jueves, 22 de setiembre de 2011

Conquistando el corazón de Dios

Hay pasajes bíblicos que al leerlos nos llenan de admiración; que trascienden la simple lectura y nos transportan a la época en la que sucedieron. Historias que quedaron allí, grabadas en el corazón de los hombres que fueron testigos de ellas para luego ser grabadas con tinta en el papel de la historia. Relatos que pasan desapercibidos por muchos de nosotros, y que encierran secretos y verdades que constituyen la llave para conquistar el corazón de Dios. 

Por una parte, desde los tiempos más remotos el hombre ha buscado incansablemente el equilibrio en su vida; ha estado en esa búsqueda permanente de satisfacer su alma. Su espíritu creador le ha llevado a la invención de extraordinarias herramientas de trabajo, máquinas y toda clase de aparatos que le han hecho la vida cada vez más confortable. Los grandes descubrimientos científicos le han permitido alejar de su vida la enfermedad y hacer de su mundo un lugar más seguro y deleitoso para vivir. 

Por otra parte, a lo largo de este desarrollo de la humanidad también el hombre ha cometido tantos desaciertos que ha terminado convirtiéndose en el peor enemigo de su raza; pues de su misma mente han surgido herramientas, máquinas y aparatos que inexorablemente lo están conduciendo a la destrucción de su planeta y por ende, de su propia vida. 

Desde la perspectiva cristiana es imposible vivir en paz con nosotros mismos y con nuestros semejantes si primero cada uno, individualmente, no está en paz con Dios. Desde la perspectiva cristiana, es imposible que al ser humano se le iluminen los ojos del corazón para ver al mundo con ojos de bondad. Desde la perspectiva cristiana, esto solo puede suceder si el ser humano vuelve sus ojos a su Creador, y en armonía con Él se convierte en un hacedor del bien. 

Pero nos hemos ido endureciendo cada vez más y en muchos ya ni siquiera hay vestigios de solidaridad con el débil, con el pobre y con el desamparado. El amor se ha convertido en un trueque de intereses; la mentira gobierna hogares, industrias y Estados. El beneficio material de unos pocos prevalece sobre el bienestar de toda la humanidad. El poder político y el poder económico aplastan sin compasión al hombre común. ¿Cómo podríamos entonces llegar a ser hombres de bondad de acuerdo a la concepción de Dios? ¿Cómo podemos alcanzar nuevamente el corazón de Dios, y vivir de acuerdo a su pensamiento? ¿Con qué nos presentaremos delante de Él para recibir de sus manos todo el bien, todo el amor y la sabiduría que necesitamos? 

El pasaje narrado en el evangelio de Mateo 15:21-28, nos da una llave directa al corazón de Dios: Dice esta historia que estando Jesús en la región de Sidón llegó a Él una mujer cananea, que le rogaba que tuviera misericordia de ella, pues su hija estaba siendo atormentada por un demonio. Sin embargo, Jesús no la ayudó inmediatamente sino que le contestó diciendo: "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel" (24). Pero la mujer, ya había escuchado de los milagros y prodigios de Jesús; ella sabía que Él era el que podía liberar a su hija, ella ya había puesto sus ojos en Él. Entonces, postrándose delante de su presencia, le dijo: "¡Señor ayúdame!": Y Jesús insistió: "No se debe echar a los perros el pan de los hijos". (25). Pero ella era madre y estaba dispuesta a conseguir la libertad para su hija. Ella no se ofendió por las palabras del Señor, ella reconocía su condición, y de esa humildad de su corazón brotaron palabras que conquistaron el corazón de Jesús: "Es verdad, Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". (25). Entonces Jesús maravillado ante tal respuesta le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo". Y termina esta historia bíblica en otro evangelio, diciendo que en aquel mismo momento la hija de la mujer cananea quedó liberada. (Marcos 7:29). 

Una actitud humilde y la certeza en nosotros de que nadie más que Él es nuestra ayuda son llaves al corazón de Dios. ¡Con humildad y fe podemos conquistar su corazón! 

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  EL UNIVERSAL
sábado 3 de septiembre de 2011  

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