éste de la palabra dignatario.

Así, al definir la dignidad resaltan las palabras merecedor, excelencia, reputación, estima y grandeza. No obstante, en el concepto más ampliado usado actualmente al referirnos a la dignidad humana, ésta se entiende no solo como el fruto de las cualidades particulares de la persona, sino en un sentido más estricto y profundo, como un derecho de la naturaleza racional y espiritual del hombre. Ni el color de la piel, ni la clase social, ni la condición de enfermedad, ni la inmadurez física o emocional, ni el desarrollo de las propias capacidades, ni las creencias religiosas, ni tampoco la afiliación política pueden cambiar la dignidad esencial de todo ser humano y de los derechos que son consecuencia de esta dignidad.

Entonces, al profundizar en la dignidad humana surge de manera inmediata el tema de los derechos humanos inalienables. El primer derecho fundamental del ser humano es el derecho a la vida, de allí que cualquiera que posee vida, debería ser tratado dignamente. La dignidad no se trata solo de aquellas personas que al ser victimas parecieran haberla perdido. La dignidad es el diseño de una vida mucho más elevada que viene dado por la verdad irrefutable, para nosotros los cristianos, de que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Es esa naturaleza espiritual que lo diferencia del resto de la creación lo que le confiere el ser digno de una vida plena de bien. Por esa razón, no se puede pretender dignificar a unos mientras se humilla la dignidad de otros.

La dignidad es el corazón de la estabilidad en cualquier nación. De allí, que aquellas naciones en las que la dignidad del ser humano es violada, transgredida e irrespetada son sociedades inestables, donde reina la violencia, la anarquía y el caos. Sin embargo, aunque el gobierno de una nación, sus instituciones o cualquier grupo de poder pueda humillar a los ciudadanos, maltratarlos, vejarlos, insultarlos, y hasta torturarlos, jamás podrán destruir su dignidad; pues es un valor inherente a la vida y mientras exista aliento de vida cada ser humano tendrá el pleno derecho de exigir ser tratado con bien.

La dignidad le permite al ser humano caminar con la cabeza erguida, exigiendo sus derechos por más oposición que exista. No podemos dejar de luchar, no podemos permitirnos ser arropados por el miedo o, peor aún, por la pasividad. No podemos conformarnos a perder nuestra dignidad. El camino para preservarla, engrandecerla y promoverla requiere valentía. Como dijo Juan Pablo II: "lo que se necesita es la audacia de decir la verdad claramente, sencillamente y con valentía, pero nunca con odio o falta de respeto hacia las personas. Debemos estar firmemente convencidos de que la verdad libera a la gente. Lo que constituye la primera fuente de libertad y justicia no es nuestra persuasiva argumentación o la elocuencia personal, por útiles que puedan ser, sino la verdad misma".

"...Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres..." Juan 8:32

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES

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http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

@RosaliaMorosB

miércoles, 20 de febrero de 2013

La Perseverancia



Sentada plácidamente cerca de la ventana observo la majestuosa montaña que se erige frente a mí. No puedo dejar de admirarla, la he amado desde que era una niña, siempre la busco desde cualquier lugar de la ciudad donde me encuentre, mis ojos siempre la miran y no puedo dejar de maravillarme ante su grandeza.
Pero hoy, al contemplarla, mis pensamientos van más allá de su belleza. Pienso que siempre está allí, y me parece que siempre estará, que por lo menos no se desvanecerá tan fácilmente como muchas cosas en nuestro mundo actual. 

Entonces, mis pensamientos se agolpan en mi mente y vuelan más rápido de lo que mi mano puede escribir; tratando de capturarlos como el que persigue a un ave, hago mi mayor esfuerzo para expresar lo que siente mi alma en este momento. Sin embargo, mi esfuerzo no es suficiente, no tengo alas y mis pensamientos vuelan incansablemente. Solo me queda la esencia de ellos que me dicen que así como la montaña, así deben ser nuestras vidas: constantes, sólidas, firmes, inconmovibles.
Al rato, mi hijo mayor se acerca para compartir conmigo su nuevo logro en la guitarra. Primero me explica y luego deja mover sus manos suavemente sobre las cuerdas. Escucho una bella melodía, y pienso nuevamente. ¿Cómo no ha de escucharse bella si él la ha practicado día tras día? ¡Me lleno de regocijo! En mi corazón estoy segura de que él ya sabe uno de los secretos de una vida plena. Él, mi hijo, sabe que algo que se anhela no llega por solo desearlo, sino que necesita trabajarlo. Y cuando lo ha alcanzado, después de haberlo intentado muchas veces, entonces en su cara brota esa expresión de alegría profunda, que es serena, que llena, pero que no hace bulla sino que habla en silencio. 

