miércoles, 27 de julio de 2011

SI TE ATREVES, LO INTENTAMOS OTRA VEZ

La alegría vivida por los venezolanos en los últimos días en nuestro país es un hecho digno de reflexión por nuestra parte. Poco sé de futbol, pero no hay que ser un experto en el área para entender que nuestros muchachos han hecho un excelente trabajo. No se trató de "suerte" simplemente, como algunos mezquinamente han dicho tratando de minimizar el desempeño de la Vinotinto, sino de un esfuerzo sustentado en el trabajo constante de un equipo dirigido por un estratega de mente brillante pero de corazón humilde. 

Particularmente, y creo que soy acompañada por muchos en mi sentimiento, me siento profundamente agradecida a nuestra selección por habernos traído con su triunfo este refrescamiento, esta alegría, este tema del cual podemos hablar en nuestros encuentros; permitiéndonos así hacer un alto en el camino extenuante que hemos transitado los venezolanos por más de una década. Qué felicidad tan grande al ver cómo con su contundente victoria han tomado el protagonismo, haciendo secundario este laberinto de informaciones que han terminado siendo una obsesión para nuestro país. 

Sin embargo; no se trata de un juego entre dos equipos, que se da simplemente en un escenario determinado. Es sencillamente el resultado visible de todo un trabajo de mucho tiempo realizado con dedicación, esfuerzo y sobre todo con compromiso. Es el concierto armónico que agrada al oído y al alma, el resultado de horas y horas de entrenamiento. También la actitud de vencedor, no basada en la soberbia del engreído sino en la seguridad y confianza que se adquiere de pequeñas victorias previas, que se van logrando como resultado del trabajo y solo del trabajo. 

Sin duda, un gran ejemplo a seguir en todos los ámbitos de la vida nacional. Una enseñanza para que aprendamos a no tomar atajos, a no lanzarnos del trampolín antes de habernos preparado para tal tarea. Y al mismo tiempo, una hermosa lección para aquellos que desisten y lo dan todo por perdido. La lección de la perseverancia, del camino de la fidelidad a nosotros mismos, a nuestros ideales y valores, y más aún, el camino de la fidelidad a una tierra que nos vio nacer y nos ha abrigado en su seno. El no dejarnos llevar por el desánimo cuando pareciera que hemos fracasado. Entender que si tenemos el coraje para atrevernos podemos seguir intentándolo. 

En mi afán por transmitirle a mi nación un mensaje de esperanza, hoy me he inspirado en nuestra Vinotinto, sintiendo que ellos nos han demostrado lo que humanamente se puede lograr. Sin embargo, trascendiendo la barrera de nuestra humanidad, insisto en que necesitamos, tanto individualmente, así como nación, volver nuestros corazones a Aquel que con su muerte en la cruz nos demostró que con Dios no hay barreras que no puedan vencerse, ni montañas que no puedan conquistarse. 

Siento que ha llegado el tiempo de nuestra patria; el tiempo de atender al llamado de Dios y dejar atrás nuestros vicios, los caminos equivocados, los corazones endurecidos, la mentira, la soberbia, la desesperanza y nuestros miedos. Siento que en Él se abre una nueva oportunidad para todos nosotros. Que en Él seremos protagonistas del proceso de transformación y construcción de nuestra nación. Pero necesitamos ¡decidirnos! 

La Biblia dice que el reino de los cielos lo arrebatan los valientes; aquellos que se atreven a confiar en Su fidelidad. Si hoy decides tener el coraje de creer, hoy Su voz te llama con estas palabras: Si te atreves, lo intentamos otra vez. 



