domingo, 31 de octubre de 2010

TU TESORO MÁS PRECIADO


A veces siento que la vida actual nos aleja de las cosas realmente importantes. Cada día esta lleno de innumerables tareas, algunas ineludibles; muchas otras nos las hemos impuesto tratando de buscar el camino de la excelencia, tanto para nosotros como para nuestra familia. Sin embargo, hemos terminado atrapados en nuestra propia estrategia, porque tratando de hacer lo mejor, nos hemos perdido de lo más importante.
¿Es que acaso no es verdad que la prisa con la que vivimos nos ha hecho personas “superficiales”? ¿Cuántas veces en esos momentos a solas con nuestras almas nos damos cuenta de que en el afán de construir un mejor porvenir para los nuestros, hemos perdido elementos esenciales…? ¿Cuántas veces nos hemos perdido la sonrisa de nuestros hijos? ¿Cuántas mañanas nos hemos dejado atrapar por el corre-corre y no hemos dado un abrazo, o dicho un “Dios te bendiga”? ¿Cuántas veces nuestros hijos o nuestras parejas nos han hablado, y de repente, en un instante, nos damos cuenta que hemos oído sin escuchar? Quizás porque nuestras mentes estaban en otro lugar, resolviendo, trabajando… Perfectamente justificados, pero tristemente alejados de lo más valioso.
“Solo con el corazón se ve, lo esencial es invisible a los ojos”. ¿Lo recuerdan? Fue una de las primeras máximas que aprendí cuando era niña, es del libro “El Principito” de Saint Exupery. Y es que en este mundo que cada día motiva más nuestro sentido de la vista, nos hemos acostumbrado a mirar sin ver. Miramos pero la mayoría de las veces no vemos más allá de nuestros ojos, nuestras almas están ciegas, vacías…
Personalmente me he sentido de esta manera, por eso he reflexionado en ello y me he propuesto en mi corazón vivir, respirar profundamente, disfrutar de lo que es más importante.
He encontrado que después de Dios, lo que es más preciado a mi corazón es mi familia, la familia de donde vengo y la que he formado junto a mi esposo. Más aún he entendido, que si no puedo amar a los que Dios ha puesto a mi lado, que si no tengo la capacidad de disfrutar de la bendición que representa mi familia… ¿Cómo podría tan siquiera pensar que puedo hacer algo por otros que no conozco?
Hace algún tiempo tuve la bendición de visitar a mi hermana en el interior, también otros que están fuera asistieron a la cita para celebrar la boda de un sobrino. Estando allí, rodeada del cariño de mis padres, hermanas, cuñados y sobrinos, viví un momento especialmente tierno. El más pequeño de los niños, un bellísimo bebé de cuatro años, amaneció aquejado con un dolor de estomago, debido quizás al cambio de agua y alimentación. Había llorado mucho, manteniendo a su mamá ocupada por varias horas.
Cuando finalmente ella decidió dedicarse un poco de tiempo para cumplir con un compromiso que todos teníamos, el bebé comenzó a llorar de nuevo… Estábamos en el tiempo en que teníamos que salir… pero lo cargué e inmediatamente puso su cabecita sobre mi pecho, de repente hubo una lucha en mi mente… era necesario salir en ese instante si quería ser puntual… ¿Pero qué era más importante?
Afortunadamente, pude discernir y me quedé con mi sobrinito. Fui a la cama y lo acosté sobre mi pecho, pensé lo afortunada que era de poder tener a ese hermoso niño conmigo. Comencé a respirar suave y lentamente, como tratando de atrapar ese instante, de no dejarlo escurrirse con el afán… De repente, mi respiración y la de él se acompasaron y nuestros corazones comenzaron a latir al mismo ritmo… El bebé dormía profundamente y mi corazón se llenaba de un sentimiento indescriptible… de la bendición de Dios.
Entendí entonces que no hay tesoro más preciado que la familia que Dios nos ha dado. “Cuán bueno es que los hermanos estén juntos en armonía, porque allí envía el Señor bendición y vida eterna”.

Rosalía Moros de Borregales

miércoles, 27 de octubre de 2010

MADRES QUE ORAN

            Tengo dos muchachotes en casa, son el alma de nuestra existencia. Los amamos más allá de lo que pueden describir las palabras. Sentimos que todos los esfuerzos no son suficientes para hacer de ellos hombres de bien. Quisieramos, como muchos, poseer dones especiales para discernir sus necesidades, para penetrar sus mentes y corazones, en fin, para darles la mayor felicidad posible. Creo, sin temor a equivocarme que este es el pensamiento de todos aquellos a quienes Dios nos ha bendecido con hijos. ¡Cúanto quisieramos hacer por ellos y para ellos! ¡No tienen límites nuestros deseos de amor y de bien!

            Cuando me convertí en madre, sentí que estaba frente al reto más grande de mi vida. A diferencia de otras empresas que había acometido, ésta me pareció un Everest, pensé que quería hacerlo bien, pero cómo. Necesitaba encontrar una fuente de sabiduría de donde tomar las herramientas necesarias para esta indescriptible tarea. Si, así  me sentí, entonces recordé a mi madre, y a mi abuela, pensé que ellas lo habían logrado y busqué en sus inspiradoras vidas para saber cual había sido el secreto.

