viernes, 18 de mayo de 2012


Un hombre conforme al pensamiento de Dios

Dedicado a mis hijos en el Día de la Madre

Siempre he sentido un profundo agradecimiento hacia mi padre por palabras claves que me ha dado en diferentes momentos de mi vida. Cuando cumplí 18 años mi papá me escribió en la tarjeta de felicitaciones unas palabras que nunca he olvidado, que quedaron grabadas en mi ser interior y me han conducido a lo largo de mi vida como una brújula que señala el camino. Esas palabras se encuentran en un libro de la Biblia y dicen así: "Ya se te ha dicho, hombre, lo que es bueno y lo que el Señor pide de ti: tan sólo que practiques la justicia, que seas amigo de la bondad y que camines humildemente con tu Dios".Miqueas 6:8. Sin lugar a dudas, una gran exigencia contenida en breves palabras. Pero las palabras son pensamientos que internalizados se convierten en acciones; y es precisamente eso que llena nuestras mentes, que abarca nuestros más profundos pensamientos, lo que determina lo que somos y, por ende, lo que hacemos.

Al pensar en el primer enunciado, recordamos que desde la antigüedad los griegos contaron a la justicia entre las virtudes que debían cultivar, y Platón en la República la cuenta entre las cuatro virtudes cardinales, expresando que a través de la justicia el hombre confiere a sus semejantes lo que les corresponde o pertenece. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la justicia representa el derecho y la equidad. Además, la define como el conjunto de todas las virtudes, pues la práctica de la justicia exige del hombre virtudes que van más allá de ella misma, o que la engloban en una unidad indivisible. ¿Entonces, a qué se refieren las palabras de Dios a través del profeta Miqueas? Notemos que se usa el verbo practicar, es decir, que se nos insta a que debe ejercerse continuamente. Nos habla más allá de la justicia ejercida por tribunales basados en leyes; se refiere a la justicia que debe ser practicada cotidianamente, desde las situaciones más sencillas hasta las más trascendentes de la vida. El proceder que deriva de considerar a cada ser humano como un igual y que exige de nosotros la regla de oro: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, pues esto es la ley y los profetas." Mt. 7:12.

El segundo enunciado nos llama a ser amigos de la bondad, es decir, a establecer una relación de afecto con el bien. A sentirnos desinteresadamente impulsados a hacer más allá de lo meramente justo, lo bueno. Nos insta a aprender a practicar el amor de manera universal; a trascender las fronteras de las leyes que nos hacen ser justos, para convertirnos en hombres bondadosos. ¡Es como añadirle a un buen ingrediente, uno mejor! Pienso que el mundo actual gime por hombres de bondad, por hombres capaces de considerarse a sí mismos como verdaderos servidores de sus semejantes, no solo para dar lo que es justo, sino además, como nos insta el evangelio, para caminar la segunda milla.

Por último, las palabras de Miqueas, nos hablan de caminar al lado de Dios con la virtud de la humildad en nuestros corazones. Esa virtud que consiste en reconocer nuestra pequeñez, nuestras propias limitaciones, nuestra insuficiencia; y al mismo tiempo nos permite entender la grandeza de Dios, para obrar de acuerdo a ese conocimiento. La humildad nos permite entregarnos en las manos de Dios, sabiendo que si caminamos a su lado Él es poderoso para guiarnos a trascender todas las barreras de la mezquindad humana y dignificarnos como seres hechos a su imagen y semejanza.

¡Justicia, bondad y humildad, las claves para ser hombres según el pensamiento de Dios!

Rosalía Moros de Borregales.

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