martes, 31 de mayo de 2011

CUANDO A LA GENTE BUENA LE SUCEDEN COSAS MALAS


ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  EL UNIVERSAL
sábado 28 de mayo de 2011  05:36 PM
En memoria de Elizabeth Hannah Moros-Eddinger 
Hoy quisiera compartir con Uds., en esa intimidad que se suscita entre el que escribe y sus lectores, una de las experiencias más dolorosa y al mismo tiempo extraordinaria que he vívido. Pertenezco a una familia de nueve hijos, todos sanos y felices. Mi mamá, como dicen los médicos, tuvo 9 gestas y 9 paras; es decir, todos sus embarazos tuvieron un feliz término y todos nacimos saludables. Todos hemos tenido hijos "sanos", con excepción de mi hermana María Aurora, la penúltima. La tía más querendona y tierna que Uds. se puedan imaginar, la dulzura hecha persona, que se vuelve pura miel con un bebé. 

Ella no se embarazó sino hasta un poco avanzados los treinta y tuvo una hermosa bebé, a quien llamaron Elizabeth. Ya desde que la cargaba en su vientre sabía que Elizabeth tenía problemas de salud, pero ella no quiso detener su existencia, sino que decidió tener a su bebé y ponerse en las manos de Dios. Cuando la niña vio la luz de este mundo, mi hermana no pudo tenerla en su regazo, ni acariciarla, ni darle el alimento de sus pechos. Inmediatamente fue llevada a cuidados intensivos y los médicos le pronosticaron dos semanas de vida. Elizabeth había nacido con un raro síndrome llamado Trisomía 18. 

Recuerdo cuando la conocí, sus ojos grandes y vivaces me impactaron, su menudo cuerpecito invadido por todos esos "cables" conmocionó hasta la fibra más profunda de mi ser. Deseé cargarla y estrecharla contra mi pecho, y de alguna manera milagrosa infundirle la vida a través de la fuerza del inmenso amor que sentí por ella, desde el mismo instante en que mis ojos la vieron por primera vez. Al mismo tiempo, deseé poder consolar a mi hermana; me sentí tan impotente en el intento. La abracé, la besé, oré por ella, le cociné cosas ricas y la cuidé con todo mi cariño. En las largas jornadas en las cuales se extraía la leche de sus senos, para que a través de una sonda se la suministraran a la bebé, le leía la Biblia y cantábamos juntas algunas canciones. 

¡Me impresionaba la fuerza de su amor! A medida que pasaban los días su anhelo por estar al lado de su hija la consumía de tal manera, que fue capaz de hacer en medio turno todo el trabajo de un día, durante los cinco meses que vivió Elizabeth. Cuando llegaba al hospital su cara se iluminaba y a pesar de las limitaciones ocasionadas por la incubadora, ella la besaba, la abrazaba y le decía cuanto la amaba. Recuerdo que uno de los médicos dijo que la única razón por la cual esa niña seguía viviendo, era por el inmenso amor que su madre le prodigaba cada día. Otro doctor, la llamaba "mi pequeña roca" haciendo alusión a lo luchadora que era la bebé; que cada vez que pensaban que moría, los sorprendía a todos recuperándose de la gravedad. 

Las dos lucharon por la vida y se aferraron a un amor indescriptible, imposible de expresar con palabras. Un día llegó el momento más doloroso, el de la partida, y Elizabeth se fue al Cielo. Mi hermana lloró y aún sigue llorando a su preciosa niñita, aún la ama y anhela el día en que se encuentre con ella. Mi hermana tiene la esperanza de la vida eterna, y esta esperanza la llena de alegría. Ella se siente privilegiada de haber sido escogida por Dios para ser la mamá de Elizabeth. 