Rosalía Moros de Borregales

lunes, 18 de julio de 2011

SE BUSCA GENTE ORDINARIA PARA HACER UN TRABAJO EXTRAORDINARIO


Una sociedad no se construye por la acción mesiánica de ningún hombre. Se construye cuando cada hombre y mujer en la vida común, en la cotidianidad de la nación dan lo mejor de sí mismos en su entorno.
Nos encontramos en un momento crucial de nuestra nación, un momento que amerita del trabajo y del esfuerzo de cada venezolano; un momento que supone la mejor actitud de cada uno de nosotros; un momento que exige de nuestro corazón todo el amor por nuestra patria, de nuestras mentes toda la inteligencia y responsabilidad, y de nuestras manos que se entreguen a toda la labor que está por hacerse.
Es claro que necesitamos líderes que vayan a la cabeza de todos los cambios y acciones que vendrán; sin embargo, no son ellos los que tendrán la última palabra, ni tampoco ellos, los que al final determinarán el camino a seguir. No podemos seguir pensando que un hombre, o un pequeño grupo nos llevarán del desierto a la tierra donde fluye leche y miel. Este es un camino que debemos recorrer cada uno y todos como nación.
Desde las posiciones de liderazgo puede venir la conducción clara y precisa, por esa razón debemos ser muy cuidadosos en nuestra elección. No podemos aventurarnos a probar suerte. Esto es algo que requiere de nuestra inteligencia, de nuestra ética y del amor que le tengamos a nuestra patria. Sin embargo; de cada uno de nosotros depende que levantemos el edificio, o que nos quedemos en ruinas. Somos nosotros los que debemos pegar cada ladrillo.
Una sociedad no se construye por la acción mesiánica de ningún hombre. Se construye cuando cada hombre y mujer en la vida común, en la cotidianidad de la nación dan lo mejor de sí mismos en su entorno. Esto actúa como una onda expansiva generando bien, justicia y solidaridad. Cuando tu y yo somos rectos en nuestro proceder, cuando el vecino, el amigo y el desconocido son rectos en su proceder, entonces la rectitud comienza a formar parte de nuestras vidas diarias.
Cuando tu y yo no aceptemos más la extorsión, ni el vecino, ni el amigo, ni el desconocido la acepten, entonces nunca más tendremos que sobornar, cada quién cumplirá su deber y el que no lo haga se encontrará con la ley. Cuando cada padre y madre, maestro, hermano, amigo, abuelo y tío sean testimonio de vidas íntegras y se conviertan en inspiración para los niños y jóvenes de nuestra nación, entonces cada nueva generación se levantará sobre un fundamento de verdad, respeto, justicia y bondad. ¡Columnas muy difíciles de derribar!
Los cambios que necesita nuestra nación no se gestan en el corazón soberbio, ni en la mente distorsionada de un hombre; ni pueden estar amparados bajo el lema de la muerte. No pueden venir de un grupo que hace exclusión, que manipula el corazón y lo convierte en esclavo de una adoración que solo produce dolor. Los cambios no vendrán como por arte de magia, ni serán el resultado de la aplicación de una fórmula  por parte de unos cuántos. Tampoco resultarán del intercambio de dádivas, ni por prebenda a unos pocos.
Cuando tu y yo entendamos que el camino al cambio debe ser transitado por cada ciudadano. Cuando tu y yo comencemos a hacer nuestro trabajo para nosotros y para nuestra familia bajo la concepción de nación, entonces y solo entonces, nos daremos cuenta que para construir a Venezuela no se necesita de un líder mesiánico sino de gente ordinaria, como tu y yo,  que haga un trabajo extraordinario.

Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com
familiaconformealcorazondediosblogspot.com