            Despues de meditar por un tiempo, de leer muchos libros y de caminar en mi memoria por las vidas de estas dos grandes mujeres, encontré que no había, que no hay, una formula mágica para levantar a los hijos. Pero con alegría descubrí que las vidas de ambas estaban marcadas por su fe en Dios. Descubrí que esa fuente de sabiduría que estaba buscando, era ese Dios que ellas me habían enseñado, y que su fortaleza provenía de la oración.

            Desde entonces comenzé a orar por mis hijos, y no he dejado de hacerlo. A través de los años me he dado cuenta que ante los ojos de Dios ser una madre perfecta no es lo que cuenta, pero ser una madre que ora si. Desde entonces he comprendido que esta tarea no es una carga pesada que me doblega, sino que es una maravillosa aventura de la cual yo no soy  su conductora, sino Dios, nuestro Señor. Comprendí que los hijos no son nuestros sino suyos, y que El es el capitan de este barco.

            Cuando vamos confiadamente ante el Señor para pedir de El todo lo que necesitamos en esta hermosa tarea de criar a nuestros hijos, El nos oye, y nos capacita día a día. Porque Dios no es el que esta colgado en la cruz, inamovible, ese que no escucha y que nos dejó al azar del mundo y de la historia. No, Dios quiere bendecirnos y sus oídos estan atentos a la oración nuestra. El nos dice: “Yo te he escogido y núnca te dejaré”  (Isaías 41:9) Más aún El nos dice: “Con amor eterno te he amado por tanto te prolongué mi misericordia”. (Jeremías 31:3).

            En su palabra hay una guía clara de cosas que nosotros debemos hacer. En el libro de Deuteronomio en los capitulos 5, 6 y 7 después de darnos los mandamientos, el Señor nos explica lo que debemos hacer en nuestras vidas “para que nos vaya bien en la tierra que fluye leche y miel” Deuteronomio 6: 3. El nos dice: “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes. Las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas”. Deuteronomio 6:6-8.

            Dios nos promete estar con nosotros todos los días hasta el fin. Cuando busquemos en su Palabra, encontraremos sus directrices y comenzaremos a ver que lo que un día sentimos como una tarea demasiado difícil, se convierte en el delicioso placer de amar y ser amadas por nuestros hijos.
¡Busquemosle en oración y veremos su obra en  nuestras vidas y en la de nuestros hijos!

Rosalía Moros de Borregales.

sábado, 23 de octubre de 2010

MOMENTOS

Hay momentos en la vida que capturan en los instantes en que transcurren, los tesoros más preciados de nuestra alma. Son esos momentos los que marcan huellas que ni el paso del tiempo, ni el correr en los afanes de cada día pueden llevarse consigo; permanecen en lo más íntimo de nuestro ser, así como una fotografía, con el color, el gesto y la emoción de ese instante.
Llevo días pensando y repensando, viviendo nuevamente, saboreando  y respirando, con inhalaciones profundas, el momento que viví con mis hijos el 31 de diciembre del año pasado… Como quisiera tener la pluma sublime del poeta para describirlo con todo el esplendor de su belleza…
            …Estábamos en la cocina aderezando los sabores de la cena del fin de año; todos llenos de reflexiones y recuerdos, de nuevos propósitos para el año venidero…
Andrés, escuchando música y cantando canciones que bien pudo haber cantado su papá a su misma edad, y hasta sus abuelos en sus días de juventud. Inspirado, mostrando la pasión propia de su alma que cuando se abre es como el que abre un tesoro extraído de la profundidad de los océanos.
            Leonardo Daniel, siempre amoroso, siempre mostrándome admiración; tomándonos  fotos, capturando momentos… Disfrutando de la personalidad de su hermano, por quien su alma se derrite como chocolate al fuego, con inmensa dulzura.
            Mientras tanto, el papá y el abuelo se están acicalando, y al escuchar la algarabía  anuncian que pronto estarán allí acompañándonos. Papá también siente, lo que siente mi corazón, lo que se respira en el aire…
La abuela, pensando, meditando en esos momentos vívidos años atrás con sus hijos; ayudando, queriendo ser útil, queriendo poner también su sello en el sabor de la comida.
Yo, cortando aquí, rayando allá, revolviendo con cucharas manjares que a fuego lento van cocinando su esencia. Pensando en lo dichosa que me siento en ese instante…
De repente, estamos los tres, hijos y madre, alrededor de la mesa; ellos inquieren, preguntan la receta, ofrecen ayuda, se involucran y mientras comparten cantan. Me sacan a bailar, damos algunas vueltas, nos abrazamos y besamos… Entonces, mis ojos se encuentran con sus miradas…Los tres estamos felices, los tres sabemos que lo que estamos viviendo no se compra con ningún dinero… y les digo que no cambiaría este momento por nada en el mundo… Las lágrimas corren por mis mejillas, me besan y me abrazan…
La abuela también llora en su recuerdo, y sus palabras nostálgicas nos dicen que ella también lo vivió y que hoy lo extraña. Los nietos le brindan el consuelo, la besan y le alegran el alma… Mientras tanto, profundamente agradecida, entiendo que he vivido un momento indescriptible, una joya que permanecerá guardada en mi alma por siempre!!! 
Rosalía Moros de Borregales.
                     

miércoles, 20 de octubre de 2010

¿QUÉ QUIERES QUE TE HAGA?