Ella ha comprendido, en una dimensión mucho más profunda que nuestro plano terrenal, que para Dios la vida de todos tiene un significado que trasciende nuestro entendimiento. Ella ha comprendido que lo que a los ojos del hombre puede ser imperfecto, bajo la mirada de Dios y de los ojos de nuestro corazón se ha convertido, en su vida, en el amor más sublime que jamás soñó. 

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo". Juan 16:33 

rosymoros@gmail.com

miércoles, 25 de mayo de 2011

DESDE EL CORAZÓN DE UNA MADRE VENEZOLANA AL PRESIDENTE



En varias ocasiones he escrito dirigiéndome a Ud. Presidente, con la esperanza de que de una u otra manera mis reflexiones lleguen hasta sus oídos. No hay otra motivación que el bien de mi patria, de su patria, de nuestra patria. No otro anhelo que el llegar a su conciencia y a la de todos aquellos que pertenecen a su gobierno. Aunque de antemano sé que muchos me tildarán de ingenua y muchos otros que lo apoyan a Ud., de una manera idolatra, me dirán toda suerte de insultos; pero soy fiel a las razones de mi corazón.
No son una falacia las noticias que se publican semanalmente reportando la muerte de cientos de venezolanos. Tampoco que el tema que más nos inquieta a todos, en todos los ámbitos de la geografía nacional, es el estado de  inseguridad en qué vivimos. Quizá Ud. y los suyos no sean tan sensibles a este tema porque están custodiados más de lo que han sido cualquier otro presidente y su gente en la historia de Venezuela. Pero nosotros, los venezolanos de todos los colores, nos sentimos angustiados e impotentes.
Su lema, ya modificado: “Patria socialista o muerte” sigue necesitando cambios; pues su esencia es absolutamente anti ética. Un lema expresa en una frase el argumento principal de una obra, institución, nación, o en este caso, de un gobierno. Es la idea rectora que regula la conducta de los que están amparados bajo dicho lema. No puedo creer que su misión sea convertir a Venezuela en una nación “socialista” o en su defecto “morir”. ¿A la muerte de quién se refiere el lema? ¿De los que anhelan la patria socialista si no la logran? O ¿De aquellos que no acepten la imposición del socialismo chavista? De cualquiera que sea, este lema lo que plantea es la imposición de un sistema, todavía dilucidándose, o la muerte; y la muerte, a no ser la ocurrida por causas naturales, no es ética. ¡Lo ético es la vida y la vida más feliz posible!  
Como dice el profesor Aquiles Leandro: “Nada resulta más útil a un individuo humano, que otro individuo humano”. Si no lo comprende así, imagínese a dos hombres en una isla solitaria, sin saber el uno de la existencia del otro. ¿Acaso no se sentirían felices al encontrarse y tratarían de ser amistosos y lo más posible recíprocamente útil? La ética busca que los actos humanos se orienten hacia la rectitud. La rectitud puede entenderse como la concordancia entre nuestras acciones con el bien. Y no hay ningún bien en propiciar o ejecutar la muerte.
Si asumimos una actitud de odio hacia nuestros semejantes con pensamientos diferentes, nos disminuimos en nuestra dimensión humana, alejándonos de la felicidad. Si por el contrario, demostramos una actitud de solidaridad, y en vez de la búsqueda de nuestro propio interés, aprendemos a encontrar el bien en cada persona, estamos fomentando nuestro desarrollo como individuos humanos y como nación.
Cuando proclamamos un lema de esta naturaleza, estamos expresando con palabras un pensamiento que va calando en la mente y predeterminando el destino de quienes lo usan y están debajo de su poder de acción. Usted, Presidente, ha proclamado muerte y estamos recogiendo los cadáveres
Como madre venezolana y en el anticipo del día de las Madres del mundo, celebro y proclamo la vida sobre nuestra patria: La vida que engendró nuestra tierra en la multiplicidad de razas que aquí se mezclaron. La vida que tomó aliento divino para perfeccionarse en un hombre íntegro y feliz. ¡La vida que parieron nuestras entrañas!
Rosalía Moros de Borregales