jueves, 14 de julio de 2011

TESOROS ESCONDIDOS DE NUESTRA PATRIA


Son múltiples las noticias que nos causan desasosiego, muchos los espacios dedicados a informar hechos ocurridos en nuestro país de los cuales no quisiéramos haber oído jamás. Se repiten aquí y allá, ocupan la radio, el cine, la televisión y todos los medios escritos. Sin embargo, aunque  no se reseñen y se exalten como bien se lo merecen, en nuestro país también suceden cosas que nos dejan el alma impregnada de un sentimiento tan  sublime  como indescriptible.
Hace unos cuantos meses pude percibir en una linda joven a quien tengo la dicha de conocer, el entusiasmo genuino de quien hace algo que le apasiona. Ella fue una gimnasta consumada durante 11 años de su vida, en los cuales ganó muchas medallas para nuestro país. Hoy es una excelente estudiante de Medicina que respondió al llamado de su entrenadora de la infancia y decidió compartir el apretado tiempo de sus estudios para entrenar a un grupo de jóvenes especiales en Gimnasia Artística y Rítmica.
Durante largos meses su constancia y tenacidad estuvieron al servicio de un grupo de ocho gimnastas con Síndrome de Down, 2 apuestos jóvenes y 6 preciosas niñas y adolescentes. Durante todas estas horas de entrenamiento y a medida que se iba perfeccionando cada movimiento; el corazón de estos querendones muchachos fue entrelazándose con el corazón de esta joven y todo el equipo que de una u otra forma estuvieron allí para asistirles. Todo su esfuerzo estuvo dirigido a la gran meta que les esperaba en la tierra de Platón (Atenas-Grecia), la tierra en donde por primera vez se celebraron juegos olímpicos, y que en esta oportunidad fue la sede de los Juegos Mundiales de verano de las Olimpiadas Especiales 2011.
Es sencillamente maravilloso, un deleite para el alma, ver las fotos y algunos videos de la participación de estos ocho atletas en Grecia. Como el hermoso emblema de las Olimpiadas Especiales, ellos ocho brillaron como el sol, derrochando vida en cada uno de sus movimientos, coronados todos con una sonrisa. Dejaron plasmada la excelencia  en cada una de sus competencias de Salto, de Barras paralelas, de Barras fijas, en el Potro, en la Viga; con el Aro, la Pelota, la Cinta, etc.; ganando 31 medallas, entre las cuales se cuentan 15 de oro. Mostrándole así al mundo y muy especialmente a nuestra nación, que con determinación y entusiasmo se alcanzan los logros y que lo más importante de cada movimiento es el espíritu del hombre detrás de cada uno de ellos.
Al pensar en el camino que han recorrido los padres de estos gimnastas, pienso que la vida no es una ecuación matemática; que no todo lo vamos a entender con nuestro intelecto; que no siempre habrá una explicación que nos aclare el panorama. Siento que hay seres que pasan desapercibidos, que pueden darnos lecciones más profundas e importantes que otros a quienes les rendimos admiración, respeto y hasta devoción. He sentido que las cosas más complejas de la vida se vuelven más sencillas cuando cambia la actitud de nuestro corazón.
Al pensar en Valentina Báez Sosa, esta linda joven de quien les he estado hablando, siento que ella tomó a este grupo de jóvenes, como quien toma un diamante en bruto y le muestra al mundo todo su esplendor; siento que ella se ha dejado seducir por el amor de estos seres “especiales”, convirtiéndose en una persona que valora más lo intangible; que valora más lo que tiene forma de lágrima, de sonrisa, de mirada profunda y de abrazo.
Siento que ella ha entendido que todos hemos venido a este mundo con un propósito que cumplir; que ante los ojos de Dios todos somos valiosos y tenemos un lugar en el que encajamos perfectamente. ¡Enhorabuena 
Valentina!

“Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos”.
Antoine de Saint-Exupery


Rosalía Moros de Borregales
rosymoros@gmail.com


martes, 5 de julio de 2011

¿QUÉ QUIERES QUE TE HAGA?