            Vivimos en un mundo lleno de situaciones que nos hacen pensar y cambiar constantemente nuestros deseos. Un día pareciera que estamos seguros de lo que queremos y al día siguiente es como si lo que anhelamos se hubiera desvanecido mientras dormimos. En otras ocasiones cuando anhelamos algo y lo logramos, por un poco de tiempo nos sentimos llenos, pero pronto nos embarga una sensación de vacío, hasta el punto que muchas veces nos sentimos como si realmente no hubiéramos logrado nada. ¡Pareciera que nuestras almas son insaciables!
            Vamos por un camino en el cual se nos ofrece una gran diversidad de experiencias atractivas, las cuales prometen hacernos mejores, tanto física como emocional y a veces intelectualmente. Es como una escalera con un número incontable de escalones. Cuando vas en uno, eres forzado al siguiente, y así sucesivamente sin que sepas donde termina. Solo, que muchas veces esta escalera no va en ascenso sino en descenso…
            Desafortunadamente, muchos nunca se hacen conscientes de esta caída lenta, sino hasta que ya están demasiado hundidos para levantarse por si mismos. Otros jamás notan que han caído, es su estado natural. Y aún, hay quienes con mejor discernimiento, van en busca de algo que los sacie, que los haga felices, pero de una felicidad duradera, para pronto encontrar que el vacío es lo único que llena sus vidas.
            ¿Realmente, sabemos qué es lo que queremos? ¿Sabemos acaso, dónde está la fuente de provisión de nuestros deseos y anhelos más profundos? ¿Sabemos dónde encontrar ese preciado tesoro que no hallamos en el mundo? ¿Sabemos cómo encontrarlo? ¿Sabemos a quien tenemos que acudir en busca de él?
            Hay un pasaje en la Biblia que nos relata la historia de un hombre ciego llamado Bartimeo (Marcos 10:46-52). Dice la Biblia que este hombre estaba sentado junto al camino mendigando. Suponemos que en sus oscuros andares había escuchado de Jesús, pues al oír que la multitud era a causa de él (Jesús), comenzó a gritar: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí! Muchos de los que estaban allí, intentaron callarlo, pero Bartimeo gritaba mucho más fuerte: ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!
            Entonces Jesús al escucharlo, se detuvo y mandó a que lo trajeran a él, y alguno de los que estaban allí, lo tomó y le dijo: ¡Ten confianza! ¡Jesús te llama! Vino pues Bartimeo ante Jesús, y Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Entonces Bartimeo, absolutamente seguro de lo que quería, le respondió: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo. ¡Vete, tu fe te ha salvado! La historia termina diciendo que al instante recobró la vista y seguía a Jesús por el camino.
            Creo firmemente que tu y yo podemos ser ese Bartimeo, quizás no necesitamos recobrar nuestra vista física.  ¿Pero estamos viendo con los ojos de nuestra alma? ¿O acaso nuestra vista esta nublada? Bartimeo, sabía claramente cual era su necesidad, y cuando pidió del Señor misericordia, sabía exactamente que era lo que quería. Cuando Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Bartimeo respondió sin vacilar: Maestro, que recobre la vista. Maravillosamente él tuvo lo que quería, porque él sabía lo que quería y sabía a quien pedírselo. El sabía quien era la fuente, y cuando la encontró no dejó pasar esa oportunidad, y desde el fondo de su ser lo gritó y lo pidió.
            La Biblia nos dice que el reino de los cielos lo arrebatan los valientes. Y vaya que fue valiente este hombre llamado Bartimeo. Se imaginan todo el esfuerzo que tuvo que haber hecho para ser tomado en cuenta en un lugar donde había una multitud y él estaba mendigando. Seguramente, Bartimeo ya estaba acostumbrado a ser rechazado, pero sin embargo como sabía que se trataba de Jesús, y sabía que Jesús era la fuente, entonces no dejó pasar su oportunidad.
            Pienso que Dios es un Padre que siempre nos espera con los brazos abiertos. Pienso que vivimos tiempos difíciles, no solo en nuestra nación, sino en el mundo entero. Pero son tiempos en los cuales el llamado de Dios esta vigente. Solo aquellos quienes tengan la valentía de reconocer en Dios la fuente que saciará la sed de sus almas insatisfechas, no dejarán pasar la oportunidad. Solo aquellos quienes saben que teniendo a Dios lo tienen todo y que sin El no tienen nada, lo buscarán entre la multitud, para oir su voz que nos pregunta hoy, como le preguntó a Bartimeo: ¿Qué quieres que te haga? Ojalá que tu y yo no vacilemos en contestar: ¡Maestro, que recuperemos la vista!

