martes, 27 de septiembre de 2011

CUANDO YA TE AMABA


PARA MI PRIMOGÉNITO EN SU VIGÉSIMO TERCERO AÑO DE VIDA

Cuando todavía no habías nacido, cuando tan solo eras un pensamiento de mi mente, entonces, ya te amaba.
Cuando todavía no habías nacido, cuando tu papi y yo fantaseábamos acerca de ti en nuestras conversaciones de adolescentes, entonces, ya te amaba.
Cuando todavía no habías nacido, cuando tan solo eras una semillita germinada en mi virgen vientre, entonces, ya te amaba.
Cuando todavía no habías nacido, cuando ibas creciendo dentro de mí, cuando te alimentabas de mis entrañas, entonces, ya te amaba.
Cuando todavía no habías nacido, cuando me acompañabas a escuchar música y con tus pataditas me hacías saber de tu existencia, entonces, ya te amaba.
Cuando todavía no habías nacido, cuando cada noche respondías con tus piecitos a la conversación de tu papi, entonces, ya te amaba.
Cuando llegó el momento de tu llegada y con esfuerzo viniste al mundo, cuando tus ojos vieron la luz, entonces, ya te amaba.
Cuando eras un bebecito y te alimentaba en mi pecho, cuando mi alma se fundía con la tuya, entonces, ya te amaba.
Cuando ibas creciendo y tus preguntas infinitas agotaban mi mente, cuando curioso descubrías el mundo, entonces, ya te amaba.
Cuando te convertiste en un hermano amoroso y con toda responsabilidad  a Andrés cuidabas y tu alma era bondadosa para con él, entonces, ya te amaba.
Cuando cantabas con tu banda de primitos y amigos, cuando ya tus dotes de líder se asomaban, entonces, ya te amaba.
Cuando te entusiasmabas con los deportes y llenabas cuadernos organizando tus equipos, describiendo a tus famosos jugadores, entonces, ya te amaba.
Cuando te convertiste en un adolescente distante y a ratos tu dulzura cambiaba de sabor y te convertías en un limón, entonces, ya te amaba.
Cuando fuiste madurando y nos revelaste tus deseos de ser un médico, cuando pusiste tus esfuerzos en lograr un lugar en la UCV, entonces, ya te amaba.
Cuando te fuiste por un año de intercambio y mi corazón lloraba tu ausencia, cuando me despertaba pensándote y levantaba una oración por ti, entonces, ya te amaba.
Cuando regresaste y comenzaste tu carrera, cuando todavía inmaduro parecía que muchas cosas no entendías y yo iba a Dios y El paz me ofrecía, entonces, ya te amaba.
Cuando comenzaste a rectificar y a entender el camino, cuando le diste a tu padre el lugar insustituible que Dios le dio en tu vida, entonces, ya te amaba.
Cuando victorioso llegaste al quinto año de tu carrera, cuando el esfuerzo de tu constancia y dedicación dieron su fruto, entonces, ya te amaba.
Cuando conociste a Dios y supe que aunque caminaras por los desafíos de la fe o los abismos de los desaciertos y pecados, siempre regresarías a El porque eres suyo, entonces, ya te amaba.
Hoy y cada día de tu vida te he amado, cada día que falta por venir te amaré, y siempre, siempre podrás contar con mi amor, porque desde siempre, ya te amaba, y para siempre te amaré.

Tu mami,
Rosalía Moros de Borregales.
Caracas, 27 de septiembre de 2011.