            Vivimos en un mundo lleno de situaciones que nos hacen pensar y cambiar constantemente nuestros deseos. Un día pareciera que estamos seguros de lo que queremos y al día siguiente es como si lo que anhelamos se hubiera desvanecido mientras dormimos. En otras ocasiones cuando anhelamos algo y lo logramos, por un poco de tiempo nos sentimos llenos, pero pronto nos embarga una sensación de vacío, hasta el punto que muchas veces nos sentimos como si realmente no hubiéramos logrado nada. ¡Pareciera que nuestras almas son insaciables!
            Vamos por un camino en el cual se nos ofrece una gran diversidad de experiencias atractivas, las cuales prometen hacernos mejores, tanto física como emocional y a veces intelectualmente. Es como una escalera con un número incontable de escalones. Cuando vas en uno, eres forzado al siguiente, y así sucesivamente sin que sepas donde termina. Solo, que muchas veces esta escalera no va en ascenso sino en descenso.
            Desafortunadamente, muchos nunca se hacen conscientes de esta caída lenta, sino hasta que ya están demasiado hundidos para levantarse por si mismos. Otros jamás notan que han caído, es su estado natural. Y aún, hay quienes con mejor discernimiento, van en busca de algo que los sacie, que los haga felices, pero de una felicidad duradera, para pronto encontrar que el vacío es lo único que llena sus vidas.
            ¿Realmente, sabemos qué es lo que queremos? ¿Sabemos acaso, dónde está la fuente de provisión de nuestros deseos y anhelos más profundos? ¿Sabemos dónde encontrar ese preciado tesoro que no hallamos en el mundo? ¿Sabemos cómo encontrarlo? ¿Sabemos a quién tenemos que acudir en busca de él?
            Hay un pasaje en la Biblia que nos relata la historia de un hombre ciego llamado Bartimeo (Marcos 10:46-52). Dice la Biblia que este hombre estaba sentado junto al camino mendigando. Suponemos que en sus oscuros andares había escuchado de Jesús, pues al oír que la multitud era a causa de él (Jesús), comenzó a gritar: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí! Muchos de los que estaban allí, intentaron callarlo, pero Bartimeo gritaba mucho más fuerte: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!
            Entonces Jesús al escucharlo, se detuvo y mandó a que lo trajeran a él, y alguno de los que estaban allí, lo tomó y le dijo: ¡Ten confianza! ¡Jesús te llama! Vino pues Bartimeo ante Jesús, y Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Entonces Bartimeo, absolutamente seguro de lo que quería, le respondió: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo. ¡Vete, tu fe te ha salvado! La historia termina diciendo que al instante recobró la vista y seguía a Jesús por el camino.
            Creo firmemente que tu y yo podemos ser ese Bartimeo, quizás no necesitamos recobrar nuestra vista física.  ¿Pero estamos viendo con los ojos de nuestra alma? ¿O acaso nuestra vista esta nublada? Bartimeo, sabía claramente cual era su necesidad, y cuando pidió del Señor misericordia, sabía exactamente que era lo que quería. Cuando Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Bartimeo respondió sin vacilar: Maestro, que recobre la vista. Maravillosamente, él tuvo lo que quería, porque él sabía lo que quería y sabía a quien pedírselo. El sabía quien era la fuente, y cuando la encontró no dejó pasar esa oportunidad, y desde el fondo de su ser lo gritó y lo pidió.
            La Biblia nos dice que el reino de los cielos lo arrebatan los valientes. Y vaya que fue valiente este hombre llamado Bartimeo. Se imaginan todo el esfuerzo que tuvo que haber hecho para ser tomado en cuenta en un lugar donde había una multitud y él estaba mendigando. Seguramente, Bartimeo ya estaba acostumbrado a ser rechazado, pero sin embargo, como sabía que se trataba de Jesús, y sabía que Jesús era la fuente, entonces no dejó pasar su oportunidad.
            Pienso y creo que Dios es un Padre que siempre nos espera con los brazos abiertos. Pienso que vivimos tiempos difíciles, no solo en nuestra nación, sino en el mundo entero. Pero son tiempos en los cuales el llamado de Dios está vigente. Solo aquellos quienes tengan la valentía de reconocer en Dios la fuente que saciará la sed de sus almas insatisfechas, no dejarán pasar la oportunidad. Solo aquellos quienes saben que teniendo a Dios lo tienen todo y que sin El no tienen nada, lo buscarán entre la multitud, para oir su voz que nos pregunta hoy, como le preguntó a Bartimeo: ¿Qué quieres que te haga? Ojalá que tu y yo no vacilemos en contestar: ¡Maestro, que recuperemos la vista!