Rosalía Moros de Borregales

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martes, 19 de octubre de 2010

NUESTRO REFUGIO

            Algunas personas me han preguntado por qué mis artículos están siempre basados en la Biblia y tienen un mensaje cristiano. Les respondo que aunque la Biblia nos parece un libro viejo, complicado y hasta muy difícil de entender, está más vigente que nunca. Porque en esencia la Biblia trata de la naturaleza humana, la cual ha sido y será la misma siempre, solo con algunos cambios en los escenarios históricos. Entonces escribo porque creo en la vigencia de las palabras de este libro y porque la fe cristiana es el centro de la vida de mi familia. Escribo para compartir con todos aquellos a quienes amo a través de todos los vínculos: filiales, de la fe y de la patria. Escribo para todos y con el profundo deseo de servir como un instrumento de la paz y el amor de Dios.
            Hoy quisiera compartir con ustedes una carta que recibí de mi hermano Eduardo, así pues que le doy a él la autoría de este artículo, solo haré la labor de trabajar en la composición de sus palabras. Eduardo comienza diciendo: “Qué Dios les multiplique gracia y paz en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. Hoy nuestra oración a Dios es que su gracia y su paz abunden en el corazón de cada uno de los venezolanos. Amén
             Además, Eduardo titula su mensaje: ¿Huye al monte, como las aves? Un cuestionamiento que hace el rey David a quienes dan como solución huir: “En el Señor he puesto mi refugio; ¿cómo dicen a mi alma: Huye cual pájaro, hacia el monte, porque los malos tensan su arco y ajustan sus flechas a la cuerda para herir en la oscuridad a los rectos de corazón?”.  Salmo 11:1-2. Hemos puesto a nuestro Señor como nuestro refugio, no nos digan ahora que la solución es escapar, sin consuelo y sin esperanza.
             El autor de este Salmo, el rey David, cuya vida estuvo llena de valiosas enseñanzas para todos los tiempos, especialmente para los difíciles, continua el Salmo diciendo: “Cuando los fundamentos (de la Sociedad) son destruidos, ¿qué puede hacer el justo?” Salmo 11:3. Lo más probable es que David se refirió aquí al mandato corrupto y violento del Rey Saúl, quien por envidia trató por largo tiempo de matar a David. Durante todo este tiempo David estuvo con sus hombres tratando de esquivar a Saúl, y aunque tuvo varias oportunidades de apresarlo y tomar su vida, nunca se atrevió a derramar la sangre de un rey de su pueblo, que aunque corrupto, fue puesto en ese lugar por la soberanía de Dios.
            Sin embargo, el hecho de que David reconociera en Saúl su posición de rey, no quita lo doloroso que tuvo que haber sido para él ver como Israel se desintegraba moralmente. Saúl mató a muchos de los sacerdotes (levitas) e hizo persecución a los profetas. La fibra de esta gran nación (sus fundamentos) estaba siendo destruida gradualmente por un rey vil, a quien solo le importaba mantener su poder a todo costo, antes que edificar y fortalecer a su pueblo haciendo lo justo.
            La pregunta de David es muy apropiada en estos momentos en los cuales en muchas partes del mundo hombres violentos acaparan el poder a través de cualquier medio:
“Cuando los fundamentos (de la Sociedad) son destruidos, ¿qué puede hacer el justo?” Salmo 11:3. ¿Qué pueden hacer aquellos quienes realmente anhelan la justicia, en estas situaciones tan difíciles y deprimentes? David nos da la respuesta en el mismo Salmo 11:
Primero, tomemos aliento ya que Dios sigue siendo soberano: “El Señor está en su santo templo, en los cielos tiene el Señor su trono”. Salmo 11:4ª. Segundo, a Dios no se le escapa nada: “Atentamente observa al ser humano; con sus propios ojos lo examina” Salmo 11:4b. Tercero, persevera haciendo el bien: “Dios prueba a los justos, pero a los que aman la violencia los repudia, y éstos recibirán las consecuencias de sus actos”. Salmo 11:6. Finalmente, los íntegros recibirán recompensa de Dios: “Porque el Señor es justo y ama la justicia; por eso los íntegros contemplarán su rostro”. Salmo 11:7
            Sabían que David compuso el Salmo 23, ese tan famoso que tiene esa maravillosa frase que dice: “Aunque ande en valles de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tu Señor estarás conmigo”. ¿Cómo pudo un hombre sometido a semejante persecución, escribir tal cosa? Bueno, pudo porque sus ojos no estaban puestos en los hombres, los cuales somos como la flor del campo que hoy muestra toda su belleza y a la mañana siguiente esta marchita, sino que tenía sus ojos puestos en aquel que tiene el dominio sobre todas las cosas. ¡David tenía la confianza de que Dios estaba a su lado!
            Entonces, ¿cuál es la moraleja? Como dijo el antiguo predicador: “El fin de este asunto en el cual se ha escuchado todo es: Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos porque esto es el todo del hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aún la realizada en secreto”. Eclesiastés 12:13-14.  ¿Cuál es entonces nuestro refugio? ¿Huiremos como las aves? Jesús dijo a los que habían creído en El: “Si ustedes permanecen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” Juan 8:31-32.

