miércoles, 13 de junio de 2012

Grandes ideas, férreas voluntades


Desde los tiempos más remotos conocidos en la historia de la humanidad hasta nuestros modernos y convulsionados días, todos nos hemos beneficiado de geniales inventos que comenzaron siendo pensamientos en las mentes de algunos hombres que dieron forma a ideas concretas que luego se materializaron. El estudio profundo y constante del ser humano y del medio ambiente que lo rodea le ha permitido al hombre concebir ideas para proporcionarle una mejor vida desde todos los ámbitos de la complejidad de la existencia. El hombre en su afán por entenderse a sí mismo, por descubrir qué y cómo se determina su comportamiento ha planteado una gran diversidad de ideas que se han convertido en teorías, las cuales llevadas a cabo nos han permitido evolucionar social y políticamente. Todos los logros de la humanidad y aun sus grandes desgracias han sido concebidos en primer lugar, en la mente de algún ser humano, como un simple pensamiento que estructurado y trabajado ha dado a luz a una idea, y esta idea ha sido llevada a la realidad para nuestro bien o nuestra destrucción.

Una idea es el más obvio acto del entendimiento, nos permite percibir el conocimiento de algo en nuestro entorno; es una estructuración de pensamientos que toman forma en algo concreto que se puede llevar a la realidad física o intelectual del ser humano. A través de las ideas fluyen las prioridades, decisiones y acciones de cada persona en este planeta. Lo que pensamos determina lo que hacemos e inevitablemente fluye para influir en la gente a nuestro alrededor, razón por la cual, las ideas sustentadas en los principios universales de bien y de progreso nos impulsan a un camino de bienestar y de convivencia armónica con nuestros semejantes; mientras que las ideas concebidas en mentes mezquinas, sustentadas por sentimientos adversos, inexorablemente causan un gran daño al materializarse.

Siempre he pensado que Venezuela es un país cuyo mayor y más valioso recurso es el humano. Si, aunque también hemos sido bendecidos con maravillosos recursos naturales, creo que el valor de nuestra gente, demostrado en su inmensa capacidad creadora supera todo lo demás. Sin embargo, hay un elemento que debemos cultivar y no podemos posponer por más tiempo, se trata de la voluntad; de ese ejecútese de las ideas, de lograr materializar los pensamientos; de realizar las acciones concretas y específicas pertinentes para el alcance de lo concebido por nuestras mentes. Necesitamos voluntades férreas, pero férreas, no por duras e insensibles a los sentimientos, sino por inquebrantables en medio de la adversidad, por dispuestas y resolutas, por audaces y diligentes.

Los diccionarios definen la palabra voluntad como la facultad que tienen los seres humanos para gobernar sus actos y decidir con libertad; como la capacidad de esforzarse para hacer algo; como la potencia del hombre, que le mueve a hacer o no hacer una cosa; como la determinación libre e intrínseca del ser humano para escoger su camino, y aun, es definida como amor, cariño, afición, benevolencia y afecto. La voluntad es deliberada, se sustenta en la intención del pensamiento y su ejercicio produce algo concreto, proporciona una imagen real del pensamiento abstracto. Por esta razón, es imperativo que tomemos la firme decisión de ir más allá de nuestros pensamientos, que nos impongamos la tarea de llevar a cabo cada idea; que podamos trascender a las palabras con las acciones concretas.

Cualquiera sea el lugar donde te encuentres en esta gran nación, tu trabajo, tus ideas y tu corazón son importantes para construir el país que todos anhelamos. Decide hoy no dejarte amilanar por las circunstancias; no permitir que la multitud de palabras desesperanzadoras echen raíces dentro de ti; no valorar lo momentáneo como si fuera lo definitivo.

Decide hoy buscar en Dios la fuerza para tener esa férrea voluntad para hacer el bien, y así como San Francisco convertirte en su instrumento:

"Señor, hazme un instrumento de tu paz: que donde haya odio, ponga yo amor, que donde haya ofensa, ponga yo perdón, que donde haya discordia, ponga yo armonía, que donde haya error, ponga yo verdad, que donde haya duda, ponga yo la fe, que donde haya desesperación, ponga yo esperanza, que donde haya tinieblas, ponga yo la luz, que donde haya tristeza, ponga yo alegría. Oh, Señor, que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar, en ser comprendido, como en comprender, en ser amado, como en amar. Porque dando se recibe, olvidando se encuentra, perdonando se es perdonado,  y muriendo se resucita a la vida".

Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com

@RosaliaMorosB

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