miércoles, 13 de junio de 2012

Integridad para la reconstrucción


Es una verdad imposible de ocultar que el gobierno de nuestro país está cimentado en la mentira y la corrupción; fundamentos estos que aunque muchas veces parecieran convertirse en sólidos bloques de concreto, imposibles de derribar, están cayendo frente a nuestros ojos, desmoronándose como una torre de papel. Definitivamente, mostrándonos que una sociedad entrelazada a través de los antivalores marca su destino hacia el caos, como una estructura física que colapsa ante la fuerza indetenible de un gran terremoto.

Los ingenieros y arquitectos usan la palabra "integridad" para describir aquellas "estructuras íntegras" que han sido no solo bien diseñadas sino también apropiadamente construidas, cuyos materiales se integran en un todo para crear estabilidad y fortaleza. Para levantar una sociedad que pueda permanecer indemne en el tiempo y que sirva de refugio e impulse el desarrollo de las nuevas generaciones es absolutamente necesario formar en integridad, con integridad y para la integridad.

La palabra integridad tiene su origen etimológico en el vocablo "integritas" el cual sugiere la idea de entero o completo, sin división, sin carencia de una o más de sus partes. La integridad constituye el arco iris de valores morales que se cohesionan en cada individuo para expresarse en una personalidad sólida, transparente, consistente conectada y comprometida con otros individuos en el bien común.

Para construir una sociedad íntegra es necesario construir organizaciones e instituciones sobre los fundamentos de la integridad; pero las instituciones y organizaciones están formadas por personas, y es allí, en el centro del espíritu humano, en donde se siembra la semilla de los valores o sus antagónicos, en donde se enraízan para crecer y moldear a un individuo. La grandeza de una nación no está determinada por las riquezas naturales o materiales que posea. La grandeza de una nación está determinada por la construcción de una sociedad en la cual la interacción entre las personas está basada en la integridad, y la consecuencia más palpable y visible es la convivencia saludable y armónica.

A pesar de la terrible crisis por la que atraviesa nuestra nación, pienso que nos encontramos en un momento propicio para impulsar un cambio desde adentro, desde lo más profundo del corazón de nuestra sociedad. De la misma manera que un terremoto fractura y desmorona muchas estructuras físicas y naturales, los tiempos de crisis fracturan nuestros corazones y los exponen a reflexiones que los conducen a nuevas verdades y valores. Muchas veces, las mejores estructuras se levantan después de que han sido derribadas y se ha aprendido de los errores. Muchas relaciones se fortalecen con lazos indestructibles después de haber vivido grandes crisis. Cuando casi hemos perdido a alguien y vuelve a nuestras vidas, lo llegamos a valorar con mayor intensidad.

Es aquí, en este momento crítico en el cual los líderes tienen la labor irrenunciable de convertirse en modelos a ser seguidos. De deslastrarse de todo aquello que les impide vivir sin hipocresía en la consecución del bienestar común y del desarrollo sostenido de nuestra nación. Es necesario que hagan una introspección y entiendan sus motivaciones; pues las personas que logran bendecir a otros en la vida, son aquellas que en primer lugar, tienen una profunda convicción de humildad, y luego, entienden que la verdadera gratificación del servicio se alimenta de la profunda satisfacción de saber que las cosas se han hecho correctamente.

"... Preséntate en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza muestra integridad y seriedad. Habla la palabra sana e irreprochable, de tal manera que los que se oponen se avergüencen al no tener nada malo que decir de ti". Tito 2:6-8.

"Sólo el hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas y de reconocer sus errores". Bejamin Franklin. 

Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com

@RosaliaMorosB 

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