Rosalía Moros de Borregales (Basada en la carta de Eduardo Moros)

           

lunes, 11 de octubre de 2010

ENAMORADOS POR SIEMPRE

A veces me he encontrado pensando en que maravilloso sería si siempre pudiéramos sentirnos como cuando éramos unos adolescentes y nos enamoramos; sentir esas mariposas en el estomago en la cercanía de la persona amada, levantarse cada mañana y sonreír con nosotros mismos mientras nuestros pensamientos vuelan imaginando el momento del encuentro de ese día, o recordando alguno ya vivido... De hecho, muchas veces me he encontrado diciéndole a mi esposo que extraño al adolescente que me cortejó, nuestras largas conversaciones, sus cartas, sus besos, sus abrazos.... Más egoísta o malcriadamente, le he dicho que extraño cuando yo era su universo...Y si, muchas veces anhelo ser su universo, no lo niego, es parte del amor de pareja, del matrimonio.
Todas las relaciones familiares que tenemos vienen integradas en el paquete de nuestras vidas; no las escogemos, no las decidimos. Cuando nacemos ya tenemos padres, hermanos, tíos, abuelos, primos, etc. y éstos son vínculos indisolubles. Inclusive, pueden subsistir con el amor fluyendo en una sola vía; sin embargo, con el matrimonio no sucede de esta manera.
En el matrimonio, en la mayoría de las culturas, la relación se da por una decisión propia. Somos nosotros quienes escogemos a la persona que será objeto de nuestro amor. En esta relación es indispensable que el amor fluya en ambas direcciones, pero no como he escuchado muchas veces, con el 50% de parte de cada uno. Cada día me convenzo más de que es necesario el 100%  de ambas partes para que la relación florezca, se establezca y trascienda.
Conozco a unas cuantas personas que se casaron "para toda la vida", personas que han luchado incansablemente por tener matrimonios sanos, y a pesar de sus esfuerzos han terminado en el divorcio debido a la decisión irrevocable de la pareja de cesar la relación. Si, porque de todas las relaciones humanas de familia, el matrimonio no puede permanecer en edificación si uno, solo uno de los dos, desea derribarlo. Esta relación es irrefutablemente un vínculo que se establece por la decisión de dos, y solo puede cumplir su propósito cuando los dos que lo iniciaron, deciden, cada día, mantener en edificación la relación.
Pero cómo lograr que el amor siga fluyendo de ambos lados de la autopista cuando esta relación se inició por emociones y sentimientos tan maravillosos como efímeros. Por esa explosión inusitada que funde nuestro cuerpo con nuestro corazón, a la que llamamos 'estar enamorados'. Cómo lograr que el amor que va madurando siga vistiéndose de emociones de bellos colores y de sensaciones que hagan vibrar las fibras de nuestras almas.
Pues bien, a lo largo de la vida, he ido aprendiendo que el matrimonio es lo contrario del 'enamoramiento' que vivimos cuando conocimos a nuestra pareja. En ese entonces, nos atrajimos primero, nos enamoramos después y cuando creímos que nos amábamos decidimos casarnos. En el hoy, en mi matrimonio y en tu matrimonio, decidimos cada día seguir adelante, nos comprometemos con nuestra pareja en la edificación del matrimonio, y más tarde de la familia; y luego, como por un milagro divino en el cual Dios respalda la institución más poderosa que El creó, ese compromiso se traduce en un sentimiento poderoso de amor que despliega su fuerza en toda clase de colores de emociones y sensaciones.
Testimonio de esto lo dan millones de personas en el mundo que han permanecido casados por años y años. Recuerdo en este momento una anécdota de mi padre, hablando acerca de mis abuelos: Un día, en la celebración de un aniversario de boda, mis abuelos se besaron tiernamente en la boca, y mi papá, antipático en sus bromas, les dijo que ya estaban muy viejos para la gracia, a lo que mi abuelo plácidamente le contestó: - hijo, cuando pasan los años es cada vez más sabroso -. 
¡Cuánto sabía mi abuelo de ese compromiso que se convierte en ese "eterno enamoramiento"!