Rosalía Moros de Borregales

rosymoros@gmail.com


EN TU NOMBRE ECHARE LA RED




            Hay momentos en nuestras vidas cuando todos nuestros esfuerzos parecieran infructuosos. Mientras más empeño ponemos, menos logramos lo que queremos. Son tiempos difíciles, en los cuales la luz no se ve, a lo lejos, en el horizonte. Solo soledad, cansancio y mucha confusión nos rodean.
            Sin embargo, si hay una luz, aunque nuestros ojos no puedan discernirla. Siempre está disponible, a veces se nos presenta en el momento más oscuro de nuestra noche. Allí, cuando nos sentimos sin fuerzas, totalmente desolados. Cuando aún el peso de nuestros propios cuerpos se nos hace casi imposible de llevar. Entonces, es en ese momento cumbre de nuestra debilidad, en esas circunstancias menos esperadas, cuando viene a nosotros. Algunos la reconocemos y le permitimos que nos ilumine la vida; otros, acostumbrados a las tinieblas, cierran sus ojos y no se dejan guiar.
            Es como si el hombre en su lucha por ganar espacios, por adquirir fama, dinero y poder, se ensoberbece de tal manera que se erige a sí mismo como su propia luz. Como dueño y señor de su vida. Como el invencible, el que todo lo puede, el que no necesita de nadie más. Pero, la Tierra gira más allá de nuestras conciencias, y el sol sale cada mañana brindándole su luz a un nuevo día en un lado del planeta, mientras del otro lado, la noche cubre con su manto de oscuridad. Y así, seguimos girando; en un instante estamos a plena abundancia de luz, y en otro estamos bajo el manto de la oscuridad.
            Nunca sabemos cuándo será nuestro turno. Pero, si pensáramos sensatamente, nos daríamos cuenta que todo es cuestión de tiempo. Pues, la Biblia dice el hombre es tan vulnerable como la flor del campo, la cual en la mañana muestra su esplendor y en la tarde ya está marchita. Lo único que puede permitirnos vivir plenamente la luz del día en nuestras vidas, y más aún, capacitarnos para poder ver las estrellas en medio de la oscuridad es una virtud olvidada por muchos.  Claro, porque ella es muy modesta, no se envanece, ni hace alardes de su belleza, es sencilla y pura, su nombre es: humildad.
            La humildad fue la virtud que mostraron los discípulos del Señor Jesucristo cuando salieron a pescar una noche, y después de trabajar arduamente, no pescaron nada. Entonces, ya cuando iba amaneciendo se presentó Jesús en la playa y El les dijo:
 - Hijitos ¿Tienen algo de comer? A lo que ellos respondieron: ¡No! Entonces el Señor les dijo: - Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis -. Por lo que ellos la echaron, como El les había dicho, y ya no podían sacarla, por la gran cantidad de peces. San Juan 21: 1-14.
            Si, a pesar de que eran hábiles pescadores, hombres de mar, acostumbrados a esas faenas, no tuvieron la menor duda en hacer lo que el Señor les estaba indicando. Lo hicieron, y para su sorpresa e inmensa alegría allí estaban los peces, tantos que no podían con sus propias fuerzas sacar la red, debido a la abundancia de ellos. Entonces, todo el cansancio de la noche, se convirtió en regocijo; bajo la dirección del Señor su faena se convirtió en bendición. Y como si fuera poco, cuenta esta historia bíblica, que el Señor les preparó el desayuno El mismo.
            Pienso y creo, que al igual que a los discípulos, el Señor quiere señalarte el camino, indicarte la siguiente acción que debes emprender. ¡Él quiere bendecirte la vida! Te invito a que humildemente lo busques en oración diciéndole: ¡Señor, en tu nombre echaré la red! Te aseguro que abrirá sus manos y su corazón para llenarte con sus muchas bendiciones e iluminar tu vida.

Rosalía Moros de Borregales