martes, 3 de mayo de 2011

LA INTEGRIDAD TIENE RECOMPENSA

Siempre me ha impresionado la historia de José, hijo de Jacob, en el libro de Génesis. Es una historia en la cual podemos ver, por una parte, como los seres humanos tomamos decisiones sintiéndonos poderosos, sin detenernos a pensar en las consecuencias de nuestras acciones. Y por otra parte, nos muestra como cuando somos íntegros delante de Dios El guía nuestras vidas haciendo que todo el mal que nos rodea redunde para nuestro bien, bendiciéndonos aún en las circunstancias más difíciles.
Jacob estaba embelesado con José, lo había tenido en su vejez y el niño era la alegría de su corazón. José apacentaba las ovejas en el campo con sus hermanos, pero éstos le tenían envidia porque era el consentido de su padre. Además, José tenía sueños que contaba a sus hermanos. Estos sueños revelaban como José, de alguna manera, algún día, estaría en una posición por encima de ellos. Mientras Jacob meditaba en los sueños de José tratando de discernirlos, la envidia iba en aumento en el corazón de sus hermanos y le aborrecían.
Un día José salió al campo para buscar a sus hermanos; entonces cuando éstos lo vieron desde lejos, conspiraron contra él y pensaban matarlo. Sin embargo, Rubén, atemorizado de matar a su propio hermano, les dijo que no derramaran sangre, sino que lo ocultaran. Le quitaron pues una túnica de colores que llevaba, la cual le había obsequiado su padre, y lo metieron en una cisterna en medio del desierto. Pero estando allí, pasó una compañía de ismaelitas que iba rumbo a Egipto, entonces negociaron a José por veinte piezas de plata.
Tomaron luego un cabrito, lo mataron y derramaron su sangre sobre la túnica de José, la llevaron ante su padre y le hicieron creer que una bestia del campo lo había devorado… Entonces Jacob lloró a José sin consuelo. Mientras tanto, los ismaelitas vendieron a José a Potifar, capitán de la guardia del faraón de Egipto, quien lo hizo mayordomo de su casa y le entregó todo lo que tenía, porque veía que todo lo que José hacía le salía bien. Aún, dice la Biblia, que Dios bendijo la casa del egipcio a causa de José. Pero la esposa del egipcio puso sus ojos sobre José tratando de seducirlo, sin embargo él fue íntegro y huyó de su presencia. Más la mujer, no contenta con su rechazo, lo culpó delante de su marido y José fue a parar a la cárcel, pero aún allí, Dios estaba con José y le prosperaba en todo lo que hacía porque su corazón era íntegro.
Después de un tiempo, el faraón tuvo un sueño y como nadie podía entenderlo se acordaron de José, lo trajeron y le contaron el sueño, el cual interpretó (Génesis 41:15-36). ¿Recuerdan el sueño de las siete vacas robustas y las siete flacas?  Una vez que José habló, el faraón dijo a sus siervos que no había en Egipto otro hombre más sabio que José y entonces lo elevó dándole poder y autoridad sobre todo Egipto. Vinieron los años de la abundancia y todo lo que José hacía Dios lo prosperaba. Hasta que llegaron los años de las vacas flacas y hubo hambre en toda la tierra y de todas partes venían a comprar en Egipto porque habían oído de la fama de José y de todas las provisiones que había guardado.
Fue así, como también vinieron los demás hijos de Jacob a José, sin saber que él era el hermano a quien habían vendido. Pero Dios es bueno y sabe transformar el mal en bien. Quien una vez había sido desechado se convirtió en la bendición de toda la familia. Fue su proveedor y los salvó de la hambruna.
Cuando mantienes tu integridad, aún en las circunstancias más adversas, Dios tiene la capacidad para transformar todo el mal en bien  y ponerte en una posición de bendición, no solo para ti y tu familia, sino para todos los que te rodean.

Rosalía Moros de Borregales