Rosalía Moros de Borregales


sábado, 9 de octubre de 2010

Drop Box

EL PERDÓN HACE EL CAMINO

            Una de las cosas más difíciles de la vida es el perdón. ¿Y quién de nosotros no ha estado alguna vez en una situación donde ha tenido que perdonar, o ha dependido del perdón de otros? Indudablemente, que éste es siempre un tema difícil de abordar porque conlleva mucha tristeza y dolor. Muchas veces cuando no logramos perdonar, esa falta de perdón se convierte en una sombra de culpa que nos agobia en el camino de la vida. Otras veces, muy pocas pero verdaderas, nuestras vidas se llenan de gozo con la liberación que proporciona tanto el perdonar como el ser perdonados.
            Hace un tiempo estuve en una boda muy especial. Era la boda de dos personas que habían estado divorciadas por ocho años y quizás separadas por más tiempo. Ellos se amaron desde que eran jóvenes y formaron un hogar, el cual Dios bendijo con tres hermosas niñas. Al pasar de los años sus vidas se desviaron del propósito de Dios para con ellos y su hogar. El se alejó de Dios y en consecuencia de todo lo bueno y recto. Ella como valiente leona cuidó de su hogar y luchó hasta lo último por mantenerlo, sin embargo, un día tuvo que alejarse…
            En medio de la tristeza de la soledad él sintió desesperación. Cuando todos los caminos se cerraron y llegó a un callejón donde su única salida fue elevar su mirada al cielo, entonces gritó desde lo más profundo de su corazón a Dios y El lo escuchó. Cuando vino ante los pies del Señor arrepentido, un nuevo camino se abrió ante sus ojos. El perdón de Dios lo liberó. Pero aún tenía que transitar el camino del perdón con su familia. Ahora comenzaba el proceso de reconstrucción. Mucha agua corrió debajo del puente; días y noches de esfuerzo. ¡Levantarse de las ruinas, entregarse a Dios y confiar en El!
            Poco a poco la familia comenzó a abrirle de nuevo su corazón. Primero cada hija, luego su ex-esposa. Cada momento fue sublime. El perdón comenzó a sanar las heridas de sus almas, la relación comenzó a profundizarse y Dios les dio a todos las fuerzas para dejar el pasado atrás. Llenos de esperanzas decidieron emprender de nuevo una vida juntos. Todos los que por años habían llorado su dolor, todos los que constantemente hicieron oraciones por ellos estaban allí; aún los que la distancia separaba físicamente, estuvieron presente en sus cartas y mensajes cibernéticos. Todos fuimos testimonio de un milagro de Dios, del más hermoso de sus milagros… ¡De la transformación del alma!
            El Señor es bueno, El nos ama más allá de lo que podemos entender. Cuando venimos humildemente delante de su presencia, El como padre amante siempre tiene los brazos abiertos para recibirnos. ¡Cuánta alegría hay en los Cielos cuando una vida es restituida! ¡Cuanta más alegría hay cuando una familia es restituida! Porque el Señor Jesús vino para que tengamos vida y para que la tengamos en abundancia. Aquel que viene a Jesús, El no lo echa fuera. Más aún, cuando uno de los suyos se aleja, El deja a los que están seguros bajo su abrigo y va en busca del que está perdido. ¡Él es fiel!
            Muchos están viviendo una vida llena de dolor, una vida de amargura y desesperación. Tan solo el pensar en el perdón desgarra nuestras almas. Todo nuestro ser se opone en una batalla agotadora que nos deja exhaustos. Humanamente no somos capaces de conceder el perdón, pero con cuánta ansiedad lo anhelamos cuando estamos del otro lado. El perdón es una fuerza liberadora que actúa sanando el alma y trae bendición a los que valientemente le conceden un lugar en sus vidas.


Rosalía Moros de Borregales.