Converso con él, compartimos una galleta de canela que a los dos nos encanta. Disfruto el momento, lo respiro, lo vivo intensamente, casi quisiera prolongarlo, no dejarlo extinguirse…
Entonces, pienso nuevamente en la montaña, que siempre está allí, que siempre mis ojos la ven. También, esta vez, pienso en todas las cosas que no puedo ver, que no puedo palpar con mis sentidos, pero que indescriptiblemente también están siempre allí o aquí, y que son más reales que la majestuosa montaña que mis ojos físicos pueden ver. 

Respiro profundamente, como para sentir más intensamente este hermoso momento. Entonces le pregunto: ¿Qué es para ti la perseverancia? Sus manos dejan de tocar las cuerdas por un momento, su mirada es profunda y su voz pausada: -No desistir de algo.
Su respuesta me impresiona, es segura y concisa. Sus manos vuelven instantáneamente a las cuerdas. Por unos segundos guardo silencio digiriendo sus palabras: -No desistir… Como para probarlo, mi mirada lo busca, nuestros ojos se encuentran y seguidamente le pregunto: ¿Qué es para ti, “no desistir de algo”? Su respuesta no se hace esperar, viene rápidamente, sin vacilar: -Ser fiel. Terminamos la galleta, y con la premura de la adolescencia toma la guitarra, se levanta y me dice: Chao Mami, gracias. 

He vivido un gran momento con mi hijo, por ese momento vale la pena todo el día, toda la vida.
Al instante, mi corazón piensa en lo que quiero compartir con ustedes, en lo que he estado pensando, en la montaña, en la vida, en Aquél que siempre está allí, en las cosas que se ven, y en las que no se ven, pero se sienten y son tan tangibles como lo material. Entonces, me pregunto a mi misma: ¿Cuál era mi tema de hoy? Sí, era la perseverancia, pero ya todos mis argumentos han sido resumidos en las respuestas de este joven. ¿Recuerdan sus respuestas?
NO DESISTIR, SER FIEL.
Rosalia Moros De Borregales.
rosymoros@gmail.com
@RosaliaMorosB

lunes, 11 de febrero de 2013

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!



Dedicado a Leonardo Daniel y Andrés Eduardo, dos hijos de esta patria.

A veces el corazón se siente herido, a veces aunque el sol resplandezca la noche sigue arropándonos, a veces las palabras más alentadoras no nos provocan una sonrisa, a veces irremediablemente nos llora el alma.  A veces, aun al contemplar la inmensidad del cielo y el infinito del océano solo encontramos tristeza; nos pasa como la poesía de Andrés Eloy: -la ola tiene un dolor de aguas verdes... O como la de Pablo Neruda que al sentir tan agudo el dolor exclamó: - Puedo escribir los versos más tristes esta noche... - Estos maravillosos poetas le escribieron a un amor con cuerpo de mujer, hoy al plasmar mi pensamiento, le escribo al amor con cuerpo de patria.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Tu pedacito de tierra lleno de inmensas riquezas, tus tesoros guardados en la profundidad de tus entrañas. Tus riquezas negras y tus riquezas doradas, como tus mujeres negras, como tus mujeres blancas; que llenan tu suelo de muchachitos traviesos, que comen arepitas con mantequilla que les chorrea la barbilla, que toman papelón con limón para apaciguar el calorón, que vuelan papagayos y en los cielos se remontan como el que anda a caballo, y que son tan tecnológicos como biológicos.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Tus inmensas sabanas cabalgadas con la cara erguida al viento, sobre el potro de los sueños de la juventud que albergas en tu seno; juventud que de ti quiere ser amamantada y en tus brazos acogida por la nobleza que otrora en ti resplandecía y que hoy el alma añora con lágrimas en los ojos en medio de los despojos.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Tus hombres fuertes que en tu suelo han luchado para darte un destino tan grande como tus cielos, tan profundo como tus mares, tan alto como tus picos, tan caudaloso como tus ríos, tan manso como tus esteros que dan de beber a las coloridas aves que cantan y surcan en tus cielos.
Tus hombres fuertes con dignidad en el alma, tus hombres de manos laboriosas, de pensamientos brillantes, de corazones valientes que rescatan tu vida en las manos del enemigo perdida.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Hoy tus madres lloran a sus hijos perdidos en la muerte prematura que ensañada contra ellos de tus brazos los ha robado; hoy tus niños anhelan la caimanera entre amigos que de todas las pieles se viste y que levanta un arcoiris del suelo polvoriento; hoy tus jóvenes expatriados, navegando otros mares o bregando un espacio en su propio océano claman por la justicia y se hermanan con la bondad para devolver a tu rostro entristecido la felicidad.

¡Mi Venezuela querida te llevo en el alma!

Hoy renace la esperanza, hoy en Dios ponemos nuestra confianza, hoy el miedo se desvanece y de él no más presas serán nuestras almas. Hoy como un manantial de aguas frescas abrevarás los lomos cansados; como primavera reverdecerán tus pastos y de coloridas flores adornarás la nueva alegría que renace en los que te aman, patria mía.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  EL UNIVERSAL
sábado 28 de julio de 2012  12:47 PM
@RosaliaMorosB