lunes, 1 de agosto de 2011

RESTAURANDO LOS MUROS




En la antigüedad las ciudades estaban rodeadas de muros, con la finalidad de ser protegidas de los enemigos; en esos muros se encontraban las atalayas o torres desde las cuales los vigilantes podían atisbar cualquier cambio en el horizonte, y de esta manera dar aviso a las autoridades para tomar las decisiones necesarias a fin de hacer frente a la situación presentada. Cuando un muro o parte de éste era derribado o sufría cualquier cambio a consecuencia de los enfrentamientos era reparado de inmediato, puesto que suponía, para la época, la seguridad de la ciudad.
Gracias a la evolución del pensamiento del hombre, al respeto a los pueblos y a las libertades conquistadas, esos muros fueron desapareciendo y las fronteras se convirtieron sencillamente en delimitaciones trazadas en los mapas. Sin embargo, aunque no existen las paredes físicas, si existen esas murallas que no se ven, pero que están formadas por un conjunto de sentimientos, valores y principios que constituyen la moral de una nación.
En nuestra amada Venezuela los muros se encuentran derribados, solo que esta vez no tuvimos un enemigo foráneo que se ensañó contra nosotros, sino que de nuestra propia tierra surgieron los detractores, que sembrando el odio más férreo han herido a la madre patria. Han utilizado el arma más letal para el alma del hombre, la cual tiene una característica de peste o enfermedad contagiosa, pues fácilmente se disemina, y poco a poco va convirtiendo al corazón de todos en el mismo pozo de amargura, incapacitándolo para vencer al mal con el bien.  
En la Biblia se relata la historia de un hombre llamado Nehemías quien al enterarse de que el muro de Jerusalén estaba en ruinas y sus puertas destruidas por el fuego, lloró y clamó a Dios pidiéndole perdón por los pecados de los Israelitas y por los propios, al mismo tiempo que le pidió le concediera éxito para la tarea de restauración del muro. (Nehemías 1). Luego se fue a su pueblo y alentó a sus hermanos a levantarse de la depresión y a reedificar. Por supuesto, fue despreciado por algunos, los cuales opusieron resistencia; pero él no se dejó amedrentar y confió en su Dios quien desbarató el plan de los enemigos; mientras él reunía a los que estaban dispuestos y repartió el trabajo para la reedificación del muro.
En el proceso, Nehemías no solo tuvo que tomar precaución contra las maquinaciones de sus adversarios, sino también tuvo que exhortar a sus conterráneos a la unidad y a rectificar caminos torcidos. No fue una tarea fácil, pero él se mantuvo en la oración: “Acuérdate de mí para bien, Dios mío” _“Ahora, Dios mío, fortalece mis manos”. _  Y también, dándole ánimo al pueblo: _“Venid y reconstruyamos el muro para que ya no seamos objeto de deshonra”. _” El Dios de los cielos nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos”. _  (Nehemías 3 y 4).
Si cada uno de nosotros permanece en su obstinada actitud alejado de Dios, nuestros corazones se endurecerán aún más y nuestra tierra será como un desierto lleno de rocas. Es hora de que los venezolanos invoquemos el nombre de Dios sobre nuestra nación. Es hora de pedir perdón y enmendar los caminos torcidos. El tiempo del quebrantamiento ha llegado, pero no el de la tristeza que paraliza y destruye, sino el del arrepentimiento personal que nos lleva a Dios, y el del necesario clamor que cada uno está en el deber de hacer por nuestra patria. ¡Vamos a levantarnos a restaurar nuestros muros!
“La alabanza a Dios es un espíritu quebrantado, Él no despreciará a un corazón contrito y humillado”. Salmo 51: 17.

Rosalía Moros de Borregales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gloria a DIOS! CRISTO es EL SEÑOR de venezuela! este es el tiempo de los que esperan en el SEÑOR,donde el pueblo se levanta para restaurar nuestros muros! amen!