martes, 8 de febrero de 2011

MAS QUE PAJARILLOS

Hoy en día es muy común escuchar la palabra "stress" la cual podría ser traducida al español simplemente como "angustia", así que cuando castellanizamos la palabra diciendo que estamos "estresados", muy bien podríamos decir que estamos "angustiados". Es ese estado de extrema inquietud el cual muchas veces va acompañado de temor; ese estado de intranquilidad que o bien nos paraliza, o nos hace ir a millón pensando que no hay tiempo ni esfuerzos suficientes.

Miles de libros se han escrito sobre este tema, muchos muy bien fundamentados científicamente, otros muy superficiales y muchos otros ofrecen consejos útiles. Sin embargo, pareciera que el "stress" se ha apoderado del hombre en la actualidad. No hay edad, sexo, ni ninguna condición que sea la excepción a este mal. Una gran parte de la población mundial toma algún tipo de medicamento para minimizar este estado de excesiva intranquilidad. Otros recurren al cigarrillo para conseguir ese efecto tranquilizador de los fármacos, muchos se refugian en el alcohol, y muchos otros se rinden poco a poco ante el mundo oscuro de las drogas.

Es totalmente evidente este estado de angustia en nosotros; las calles son un buen lugar para ver sus manifestaciones. La gente se grita, se apura, acelera, no le permite el paso a nadie. En cualquier lugar donde tenemos que hacer una cola de espera somos poco amigables, y generalmente estamos malhumorados. También en nuestros hogares somos poco pacientes, y muchas veces queremos las cosas para ayer. A veces estamos apurados, simplemente por costumbre, y llevamos nuestras vidas con tanta prisa que sin darnos cuenta no apreciamos los pequeños detalles, los breves momentos, que a fin de cuentas son los que hacen la vida.

Tratando de no perder ni un instante, perdemos los mejores momentos de nuestras vidas. Nos afanamos por lo que aún no ha llegado, por el distante mañana; y el hoy se nos escurre como agua entre las manos. Queremos tener un mañana hermoso, con lo mejor de lo que imaginamos. Queremos construir nuestros sueños de hoy en un mañana que vamos perdiendo cada día, porque es el hoy con lo que contamos.

Oímos sin escuchar, no nos relajamos, y así perdemos las más hermosas melodías, la voz de nuestro cónyuge, las risas de nuestros hijos, la bendición de nuestros padres. Estamos aturdidos en medio de ruidos estridentes que aún cuando estamos en lugares donde podríamos disfrutar de los sonidos de la naturaleza y relajarnos, entonces buscamos la estridencia y la ponemos delante de nosotros como si tratáramos de apagar nuestra propia voz interior. Conversamos pero no nos escuchamos, no nos miramos a los ojos para descubrir lo que va más allá de las palabras. Nos sentamos juntos pero no nos conectamos. Nuestras mentes están en un constante movimiento, van más rápido que nuestros cuerpos por lo tanto a veces perdemos el sentido de lo que hacemos.

Además, pareciera que no podemos estar a solas con nosotros mismos, entonces siempre estamos tratando de llenar nuestras vidas con personas y cosas, que muchas veces solo la llenan de más vacío y soledad. Más allá de todo esto, también están aquellos a quienes la angustia los reduce a seres débiles, tristes, desesperanzados, incapaces de ver la luz a pleno día. Aquellos cuyas propias vidas se les hacen demasiados pesadas para soportarlas, y muchas veces terminan decidiendo su suerte de la manera más desgraciada.

Todo esto es lo que estamos viviendo en este siglo caracterizado por la inmediatez. Y en medio de este tiempo, así como en tiempos pasados sigue vigente la Palabra de Dios cuando nos relata que mientras Jesús hablaba con sus discípulos, les enseñaba de los afanes de la vida diciéndoles: "Por tanto no os angustiéis por vuestra vida… ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y sin embargo, vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que estos pajarillos? Así que no os angustiéis, antes bien buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas". Mateo 6:25-34.
rosymoros@gmail.com

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