martes, 3 de mayo de 2011

LA INTEGRIDAD TIENE RECOMPENSA

Siempre me ha impresionado la historia de José, hijo de Jacob, en el libro de Génesis. Es una historia en la cual podemos ver, por una parte, como los seres humanos tomamos decisiones sintiéndonos poderosos, sin detenernos a pensar en las consecuencias de nuestras acciones. Y por otra parte, nos muestra como cuando somos íntegros delante de Dios El guía nuestras vidas haciendo que todo el mal que nos rodea redunde para nuestro bien, bendiciéndonos aún en las circunstancias más difíciles.
Jacob estaba embelesado con José, lo había tenido en su vejez y el niño era la alegría de su corazón. José apacentaba las ovejas en el campo con sus hermanos, pero éstos le tenían envidia porque era el consentido de su padre. Además, José tenía sueños que contaba a sus hermanos. Estos sueños revelaban como José, de alguna manera, algún día, estaría en una posición por encima de ellos. Mientras Jacob meditaba en los sueños de José tratando de discernirlos, la envidia iba en aumento en el corazón de sus hermanos y le aborrecían.
Un día José salió al campo para buscar a sus hermanos; entonces cuando éstos lo vieron desde lejos, conspiraron contra él y pensaban matarlo. Sin embargo, Rubén, atemorizado de matar a su propio hermano, les dijo que no derramaran sangre, sino que lo ocultaran. Le quitaron pues una túnica de colores que llevaba, la cual le había obsequiado su padre, y lo metieron en una cisterna en medio del desierto. Pero estando allí, pasó una compañía de ismaelitas que iba rumbo a Egipto, entonces negociaron a José por veinte piezas de plata.
Tomaron luego un cabrito, lo mataron y derramaron su sangre sobre la túnica de José, la llevaron ante su padre y le hicieron creer que una bestia del campo lo había devorado… Entonces Jacob lloró a José sin consuelo. Mientras tanto, los ismaelitas vendieron a José a Potifar, capitán de la guardia del faraón de Egipto, quien lo hizo mayordomo de su casa y le entregó todo lo que tenía, porque veía que todo lo que José hacía le salía bien. Aún, dice la Biblia, que Dios bendijo la casa del egipcio a causa de José. Pero la esposa del egipcio puso sus ojos sobre José tratando de seducirlo, sin embargo él fue íntegro y huyó de su presencia. Más la mujer, no contenta con su rechazo, lo culpó delante de su marido y José fue a parar a la cárcel, pero aún allí, Dios estaba con José y le prosperaba en todo lo que hacía porque su corazón era íntegro.
Después de un tiempo, el faraón tuvo un sueño y como nadie podía entenderlo se acordaron de José, lo trajeron y le contaron el sueño, el cual interpretó (Génesis 41:15-36). ¿Recuerdan el sueño de las siete vacas robustas y las siete flacas?  Una vez que José habló, el faraón dijo a sus siervos que no había en Egipto otro hombre más sabio que José y entonces lo elevó dándole poder y autoridad sobre todo Egipto. Vinieron los años de la abundancia y todo lo que José hacía Dios lo prosperaba. Hasta que llegaron los años de las vacas flacas y hubo hambre en toda la tierra y de todas partes venían a comprar en Egipto porque habían oído de la fama de José y de todas las provisiones que había guardado.
Fue así, como también vinieron los demás hijos de Jacob a José, sin saber que él era el hermano a quien habían vendido. Pero Dios es bueno y sabe transformar el mal en bien. Quien una vez había sido desechado se convirtió en la bendición de toda la familia. Fue su proveedor y los salvó de la hambruna.
Cuando mantienes tu integridad, aún en las circunstancias más adversas, Dios tiene la capacidad para transformar todo el mal en bien  y ponerte en una posición de bendición, no solo para ti y tu familia, sino para todos los que te rodean.

Rosalía Moros de Borregales

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