MI VIAJE A LA TIERRA



            Dos maravillosas células se han unido. Ya no son más dos unidades separadas y diferentes. Desde este momento y para siempre son una unidad indivisible. Aunque no lo crean ese (a) soy yo. Quizás ni siquiera mi Mami ha notado todavía mi presencia. Pero el hecho es que estoy aquí. Si, así como cuando ves los campos marrones, sin saber que la semilla esta plantada. Pero ella, la semilla, esta allí adaptándose a la tierra y en su tiempo crecerá. Después verás los campos verdes, y más tarde verás los frutos.  Por ahora nadie me ve, pero la realidad es que estoy aquí, tan presente como tu mismo. Tu no negarías de tu existencia. Aunque, en el peor de los casos no fueras reconocido por los que te rodean, tu sabes que estas aquí, sientes tu respiración, y si guardas silencio puedes escuchar el latido de tu corazón. Mi vida tiene escasos días, no te creas, no es tan fácil llegar a ser esta ‘unidad indivisible’. Hay que luchar para llegar al lugar indicado. No te imaginas todo lo que hay que correr para alcanzar la meta. Pero una vez que lo has logrado, te posicionas de lo que por mérito te corresponde, Y yo me gané estar aquí, acomodadito (a) en el vientre de mi Mami.
            Han pasado algunos días más. ¿Sabes? Ha sido un proceso rápido e increíblemente complejo. ¡Aunque no lo creas, maravilloso! Bueno, me han dicho que los hombres son muy incrédulos allá afuera, perdóname si no es tu caso. Pero si, me creas o no, te digo que ha sido maravilloso. Por ahora soy todavía un embrión, pero imagínate Dios me ha visitado, nuestro Señor ha posado su mirada sobre mi: “Mi embrión vieron tus ojos” (Salmo 139: 16a) Imagínate hasta me dijo que en su libro estaban escritas todas aquellas cosas que serían luego formadas (Salmo 139: 16b). ¡Estoy maravillado(a) porque grandes y maravillosas son sus obras! (Salmo 139:14)
            Cuan delicioso es este lugar. Es como un lugar secreto donde extraños no pueden alcanzarme. Hoy mi Mami ha notado mi presencia, su corazón esta lleno de alegría. Me parece que se siente la mujer más dichosa de la Tierra, y no te imaginas lo feliz que me siento yo. Ahora se que mi Mami también me ama. De aquí en adelante seremos muy unidos. Ella esta preparando una sorpresa para mi Papi, pero es tanto su gozo que no se si podrá esperar el resultado de los exámenes… Este día ha sido largo para mi Mami, pero finalmente tiene la confirmación científica de que estoy aquí, acomodadito (a) en su vientre.
            Mi Papi llega y mi Mami le da un besito. Comienza a hablarle como un bebé, hace pucheros…El le pregunta qué le pasa. Ella le dice que quiere un tetero. Imagínate. ¡Mi Papi está confundido!  A veces, los hombres no entienden tan fácilmente el lenguaje del corazón, y hoy mi Mami es puro corazón… Finalmente ella se arrodilla en el piso y comienza a gatear. Es entonces cuando él capta el mensaje, y pregunta en un grito de júbilo: ¿Estamos embarazados? Bueno, es mi Mami la que esta embarazada. ¡Pero que hermoso es oír esa afirmación! El también se considera embarazado. Si, porque aunque él no me lleva en su vientre, de su vientre vengo. Y ahora desde este día me lleva en su corazón. ¡Desde hoy seremos amigos inseparables! Bueno, que te cuento; mi Mami le muestra el examen y los dos se abrazan fuertemente. Puedo sentir el calor de su amor al estrecharse. ¡Ahora somos tres!
           
            Tu formaste mis entrañas; mi hiciste en el vientre de mi madre” (Salmo 139: 13) Es mi Mami que esta leyendo la Biblia. Creo que es su libro favorito. O más que eso, me parece que es su guía. Ella me acaricia suavemente. Bueno se acaricia su vientre, pero tu sabes que es a mi a quien esta acariciando. Creo que mi Mami es linda, todavía no he visto su rostro pero me encanta su voz y su ternura. Ahora llevo unos cuantos meses aquí adentro. Es curioso que mi casita vaya creciendo a medida que crezco yo. ¡Mi corazón ya está latiendo!  ¡Qué órgano tan perfecto! Mi Mami le dice al Doctor que parece un caballito galopando. Es toda una aventura cada mes cuando vamos al Doctor; allí todas las Mamis tienen la panza grande, y cada una con su historia forman una algarabía. Creo que en esas otras panzas están mis amigos (as). Voy a tener muchos amigos(as). ¡Estoy seguro (a) que si!
            A estas alturas mi presencia es notada por todo el mundo, no me ven a mi personalmente, pero si ven a mi Mami, mi presencia es más que obvia. De todas maneras, desde el día que lo supieron mis abuelitas se enteró media humanidad. Ellas, mis abuelitas, junto con mis abuelitos están muy ilusionados. Están pensando que me van a consentir más que a sus propios hijos. Imagínate que hasta piensan que como ahora no serán responsables directos de mi comportamiento, harán conmigo todo lo que no hicieron con mis Papis. Ah! Ah! Creo que en este asunto habrá problemas. ¡No puedo esperar conocerlos! Creo que seré un bebé feliz con esos abuelitos que Papá-Dios me ha dado.
            Todas las cosas escritas en el libro de Dios se han ido formando. Ahora soy igual que mis Papis pero en una versión diminuta. Aunque quiero conocer a todos personalmente, te confieso que voy a extrañar este lugar tan calientito. Aquí estoy a mis anchas, como cuando quiero y duermo cuando quiero. A veces le doy pataditas a mi Mami, no es que me este portando mal, sino que mi Papi ha pasado todos estos meses hablándome durante las noches y si yo no le respondo con una patadita entonces se siente triste. ¡Yo no quiero que mi Papi este triste! Yo estoy aquí para llenarlo de felicidad. El otro día fue él quien me leyó lo que dice la Biblia sobre los hijos: “Herencia del Señor son los hijos, recompensa el fruto del vientre. Como saetas en manos del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. ¡Bienaventurado el hombre que llenó su casa de ellos!” (Salmo 127:3) Creo que estas palabras describen exactamente como se siente mi Papi.
            Bueno, ahora si es verdad que estoy grande. Por más que mi casita ha crecido junto conmigo, creo que ya ha llegado el tiempo de salir de aquí, donde estoy calientito y acomodadito (a), para mi hogar, la casita de todos. Ellos me están esperando, sobre todo mi Mami, que no te imaginas lo paciente que ha sido en estos últimos días que estoy tan grande y ella ya no puede con los dos.
            Ahora estamos en el lugar donde naceré, quisiera salir lo más pronto posible. Se que mi Mami esta sufriendo a causa de los dolores que le ocasiona mi salida. El lugar es estrecho y tengo que esforzarme. También mi Papi esta muy angustiado. El confía en que todo va a salir bien, eso es lo que le dice a mi Mami, pero se que está asustado. El otro día cuando el Doctor le dijo que yo pronto llegaría, por primera vez me dijo que quería tener una conversación seria conmigo. Me dijo que me portara bien, que hiciera mi trabajo y que ayudara a mi Mami. Eso es lo que estoy haciendo, te aseguro.
            ¡He nacido! Después de que el Doctor me cargó, me entregó en brazos de mi Papi. Yo estaba llorando, imagínate después de estar allá adentro calientito y acomodadito (a) llegar a este lugar tan frío. Mi Papi me carga en sus brazos, me besa y me siento más tranquilo, su calor me es familiar, reconozco su voz y eso me da seguridad.  Luego él me lleva a los brazos de mi Mami. Tenía razón en mis suposiciones. ¡Ella es hermosa y la más dulce de todas! En su pecho me siento como en casita, calientito y acomodadito (a). Los abuelitos lloran, me supongo que es de alegría porque al mismo tiempo se están riendo. Nunca me imaginé que yo fuera tan importante. Sabía que me amaban, pero ahora se que siempre me amarán. ¡Eso es lo que me revela esta maravillosa bienvenida!
            Tengo una misión que cumplir. He sido creado con un propósito. En el corazón de Dios todos somos importantes. ¡El es el dador de la Vida! El me tiene en su mente desde antes de mi existencia: “Antes que te formara en el vientre, te conocí, y antes que nacieras, te santifiqué” (Jeremías 1:5)


