miércoles, 13 de junio de 2012

El corazón de un padre



Es bien sabido en el mundo actual la gran importancia de la relación afectiva con ambos progenitores como una condición que impulsa el desarrollo de una personalidad estable. Sin duda, que cada vez se conoce y se entiende más sobre la necesidad de la presencia, el apoyo y el afecto tanto del padre como de la madre para la evolución armónica de los niños. Ambos roles son complementarios en el sano desarrollo desde la infancia hasta la adultez. Respeto profundamente a los profesionales de la psicología, por eso no pretendo hacer en este artículo un análisis desde su punto de vista, ya que no soy una experta en esta área; sin embargo, quisiera expresar un pensamiento que persiste en mi mente al pensar en el papel protagónico del padre en la vida de los hijos.

Crecimos escuchando el dicho que reza: "Madre hay una sola, padre se consigue en cualquier esquina". Y muy dolorosamente hemos vivido las consecuencias de una sociedad sin padres, o peor aún, de padres irresponsables, ignorantes de la trascendencia de su rol en la vida de los hijos. Aunque muchas madres han hecho un gran esfuerzo para desempeñar ambos roles, y de una manera heroica han logrado sacar adelante a sus hijos, no es éste el ideal, no es éste el deber ser de una familia.

Al pensar en este tema, recuerdo la llamada parábola del hijo pródigo, que al referirnos hoy a los padres, prefiero llamar la historia del padre amante: un hombre trabajador, un hombre que ha labrado un futuro para su familia. Dos hijos que han recibido de él todo lo que en sus manos y en su corazón ha tenido para darles. El hijo menor decide pedir todo lo que le corresponde de su herencia e independizarse. Se va lejos y vive una vida dispendiosa; luego de haber gastado todo lo que recibió de su padre, se encuentra en el peor estado que jamás imaginó y se da cuenta que aun el trabajador de menor rango en la casa de su padre vive dignamente. Quebrantado por la necesidad, decide regresar y pedir perdón a su padre... Todos conocemos el hermoso final, un padre que ama con todo su corazón, un padre que sabe que en el amor siempre hay lugar para el perdón; un padre que hace fiesta, que se regocija por el regreso del hijo perdido, un padre cuyos brazos se abren para arropar en un abrazo infinito.

Esta es, a mi parecer, una de las historias más impactantes de las Sagradas Escrituras, pues en ella se nos revela el infinito amor de Dios como nuestro Padre. Ese Padre que nos brinda la libertad; ese Padre que ha escrito su ley en nuestros corazones y nos ha señalado el camino de la bendición; ese Padre que siempre está dispuesto a recibir a un corazón que ha transitado el camino de la soberbia a la humildad.

Pronto se celebrará en todo el mundo el Día del Padre, quizá este es el mejor momento para que hagamos las paces con Dios, y especialmente para ti, como padre, para que  busques en El la sabiduría, el amor y la fuerza para convertirte en el mejor padre que tus hijos puedan tener.

"No concibo ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona como la necesidad de sentirse protegido por un padre".
Sigmund Freud (1856-1939) médico, neurólogo y creador del psicoanálisis.
Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com

@RosaliaMorosB

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