martes, 1 de noviembre de 2011

UNA MISIÓN PARA AQUELLOS LLAMADOS CRISTIANOS


Cuentan las sagradas escrituras que pasando Jesús junto al mar de Galilea vio a Pedro y a su hermano Andrés echando la red al mar, y les dijo: “Venid en pos de mi, y os haré pescadores de hombres”. San Mateo 4:19. Esta invitación hecha al comienzo de su ministerio contiene un principio básico y fundamental de la doctrina cristiana. Dios quiere que aquellos que hemos sido pescados por El, nos convirtamos a su vez en pescadores de hombres. Como dice el Reverendo Olson: “Que nuestras vidas se conviertan en la buena carnada que otros puedan comer para conocer el cristianismo”.

Nos hemos llamado una nación cristiana, sin embargo en la práctica parece que esto ha sido más tradición que convicción. Nuestro proceder ha estado bastante alejado de lo que debería caracterizar a una persona que ostenta este nombre. Y lo digo de esta manera, porque estoy convencida de que Jesús no vino a este mundo a traer una religión, él vino a enseñarnos a tener una relación de amistad con Dios. Así pues, que no pensemos en denominaciones, pensemos que esta misión es para todos los que creemos que Cristo es Dios, el Salvador del mundo.

Pero ¿Cómo es eso de convertirnos en pescadores de hombres? ¿Cómo podríamos atraer a otros para que crean en Jesús? No hay otra forma sino siendo imitadores de El, es decir, haciendo lo que él hacía y viviendo de acuerdo a los principios cristianos.

Un día estando Jesús en la sinagoga le tocó leer del libro de Isaías las siguientes palabras:“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor”. San Lucas 4:18 Al terminar de leer, les dijo a todos que ese día se había cumplido esa escritura delante de todos ellos. El era a quien el Espíritu de Dios había enviado.

Hoy somos tu y yo, los que nos llamamos cristianos, a quienes Dios envía con la misma misión de Jesús. En esta nación marcada por el odio, abatida por la maldad, golpeada por la mentira. ¿Dónde están aquellos que profesan la fe cristiana? ¿De qué lado estamos los que cada domingo asistimos a las diferentes iglesias que profesan la fe en Cristo? Estamos igualmente contaminados por el odio, llenos de toda suerte de sentimientos adversos, olvidados de nuestra misión fundamental, con la fe dormida…

Si abres tu corazón al Señor, él te dará las buenas nuevas que difícilmente encontrarás en los periódicos; sanará tu corazón quebrantado por cualquier dolor, te sacará del cautiverio donde has permanecido por tanto tiempo; le dará luz a tus ojos para que veas una nueva vida aún en medio de la oscuridad; te dará libertad en medio de la opresión y te acogerá en sus brazos como hijo.

Si vienes a El tu vida hablará con más fuerza que tus palabras. No tendrás temor porque el perfecto amor de Dios echa fuera el temor. Aunque a tu alrededor haya oscuridad, la luz de Cristo brillará para ti. Tu vida no dependerá de las circunstancias azarosas de una nación, sino que estará confiada en las manos de nuestro amado Señor. El te responderá y nunca te dejará caído, sino que te levantará y te dará una vida de paz en medio de la tormenta. Entonces, ya no serás más instrumento del odio o del dolor sino que en sus manos cumplirás con la más noble misión de tu vida. La misión de un verdadero cristiano: “...Dar buenas nuevas a los pobres; sanar a los quebrantados de corazón, pregonar libertad a los cautivos, dar vista a los ciegos, poner en libertad a los oprimidos y predicar el año agradable del Señor.”

Rosalia Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com
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@RosalíaMorosB