Rosalía Moros de Borregales

domingo, 3 de octubre de 2010

PROVERBIOS


         Uno de los libros que más me gusta de la Biblia es el libro de Proverbios, de la llamada literatura sapiencial, de la época del rey Salomón. Este libro recoge en forma de máximas, refranes y poemas la antigua herencia de la sabiduría de Israel; además de las colecciones atribuidas a la sabiduría popular mesopotámica, egipcia y de otros pueblos del antiguo Oriente Medio.
         Solo basta con dar un vistazo a lo largo de sus 31 capítulos, para darnos cuenta del inmenso tesoro que representa en asuntos de la moralidad, de las buenas costumbres, de los hechos de la vida cotidiana del hombre y su familia, de la instrucción y de los negocios.
         Hoy quisiera referirme al capítulo 6 versículos 16-19. “Hay seis cosas que detesta el Señor, y hasta siete que le causan horror:”
-         La mirada despreciativa”: En otras versiones dice, los ojos altivos. Aquellos que enfermos de poder se sienten demasiado grandes, que se tienen a sí mismos en un más alto concepto del que deberían tener. Aquellos que ven a los demás como inferiores, subestimando sus capacidades.
-         La lengua mentirosa”: Los que hablan con engaño, pretendiendo justificar sus malas obras. Aquellos que ocultan su verdad detrás de palabras adornadas. Aquellos que con el verbo pretenden llenar el inmenso vacío de la falta de sus promesas.
-         Las manos que derraman sangre inocente”: Hombres que usan vidas que no les pertenecen, que derraman sangre en justificación de causas propias. Aquellos que envían al inocente al frente como escudo y defensa de ellos mismos.
-         El corazón que maquina pensamientos inicuos”: Hombres que se sientan a planificar la maldad, que tienen estrategias inspiradas por el propio infierno que hay en sus corazones, infladas por sus deseos de ambición, de poder, de destrucción.
-         Los pies que corren presurosos a hacer el mal”: Aquellos que van por el mundo dejando una huella de dolor y miseria a cada paso. Aquellos que no actúan a la luz del día  sino  que en las horas de la oscuridad ejecutan su maldad.
-         El testigo falso, que dice mentiras”: El amigo que encubre la falsedad del otro. Los que dan su palabra en defensa de hechos punibles. Los que testifican en bien de aquellos que han hecho el mal. Los que tejen cuentos de horror disfrazados de piedad.
-         El que siembra la discordia entre hermanos”: El hombre que provoca a un hermano contra otro. El hombre que le dice al necesitado- tu no tienes porque tu hermano te ha quitado lo que te pertenece-. Aquel que toma ventaja de las diferencias entre hermanos, amigos y compatriotas para hacerles creer que la fuerza del uno se basa en la debilidad del otro. Aquel que divide una casa contra si misma…

Creo que estos proverbios son un excelente instrumento para medir a nuestros líderes, a los que por ahora están en el poder, y a aquellos que pretenden estar en un futuro.
Es necesario que como país agudicemos nuestras conciencias bajo la luz de la Sabiduría. Es de capital importancia, que comencemos a discernir las intenciones y los deseos de los corazones de aquellos que elegimos para que guíen el rumbo de nuestra patria.
Tenemos el poder de decidir, debemos ejercer nuestro derecho, somos libres para hacerlo, pero hagámoslo con sabiduría.


Rosalía Moros de Borregales